La Esposa – Renovando el entusiasmo

“Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti.

    Alégrate con la esposa de tu juventud.”

Proverbios 5:18

Una de las imágenes que siempre recordaré de la boda de mi hijo son los rostros de él y mi nuera desfilando juntos como esposo y esposa por primera vez. El gozo y el amor irradiaban en sus rostros. Hace varios días, pensando en esto, mi mirada se topó con una foto que tengo en mi habitación del día de mi boda, en la cual mi esposo y yo estamos desfilando por primera vez como esposo y esposa. Es una foto espontánea, natural, y ambos estamos sonriendo con entusiasmo. Esto me llevó a meditar sobre el entusiasmo que producen los nuevos comienzos y lo que puede ocurrir con ese entusiasmo al transcurrir el tiempo.

El matrimonio se edifica día a día. Hay que cuidarse mutuamente, ayudarse el uno al otro, orar el uno por el otro y manifestar el amor de manera que la relación crezca y se fortalezca. Las palabras edificar y entusiasmo, traen a mi mente a Baruc en el libro de Nehemías. El relato de la reconstrucción del muro de Jerusalén detalla que Baruc trabajó con entusiasmo, con fervor, para edificar la parte que le correspondía (Nehemías 3:20). Desde que leí eso me impresionó que, en el escrito del relato se haya detallado el entusiasmo de este hombre para edificar. Es una pausa hecha adrede para destacar su entusiasmo. ¿Qué nos quiere decir Dios con eso? Medito en ello y pienso que Dios nos llama a edificar con entusiasmo. ¿Qué estamos edificando? Parte de lo que edificamos en esta vida es nuestro matrimonio y familia. Es un trabajo arduo y continuo, pero lleno de bendición. Merece ser hecho con entusiasmo.

“Junto a él estaba Baruc, hijo de Zabai, quien reparó con entusiasmo
una sección adicional,
desde el ángulo hasta la puerta de la casa de Eliasib, el sumo sacerdote.” – Nehemías 3:20

El entusiasmo, según el diccionario, es un “sentimiento intenso de exaltación producido por la admiración apasionada de algo o alguien”. Así que como todas las emociones que experimentamos, el entusiasmo puede decaer. Por eso, comenzando este año, procuremos renovar el entusiasmo. En primer lugar, oremos para que nuestro fervor por Dios y Su Palabra se mantenga vivo. En segundo lugar, oremos por un entusiasmo renovado respecto a la edificación de nuestro matrimonio y familia.

La rutina y las tareas ordinarias pueden ser enemigos frecuentes del entusiasmo, pero Dios nos llama continuamente a mantenernos haciendo el bien, a obrar con sabiduría. La mujer virtuosa de Proverbios 31 es otro ejemplo de fervor (“…su lámpara no se apaga.” Proverbios 31:18). Ella se mantiene trabajando por el bienestar de su familia. La Biblia nos enseña que todo lo hagamos sea para Dios, con amor. Cuando recordamos cada día esa enseñanza, podemos entusiasmarnos aun con las tareas rutinarias, podemos disfrutar cada etapa del matrimonio y de la crianza de los hijos.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” – Colosenses 3:23

El entusiasmo o fervor nos lleva a disfrutar lo que Dios nos permite ser y hacer. Ser esposa es un privilegio hermoso que nos permite expresar aspectos maravillosos del carácter de Dios. Que junto al esposo podamos disfrutar de la relación, crecer juntos, conocernos mejor cada día, servir a Dios juntos. Que el entusiasmo esté presente en nuestro matrimonio en cada etapa, tanto si solo llevamos meses como veintisiete años de casados. Ese gozo duradero solo proviene del amor de Dios fluyendo en nuestra relación con el esposo y será transmitido también a los hijos que crecerán en un hogar guiado por Dios. ¡Que sea un Nuevo Año lleno de fervor para cada familia!

La Esposa – Fidelidad al Hogar

“Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor,
y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella,
si hacéis el bien
y no estáis amedrentadas por ningún temor.”

– 1 Pedro 3:6

Este versículo de 1 Pedro 3:6 lleva tiempo en mi corazón. La mención tan específica de Sara en su rol de esposa me llama la atención y por eso decidí leer la historia de Sara y Abraham narrada en el Génesis. Leyendo esa historia puede entender varias lecciones importantes de la vida de Sara.

En Génesis 12:5, después de haber recibido la palabra de Dios, Abraham decide emprender camino hacia la tierra a donde Dios lo estaba llamando junto a su esposa. Y ella, dejando atrás todo lo que conocía hasta ese instante, sale junto a su esposo en un largo recorrido que estará lleno de aventuras. Podemos asumir, por lo que leemos en la Escritura, que Abraham estaba comenzando su amistad con Dios, comenzando a conocerle. Así que Sara debía estar en las mismas, lo cual naturalmente le debió haber causado inseguridad. Pero, ese llamado de Dios a Abraham decía “Sal de tu tierra y de tu parentela…” Si vamos más atrás en la Biblia, vamos a encontrar un verso similar en Génesis 2:24 cuando Dios establece que “… dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer…”

“… el hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo.” –
Génesis 2:24

El matrimonio está llamado a dejar la casa de sus padres para formar un nuevo hogar. Una vez casados, el hombre y la mujer, se deben fidelidad mutua, no solamente física, sino también en la toma de decisiones que afecten su nuevo hogar. La vida de Sara en Génesis nos muestra que ella fue fiel a su rol de esposa. Pudo confiar en el llamado de Dios a su esposo y salir hacia lo desconocido, caminando en fidelidad a su matrimonio.

