La Esposa – Hablando Palabras de Afirmación

“Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes.” – Lucas 6:31

Recibir afirmación de parte de las personas importantes en nuestra vida es algo agradable, que nos motiva e inspira. Las palabras de afirmación son una forma poderosa de demostrar amor. El autor Gary Chapman enumera las palabras de afirmación como uno de los lenguajes del amor. Un halago, una palabra de ánimo, una nota de agradecimiento, expresar admiración, pueden significar mucho especialmente durante un día difícil.

La Biblia da instrucciones en muchas ocasiones sobre cómo debe ser nuestra forma de hablar porque ésta debe ser un reflejo de nuestra vida de adoración a Dios. Otra instrucción bíblica que se nos hace es que todo lo que hagamos debe ser como para el Señor. Creo que este mandato es sumamente importante (ya hemos escrito sobre el tema en publicaciones anteriores del blog – “La Esposa en la Vida Cotidiana”) porque es el que determina la actitud y la intención con la que obraremos. Cuando tenemos la actitud de honrar a Dios con todo lo que hacemos, seremos cuidadosas con la forma en la que hablamos.

La palabra amable
es árbol de vida;
la palabra perversa

destruye el espíritu. – Proverbios 15:4

Las palabras de afirmación son muy necesarias, especialmente en el contexto del hogar. El esposo y los hijos necesitan nuestro ánimo, nuestro agradecimiento y reconocimiento, así como nosotras lo necesitamos. Por eso necesitamos aplicar la Regla de Oro en el hogar con las palabras de afirmación: “Hablar a los demás como nos gustaría que nos hablen a nosotras.” En su libro “Adornadas”, Nancy DeMoss Wolgemuth invita a las esposas a tomar lo que ella llama el “Desafío de los 30 Días para animar a tu Esposo”. Durante el desafío, las esposas deben evitar hablar negativo sobre su esposo durante 30 días. Aunque él haga cosas que la esposa pudiera señalarle, ella debe tomar la decisión de no enfocarse en esas cosas. La segunda parte del desafío es animar al esposo, expresándole algo que aprecias o admiras de él. Es un reto para que seamos intencionales hablando palabras de afirmación al esposo, que es algo que a veces se descuida. Inclusive, pudiéramos pensar que es difícil encontrar 30 cosas que se aprecian o admiran del esposo. Pero el ejercicio de meditar en esto intencionalmente puede llevarnos a encontrar muchas cualidades significativas del esposo que hemos olvidado con el paso de los años o a las que simplemente les prestamos poca importancia. Muchas esposas que han aceptado el desafío testifican que ha marcado una diferencia muy positiva en su relación matrimonial.

La Biblia nos enseña que el esposo responde al respeto como la esposa responde al amor en Efesios 5:33 (este tema también fue tratado en una publicación anterior del blog – “La Esposa y el Respeto”). La admiración, el aprecio y las palabras de afirmación son parte de ese respeto que el esposo ansía y que como esposas virtuosas estamos llamadas a expresarle. Nuestra carne está más inclinada a señalar lo negativo que a resaltar lo positivo y por eso en muchas ocasiones descuidamos el brindar ánimo, agradecimiento y halagar al esposo. Necesitamos la ayuda continua del Señor para enfocarnos deliberadamente en lo positivo y resaltarlo como una forma de mostrar amor en nuestros hogares.

Ninguna palabra corrompida
salga de vuestra boca,
sino la que sea buena
para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.Efesios 4:29

Esto es algo que también debemos practicar entre nuestras hermanas en la fe, familiares y amigas. Podemos animarnos unas a otras con palabras de afirmación. Brindar ánimo a otras mujeres es algo que Dios puede usar para cambiar el día o la semana de una dama. Puede ser un impacto significativo en su vida. A veces nos cohibimos de brindar una palabra de afirmación o de ánimo porque asumimos que tal o cual mujer es fuerte y probablemente no necesita de nuestro apoyo. La realidad es que cuando Dios toca nuestro corazón para hablar a alguien, sencillamente nos toca obedecer. No sabemos cuántas veces esas “mujeres fuertes” están anhelando que alguien sostenga sus brazos. Todas necesitamos a Cristo y fortalecernos en el poder de su fuerza para continuar.

Practiquemos a diario el hablar conforme a la Palabra, para edificar a los que nos oyen, ya sea en el hogar, en el lugar de trabajo, en el vecindario, en la universidad, en la Iglesia. Siempre lo primordial es obedecer a Dios y servir al prójimo mientras le glorificamos a Él.

La Esposa y la Paciencia

Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes. –
Colosenses 3:12

Hoy, durante una breve conversación, mi hijo mayor, quien se comprometió con su novia hace poco más de un mes, me preguntó: “Si solo pudieras darme un consejo que pueda ser útil para cuando esté en la etapa de recién casado, ¿cuál sería?” Le respondí que lo mejor que le puedo aconsejar es que se tengan paciencia el uno al otro, entendiendo que son diferentes y que cuando comiencen su vida juntos, se van a percatar de esas diferencias, de los distintos hábitos de cada uno. Solo teniéndose paciencia y esforzándose por comprenderse mutuamente, lograrán establecer sus propios hábitos de pareja y lograr la armonía en el hogar.

