La Esposa Inteligente – Venciendo la Cantaleta

“…la mujer pendenciera es gotera constante. La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor.”

Proverbios 19:13-14 NVI

Ser una esposa inteligente es una meta a la que aspiro y una petición por la cual debo orar a diario. Es un privilegio ser llamada un regalo de Dios, por lo tanto, anhelo que mi vida refleje lo que dice el verso bíblico: “… la esposa inteligente es un don del Señor.” Creo que es un proceso de refinamiento diario en el que vamos madurando, aprendiendo y siendo moldeadas.

Es importante que nos fijemos en la primera parte del versículo bíblico también, en la que habla sobre la mujer pendenciera. “Pendenciera” es un adjetivo que califica a la persona que evidencia una propensión a las peleas y los enfrentamientos. Otras versiones de la Biblia dicen: “esposa regañona”, “esposa peleona” o “busca pleitos”. En el libro de Proverbios se hace mención varias veces sobre lo difícil que es vivir con una esposa rencillosa o “inclinada a las peleas o riñas” (Proverbios 21:9,19, 25:24, 27:15). Cuando la Biblia hace hincapié sobre un tema, es necesario prestar atención. Como esposa, debo considerar la razón por la que la Biblia exhorta varias veces sobre la mujer pendenciera o rencillosa.

Mejor es vivir en un rincón del terrado
que con mujer rencillosa en casa espaciosa. –
Proverbios 21:9

En Puerto Rico, a la esposa peleona le llamamos “cantaletera”, es decir alguien que es propensa a la cantaleta. Y la realidad es que, cuando nos evaluamos honestamente, muchas veces caemos en el mal hábito de la cantaleta y en el pecado de pelear en nuestros hogares. Un hogar en el que abundan la cantaleta, los regaños y la pelea, no es un lugar agradable. Dios nos ha llamado a edificar nuestros hogares, pero cuando actuamos de manera rencillosa, hacemos lo contrario, estamos destruyendo. Hay una advertencia bíblica para que evitemos una actitud de cantaleta en el hogar.

Está claro que fallaremos en el proceso, nos atraparemos a nosotras mismas repitiendo la misma queja una y otra vez, nos “morderemos la lengua” cada vez que nos oigamos iniciar una pelea. Pero, como esposas inteligentes, que somos regalo de Dios para el esposo, podemos acudir a la misericordia divina para hallar gracia y perdón para nuestro pecado. En el proceso vamos aprendiendo que la cantaleta no es comunicación efectiva. Para que tu cónyuge te escuche, debes aprender a comunicarte de manera asertiva y respetuosa. La comunicación sincera y amable puede hacer una gran diferencia en tu matrimonio. Entonces, en lugar de pelear y regañar, elegimos el momento adecuado para dialogar. Cuando algo nos disgusta, podemos expresarlo con asertividad sin faltar el respeto al esposo. La comunicación asertiva es una forma de expresar lo que se piensa o quiere de manera clara y respetuosa, considerando el punto de vista del esposo sin necesidad de ser agresivas.

Abre su boca con sabiduría,
y hay enseñanza de bondad

en su lengua.-
Proverbios 31:26

En Proverbios 31:26 dice que la esposa sabia abre su boca con sabiduría y hay bondad en su hablar. Nuestro llamado es alto y hermoso pues somos regalo de Dios para nuestros hogares. La Biblia también dice que el hombre que encuentra esposa, ha encontrado un tesoro y recibe el favor de Dios (Proverbios 18:22). Cuando conocemos el valor de nuestro llamado, podemos ejercer nuestro rol con la certeza de que Dios nos ayudará en la formación de un carácter como el de Cristo para gloria de Su nombre y que seamos de bendición a nuestras familias.

Disfrutando el Matrimonio

“Disfruta la vida con la esposa que amas, todos los días de tu corta existencia que Dios te permite vivir bajo el sol. Eso es lo que te corresponde de tu vida y tu trabajo bajo el sol.”

– Eclesiastés 9:9

En el año 2020 estábamos planificando unas vacaciones familiares que fueron canceladas debido a la pandemia. Mi esposo y yo no habíamos tomado vacaciones desde febrero del año anterior, así que eso significó que continuáramos trabajando todo este tiempo, tomando solo algunos cortos recesos de fines de semana en el área local. Cuando llegó el momento de planificar las vacaciones este año, les confieso que me sentí ansiosa. La seguridad de la rutina diaria y la familiaridad del ajetreo brindan cierto tipo de anclaje en el que me sentía cómoda, aunque estuviera agotada. Tuve que orar y pedir oración por esto ya que quería pasar un buen tiempo junto a mi esposo y familia. Dios contestó mi petición y tuvimos unas vacaciones muy agradables. Y este es mi primer blog luego de las vacaciones.

Como dice la Biblia en Eclesiastés, la vida bajo el sol es corta y se nos ha llamado a aprovecharla bien. Parte de eso es criar a nuestros hijos, el trabajo que realizamos, el ministerio en el cual servimos, pero también se nos llama a disfrutar nuestro matrimonio. A veces, podemos enredarnos tanto en la rutina y el ajetreo diario que nos olvidamos de disfrutar la relación con el esposo. Dejamos de sentarnos a conversar calmadamente y soñar juntos. Eso nos puede llevar a perder la esencia del compañerismo matrimonial que estamos llamados a modelar.