Esa fidelidad puede ser puesta a prueba cuando las decisiones causan inseguridad. Podemos ser tentadas a correr a la seguridad del albergue (o de las opiniones) de nuestros padres ante la incertidumbre, en lugar de dialogar con el esposo y orar juntos para hacer conforme a la voluntad de Dios. Probablemente Sara pudo haberse sentido insegura respecto a lo incierto de la travesía que les esperaba a ella y a su esposo. Pero la lección de su vida es que ella fue obediente, creyó al llamado de Dios, confió en el liderazgo de su esposo e hizo lo correcto.

La segunda parte de 1 Pedro 3:6 dice que llegamos a ser hijas de Sara cuando hacemos el bien y el temor no domina nuestras vidas. Esta parte es sumamente importante, porque en nuestra cultura influenciada por el feminismo, no nos agrada mucho la idea de la sujeción ni de la obediencia. Pero ¿por qué no nos agrada? Porque tenemos temor, porque hemos dejado que la cultura y las circunstancias definan nuestra identidad y nos da miedo pensar que podamos estar en una posición vulnerable en el matrimonio. Hemos creído las mentiras que el mundo promulga y nos llenan de miedo. Sin embargo, en Sara vemos a una mujer que fue de gran estima para su esposo, valorada como coheredera de la gracia de la vida. Cuando entendemos que nuestra identidad está fundamentada en lo que Dios dice a través de Su Palabra, podemos caminar en fidelidad sin estar amedrentadas por ningún temor, obedecemos a Dios con seguridad porque Sus planes son de bien y no de mal.

En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo,
y el que teme no es hecho perfecto en el amor. – 1 Juan 4:18

Así que, la vida de Sara nos habla de ser fieles, nos habla de seguir el liderazgo del esposo y nos habla de obedecer. Todo lo cual es parte del camino de la santidad (“Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.” – 1 Pedro 3:5). El proceso de santificación progresiva es uno que dura toda la vida y el matrimonio es uno de los medios que Dios utiliza para santificar nuestras vidas como escribe el autor Gary Thomas en su libro Matrimonio Sagrado. Que podamos aprender de las santas mujeres cuyos relatos están registrados en la Biblia, pero sobre todo que seamos más como Cristo cada día para que Su perfecto amor, que echa fuera el temor, sea el que fluya en nuestros matrimonios.

La Esposa y la bendición de ver a los hijos crecer

Los hijos son un regalo del Señor;
son una recompensa de su parte.

Salmo 127:3

A las que nos está llegando la hora de que uno de nuestros hijos se case y comience a hacer su vida fuera de nuestro hogar, podemos percibir intensamente lo valioso que ha sido cada día que pasamos junto a ellos. Las amanecidas, los dolores de cabeza y las preocupaciones palidecen ante las memorias de las risas compartidas, de las lindas frases memorables que tu niño o niña decía en sus años más tempranos, de los buenos momentos en el hogar o de vacaciones. Te das cuenta de que la vida es tan rica cuando disfrutas de tu familia, cuando le dedicas tiempo, cuando los miras a la cara y escuchas lo que quieren expresarte.

Los hijos son una bendición y criarlos es una aventura maravillosa. Como familia, hemos enfrentado tiempos muy buenos, tiempos buenos y temporadas no tan buenas. Agradezco a Dios por cada una de esas etapas porque siempre pudimos experimentar Su cuidado y provisión. Recuerdo que durante una de esas etapas no tan buenas, una hermana en la fe y mentora me recomendó que todos los días, a la hora de cenar, cada uno de nosotros expresara una bendición de Dios recibida ese día. Lo pusimos en práctica y fue algo que nos mantuvo enfocados en la bondad de Dios durante ese tiempo. Eso fomentó una actitud de gratitud en los corazones de nuestros hijos y en nosotros también.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios,
el cual da a todos abundantemente
y sin reproche, y le será dada.” –
Santiago 1:5

La realidad es que hay etapas en la crianza que representan retos fuertes para los padres. Por eso es importante y necesario que el matrimonio se mantenga unido. Necesitamos practicar la humildad para reconocer cuando necesitamos consejo. Tenemos que acudir continuamente a la Palabra de Dios, que es la que contiene la instrucción necesaria para cada etapa de la vida. Así es que el matrimonio podrá enfrentar los retos, en oración y en mutuo acuerdo para el bienestar de los hijos.

La dinámica de la relación va cambiando mientras los hijos crecen y necesitamos ir adaptando la forma en que los tratamos y nos comunicamos con ellos. Pero nunca debemos olvidar que Dios nos dio a los hijos, que siempre seremos mamá y papá. A los padres y las madres, Dios les ha otorgado una influencia incomparable en el corazón de los hijos y debemos procurar utilizarla para llevarlos a Cristo, para enseñarles Su camino y sembrar los valores eternos en ellos.