Amo estas “pequeñas grandes” conversaciones con mis hijos porque me hacen pensar y analizar cuánta paciencia me han visto ellos ejercer a mí a través de los años. Al meditar en esto, con honestidad puedo decir que es un proceso en el que todavía estoy trabajando. Puedo ser paciente con algunas cosas y con otras no. Puede que haya hábitos o costumbres de mi esposo o de mis hijos que puedo dejar pasar, pero hay otros que todavía me impacientan.

Es a lo largo de las relaciones, mientras interactuamos unos con otros que podemos vivir como se espera de nosotras como hijas de Dios: amando, mostrando bondad, humildad y paciencia. Las relaciones son instrumentos de Dios para pulirnos. Esta semana pasada, mi esposo y yo cumplimos 26 años de casados. Mi trasfondo familiar y el de mi esposo son completamente diferentes. Las personalidades de ambos son distintas (aunque tenemos cosas en común), y tanto el factor de la crianza como la personalidad, pudieron habernos causado muchos problemas a lo largo de nuestro matrimonio. Pero vivimos agradecidos de Dios por Su maravillosa gracia. Haber conocido el Evangelio desde antes de casarnos ha hecho toda la diferencia en nuestra relación. El buen consejo de la Palabra, libros cristianos sobre el matrimonio y las personas que Dios puso en nuestro camino como mentores, nos han ayudado a llegar a donde estamos hoy. Sin duda, ambos hemos aprendido a ejercer paciencia durante estos 26 años y todavía nos falta mucho por aprender en las próximas etapas que nos esperan.

En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. – Gálatas 5: 22-23

La Biblia nos dice que el fruto del Espíritu se manifiesta de varias formas, y una de ellas es la paciencia. Sin duda, es un fruto totalmente necesario en el matrimonio. Es la paciencia la que nos ayuda a soportar esas pequeñas costumbres del esposo que nos parecen molestosas. Es la paciencia la que nos enseña que está bien que el esposo sea diferente a nosotras; Dios lo diseñó con una personalidad única y lo hizo bien. La paciencia nos capacita para que podamos incluso apreciar esas idiosincrasias que hacen al esposo tan especial.

Cuando aprendemos a ejercitar la paciencia, entendemos que hay conversaciones que pueden esperar hasta el lugar y el momento indicados. Esto me hace recordar la historia de Ester, que buscó primero la dirección de Dios, para luego encontrar la valentía y la prudencia para hablar con su esposo sobre un tema muy delicado en el momento propicio. ¡Cuántas veces tenemos que “mordernos la lengua” porque queremos resolver todo a nuestra manera y en el momento! ¡Qué mucho podemos aprender de Ester sobre la paciencia! Su historia se encuentra en el Antiguo Testamento, el libro de Ester, cuyos 10 capítulos se pueden leer en una tarde y meditar en ellos durante toda una vida.

Sean pacientes con todos. –
1 Tesalonicenses 5:14

Recordemos que el mandato bíblico es que seamos pacientes con todos. Creo firmemente que las esposas estamos llamadas a ejercitar las virtudes bíblicas primeramente en el hogar, con el esposo y los hijos, que son los prójimos más cercanos que tenemos. La esposa virtuosa descrita en Proverbios 31 refleja una actitud paciente mientras cuida a su familia y su hogar. Lo puede hacer porque ella honra a Dios, y de relación con Él surge el fruto que produce paciencia. Podemos confiar que con la ayuda de Dios lograremos alcanzar la meta de ejercitar la paciencia en nuestros hogares.

La Esposa – El valor de la Amistad en el Matrimonio

“En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.” – Proverbios 17:17

La amistad es un regalo valioso que trae consigo compañía, unidad, solidaridad y compartir experiencias agradables. Hay temporadas de nuestra vida en las que las amistades cobran una gran importancia como lo son la adolescencia y la juventud. Algunas de nuestras amigas de la niñez continúan siendo muy importantes para nosotras. Dios nos ha regalado las relaciones de amistad para disfrutar etapas de la vida juntas, ayudarnos unas a otras en momentos difíciles y acompañarnos en el camino.

Pero, ¿cuándo fue la última vez que pensaste en tu esposo como tu amigo? ¿Es tu esposo tu mejor amigo? ¿Disfrutas de su compañía y deseas estar con él en los momentos buenos y apoyarlo en los más difíciles? Por algunas razón, a muchas parejas se les olvida que lo que les llevó a establecer su relación de noviazgo y que luego los llevó al matrimonio, fue la amistad. ¿Te acuerdas de aquellas largas conversaciones telefónicas, de cuando se reían de cualquier tontería, de cuando se inventaban cualquier excusa para pasar tiempo juntos? Ese compartir, ese disfrute de la mutua compañía, esa unidad, produce una relación profunda.