Las parejas cristianas casadas tienen la encomienda de mostrar el amor de Cristo por su Iglesia a través de su relación (Efesios 5:31-32). Esto es un proyecto de vida que se edifica día a día cuando confiamos en Dios como centro de nuestros matrimonios y permitimos que nuestro carácter sea formado conforme al de Cristo. Es un proceso de aprender a amar y a respetar. Es trabajar juntos con paciencia. El matrimonio es un deleite y una bendición de Dios, contrario a lo que proclama el mundo sobre el matrimonio. No es “echarse la soga al cuello”, es hacer un pacto para toda la vida en el que esposo y esposa se acompañarán en toda situación, caminando juntos y disfrutando de su amor, respeto, amistad y fidelidad.

“Así que sé feliz con tu esposa,
disfruta a la mujer con la que te casaste de joven…” – Proverbios 5:18

Aprender a disfrutar con el cónyuge en la vida diaria brinda valiosas ganancias para la relación. La unión y la cercanía emocional se fortalecen, la intimidad crece y el matrimonio se solidifica. Las experiencias compartidas son un pegamento esencial para la relación, pero no tan solo las difíciles, sino también aquellas que nos han hecho reír y gozar juntos. Dediquemos tiempo a observar al esposo, orar por él y con él, escuchar sus anécdotas, reír de sus ocurrencias, hablar de sueños y metas, hacer planes y juntos lograrlos, porque disfrutar del matrimonio no es algo que podemos hacer solo cuando vamos de vacaciones, sino a diario.

Honrando al esposo en su rol de padre -Día de los Padres

“Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.”

Efesios 6: 2-3

El honrar a los padres y madres es un mandamiento bíblico que contiene una promesa de bienestar y larga vida. Honrar a los padres es algo que nos concierne como hijas y como esposas, y que debemos hacer durante toda la vida. En mi país, Puerto Rico, se celebra el Día de los Padres el tercer domingo del mes de junio. Es una magnífica oportunidad para reflexionar sobre las cualidades que hacen a un buen padre y ser agradecidas. En primer lugar, agradecer a Dios, nuestro maravilloso Padre celestial, y dar gracias a esos padres que son parte esencial de nuestras vidas. Celebrar el rol del padre en la familia y la sociedad es necesario e importante. Si anhelamos ver familias saludables, necesitamos resaltar las cualidades de un buen padre.

A través del tiempo, se ha denigrado la figura del padre en la familia a causa del abandono, descuido, negligencia, entre otras cosas lamentables que ha provocado el pecado de muchos hombres. Pero Cristo vino a reconciliar el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres (Malaquías 4:6). Así que no debemos unirnos al coro del mundo que solamente señala y condena a los padres que han obrado mal, sino que podemos levantar nuestras voces y declarar que, por la gracia de Dios, hay muchos padres que aman, educan, comparten, cuidan, protegen y proveen para sus hijos.

“Muchos hombres proclaman su propia lealtad, pero un hombre digno de confianza,
¿quién lo hallará?
El justo anda en su integridad;

¡cuán dichosos son sus hijos después de él!” –
Proverbios 20:6-7

Solo hay un Padre perfecto. Todos los hombres pueden equivocarse y fallar. Pero pueden recurrir a Cristo y hallar perdón y gracia para comenzar de nuevo. Celebremos a los padres que son parte de nuestras vidas. Resaltemos lo bueno que Dios hace en ellos y a través de ellos, en lugar de denigrar su rol y menospreciar su imagen.

¿Cómo podemos honrar a los padres? Hay varias maneras en las que podemos mostrar aprecio a los padres:

  • Respeto – Mostrar una actitud de amabilidad hacia los padres y dirigirse a ellos de manera respetuosa.
  • Estima – Expresar gratitud por su esfuerzo diario para proveer para la familia.
  • Paciencia – Ser tolerantes cuando cometen errores, recordando que no somos perfectas y nos gusta que sean pacientes con nosotras cuando nos equivocamos.
  • Compasión – Mostrar compasión cuando está pasando por un momento difícil, orar por él y con él. Escucharlo y extenderle gracia.
  • Perdón – Dialogar con él respetuosamente cuando hay un desacuerdo buscando la reconciliación. Estar dispuestas a perdonar como fuimos perdonadas por Dios, para lograr una relación saludable.
  • Honra – Interesarnos por su opinión y tratar de entenderlo. Demostrar confianza en sus habilidades y halagar sinceramente sus cualidades. Evitar hablar negativamente de él frente a otras personas.

El llamado bíblico es a honrar a los padres, independientemente de sus defectos y de nuestras emociones. Puede que a veces sintamos desánimo, pero recordemos que no debemos seguir nuestras emociones, sino la Palabra de Dios y cuando la obedecemos en este mandato de honrar a los padres, tenemos acceso a la promesa de que nos irá bien y tendremos larga vida. En la obediencia hay bendición. Al obedecer este mandato, damos un paso certero hacia el establecimiento de relaciones sólidas entre padres e hijos. Esto provocará un fuerte impacto en las familias y en nuestra nación.