Puede que en algunos momentos experimentemos inseguridad sobre nuestro desempeño como padres. Puede que haya momentos en los que desesperemos porque ansiamos ver la cosecha, pero necesitamos seguir confiando en que en el tiempo designado por Dios veremos el fruto en las vidas de nuestros hijos. Qué bueno es saber que en Dios está nuestra esperanza, que nuestros hijos están en sus manos.

Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve,
y no vuelven allá sino que riegan la tierra,
haciéndola producir y germinar,

dando semilla al sembrador y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca,

no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo,
y logrado el propósito para el cual la envié.” –
Isaías 55:10-11

En los próximos días, mi esposo y yo estaremos acompañando a nuestro hijo en su boda. Nuestra familia se hará más amplia y bendecida al integrar oficialmente a nuestra nuera. Es un tiempo especial y muy significativo para ellos y para nosotros como padres representa un peldaño al que hemos llegado con el favor de Dios.

La travesía de la crianza es una verdadera aventura, una aventura maravillosa. Cuando recibimos a los hijos desde el vientre como una bendición, eso nos impulsa a hacer lo que sea necesario para verlos crecer y desarrollarse de la manera que Dios ha designado. En el camino podremos cometer errores, tropezaremos y pecaremos, pero la seguridad de que la gracia de Dios cubre nuestra familia nos dará la fuerza para continuar. Siempre seremos mamá y papá, seguiremos orando, seguiremos sembrando, estaremos presentes en sus vidas, ofreceremos el consejo cuando sea necesario y el abrazo lleno de amor no faltará. Esa es la promesa que podemos hacer como padres, con la ayuda de Dios.

Esta etapa representa uno de los cambios que nos espera en el trayecto del matrimonio. A todas las que hemos criado hijos e hijas nos llegará. Nos corresponde rendirnos a Dios para que nos enseñe a relacionarnos con los hijos y sus cónyuges de manera sabia, amorosa y respetuosa. Recordemos que seguimos dando ejemplo. Procuremos que sea bueno para gloria de Dios.

La Esposa – Dejando Huellas

“La vida cobra significado cuando servimos,
es así como dejamos huellas…
huellas que no son nuestras,
sino de Aquel que nos enseñó que vino a servir,
que amar es entregarse,
sin poner los intereses personales primero.
Muchos serán los que tendrán fama
y sus nombres se escucharán lejos,
pero nunca harán eco en el corazón
como el que produce alguien que
humilde y calladamente, amó y sirvió.” – E. Cáceres

Las pasadas semanas han estado marcadas por la pérdida. He asistido a dos funerales de mujeres muy especiales. Estas ocasiones provocan que se dé una reflexión más profunda sobre la vida, sobre las huellas que las personas que han partido dejaron y sobre las huellas que estamos dejando nosotras. Y curiosamente me topé con el pensamiento que he compartido al inicio de esta publicación, el cual escribí en el 2019.

En el funeral de mi abuela materna, mi hermano predicó sobre Eclesiastés 7: 2-4. Una porción bíblica profunda, que invita a meditar. El verso 4 dice: “El corazón de los sabios está en la casa del luto…”. En “la casa del luto” (tiempo de duelo), traemos a la memoria las lecciones de la vida de esa persona que ha partido y podemos aprender para aplicar. Mientras despedimos a ese ser querido, identificamos las huellas que dejó en nuestra familia, en nuestra vida.

Una de las porciones bíblicas que se leyó durante el funeral de la tía de mi esposo, fue Proverbios 31:10-31. Siempre poderosa palabra que impacta mi corazón. Esta porción bíblica nos detalla las muchas y variadas maneras en que una esposa y madre deja huellas en su familia.

Engañosa es la gracia y vana la belleza,
pero la mujer que teme[o] al Señor,
esa será alabada.
Dadle el fruto de sus manos,

y que sus obras la alaben en las puertas. –
Proverbios 31: 30-31

Agradezco a Dios de todo corazón por darme el privilegio de conocer a estas dos mujeres ejemplares. Una de ellas (mi abuela) desde mi niñez y la tía de mi esposo (desde mi juventud). Ambas dejaron huellas significativas que espero poder dejar también en mi familia. Ellas sirvieron con abnegación, se entregaron amorosamente, sin buscar fama o reconocimiento.

Así que, siguiendo su ejemplo como ellas siguieron el del Cristo, cada día debo enfocarme en mostrar amor sin esperar nada a cambio. Debo ser diligente en cuidar mis relaciones (matrimonio, hijos, familia, amistades). No me empeñaré en proclamar mis propias bondades pues toda obra que haga fue preparada de antemano por Dios y a Él pertenece la gloria. Mantendré una actitud humilde con la ayuda del Espíritu Santo que me recuerda lo que la Biblia enseña.