“Que tu esposa sea una
fuente de bendición para ti.
Alégrate con la esposa de tu juventud.” – Proverbios 5:18

Con el paso del tiempo, luego de casarnos, nos dejamos llevar por las rutinas y las responsabilidades y se nos olvida disfrutar de la relación. Nos acostumbramos tanto a la rutina del trabajo y de las tareas cotidianas, que se nos hace difícil disfrutar de una salida espontánea. Otra cosa que obstaculiza la amistad en el matrimonio es la creencia de que los cónyuges no pueden ser amigos porque sus gustos son muy diferentes. Sin embargo, cuando estaban en la etapa de noviazgo, buscaban conocer todos los gustos que tenían en común para disfrutar de esas cosas juntos. ¿Por qué tiene que cambiar eso en el matrimonio? Debemos continuar aprendiendo sobre los gustos del esposo y buscar conocer aquellas cosas que a ambos nos agradan para disfrutarlas en companía de él. Hace unos años escuché la siguiente frase: “El que deja de aprender, comienza a morir”. En el matrimonio también aplica. Cuando dejamos de aprender sobre el cónyuge, la amistad y la unidad comienzan a morir.

Hay parejas que cuando se les queda el “nido vacío” se dan cuenta de que lo único que los mantenía juntos eran los hijos y las deudas. Una vez que se van los hijos y se saldan las deudas, piensan que su relación ya no tiene sentido y lamentablemente, muchos terminan en divorcio .

La amistad tiene un gran valor en el matrimonio. En el Cantar de los Cantares, vemos a una pareja desde que inicia su relación buscándose el uno al otro. Se llaman “amiga mía” y “amigo mío”, “mi amada” y “mi amado” (Cantares 2:2-3). Su relación crece a medida que vamos leyendo este libro poético en la Biblia y nos muestra finalmente una unidad profunda (Cantares 8:7).

La esposa virtuosa conoce y aplica el valor de la amistad en su matrimonio. Una de las características principales de la amistad es la confianza. La esposa descrita en Proverbios 31, inspira confianza a su esposo y enriquece su vida con su compañía (Proverbios 31:11).

“La amistad entre los cónyuges protege el matrimonio.” –
J. Mercado (El Matrimonio que Agrada a Dios)

El fin de cada matrimonio cristiano es honrar y dar gloria a Dios. La unidad del matrimonio refleja el amor de Cristo por su Iglesia (Efesios 5:25-32). Apreciemos cada día la oportunidad de glorificar a Dios a través de un matrimonio que disfruta la unidad que produce compartir la vida con nuestro mejor amigo.

La Esposa – Más allá de las Apariencias

Engañoso es el encanto y pasajera la belleza;
la mujer que teme al Señor es digna de alabanza. – Proverbios 31:30

El tema de la apariencia física ocupa frecuentemente las mentes de las mujeres. ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo nos ve el esposo? ¿Qué cambios puedo hacer para mejorar mi aspecto? ?  Estas son solo parte de las preguntas que pueden llenar la mente de una mujer desde su adolescencia hasta la edad madura. Las respuestas, tanto intelectuales como físicas, cambian con el paso de los años, pero la realidad es que perseguir la belleza es algo que de una forma u otra está presente en nuestras vidas.

Leer y escuchar el versículo 30 de Proverbios 31 cuando estamos más jóvenes, puede que no tenga tanto impacto, pero al ir pasando el tiempo, cobra un significado mayor. Es así como podemos afirmar que la Palabra de Dios es viva y eficaz, pues mientras vamos madurando, la Palabra viva obra eficazmente en nuestras vidas de acuerdo con la temporada que estemos atravesando. Así que, en esta temporada de mi vida (¡más cerca de los 50 que de los 40!), cuando leo: “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza…”,medito en ello de una forma diferente. Cuando llegamos a cierta edad, no se nos hace tan fácil bajar algunas libras, algunas estamos muy adoloridas para hacer ejercicios debido a condiciones de salud, las líneas de expresión ya se están asomando en el rostro, y eso puede llegar a frustrarnos si estamos demasiado enfocadas en la apariencia.

“La belleza es pasajera…”, dice el proverbista, refiriéndose a la apariencia externa. Pero añade: “la mujer que teme al Señor es digna de alabanza.” La reverencia y el temor de Dios no son cosas que podemos ver físicamente. Son disciplinas que al practicarlas se convierten en la actitud del corazón. Una esposa que honra a Dios es digna de alabanza. Su esposo y sus hijos la respetan y la admiran. Pero todo lo que ella hace, no lo hace para sí misma, sino que lo hace para honrar a Dios y como una muestra del amor que Él ha depositado en ella y que ahora ella puede brindar a los demás.

Una amiga en estos días utilizó la frase: “Envejeciendo con gracia…” Y me hizo pensar en el maravilloso regalo de la gracia de Dios y cómo con el paso de los años, al ir conociéndole, creciendo en fe y madurando, podemos realmente envejecer con gracia y llegar a ser una mujer como la que describe la Biblia.