“Su esposo es respetado en la comunidad…”
– Proverbios 31:23

Como esposas, somos ejemplo para nuestros hijos cuando honramos al esposo y les enseñamos así la importancia del padre en el hogar. Al meditar sobre esto, me acuerdo de Proverbios 31:23 donde dice que el esposo de la mujer virtuosa es conocido y respetado entre los líderes de la ciudad. Pienso que es interesante que este punto se trae luego de que la porción bíblica habla sobre la vida de hogar y la honra que recibe el esposo de parte de su esposa. Antes de ser respetado en otros lugares, es importante que el esposo sepa que es apreciado en el hogar por su esposa e hijos. Así que, seamos intencionales en darle bien y no mal al esposo cada día, de manera que nuestros hijos tengan un buen modelo a seguir.

¡Feliz Día de los Padres! Les amamos y les honramos.

Gracia para Madres Imperfectas

“Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que el poder de Cristo more en mí.” – 2 Corintios 12:9

Ser madre es un hermoso privilegio, pero también una gran responsabilidad. La tarea de cuidar a un niño o niña desde la infancia hasta que sea adulto, equiparle para la vida, inculcarle principios bíblicos y valores que guíen sus decisiones es una labor gigantesca. Puede que en ocasiones sintamos que estamos fracasando en la tarea. Tengo que confesar que es algo que he confrontado en muchas ocasiones a lo largo de los casi veintiséis años que llevo ejerciendo el rol de madre.

El mundo y la cultura popular tratan de vendernos la idea de ser “super mamás”: las que conocemos las más modernas técnicas de educación, las que cocinamos las mejores recetas para mantener una nutrición saludable para nuestros hijos, las que conducimos a los niños a las prácticas de deportes, clases de música, escuela bíblica, grupo de juveniles, somos voluntarias en la escuela, etc. Todo esto a la vez que mantenemos la casa impecable, somos buenas esposas, participamos en algún comité de la Iglesia, lucimos encantadoras y manejamos algún tipo de negocio propio o empleo para colaborar con el sostenimiento económico del hogar. Realmente, esto coloca sobre nuestros hombros una carga que es sumamente difícil de llevar. Además de que es un concepto que está centrado en nosotras mismas, en realzar nuestra imagen y no reposa en el poder de Cristo ni en glorificarlo a Él.

Así que, muchas veces experimentamos frustración porque hemos permitido que pensamientos contrarios a lo que nos enseña la Palabra aniden en nuestra mente y pongan una demanda indebida en nosotras. Dios nos ha llamado a amar al esposo y a los hijos (Tito 2:4); a que junto al esposo les enseñemos la verdad con nuestros actos y palabras (Deuteronomio 6:6-7). Nuestro deber es llevar nuestros hijos e hijas hacia Jesús, así como hicieron aquellas madres y aquellos padres que relata en Mateo 19:14 cuando Jesús dijo que dejaran que los niños viniesen a Él. Notemos que la Biblia dice que le fueron presentados unos niños. Los niños no llegaron solos. Hubo alguien que los llevó hacia Jesús. Esa es nuestra misión principal como madres: llevar los hijos e hijas hacia Cristo.

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos,
y orase; y los discípulos les reprendieron.
Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí,
y no se lo impidáis; porque de los tales
es el reino de los cielos.” – Mateo 19:13-14

En los pasados días, leyendo sobre este tema en el libro Mujer Sabia de la autora Wendy Bello, Dios trajo a mi corazón el recordatorio de un punto muy importante. Él nos dio la función de instruir, de enseñar en nuestro hogar el carácter de Cristo y los principios bíblicos. Hay una gran diferencia entre instruir y cambiar. No tenemos la capacidad de cambiar a otras personas, ya sean nuestros hijos o el esposo. El poder de cambiar a las personas solo lo tiene Dios. No nos confundamos creyendo que nos toca cambiar el corazón de nuestra familia. Sigamos cumpliendo con nuestra función y dejemos la transformación de los corazones en las amorosas y experimentadas manos del Señor.

Es importante que entendamos que necesitamos recurrir a Cristo continuamente durante el trayecto de la maternidad. No vamos a hacer todo perfecto porque no somos perfectas. Pero podemos descansar en Su maravillosa gracia que cubre nuestros pecados. Dios nos da las fuerzas para reconocer nuestras faltas y pedir perdón, para sostener a nuestros hijos en sus momentos difíciles, para enfrentar las pruebas de la enfermedad, de la rebeldía, de los imprevistos.

“Pues considero que los sufrimientos
de este tiempo presente no son dignos
de ser comparados con la gloria
que nos ha de ser revelada.” – Romanos 8:18

Dios nos ayuda a entender que nuestra identidad no se encuentra en cómo manejamos la maternidad, sino que está cimentada en Cristo. Y comprender esto es lo que nos libera de la culpa y de la frustración de nuestros fracasos. Puede que los hijos se rebelen por un tiempo, puede que algunos se alejen incluso. Y llega el pensamiento: “Si tan solo fuera una mejor madre…” Pero realmente eso no es lo que garantiza los resultados. Escuchando un podcast de Aviva Nuestros Corazones sobre la Maternidad Redimida me impactó cuando hablaron sobre Adán y Eva, quienes tenían un Padre y un hogar perfectos y, aun así, se rebelaron. Así que nosotras, necesitamos entender que nuestra única esperanza está en el Señor. Solo Él es soberano y Sus planes para las vidas de nuestros hijos son mejores que los nuestros. Así que, tal como Adán y Eva fueron los primeros en recibir el anuncio sobre la redención en Cristo, nuestros hijos también necesitan que les anunciemos el Evangelio en el hogar.  