Mejor es la tristeza que la risa,
porque cuando el rostro está triste

el corazón puede estar contento. – Eclesiastés 7:3

Durante este tiempo, puede que mi rostro esté triste o reflexivo en algunas ocasiones, pero mi corazón tiene contentamiento y consuelo en Dios. Tengo mucho que agradecer y muy buenos ejemplos para seguir. Dios me ha bendecido al permitir que mujeres virtuosas dejen huellas para mostrarme el camino hacia ser buena esposa y madre. Más importante aún, Él nos ha dado a todas nosotras el acceso a Su Palabra en la cual encontramos la instrucción y el consejo necesario para que hagamos todas las cosas para Su gloria.

La Esposa – Lidiando con la Inseguridad

Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor… Salmo 78:53

Desde mi niñez me han gustado mucho las historias bíblicas. Mis padres nos leían devocionarios para niños con historias de diferentes hombres y mujeres de la Biblia, lo cual despertó en mí ese interés de aprender sobre la fe a través de los retos que cada uno de ellos enfrentó. Por eso, en estos días, pensando sobre el tema de la inseguridad, llegaron a mi mente los nombres de varias mujeres de la Biblia, cuyas historias nos enseñan y fortalecen nuestra fe.

¿Por qué he estado pensando sobre el tema de la inseguridad? Muchas mujeres batallamos con sentimientos de inseguridad a lo largo de nuestras vidas. Inseguridad sobre nuestra apariencia, inseguridad sobre la carrera que debemos estudiar y nuestra habilidad para desempeñarla, inseguridad sobre nuestro llamado, inseguridad sobre nuestro rol como esposas y madres, entre otros. La inseguridad puede atacarnos en diferentes etapas de la vida, sin importar cuán experimentadas o maduras creemos que somos.

Esto me llevó a pensar cómo debió haberse sentido Sara cuando Abraham le dijo que salieran de su tierra y parentela para ir a una tierra prometida por un Dios desconocido para ella en ese momento. También pensé en Rut, la moabita, y cuánta incertidumbre debió experimentar luego de quedar viuda y cuando decidió acompañar a su suegra Noemí hacia Belén, donde sería una extranjera. Luego la historia de Ester llegó a mi mente, huérfana, llevada a la casa real sin revelar que era judía, puesta en una posición estratégica y peligrosa para salvación de su pueblo de procedencia. Es imposible pensar en incertidumbre sin que llegue a la mente la vida de María de Nazaret, virgen, desposada para casarse y recibe la visita de un ángel con un anuncio de algo que es imposible, ella dará a luz al Mesías prometido.

Entonces María dijo:
He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo conforme a tu palabra.
Y el ángel se fue de su presencia. – Lucas 1:38

Si tan siquiera tratamos de imaginar cómo se debieron haber sentido estas mujeres, pudiéramos estar de acuerdo que, en algún momento, la inseguridad o la incertidumbre se asomó a sus corazones. Pero cada una de ellas tuvo una respuesta a la inseguridad que nos enseña una valiosa lección. Esa respuesta fue la obediencia. Sara respondió en obediencia al llamado de Dios hacia su esposo para encaminarse lejos de su tierra y de su familia. Rut obedeció al llamado de Dios a su corazón para trasladarse a una tierra extranjera para ella y estuvo dispuesta a seguir el consejo de su suegra, una mujer mayor que conocía a Dios. Ester obedeció a Mardoqueo, su padre de crianza y siguió sus instrucciones para convertirse en reina del imperio persa y llevar a cabo un rol esencial en la liberación de los judíos de una sentencia de muerte. María le creyó a Dios y obedeció a su llamado para portar en su vientre al Mesías prometido y siguió obedeciendo cuando Dios le dio instrucciones específicas a su esposo José para guardarlos del peligro a ella y al niño Jesús.

La respuesta a nuestra batalla contra la inseguridad está en la Palabra, está en las historias de estas mujeres y tantas otras historias más que podemos encontrar al leer la Biblia. La respuesta es obedecer a Dios, aunque tengamos miedo o sintamos incertidumbre. La respuesta es confiar en Él por encima de nuestras emociones y sentimientos. Cuando obedecemos los principios bíblicos, podemos tener seguridad porque están fundamentados en nuestro Dios soberano que conoce todas las cosas desde la eternidad hasta la eternidad.

Pero el Señor ha sido
mi baluarte,
y mi Dios la roca de mi refugio. –
Salmo 94:22

Así que, en medio de nuestras inseguridades actuales, podemos confiar en la Palabra de Dios. Podemos buscar su instrucción sobre las cosas que nos preocupan, obedecer y descansar en que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Podemos estar seguras de que Él es refugio en la adversidad y que, aunque no conozcamos cómo se resolverán las cosas, Su Palabra no retorna atrás vacía. Algo bueno aprenderemos y un ejemplo dejaremos. Obedecer a Dios no siempre será fácil, pero siempre será la respuesta correcta.

La Esposa – Conforme al Diseño Bíblico

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente,
y con toda tu fuerza.”
– Marcos 22:30

En la actualidad, el matrimonio es visto por muchos como una institución anticuada que le priva de su libertad y que es especialmente desventajosa para las mujeres. Sin embargo, lo que la Biblia establece sobre el matrimonio desde el principio es que está diseñado para ser una relación única, cuya entrega y unidad reflejan el grandioso cuadro de Cristo y su Iglesia. Nos han llenado la cabeza de que lo que realmente necesitamos es hacer lo que queremos cuando queremos y que debemos amarnos a nosotras mismas sin medidas, sobre todas las cosas. Pero la Biblia nos enseña persistentemente que es a Dios a quien tenemos que amar sobre todas las cosas y Jesús nos da el mandato de amar a otros como Él nos amó.