“Que la belleza de ustedes no sea la externa,
que consiste en adornos tales como peinados ostentosos,
joyas de oro y vestidos lujosos.
Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del corazón
y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios.” 1 Pedro 3: 3-4

El camino hacia la libertad de la presión en cuanto a la apariencia es duro y difícil. Más aún cuando vivimos rodeadas de imágenes y conceptos que continuamente nos impulsan a pensar en nuestra apariencia física. Pensar que solamente se resuelve con cultivar la belleza interior, puede parecer muy sencillo. Pero realmente, la clave está en el primer verso que compartimos: honrar a Dios. El evangelio es el mensaje que nos lleva a honrar a Dios, a vivir para Él. Cuando podemos comprender que Jesús, se hizo pecado por nosotras (se despojó de toda su belleza, hermosura y majestad – Isaías 53:2), nos daremos cuenta de que la verdadera belleza se encuentra en Él, en entregarle nuestras vidas, en servirle y adorarle de corazón. “La mujer que teme (honra) al Señor es digna de alabanza”, resuena en mi corazón al escribir estas líneas. Oro que resuene en el corazón de cada mujer que las lea. No hay mejor legado para nuestras hijas e hijos que el Evangelio. Si el esposo y los hijos(as), las amistades, los compañeros y compañeras de trabajo, los vecinos, nos admiran por algo, que sea por haberles mostrado el amor de Cristo.

En su libro Belleza Verdadera, Carolyn Mahaney escribe: “Solo la Palabra de Dios puede prometer una belleza que es sobrenatural, que satisface, que es alcanzable y además duradera, una belleza que trae bendición y no maldición; una belleza que es preciosa, no inútil, que lleva a la felicidad en vez de a la angustia; una belleza que es cada vez más atractiva mientras más la cultives. La Escritura es veraz. Es la única que nos puede revelar lo que es la verdadera belleza.”

“…todo mortal es como la hierba,
y toda su gloria como la flor del campo.
La hierba se seca y la flor se marchita…

pero la palabra de nuestro Dios
permanece para siempre.” – Isaías 40: 6-8

La Esposa – Introspección

Cada cual cree que lo que hace está bien,
pero el SEÑOR es quien califica las intenciones.” –

Proverbios 16:2

Hace varios años, cuando mi esposo y yo nos preparábamos para trabajar en el ministerio de matrimonios y familias, tuvimos el privilegio de participar de unos talleres conducidos por el Dr. H. Norman Wright, quien es uno de los pioneros de la consejería prematrimonial cristiana. Recuerdo que al finalizar los talleres, usualmente, el Dr. Wright nos dejaba con varias preguntas sobre las que debíamos reflexionar. Hay una de esas preguntas que nunca olvidaré. En su voz calmada y clara, el Dr. Wright, nos invitó a preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo se siente estar casado conmigo?”

Cuando nos miramos a nosotras mismas, puede que nuestra preferencia sea ver y resaltar todo lo que pensamos que hacemos bien. Reconocemos que no somos perfectas, pero en muchas ocasiones tenemos una justificación para nuestras “imperfecciones.” Puede que haya otras que se sientan culpables y fracasadas por la forma en la que están desempeñando su rol de esposas.

Hay varias formas de analizar esta maravillosa e incisiva pregunta. Está lo que pienso de mí misma. Por ejemplo, puedo pensar que soy una buena persona con buenas intenciones que a veces comete errores y que mi esposo escogió bien al seleccionarme a mí. También puede que me conteste la pregunta con mi proyección de lo que quiero ser y diga: “Mi esposo debe sentirse muy bien conmigo ya que mi meta es ser una mujer virtuosa y creo que lo estoy haciendo bastante bien”, pasando por alto mis faltas. Otra forma de contestar la pregunta es tratar de ponerme en el lugar del esposo y captar lo que percibe de mí. Pero aún después de mirar en todos estos crisoles, no encontraré una respuesta honesta y satisfactoria hasta que me mire en el crisol de la Palabra.

Para contestar efectivamente la pregunta: “¿Cómo se siente estar casado conmigo?”, necesitamos conocer lo que Dios dice de la esposa. Entonces nuestra introspección será verdaderamente productiva. Cuando nos miramos en el espejo de la Palabra, podemos conocer el diseño de Dios para la esposa y examinar nuestros pensamientos, acciones y actitudes basándonos en ese diseño. A través de la oración, podemos pedirle a Dios que nos ayude a examinarnos con sinceridad y a trabajar con las áreas en las que necesitamos madurar.

Una mujer honesta
se gana el respeto” – Proverbios 11:16

Admitir al final del día que no obramos conforme al diseño de Dios, puede ser difícil y algunas veces, doloroso. Pero esos “dolores de crecimiento” nos llevan a madurar y a avanzar en el camino a convertirnos en la esposa que Dios quiere que seamos.

