El Valor de la Mujer en la Palabra de Dios

Pensamiento Contracultural

“Cuando habla, lo hace con sabiduría;
    cuando instruye, lo hace con amor.” Proverbios 31:26

Ser una mujer conforme a la Palabra debe ser nuestra mayor aspiración. La Biblia desde el principio nos enseña que la mujer es valiosa. Cuando la mujer es creada, Adán exclama: ¡Al fin! Luego irrumpe en una expresión poética, según estudiosos de la Biblia (Génesis 2:23). En la mujer Adán encontró su complemento. En Proverbios se habla de la mujer como corona del esposo (Prov. 12:4) y el libro cierra con una porción dedicada a la mujer virtuosa (Prov. 31:10-31).

Sin embargo, el mundo se enfoca en que nos veamos como víctimas. Nos llenan la cabeza continuamente con mensajes de discrimen y desigualdad, y aunque hay que reconocer que estas cosas suceden (por causa del pecado), no estamos llamadas a dejarnos definir por los estribillos de los movimientos populares. Alejarnos del diseño bíblico es probablemente la mayor causa de los problemas que enfrentan las mujeres. Las frustraciones, ansiedad, depresión, los desórdenes alimentarios, crisis de identidad, ect. florecen cuando no conocemos la Verdad. Solo la Verdad (establecida en la Palabra) es la que nos puede hacer libres (Juan 8:32).

La Biblia está repleta de ejemplos que nos indican claramente el valor y la importancia de la mujer en la vida, la familia, la sociedad, la política, la comunidad, etc. Mujeres como Débora, que ejerció influencia sin necesidad de usurpar posiciones. Ella se llama a sí misma “madre en Israel” (Jueces 5:7). Mujeres trabajadoras como Rut, que humildemente laboró para el sustento de ella y su suegra (Rut 2:2). Mujeres como Noemí, que buscó el bienestar de su nuera, dándonos un gran ejemplo a las que ya llevamos el título de “suegras” (Rut 3:1). Mujeres valientes como Ester, que levantó su voz para clamar por su pueblo. Ester fue una mujer contracultural y lo hizo de una manera tan estratégica que sabemos que fue guiada por la sabiduría de Dios, la cual pidió en oración y ayuno antes de abrir la boca (Ester 4:16). Mujeres dispuestas a obedecer la voluntad de Dios aunque la tarea sea difícil como María de Nazaret, quien le dijo al ángel: “Que se haga conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). Mujeres abnegadas como María, la hermana de Lázaro, que se sientan a los pies del Maestro a ser instruidas por Él (Lucas 10:39) y lo adoran con todo el corazón. Mujeres hospitalarias como Lydia (Hechos 16:15), que ofreció su casa para hospedar al Apóstol Pablo. Mujeres generosas como Dorcas (Hechos 9:36) que cosía ropa para los pobres y ayudaba a las viudas.

Que hoy, en lugar de repetir los estribillos del mundo que nos rodea, decidamos seguir el ejemplo de la mujer virtuosa: hablar con sabiduría. Para encontrarla, necesitamos ecudriñar la Palabra y dejar que Cristo sea revelado a nuestros corazones a través de las vidas de estas mujeres ejemplares de las cuales podemos aprender. Ninguna de ellas fue perfecta, pero todas fueron amadas por el Padre y cubiertas con la gracia de Cristo de modo que puedan servirnos de ejemplo en el presente. La mayor aspiración que podemos tener es ser mujeres conforme a la Palabra. Solo así seremos mujeres verdaderamente libres.

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