El mundo está tratando continuamente de cambiar las definiciones para acomodarnos a una agenda contraria a la Palabra de Dios, una agenda que a fin de cuentas está marcada por la auto indulgencia y el egoísmo. Necesitamos estar apercibidas y crecer en el conocimiento de la verdad para que no nos amoldemos a la forma del mundo actual, sino que sigamos siendo transformadas para hacer la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

“No se amolden al mundo actual,
sino sean transformados mediante
la renovación de su mente.
Así podrán comprobar cuál es
la voluntad de Dios,
buena, agradable y perfecta.” – Romanos 12:2

Como mujeres cristianas estamos llamadas a ver el matrimonio conforme al diseño bíblico. El Creador del matrimonio es Dios, Él lo diseñó, Él estableció su propósito y conoce cómo funciona. Su manual de instrucciones es la Biblia, en la cual hay un caudal de conocimiento para poder establecer una relación matrimonial sólida, que glorifica Su nombre.

El matrimonio no se trata de nosotras, ni de nuestra conveniencia. Ser esposa conforme al modelo bíblico te llevará a no vivir para ti misma. Cuando decides vivir conforme al diseño de Dios, entiendes que no se trata de ti y buscas el bien de la relación, dejas de ponerte en primer lugar, porque yo no eres tú sola, ahora estás unida al esposo y son uno. Esa realización le da un sentido muy diferente a lo que el mundo está presentando continuamente. No es una batalla, no es una lucha de poder para ver quien logra imponer su criterio. Somos uno, esposa y esposo, de gran valor, profundamente amados por Dios, unidos para reflejar al mundo Su gloria.

Ver esto en nuestro propio matrimonio produce un cambio maravilloso. Al madurar en la relación junto a mi esposo a través de los años, podemos apreciar significativamente ese sentido de unidad y de valor que Dios nos ha dado. Había cosas que al principio nos incomodaban porque eran distintivas de cada uno, pero hemos aprendido que en ellas nos podemos complementar. Dios nos sigue enseñando en el proceso a detectar cualidades que apreciar y emular para servirnos mutuamente. Después de 27 años seguimos aprendiendo y eso es bueno porque da vida a nuestro matrimonio. Somos uno para un propósito mayor que nosotros: la gloria de Dios.

“¡Al fin! —exclamó el hombre—.
¡Esta es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!” –
Génesis 2:23

Cuando el matrimonio estaba siendo creado, Adán mira a Eva y su exclamación habla de unidad. Ella es hueso de sus huesos y carne de su carne. Y esa unidad está diseñada para que mostremos al mundo cuán grandioso es Dios. Que, como esposas, podamos deleitarnos en el diseño bíblico y celebremos la unidad. Que busquemos cada día en la fuente de la Palabra de Dios, la guía para relacionarnos con el esposo y los hijos. Que junto al esposo establezcamos un hogar bien fundamentado que no podrá ser derribado por las ideas pasajeras del mundo.

La Esposa – Frente a las Transiciones de la Vida

Luego Dios dijo: «No está bien que el hombre esté solo.
Voy a hacerle alguien que lo acompañe y lo ayude». – Génesis 2:18

La vida matrimonial tiene diferentes etapas… Recién casados, criando niños pequeños, carrera profesional y/o ministerio, adolescencia de los hijos, estudios universitarios de los hijos, cuidar de los padres y/o familiares mayores, casamiento de los hijos, nido vacío, entre otras. Mientras escribía esta lista, me fijaba cómo parecería que las únicas que tienen que ver exclusivamente con la pareja son la primera (recién casados) y la última (nido vacío).  Pero la realidad es que Dios diseñó el matrimonio para que los cónyuges se acompañen por el camino mientras enfrentan juntos los desafíos de cada etapa de la vida.

Hay parejas que descuidan su relación matrimonial mientras atraviesan las diferentes transiciones que la vida trae consigo y cuando se les queda el nido vacío, sienten que no tienen nada en común. Por eso es importante nutrir la relación matrimonial durante todo el trayecto de la vida, no solo cuando son recién casados. Las transiciones son inevitables a lo largo de la vida, pero son mucho más llevaderas cuando caminamos unidos como matrimonio.

Los votos matrimoniales que una pareja repite durante la ceremonia nupcial clásica mencionan varias de las transiciones desafiantes que puede enfrentar un matrimonio a lo largo de la vida, como la salud y la enfermedad, la abundancia y la escasez. La promesa que se hacen los novios es que se mantendrán unidos frente a todas las circunstancias. El cultivar esa unidad redundará en beneficio para la pareja, pues desarrollarán un valioso vínculo para lidiar con los retos como aliados y compañeros. Su amistad crecerá y la conexión entre ambos será cada vez más fuerte. Dios es glorificado cuando un matrimonio refleja unión. Su Palabra continuamente nos exhorta a acercarnos a Él. En el matrimonio también debemos procurar acercarnos al esposo.