Hay momentos en el diario vivir en los que me percato que no estoy siendo fuente de bien para mi esposo. La gracia de Dios me sostiene en los momentos de debilidad y puedo arrepentirme de mis faltas y tomar la actitud correcta. En realidad, no se trata de mí, sino que se trata de reflejar el amor de Cristo que está en mí, de dar gloria a Él al ejercer mi rol de esposa conforme a Su diseño.

Si decides hacerte la pregunta: ¿Cómo se siente estar casado conmigo?, asegúrate de ir a la Palabra. Ese es el espejo perfecto. Las revistas, las redes sociales, la cultura moderna, el feminismo, todos tienen sus propias teorías basadas en conceptos humanos. Solo la Biblia contiene la verdad y revela el diseño divino. Cristo nos ayuda a dejar atrás la culpa, los temores, la inseguridad, para que podamos hacer todas las buenas obras que Él preparó de antemano para nosotras, y eso incluye ser esposas virtuosas.

“Porque somos hechura de Dios,
creados en Cristo Jesús
para buenas obras,
las cuales Dios dispuso de antemano
a fin de que las pongamos
en práctica.” – Efesios 2:10

La Esposa – Frente a Los Cambios

“Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros
de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos.
Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.” – Santiago 1:17

Se pudiera decir que los cambios son constantes a lo largo de la vida. Parece una declaración contradictoria y en algunos casos es más cierta que en otros, pero la realidad es que enfrentamos cambios a través de las diferentes etapas de la vida.

Cada una de nosotras puede recordar los comienzos de nuestra vida como esposas y maravillarse de lo diferentes que eran las circunstancias y los cambios que hemos experimentado. Tenemos más experiencia, algunas tienen hijos pequeños, otras, hijos adolescentes, otras, hijos adultos y otras tienen nietos. El matrimonio pasa por diferentes etapas, cada una de ellas es interesante, maravillosa y retadora.

La etapa de recién casados, con toda su dulzura y novedad, conlleva muchos ajustes a la nueva vida que se comparte con el esposo. La etapa de crianza de los hijos está llena de amor, alegría, diversión, y a su vez, trae consigo gran responsabilidad, trabajo y preocupaciones. La etapa del nido vacío proporciona tiempo de reposo, la llegada de los nietos, pero también momentos de añoranzas y sentimientos de soledad. Solo mencionando algunas de las etapas principales, pues hay otras más que no dejan de ser importantes.

Actualmente, estoy comenzando a experimentar algunos cambios relacionados con la edad y he optado por entender que es parte de la vida, aunque todavía no los entiendo bien ni me he adaptado a los mismos. Mis hijos ya están adultos y admito que aún estoy en proceso de adaptarme a esa realidad. Le pido a Dios que siga ayudándome a mantener una relación saludable con ambos. Mi hijo mayor ya está comprometido para casarse y me pregunto si seré una buena suegra ya que esa es mi meta. Mi hija comienza en el tercer año de su carrera universitaria, presentando metas para su futuro delante del Señor y mi oración es que Dios la proteja y cumpla Su voluntad en ella. Hay dudas y preguntas en mi mente, que imagino que otras mujeres enfrentan también. Pero puedo mencionar dos constantes esenciales a lo largo de mi vida matrimonial: la amorosa presencia de Dios y el fiel apoyo de mi esposo.

Pero que pida con fe, sin dudar;
porque el que duda es semejante
a la ola del mar, impulsada por el viento
y echada de una parte a otra. – Santiago 1:6

Está claro que, con los cambios en la vida, vienen también desafíos que nos provoquen temor. Es normal sentir miedo frente a los retos, pero la realidad es que esos retos seguirán ahí y tendremos que enfrentarlos en algún momento. Saber que no estamos solas frente a los desafíos que nos presenta la vida, es lo que necesitamos para seguir adelante. En medio de los cambios somos llamadas a ser constantes en nuestra fe (Santiago 1:6). Permanecer ancladas en Cristo, reconociendo que Él es suficiente en los momentos buenos y en los peores, es lo que nos sostendrá en medio de cada etapa desafiante de la vida.

Cultivar una relación sólida con el esposo también es de suma importancia. Enfrentar los retos de la vida junto a tu compañero es mucho más llevadero cuando oran el uno por el otro, se apoyan llevando el uno las cargas del otro cuando es necesario, se dan ánimo y celebran los triunfos juntos.

“Se reviste de fuerza y dignidad,
    y afronta segura el porvenir.” – Proverbios 31:25

Cualquiera que sea la etapa en la que nos encontremos, necesitamos recordar las verdades establecidas en la Palabra de Dios. La esposa virtuosa es fuente de bien y es llamada un tesoro, se viste de fuerza y honor, mirando sin temor al futuro porque su confianza está en Dios. Mantengámonos conectadas a la fuente de la verdad, la Biblia, para nutrir nuestras vidas. Hagamos lo posible por congregarnos, busquemos buenos ejemplos en mujeres piadosas mayores que nosotras que pueden enseñarnos con su experiencia y cultivemos a diario nuestras relaciones más cercanas.