Y esto sí que es algo maravilloso. Que podamos vivir el Evangelio en nuestro hogar, que el amor de Dios se refleje en nuestras acciones, en nuestra entrega. Que podamos actuar en humildad, reconociendo nuestros errores. Que podamos servir sin esperar recompensa. Que Dios nos ayude para que nuestra vida sea un testimonio que lleve a nuestros hijos hacia Jesús.

Somos imperfectas, pero amadas y cubiertas por Su gracia. ¡Feliz Día de las Madres!

La Esposa Discreta – Parte II

“Porque el Señor da la sabiduría;
conocimiento y ciencia brotan de sus labios.
Él reserva su ayuda para la gente íntegra
y protege a los de conducta intachable.
Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles.
Entonces comprenderás la justicia y el derecho,
la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón,
y el conocimiento te endulzará la vida.
La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá.”

Proverbios 2: 6-11

Luego de la publicación de la primera parte de “La Esposa Discreta”, una lectora me preguntó que cómo se puede ser discreta pero también transparente (sincera) cuando se necesita consejo sobre un área de vulnerabilidad ya sea personal o matrimonial. Es una excelente pregunta y la Biblia nos da la respuesta y ejemplos de los que podemos aprender.

La porción de Proverbios que comparto como encabezamiento nos lleva a meditar en nuestra necesidad de adquirir la sabiduría de la fuente correcta. Entonces la discreción y la inteligencia nos protegerán. Pero ¿de qué nos van a proteger? Del camino del mal, de las malas compañías y de los que lo tergiversan todo con sus palabras (Proverbios 2:11-15 PDT). Definitivamente, la discreción nos libra de contarle nuestras situaciones a personas que tergiversan las palabras, conduciéndote a la confusión. Desahogarte con tus amistades sobre las faltas de tu esposo no es la respuesta. Eso deshonra a tu esposo y te puede conducir por un camino torcido que terminará lastimando tu matrimonio.

Los pensamientos con el consejo se ordenan…
– Proverbios 20:18

Sin duda hay momentos en los que necesitamos ser escuchadas y aconsejadas. La Biblia nos enseña que los pensamientos se ordenan con el consejo (Proverbios 20:18). En el libro de Proverbios se repite en múltiples ocasiones que atendamos al consejo bíblico (Proverbios 3:21), que apreciemos los consejos de nuestros padres (Proverbios 13:1) y de las buenas amistades (Proverbios 27:9). Así que, ahí encontramos respuesta a la pregunta que hizo la lectora. La primera fuente en la cual debemos buscar consejo y aliento es la Palabra y a Dios en oración para que nos dirija si debemos acudir a una persona con la cual dialogar y que nos ayude a orar. Lo segundo que debemos hacer es traer a la memoria los consejos que nuestros padres nos han dado a lo largo de la vida y/o acudir a ellos si es posible. En tercer lugar, una vez hayamos orado, podemos hablar con una mujer mayor, madura en la fe, que nos pueda escuchar y aconsejar aplicando la Palabra (Tito 2:4-5).

En la Biblia se encuentran dos ejemplos de mujeres discretas que me gustaría compartir. Una de ella es Ana. Su historia se encuentra en el Antiguo Testamento (1 Samuel 1:1-28 y 2:1-11) donde nos relata que ella estaba casada pero no había podido tener hijos pues era estéril por lo cual recibía burlas y menosprecio. En lugar de responder con ira o irse a chismear con sus amigas por lo que sufría, ella fue al templo a orar por su petición: un hijo. El sacerdote Elí primero asume que ella está borracha porque ella oraba moviendo sus labios sin emitir palabra. Pero en vez de responder con arrogancia, Ana humildemente le expresa su angustia y le declara su petición a Elí. Entonces Elí la envió en paz pidiendo que Dios contestara su petición. Dios le concedió a Ana un niño que se llamó Samuel, el cual ella dedicó a Dios y fue uno de los profetas más conocidos de Israel.

La forma de proceder de Ana muestra discreción ya que ella acudió a Dios en su angustia y la persona con la que habló luego de orar, fue alguien que era respetado como líder espiritual en su comunidad. En su conversación, ella no habló mal de otras personas, sino sobre la situación que experimentaba y la petición que tenía ante Dios. El mejor ejemplo que nos da la vida de Ana es el de acudir a Dios y entregarle a Él nuestra carga. También el de buscar el apoyo en la oración.

El otro ejemplo que deseo compartir es el de María de Belén, a quien le fue concedido el gran privilegio de llevar en su vientre y dar a luz a Jesús. El anuncio y la concepción de Jesús fue sin duda algo maravilloso, pero desconcertante (Lucas 1:29). Ella fue muy humilde y discreta en su forma de proceder. Cuando necesitó de alguien, acudió a su prima Elisabeth, una mujer mayor, esposa del sacerdote Zacarías que también había quedado encinta de manera milagrosa pues era estéril (Lucas 1:39-44). Su ejemplo nos enseña a buscar aliento y compañía en personas confiables que nos ayudarán a afirmarnos en la fe.

Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del corazón
y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios. – 1 Pedro 3:4

Podemos ser vulnerables y transparentes sin dejar de ser discretas. Dios estima el espíritu manso y apacible (1 Pedro 3:4) de una mujer que le honra y aprende de Él para actuar de la manera apropiada en cada situación. En todo, recordemos siempre que dependemos de Dios. Lo necesitamos todos los días. Alcanzar la meta de ser una esposa discreta y todo lo que esto implica puede parecer sumamente difícil, quizás hasta imposible. Pero tengamos en mente que para Dios no hay nada difícil ni imposible (Jeremías 32:27). Confiemos a Él nuestra vida, matrimonio y familia.

La Esposa Discreta

“Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios.”

Salmo 141:3

La discreción es definida en el diccionario como “prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar.” La Biblia continuamente nos exhorta a ser sabias, lo cual implica hablar y obrar con sabiduría. Sin embargo, el mundo y la cultura muchas veces etiquetan a las mujeres como indiscretas y chismosas. Nosotras no estamos llamadas a seguir lo que dice el mundo, sino lo que dice la Palabra de Dios.

En Proverbios se habla mucho sobre la sabiduría, la discreción y la sensatez. Un verso de Proverbios dice: “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
es la mujer hermosa que carece de discreción.” (11:22).
Es decir, la belleza en una mujer desprovista de discreción es tan adecuada como ponerle un anillo de oro a un cerdo. La belleza, sin discreción y prudencia, conduce a la ruina, tal como los adornos no son algo que se les da a los cerdos. De nada vale cuidar mucho nuestra apariencia externa si no nutrimos nuestro corazón y nuestro espíritu de la sabiduría que produce discreción y sensatez.

“Yo, la sabiduría,
habito con la prudencia,
y he hallado conocimiento
y discreción.” –
Proverbios 8:12

Entonces, ¿qué es lo que hace a una esposa discreta? Primero, su conexión con la Palabra de Dios. En la Biblia encontramos la fuente del conocimiento necesario para obrar de manera prudente y discreta (Proverbios 3:21). Segundo, la esposa discreta es digna de confianza pues sabe reservarse la información que escucha de otras personas, sobre todo lo que le dice su esposo (Proverbios 31: 11). Ella no anda buscando a quién contarle lo que ha escuchado, ni siquiera con la excusa de que es “para orar”. La esposa discreta guarda el secreto y lo lleva a Dios en sus oraciones privadas.

En tercer lugar, la esposa discreta sabe esperar al momento preciso para hablar con el esposo. No lo aborda en cuanto llega a la casa con una lista de asuntos y quejas que siente que necesita descargar sobre él. Ella es respetuosa y cuidadosa al expresarse. Esto me hace pensar en Ester, un gran ejemplo de una mujer discreta, que supo esperar al momento adecuado y cuando lo hizo, fue de una manera en la que su esposo no se sintiera acusado de ser manipulado por Amán (Ester 7:3). Ester declaró las malas acciones de Amán y dejó a su esposo, el rey Asuero decidir cómo proceder en cuanto al asunto. Ella respondió con sabiduría una y otra vez para hacer la voluntad de Dios en el lugar en que Él la había colocado (Ester 2:10,15, Ester 4:16).

Cuarto, una mujer discreta se cuida de causar una impresión equivocada. Como Rut, una mujer discreta y prudente, sigue los consejos de las personas que Dios ha puesto a su lado para guiarla. Toma las medidas necesarias para no provocar una impresión errónea ante los que le rodean. No se comporta de manera que llame la atención hacia ella, sino que su meta es reflejar a Cristo en su forma de hablar y de actuar (Mateo 5:16). En el libro de Rut, leemos cómo ella siguió los consejos de su suegra Noemí. Cuando dio los pasos para ser redimida por Booz, ella sigue los consejos para mantener la discreción en todas sus acciones (Rut 3:7,14). Ya ella era conocida por ser una mujer virtuosa (Rut 3:11) y cuando se resuelve el asunto de su redención, su reputación y la de Booz están intactas. Y, en quinto lugar, una esposa discreta habla con respeto y admiración sobre su esposo. No se burla de la idea de tener un alto concepto de él (Proverbios 31:23). Cuando desea aconsejar a su esposo sobre algún asunto lo hace con bondad (Proverbios 31:26). Evita faltarle el respeto con sus palabras. No se enfoca en expresar sus opiniones ni deja que las emociones dominen sus palabras. Pone su confianza en Dios para que ponga guarda a su boca (Salmo 141:3).

“La discreción es
fuente que da vida
para quienes la poseen…” – Proverbios 16:22

Vivir de manera prudente y discreta no es necesariamente algo que nos llega de manera natural. Muchas veces he fallado en no darme cuenta de que no es el momento apropiado para hablar y soy redargüida al ver el resultado de mi falta de sensatez. Pero también he visto la diferencia que hace el confiar en Dios, orar sobre un asunto, pensar en la manera adecuada de expresarlo y hablar en el momento indicado. Necesitamos la ayuda de Dios para poder lidiar con nuestra insensatez. Este es un proceso largo, pero muy bien recompensado por el Señor. Nuestro matrimonio, la relación con nuestros hijos, familiares y amistades serán impactados de manera positiva cuando practicamos la discreción.

El Romance en el Matrimonio

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor,
Ni lo ahogarán los ríos.”