Acérquense a Dios,
y Dios se acercará a ustedes. – Santiago 4:8

Algunas transiciones pueden ser más difíciles de enfrentar que otras. En mi caso, no esperaba que la transición en la que estamos entrando mi esposo y yo, se me hiciera tan difícil. Nuestra hija acaba de empezar a hospedarse para continuar su carrera cerca de la universidad y nuestro hijo se va a casar dentro de tres meses. No somos padres perfectos, pero hemos disfrutado ver crecer a nuestros hijos, sus ocurrencias, los juegos, los paseos y los tiempos en familia, verlos desarrollarse, enseñarles valores y principios bíblicos, reír y llorar juntos, aprender con ellos y de ellos. Es una aventura maravillosa… no quisiera que termine. Sé que siempre seremos sus padres y siempre serán nuestros hijos. Pero entiendo que estamos pasando a otra etapa como padres y aunque me causa un poco de tristeza, tengo la seguridad de que caminaré esta nueva etapa junto a mi esposo, manteniendo firme nuestro compromiso como matrimonio y como padres a lo largo de la vida.

La belleza de la unidad está clara desde el Génesis cuando Dios creó a Eva como una compañera idónea para Adán porque Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. Leemos más adelante sobre todo lo que juntos enfrentaron Abraham y Sara. La historia de Rut y Booz también nos muestra la hermosura de la unión. En el Nuevo Testamento, María y José son testimonio de cómo Dios bendice a los matrimonios que honran su pacto de unidad frente a las adversidades. Y en Efesios, el apóstol Pablo compara la unión del esposo y la esposa con la de Cristo y su Iglesia (Efesios 5:31-32).

Dice la Biblia: «Por eso el hombre deja
a su padre y a su madre, y se une a su mujer,
para formar un solo cuerpo.»
Ésa es una verdad muy grande,
y yo la uso para hablar
de Cristo y de la iglesia. – Efesios 5:31-32

Las transiciones siempre llegarán, pero no tenemos que enfrentarlas solas. Procuremos la unidad con el esposo, para poder llevar las cargas juntos, pero también para celebrar las victorias, para disfrutar la vida y la familia que Dios nos ha dado. Sean cuales fueren las circunstancias, podemos tener la seguridad de que, por la gracia de Dios, nos mantendremos unidos hasta que la muerte nos separe. Contar con alguien así de por vida, es un valioso regalo de Dios.

La Esposa – Por el Camino Excelente

“El amor siempre está listo para creer lo mejor de los demás…” 1 Corintios 13:7 (Biblia Amplificada)

El pasaje de 1 Corintios 13:4 -7 es uno que he leído en numerosas ocasiones, lo he escuchado en canciones, estudios bíblicos y junto a mi esposo hemos recomendado a parejas que lo lean y mediten sobre él. Leer una porción en diferentes versiones de la Biblia puede ser de gran ayuda para entender un pasaje más ampliamente. El conocido pasaje de los versos 4 al 7 de 1 de Corintios 13 en la Biblia Amplificada nos ayuda a comprender mejor lo que implica el amor como allí se describe. Lo comparto a continuación para beneficio de quienes leen: 4 El amor es perdurable, es paciente y bondadoso, el amor nunca es envidioso ni rebosa de celos, no es jactancioso ni vanaglorioso, no se muestra altivo. 5 No es engreído (soberbio e inflado de orgullo); no es grosero (descortés) y no actúa indebidamente. El amor (el amor de Dios en nosotros) no insiste en sus propios derechos o en su propio camino, porque no es egoísta; no es quisquilloso o irritable o resentido; no tiene en cuenta el mal que se le ha hecho [no presta atención a un mal sufrido]. 6 No se regocija por la injusticia y los atropellos, sino que se regocija cuando prevalecen el derecho y la verdad. 7 El amor soporta cualquier cosa y todo lo que venga, *está siempre dispuesto a creer lo mejor de cada persona, sus esperanzas no se desvanecen frente a las circunstancias y todo lo soporta [sin debilitarse]. *énfasis añadido

” En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor
echa fuera el temor…” –
1 Juan 4:18

Me llama la atención la parte resaltada de estos versículos en el párrafo anterior porque en el matrimonio es importante practicar esta enseñanza sobre el amor. Necesitamos examinarnos y hacernos la pregunta: ¿Creemos lo mejor del esposo? ¿Tenemos un buen concepto de él? ¿Saltamos a conclusiones no confirmadas ante cualquier situación que nos provoca incomodidad? Debido a la familiaridad en el matrimonio, no siempre creemos lo mejor del esposo. Nuestra mente se llena de dudas (actuando indebidamente) y asumimos que olvidó hacer algo por la razón negativa que se nos ocurra, sin esperar el momento de hablar con él para corroborar lo sucedido. Puede que en ocasiones critiquemos al esposo, ya sea en nuestros pensamientos, hablando entre dientes o inclusive expresándolo a él mismo a otras personas. Recordemos que el amor perfecto de Dios echa fuera todo temor (1 Juan 4:18) y es temor lo que nos hace muchas veces dudar.