La Esposa – Más allá de las Palabras

Todos cometemos muchas faltas.
¿Quién, entonces, es una persona madura?
Sólo quien es capaz de dominar su lengua
y de dominarse a sí mismo.Santiago 3:2

A lo largo de nuestras vidas, vamos creciendo y madurando. Una buena parte de la madurez se adquiere al relacionarnos de cerca con otras personas, interactuar con ellas, compartir vivencias, resolver conflictos, “limar asperezas”, desarrollar y colaborar en proyectos juntos. El matrimonio nos da la oportunidad de madurar al proveer la relación más cercana que pueden compartir dos personas.

Al entrar en el matrimonio, la esposa y el esposo, enfrentarán retos como las diferencias entre la mujer y el hombre, el bagaje que cada uno trae de su hogar de origen, entre otros. Cuando se aprende a superar estos retos, hay crecimiento individual y también como pareja.

Una de las cosas con las cuales más podemos luchar las mujeres es con las palabras. A la mayoría de las mujeres nos gusta expresar cómo nos fue el día, decir todo lo que hicimos, hablar de nuestros sueños y de nuestras frustraciones. Aunque a algunos esposos, les agrada hablar, no todos son tan conversadores. Algunos esposos prefieren un período de silencio cuando llegan a su casa, mientras que la esposa está deseosa de dialogar con él. Otros esposos tienen problemas para escuchar atentamente y retener la información que su esposa les comparte. Puede que haya otros que escuchan a su esposa, pero no necesariamente responden con palabras.

Este tipo de situaciones puede llevar a una esposa a la frustración. Si no somos cuidadosas, podemos recurrir a utilizar nuestras palabras de modo que lastimen al esposo y hagan daño a la relación (Santiago 3:6). Puede que comencemos a utilizar el sarcasmo para dirigirnos al esposo o que comencemos a criticar continuamente sus acciones y su carácter, terminando en cantaleta (Proverbios 27:15). Algunas esposas pudieran recurrir a utilizar sus palabras para manipular, “halagando” al esposo, no de corazón, sino para lograr sus propios propósitos egoístas (Proverbios 7:21). La mentira también es otra de las formas en las que usamos las palabras para “vengarnos” de lo que consideramos que son las faltas del esposo (Efesios 4:25). Con las palabras también podemos faltar el respeto al esposo, cuando subimos el tono de la voz, le hablamos con desprecio o les decimos palabras obscenas (Efesios 4:29). Todas estas acciones terminan haciendo daño al matrimonio.

Necesitamos darnos cuenta de que estas acciones son producto del pecado en nuestros corazones. En los Evangelios, Jesús habló de que el pecado va más allá de la acción, se comete en el corazón (Mateo 5:22). Las palabras pueden parecer inofensivas pero tenemos que meditar en cuáles son las intenciones que están detrás de ellas . Dios nos llama a arrepentirnos, a llevar ante Él nuestras culpas. Su perdón ya fue pagado para nosotras por Jesucristo en la cruz del Calvario. Una vez reconocemos nuestro pecado y nos arrepentimos, estamos preparadas para crecer.

En cambio, los que tienen la sabiduría
que viene de Dios, no hacen lo malo;
al contrario, buscan la paz, son obedientes
y amables con los demás,
se compadecen de los que sufren,
y siempre hacen lo bueno;
tratan a todos de la misma manera, y son verdaderos cristianos.
A los que buscan la paz entre las personas,

Dios los premiará dándoles paz y justicia. – Santiago 3:17-18

El camino del crecimiento no es fácil pues hay que morir al “yo”, a los deseos egoístas, pero las recompensas son maravillosas. La paz con Dios te llevará a buscar la paz con tu prójimo. Como hemos dicho anteriormente, el prójimo más cercano es el esposo. En tu caminar, verás la evidencia del poder de Dios sobre tu vida y sobre tu relación matrimonial. Tu esposo también lo verá y, en el momento de Dios, esto provocará transformación en su vida.

En mis casi veintiséis años de casada, he podido experimentar cómo Dios ha transformado (y lo sigue haciendo) mi forma de comunicarme con mi esposo. Me ha ayudado a no ser tan ligera con mis palabras. Me enseña a meditar en lo que voy a decir y cuándo debo decirlo. En una ocasión, Dios me guió a guardar silencio ya que estaba recurriendo a la cantaleta porque yo pensaba que tenía la razón y que mis intenciones eran buenas. Recuerdo que, cuando dejé la cantaleta y entregué mi petición al Señor en oración, Él obró hermosamente en mi corazón y en el de mi esposo.

Más allá de las palabras, hay una intención que debe ser evaluada. Cuando lo hacemos a la luz de las Escrituras, estamos dando pasos hacia la madurez y el fortalecimiento de nuestras relaciones. Siempre podemos orar por lo que está en nuestro corazón y permitir que Dios dirija nuestras acciones y nuestras palabras. ¡Qué maravilloso es saber que tenemos acceso directo al Señor por Su gracia!