Cantares 8:7

El mes del febrero se conoce popularmente en muchos países como el “Mes del Amor”. Las parejas salen en citas románticas, se regalan tarjetas, chocolates y flores para celebrar su relación. Es muy bonito que se dedique atención al romance en el matrimonio, pero no debe ser solamente por motivo del “Mes del Amor”. Una de las realidades que enfrentan las parejas después de llevar unos años de casados es que las atenciones románticas comienzan a disminuir. Esto es bastante normal debido a las responsabilidades, rutinas y obligaciones de la vida familiar. El que sea algo normal no lo hace correcto. En la Biblia encontramos un libro completo dedicado al romance entre una pareja.

En su inmensa sabiduría, Dios colocó el libro de Cantar de los Cantares en la Biblia. Algunos estudiosos de la Biblia describen este libro como “una representación del amor en toda su espontaneidad, belleza, poder y exclusividad, y experimentado en sus momentos de separación e intimidad, angustia y éxtasis, tensión y satisfacción” (Bible Gateway Overview). Cuando se lee Cantares, podemos ver como la relación entre la pareja va progresando, creciendo en intimidad (cercanía) y seguridad.

¡Qué hermosa eres,
y cuán suave, Oh amor deleitoso! –
Cantares 7:6

Hace varios días, estaba leyendo el libro de Cantares y me detuve en el capítulo 7. Al leer la primera parte de Cantares capítulo 7:1-6, se ve reflejado el detalle con el que el amado describe la belleza que observa en su amada. El amado no solo le dice: “¡Eres fantástica!” Él describe con precisión todo lo que admira de su amada. Esposo que me lees, dedica atención y detalle cuando halagas a la esposa. Expresa tus elogios de manera explícita y afectuosa, describiendo cualidades de ella que admiras para que hagas sentir a la esposa lo especial que es ella para ti.

En la segunda parte de Cantares 7 (versículos 10 al 13) podemos ver que la amada le responde a su amado con entusiasmo, entrega y devoción. Esposa, procura que tu respuesta a los halagos del esposo esté no solo llena de gratitud, sino que refleje tu devoción. Expresa respeto hacia el esposo celebrando la relación al dedicar tiempo para actividades que ambos disfruten. Demuestra tu anhelo de hacer cosas por él como muestra de tu amor.

“Las mandrágoras han dado olor,
Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas,
Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío,

he guardado.” – Cantares 7:13

En ocasiones, fallamos ambos. El esposo porque olvida lo importante que son para la esposa los detalles y las palabras románticas. La esposa porque olvida responder con entusiasmo para hacerle saber al esposo que valora sus acciones. Tampoco debemos olvidar que puede que el lenguaje del amor* del cónyuge sea diferente al nuestro. Puede que para el esposo sean muy importantes las palabras de afirmación y debamos expresar nuestra admiración como hace la amada en Cantares 5:9 – 16. Es posible que para la esposa sea muy importante el tiempo de calidad y el esposo debe separar tiempo para dedicarlo exclusivamente a compartir con ella en actividades como paseos, por ejemplo, u otras que sean de su agrado (Cantares 4:8).

Lo que debemos tener en mente, no solo en el “Mes del Amor”, sino durante todo el año es que el romance es una parte importante y esencial en el matrimonio. Lo que Dios creó lo hizo bueno en gran manera y parte de esa creación es la unión matrimonial. Él desea que sea una unión gozosa que refleje el genuino amor que Cristo expresó por su Iglesia al entregarse por ella. Cuando ambos cónyuges deciden amar como Dios nos amó, las motivaciones egoístas quedan atrás y el enfoque es glorificar a Dios a través de una relación matrimonial abnegada que pone el bienestar del otro antes que el suyo propio. Esa es la clase de amor que las muchas aguas no podrán apagar.

*Lenguajes del amor: Palabras de Afirmación, Tiempo de Calidad, Toque Cariñoso, Regalos y Actos de Servicio

La Esposa – Renovando el entusiasmo

“Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti.

    Alégrate con la esposa de tu juventud.”

Proverbios 5:18

Una de las imágenes que siempre recordaré de la boda de mi hijo son los rostros de él y mi nuera desfilando juntos como esposo y esposa por primera vez. El gozo y el amor irradiaban en sus rostros. Hace varios días, pensando en esto, mi mirada se topó con una foto que tengo en mi habitación del día de mi boda, en la cual mi esposo y yo estamos desfilando por primera vez como esposo y esposa. Es una foto espontánea, natural, y ambos estamos sonriendo con entusiasmo. Esto me llevó a meditar sobre el entusiasmo que producen los nuevos comienzos y lo que puede ocurrir con ese entusiasmo al transcurrir el tiempo.

El matrimonio se edifica día a día. Hay que cuidarse mutuamente, ayudarse el uno al otro, orar el uno por el otro y manifestar el amor de manera que la relación crezca y se fortalezca. Las palabras edificar y entusiasmo, traen a mi mente a Baruc en el libro de Nehemías. El relato de la reconstrucción del muro de Jerusalén detalla que Baruc trabajó con entusiasmo, con fervor, para edificar la parte que le correspondía (Nehemías 3:20). Desde que leí eso me impresionó que, en el escrito del relato se haya detallado el entusiasmo de este hombre para edificar. Es una pausa hecha adrede para destacar su entusiasmo. ¿Qué nos quiere decir Dios con eso? Medito en ello y pienso que Dios nos llama a edificar con entusiasmo. ¿Qué estamos edificando? Parte de lo que edificamos en esta vida es nuestro matrimonio y familia. Es un trabajo arduo y continuo, pero lleno de bendición. Merece ser hecho con entusiasmo.