¿Cómo podemos creer lo mejor del esposo? En primer lugar, necesitamos seguir el mandato de Jesús de amar como Él nos amó (Juan 15:12). Solamente ese amor es capaz de superar nuestras debilidades y las de nuestro prójimo (el esposo). Para lograr esto, es necesario conocer a Dios a través del estudio de Su Palabra, la meditación y la oración. Tenemos que aprender a aplicar lo aprendido a nuestras vidas y ponerlo en práctica en la vida diaria. En segundo lugar, debemos entender que el camino más excelente que nos muestra el Apóstol Pablo en 1 Corintios 13 requiere de entrega, sacrificio y abnegación. El excelente camino del amor es preeminente, es decir que está colocado en un lugar superior. Dios es amor y nosotros podemos amar verdaderamente porque Él nos amó primero (1 Juan 4: 7-21). El matrimonio fue diseñado por Dios para que sea un reflejo del amor de Cristo por la Iglesia. El matrimonio que obedece el mandato bíblico glorifica a Dios.

Este es mi mandamiento:
que os améis los unos
a los otros,
así como yo os he amado. –
Juan 15:12

Cuando creemos lo mejor del esposo y se lo expresamos a menudo estamos afirmando los dones, talentos y habilidades que Dios le dio. Esto fortalece la conexión con el esposo y les dará esperanza en los momentos de dificultad, porque él sabrá que confías en el amor que Dios le ha dado para compartir y juntos podrán vencer. El amor del que nos habla la Biblia no deja de ser. Cuando lo ponemos en práctica en el matrimonio, vemos que la relación comienza a madurar porque ya no estamos centradas en nosotras mismas, no actuamos indebidamente, evitamos ser quisquillosas, sino que, en lugar de eso, mostramos bondad, paciencia, amabilidad y perseverancia. Podemos estar seguras de que al hacer esto, estamos andando por el camino más excelente.

El Apoyo de la Esposa

Es mejor ser dos que uno,
porque ambos pueden ayudarse mutuamente
a lograr el éxito. – Eclesiastés 4:9

Esta tarde, mi vista se detuvo en un pequeño cuadro que tengo en mi habitación en el que está escita la primera parte de Eclesiastés 4:9. Me resultó curioso cómo Dios nos inspira con Su Palabra aún en los momentos cotidianos pues llevo varios días pensando en escribir sobre el tema del apoyo para esta publicación. Este versículo de Eclesiastés, el cual luego busqué para leer en contexto y en diferentes versiones de la Biblia, es definitivamente uno en el que la Biblia resalta la importancia de apoyarnos mutuamente.

En el matrimonio, el apoyo mutuo de los cónyuges es fundamental para que la relación crezca y se fortalezca. En el diseño de Dios para la esposa, el apoyo es una de las características principales pues la mujer fue creada como ayuda idónea (Génesis 2:18). La cultura actual rechaza y ridiculiza el término “ayuda idónea”, porque desconocen lo que realmente significa. La palabra utilizada originalmente para describir a la mujer como ayuda idónea (“ezer kenegdo”) también se utiliza para referirse a un atributo de Dios en diferentes partes de la Biblia (Salmo 121:1-2, Salmo 33:20 y Salmo 70:5). Por lo tanto, podemos entender que cuando se le llama “ayuda idónea” a la esposa, de ninguna manera se le está denigrando. Se nos da el privilegio de reflejar la imagen de Dios en forma de servicio y abnegación (en la pasada publicación La Esposa Fructífera, se escribió sobre el tema del valor de la misión de la esposa).

“Si uno cae,
el otro puede darle la mano
y ayudarle;
pero el que cae
y está solo, ese sí
que está en problemas.”
– Eclesiastés 4:10

Aclarado este punto,* entonces ¿qué significa para el matrimonio el apoyo de la esposa? Según lo que leemos en Eclesiastés 4: 9 al 12, significa obtener mayor fruto en lo que emprendan, significa que estarás ahí para levantar al esposo cuando su ánimo decaiga, que serás el hogar cálido para él en las noches difíciles, significa que confiando en Dios juntos saldrán victoriosos cuando enfrenten dificultades. Verso por verso, esta porción bíblica nos da una imagen clara de lo que implica el apoyo en el matrimonio.

He tenido poderosos ejemplos de esposas apoyando a sus esposos a lo largo de mi vida. Mis abuelas, ambas fueron fieles y abnegadas para con sus esposos y sus familias. Mi abuela materna una vez me contó que ella se iba con mi abuelo a ayudarlo en “la tala” (el huerto) lo más que pudo. Digna de admirar, mi abuela (que tiene 105 años), no solo se ocupaba de las labores domésticas, sino que también mostraba apoyo a mi abuelo en su ocupación de agricultor para el sostenimiento de la familia. Hasta sus últimos días en esta tierra, mi abuelo (que ya partió al Hogar Celestial), demostraba su amor constante por mi abuela. El apoyo brindado por su esposa rindió fruto de gratitud y fidelidad hasta el fin. Estuvieron casados por más de 70 años.