Así que acerquémonos
con toda confianza al trono
de la gracia de nuestro Dios.
Allí recibiremos su misericordia
y encontraremos la gracia
que nos ayudará
cuando más la necesitemos. – Hebreos 4:16

La Esposa – Llamada a la unidad

“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.” – Génesis 2:24

Desde hace varios años, la Iglesia de la cual somos miembros, ofrece una clase para matrimonios durante el mes de julio. Mi esposo y yo hacemos lo posible por participar de la misma pues entendemos que sin importar cuanto tiempo llevemos de casados, siempre necesitamos seguir aprendiendo.

Estas últimas semanas, hemos estado estudiando juntos el libro “El Matrimonio que Agrada a Dios” como parte de la clase. Es edificante para nosotros refrescar información valiosa y práctica para nuestra relación, como también aprender cosas nuevas sobre cómo aplicar la Palabra y el Evangelio al matrimonio.

Uno de los temas que estudiamos recientemente, fue el de la unidad entre el esposo y la esposa. Definitivamente, el Evangelio hace una gran obra en el matrimonio ya que hemos experimentado la gracia de Dios en nuestra relación y, como resultado, disfrutamos de una hermosa unidad .

El matrimonio fue diseñado por Dios desde el principio para reflejar el amor de Cristo por su Iglesia. No fue hecho para satisfacer los deseos egoísta de cada cónyuge. Pero, la realidad, es que necesitamos estar alertas y reconocer cuando estamos siendo tentadas a buscar nuestro bienestar personal por encima del bienestar de la relación.

El amor es paciente, es bondadoso.
El amor no es envidioso
ni jactancioso ni orgulloso.
 No se comporta con rudeza,
no es egoísta, no se enoja fácilmente,
no guarda rencor.” – 1 Corintios 13:4-5

Necesitamos recordar los votos que declaramos ante Dios en el pacto matrimonial, cuando prometimos fidelidad al esposo, no a nuestros propios intereses egoístas. La Biblia nos enseña que el amor “no busca lo suyo”, que el que ama no se cree más que nadie. El amor del que nos habla la Palabra de Dios, valora a su prójimo, se expresa con paciencia y amabilidad. El prójimo más cercano es el esposo. La relación matrimonial provee la oportunidad de poner en acción el amor que se describe el 1 Corintios 13. Pero la cercanía también nos puede hacer vulnerables a tratar al esposo con “exceso de familiaridad”, que se refleja cuando no le mostramos el respeto y la consideración que nos enseña la Biblia, cuando le “cantaleteamos”, cuando ignoramos sus gustos porque estamos más enfocadas en nuestras preferencias.

El llamado a la unidad está plasmado desde el Génesis, desde el mismo momento en el que Dios estableció el matrimonio. Al hombre y a la mujer, unidos en el pacto matrimonial, Dios los llama “una sola carne” y a ambos les da un mandato para que trabajen juntos en la misión que Él les ha encomendado (Génesis 1:27-28). Por esta razón, cuando nos unimos en matrimonio, necesitamos echar a un lado nuestras expectativas egoístas de que esa relación es la que nos va a hacer felices. El llamado a la unidad en el matrimonio, requiere que sacrifiquemos el “yo”. Para eso, necesitamos a Cristo, porque solo en Él encontramos la gracia que perdona nuestro pecado de egoísmo y nos impulsa a caminar conforme al diseño de Dios.

“Las parejas en las que
ambos cónyuges traen gloria a Dios
son aquellas en las que ambos
mueren a sí mismos
para servir al otro.” – J. Mercado
(El Matrimonio que agrada a Dios)

El mayor gozo se manifiesta cuando vivimos para dar gloria a Dios. Cuando nuestro matrimonio refleja el amor entre Cristo y su Iglesia, estamos honrando a Dios. Eso será razón de regocijo para nuestras vidas pues estaremos viviendo conforme al diseño divino, caminando en la unidad a la que Dios ha llamado a la esposa en el matrimonio.

La Esposa – Creciendo

“¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros,
y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú?
Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama.” – Mateo 7:3

Hace varios años, participamos en un Retiro Matrimonial, cuyo tema fue: “Si tú cambias, cambia tu matrimonio”. El enfoque bíblico que utilizamos fue el de Mateo 7:3 y procuramos enfatizar que la forma en que los matrimonios pueden ser transformados no es cuando tratamos de cambiar al cónyuge, sino cuando nos ponemos en las manos de Dios para crecer conforme a Su imagen.

Cuando trabajamos en consejería con parejas, a menudo nos encontramos con que uno o ambos cónyuges desean que el otro cambie, y señalan al otro como causante de los problemas o infelicidad matrimonial. Uno de los más graves problemas con esta perspectiva, es que muchas veces, está basada en la ilusión de que podemos controlar a la otra persona. Esto puede provocar fuertes frustraciones en el matrimonio.