“Junto a él estaba Baruc, hijo de Zabai, quien reparó con entusiasmo
una sección adicional,
desde el ángulo hasta la puerta de la casa de Eliasib, el sumo sacerdote.” – Nehemías 3:20

El entusiasmo, según el diccionario, es un “sentimiento intenso de exaltación producido por la admiración apasionada de algo o alguien”. Así que como todas las emociones que experimentamos, el entusiasmo puede decaer. Por eso, comenzando este año, procuremos renovar el entusiasmo. En primer lugar, oremos para que nuestro fervor por Dios y Su Palabra se mantenga vivo. En segundo lugar, oremos por un entusiasmo renovado respecto a la edificación de nuestro matrimonio y familia.

La rutina y las tareas ordinarias pueden ser enemigos frecuentes del entusiasmo, pero Dios nos llama continuamente a mantenernos haciendo el bien, a obrar con sabiduría. La mujer virtuosa de Proverbios 31 es otro ejemplo de fervor (“…su lámpara no se apaga.” Proverbios 31:18). Ella se mantiene trabajando por el bienestar de su familia. La Biblia nos enseña que todo lo hagamos sea para Dios, con amor. Cuando recordamos cada día esa enseñanza, podemos entusiasmarnos aun con las tareas rutinarias, podemos disfrutar cada etapa del matrimonio y de la crianza de los hijos.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” – Colosenses 3:23

El entusiasmo o fervor nos lleva a disfrutar lo que Dios nos permite ser y hacer. Ser esposa es un privilegio hermoso que nos permite expresar aspectos maravillosos del carácter de Dios. Que junto al esposo podamos disfrutar de la relación, crecer juntos, conocernos mejor cada día, servir a Dios juntos. Que el entusiasmo esté presente en nuestro matrimonio en cada etapa, tanto si solo llevamos meses como veintisiete años de casados. Ese gozo duradero solo proviene del amor de Dios fluyendo en nuestra relación con el esposo y será transmitido también a los hijos que crecerán en un hogar guiado por Dios. ¡Que sea un Nuevo Año lleno de fervor para cada familia!

La Esposa – Fidelidad al Hogar

“Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor,
y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella,
si hacéis el bien
y no estáis amedrentadas por ningún temor.”

– 1 Pedro 3:6

Este versículo de 1 Pedro 3:6 lleva tiempo en mi corazón. La mención tan específica de Sara en su rol de esposa me llama la atención y por eso decidí leer la historia de Sara y Abraham narrada en el Génesis. Leyendo esa historia puede entender varias lecciones importantes de la vida de Sara.

En Génesis 12:5, después de haber recibido la palabra de Dios, Abraham decide emprender camino hacia la tierra a donde Dios lo estaba llamando junto a su esposa. Y ella, dejando atrás todo lo que conocía hasta ese instante, sale junto a su esposo en un largo recorrido que estará lleno de aventuras. Podemos asumir, por lo que leemos en la Escritura, que Abraham estaba comenzando su amistad con Dios, comenzando a conocerle. Así que Sara debía estar en las mismas, lo cual naturalmente le debió haber causado inseguridad. Pero, ese llamado de Dios a Abraham decía “Sal de tu tierra y de tu parentela…” Si vamos más atrás en la Biblia, vamos a encontrar un verso similar en Génesis 2:24 cuando Dios establece que “… dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer…”

“… el hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo.” –
Génesis 2:24

El matrimonio está llamado a dejar la casa de sus padres para formar un nuevo hogar. Una vez casados, el hombre y la mujer, se deben fidelidad mutua, no solamente física, sino también en la toma de decisiones que afecten su nuevo hogar. La vida de Sara en Génesis nos muestra que ella fue fiel a su rol de esposa. Pudo confiar en el llamado de Dios a su esposo y salir hacia lo desconocido, caminando en fidelidad a su matrimonio.

Esa fidelidad puede ser puesta a prueba cuando las decisiones causan inseguridad. Podemos ser tentadas a correr a la seguridad del albergue (o de las opiniones) de nuestros padres ante la incertidumbre, en lugar de dialogar con el esposo y orar juntos para hacer conforme a la voluntad de Dios. Probablemente Sara pudo haberse sentido insegura respecto a lo incierto de la travesía que les esperaba a ella y a su esposo. Pero la lección de su vida es que ella fue obediente, creyó al llamado de Dios, confió en el liderazgo de su esposo e hizo lo correcto.

La segunda parte de 1 Pedro 3:6 dice que llegamos a ser hijas de Sara cuando hacemos el bien y el temor no domina nuestras vidas. Esta parte es sumamente importante, porque en nuestra cultura influenciada por el feminismo, no nos agrada mucho la idea de la sujeción ni de la obediencia. Pero ¿por qué no nos agrada? Porque tenemos temor, porque hemos dejado que la cultura y las circunstancias definan nuestra identidad y nos da miedo pensar que podamos estar en una posición vulnerable en el matrimonio. Hemos creído las mentiras que el mundo promulga y nos llenan de miedo. Sin embargo, en Sara vemos a una mujer que fue de gran estima para su esposo, valorada como coheredera de la gracia de la vida. Cuando entendemos que nuestra identidad está fundamentada en lo que Dios dice a través de Su Palabra, podemos caminar en fidelidad sin estar amedrentadas por ningún temor, obedecemos a Dios con seguridad porque Sus planes son de bien y no de mal.