Mi madre también ha sido un gran ejemplo de apoyo al esposo. Ella estuvo dispuesta a seguir el llamado que Dios había hecho a su esposo para el Pastorado. Dejó su profesión para dedicarse al hogar y al ministerio a tiempo completo por largos años. Sembró en mis hermanos y en mí el amor por Dios y por Su Palabra junto a mi padre. Ella es su fiel editora en todo el material que escribe mi papá para las clases bíblicas y lo ayudó cuando publicó Principios de Vida en el Libro de Proverbios.

Agradezco a Dios por mis tías que siguieron el ejemplo de sus madres al ser esposas abnegadas y fieles. Mujeres que han demostrado que, tanto en la abundancia como en la escasez, tanto en la salud como en la enfermedad, tanto en las buenas como en las malas, se permanece firme. Pude visualizar la veracidad de los votos matrimoniales y el gran significado que tiene el apoyo en el matrimonio.

“Uno solo puede ser vencido,
pero dos se defienden mejor.
Es que la cuerda de tres hilos
no se rompe fácilmente.” – Eclesiastés 4:12

Somos llamadas a ser uno con el esposo, no a estar en competencia con él. Cuando nos unimos, trabajamos juntos y nos apoyamos, experimentamos crecimiento en la relación matrimonial. Nuestro matrimonio se fortalece cuando aplicamos los principios de la Palabra de Dios y lo reconocemos a Él continuamente como el centro y el que sostiene nuestra unión.

*Puedes buscar información adicional sobre este tema en los libros Mujer Verdadera 101 y Adornada (ambos por la autora Nancy Leigh DeMoss).

La Esposa Fructífera

“Tu esposa será como una vid fructífera,
floreciente en el hogar.” – Salmo 128:3NTV

Recientemente, leí una corta reflexión sobre el Salmo 128:3 que impactó e inspiró mi corazón. La reflexión invitaba a meditar en la enseñanza que conlleva este versículo, el cual nos llama a una vida fructífera. Cuando estudiamos la Palabra de Dios, comenzamos a entender que la misión de la esposa es una de gran valor y estima. Poner lo aprendido en acción es lo que nos llevará a dar fruto (Santiago 1:25).

En Génesis 1:28, encontramos la primera mención del llamado a ser fructíferos que se les da a la primera pareja, Adán y Eva, al ser creados por Dios. ¿Qué nos quiere decir esto además de lo obvio, que sería la procreación de hijos? Junto al esposo, estamos llamadas a dar fruto en el hogar, a multiplicarnos, al hacer de nuestros hijos discípulos que vivan para honrar y servir a Dios.

“Luego Dios los bendijo
con las siguientes palabras:
Sean fructíferos y multiplíquense.
Llenen la tierra
y gobiernen sobre ella.” –
Génesis 1:28

Nuestra misión en el hogar requiere que dependamos plenamente de Dios y de su Palabra. El trajín diario, las demandas de la vida, las responsabilidades y quehaceres pueden sobrecargarnos si no estamos afianzadas en la Palabra de Dios. Cada día necesitamos de Él, de su gracia y sabiduría para dar fruto de amor, alegría y paz en nuestro hogar.

Otro detalle del verso 3 del Salmo 128 es que nos compara con una vid. En la reflexión que leí, decía que “en la soleada y calurosa tierra de los tiempos bíblicos, una vid daba sombra y resguardo”. Esta analogía nos lleva a pensar que nuestro ministerio es servir de amparo y refugio a nuestra familia. Que cuando el esposo necesite aliento, pueda recurrir a la esposa. Que cuando los hijos necesitan consuelo y oración, puedan recurrir a los brazos de su madre.

Otro adjetivo que encontramos en el Salmo 128:3 es “floreciente”, lo cual significa que florece, prospera, se desarrolla, es favorable y venturosa. Esto me hace pensar en la mujer virtuosa de Proverbios 31:10-31, una mujer que da bien y no mal cada día de su vida, una esposa confiable, una mujer hacendosa, que cuida de su familia y administra bien su hogar, trabajadora y emprendedora.

“Mujer virtuosa,
¿quién la hallará?
Porque su estima
sobrepasa largamente
a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10

Cuando Dios nos hace un llamado, Él nos da las habilidades necesarias y nos provee las herramientas para que lo llevemos a cabo para su gloria. Mientras maduramos y crecemos como cristianas, también vamos aprendiendo a cumplir nuestro llamado de la manera que a Dios le agrada. Todas tenemos áreas en las que necesitamos crecer aún, pero Él nos ha dicho: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad» 2 Corintios 12:9.

Tenemos la Biblia a nuestro alcance de tantas y diferentes maneras que podemos aprovechar para leerla, estudiarla y crecer. Podemos orar con la confianza de que Dios nos escucha en cualquier momento y en todo lugar, con un acceso libre para pedirle que nos ayude a llevar una vida fructífera en nuestros hogares. Que podamos sembrar la semilla del Evangelio en los corazones de nuestros hijos con la certeza de que el crecimiento lo da Dios. Que nuestro hogar sea uno lleno de fruto que alimenta el alma de nuestra familia con la esperanza que solo el amor de Cristo puede brindar.