En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo,
y el que teme no es hecho perfecto en el amor. – 1 Juan 4:18

Así que, la vida de Sara nos habla de ser fieles, nos habla de seguir el liderazgo del esposo y nos habla de obedecer. Todo lo cual es parte del camino de la santidad (“Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos.” – 1 Pedro 3:5). El proceso de santificación progresiva es uno que dura toda la vida y el matrimonio es uno de los medios que Dios utiliza para santificar nuestras vidas como escribe el autor Gary Thomas en su libro Matrimonio Sagrado. Que podamos aprender de las santas mujeres cuyos relatos están registrados en la Biblia, pero sobre todo que seamos más como Cristo cada día para que Su perfecto amor, que echa fuera el temor, sea el que fluya en nuestros matrimonios.

La Esposa y la bendición de ver a los hijos crecer

Los hijos son un regalo del Señor;
son una recompensa de su parte.

Salmo 127:3

A las que nos está llegando la hora de que uno de nuestros hijos se case y comience a hacer su vida fuera de nuestro hogar, podemos percibir intensamente lo valioso que ha sido cada día que pasamos junto a ellos. Las amanecidas, los dolores de cabeza y las preocupaciones palidecen ante las memorias de las risas compartidas, de las lindas frases memorables que tu niño o niña decía en sus años más tempranos, de los buenos momentos en el hogar o de vacaciones. Te das cuenta de que la vida es tan rica cuando disfrutas de tu familia, cuando le dedicas tiempo, cuando los miras a la cara y escuchas lo que quieren expresarte.

Los hijos son una bendición y criarlos es una aventura maravillosa. Como familia, hemos enfrentado tiempos muy buenos, tiempos buenos y temporadas no tan buenas. Agradezco a Dios por cada una de esas etapas porque siempre pudimos experimentar Su cuidado y provisión. Recuerdo que durante una de esas etapas no tan buenas, una hermana en la fe y mentora me recomendó que todos los días, a la hora de cenar, cada uno de nosotros expresara una bendición de Dios recibida ese día. Lo pusimos en práctica y fue algo que nos mantuvo enfocados en la bondad de Dios durante ese tiempo. Eso fomentó una actitud de gratitud en los corazones de nuestros hijos y en nosotros también.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios,
el cual da a todos abundantemente
y sin reproche, y le será dada.” –
Santiago 1:5

La realidad es que hay etapas en la crianza que representan retos fuertes para los padres. Por eso es importante y necesario que el matrimonio se mantenga unido. Necesitamos practicar la humildad para reconocer cuando necesitamos consejo. Tenemos que acudir continuamente a la Palabra de Dios, que es la que contiene la instrucción necesaria para cada etapa de la vida. Así es que el matrimonio podrá enfrentar los retos, en oración y en mutuo acuerdo para el bienestar de los hijos.

La dinámica de la relación va cambiando mientras los hijos crecen y necesitamos ir adaptando la forma en que los tratamos y nos comunicamos con ellos. Pero nunca debemos olvidar que Dios nos dio a los hijos, que siempre seremos mamá y papá. A los padres y las madres, Dios les ha otorgado una influencia incomparable en el corazón de los hijos y debemos procurar utilizarla para llevarlos a Cristo, para enseñarles Su camino y sembrar los valores eternos en ellos.

Puede que en algunos momentos experimentemos inseguridad sobre nuestro desempeño como padres. Puede que haya momentos en los que desesperemos porque ansiamos ver la cosecha, pero necesitamos seguir confiando en que en el tiempo designado por Dios veremos el fruto en las vidas de nuestros hijos. Qué bueno es saber que en Dios está nuestra esperanza, que nuestros hijos están en sus manos.

Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve,
y no vuelven allá sino que riegan la tierra,
haciéndola producir y germinar,

dando semilla al sembrador y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca,

no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo,
y logrado el propósito para el cual la envié.” –
Isaías 55:10-11

En los próximos días, mi esposo y yo estaremos acompañando a nuestro hijo en su boda. Nuestra familia se hará más amplia y bendecida al integrar oficialmente a nuestra nuera. Es un tiempo especial y muy significativo para ellos y para nosotros como padres representa un peldaño al que hemos llegado con el favor de Dios.

La travesía de la crianza es una verdadera aventura, una aventura maravillosa. Cuando recibimos a los hijos desde el vientre como una bendición, eso nos impulsa a hacer lo que sea necesario para verlos crecer y desarrollarse de la manera que Dios ha designado. En el camino podremos cometer errores, tropezaremos y pecaremos, pero la seguridad de que la gracia de Dios cubre nuestra familia nos dará la fuerza para continuar. Siempre seremos mamá y papá, seguiremos orando, seguiremos sembrando, estaremos presentes en sus vidas, ofreceremos el consejo cuando sea necesario y el abrazo lleno de amor no faltará. Esa es la promesa que podemos hacer como padres, con la ayuda de Dios.

Esta etapa representa uno de los cambios que nos espera en el trayecto del matrimonio. A todas las que hemos criado hijos e hijas nos llegará. Nos corresponde rendirnos a Dios para que nos enseñe a relacionarnos con los hijos y sus cónyuges de manera sabia, amorosa y respetuosa. Recordemos que seguimos dando ejemplo. Procuremos que sea bueno para gloria de Dios.