En muchas ocasiones, las mujeres entramos al matrimonio con la idea de que el esposo es nuestro proyecto, que lo vamos a cambiar y a convertirlo en nuestra visión de lo que debe ser. Puede que sintamos presión de nuestra familia, de lo que lo que el grupo de amistades entiende que es un buen esposo, de la cultura, de los medios sociales y nos enfoquemos en tratar de hacer que el esposo se amolde a ese patrón.

Hermanos, es posible
que alguno de ustedes
caiga en la trampa del pecado.
Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle
a corregir su error.
Pero ¡ojo!, háganlo con humildad,
pues ustedes también

pueden caer en tentación. – Gálatas 6:1

La realidad es que el llamado bíblico es a evaluar primeramente en qué debo cambiar yo. Necesito meditar e identificar aquellas actitudes pecaminosas que hay en mí (la “rama” que está en mi ojo), llevarlas a Dios en arrepentimiento y pedirle que me ayude a crecer y ser transformada. Cuando hacemos esto, nos daremos cuenta que, en algunos casos lo que queríamos señalarle al cónyuge ya no parece ser tan importante. En las ocasiones en que entendemos que hay que confrontar un asunto, podremos hacerlo con gracia, humildad y respeto, ya que hemos reconocido que no somos perfectas y que no tenemos el poder para cambiar al esposo.

Cuando mi esposo y yo nos casamos hace casi 26 años, había algunas cualidades que yo entendía que él debía cambiar para que se amoldara más a mi idea de lo que era más apropiado. Evidentemente, eso nos provocaba conflictos y frustraciones, pero gracias a Dios que, por los buenos ejemplos y los buenos consejos que recibimos, pudimos superarlos. Tuve que entender que mi esposo había sido diseñado por Dios y que en su sabiduría, Él le había dado cualidades muy diferentes a las mías. Tuve que aprender a dejar de ver las diferencias como debilidades y apreciarlas como el complemento que son para mí. Al soltar mi deseo de cambiar a mi esposo, comencé a disfrutar plenamente de nuestro matrimonio y descubrí fortalezas que Dios le dio para que juntos pudiéramos formar nuestro hogar, criar a nuestros hijos y servir conforme a los propósitos divinos.

Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos,
de modo que, si algunos de ellos
no creen en la palabra,
puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras,
al observar su conducta íntegra y respetuosa. –
1 Pedro 3:1-2

Necesitaba trabajar con la “rama” que estaba en mi ojo. Eso me ha llevado a crecer. Tengo que evaluarme y arrepentirme cada día, pero en Cristo encuentro la gracia necesaria para levantarme de nuevo y seguir adelante. Con esto no quiero decir que vivas pensando que eres la responsable de los problemas en tu matrimonio, sino que antes de confrontar al esposo, ores y le pidas al Señor que te ayude a identificar “las ramas” que puedan estar en tu ojo. Al arrepentirte y permitir que Dios trabaje en tu corazón, ya estarás dando un paso importante hacia el crecimiento. El esposo se dará cuenta de tus cambios (tarde o temprano), lo cual les ayudará a comenzar un diálogo que puede ser sanador y restaurador (Santiago 5:16).

Es necesario que recordemos siempre que no somos el Espíritu Santo y no tenemos el poder para tranformar la vida del esposo. Pero cuando glorificamos a Dios con lo que somos y con nuestro comportamiento, podemos llegar a ser una gran influencia para el esposo. ¡Qué Dios nos ayude a recurrir a Él continuamente para crecer, para ser fortalecidas y formadas conforme a su buena voluntad!

La Esposa Sabia

La mujer sabia edifica su hogar,
pero la necia con sus propias manos lo destruye. -Proverbios 14:1

Leer el libro de Proverbios es siempre una experiencia enriquecedora. Cada vez que se tiene la oportunidad de releer y meditar en el mismo, se aprende algo nuevo, algún versículo salta del texto para confrontarnos, alentarnos, enseñarnos o advertirnos. En estos días, he estado leyendo los Proverbios e inevitablemente, he notado que en repetidas ocasiones se habla de la mujer sabia en contraste con la mujer necia. Hoy leí el capítulo 31 de Proverbios, mi preferido en dicho libro bíblico y decidí escribir sobre el tema de la Esposa Sabia.

Proverbios 31:10 al 31, fue escrito por la madre del rey Lemuel para aconsejar a su hijo sobre la importancia de elegir una mujer virtuosa como esposa. Es una porción bíblica rica en verdades que nos llevan a reconocer a Dios en todas las cosas para poder vivir de una manera fructífera y eficaz. Proverbios capítulo 7 también fue escrito como consejo a los jóvenes varones para que pudieran distinguir entre una mujer necia y una mujer sabia o virtuosa. Desglosaremos varios de los contrastes entre la mujer sabia y la necia en los próximos párrafos.

La Esposa Sabia busca sobre todas las cosas agradar a Dios, mientras que la mujer necia busca complacerse a sí misma. La reverencia a Dios es lo que distingue a la Esposa Sabia, y eso es mucho más importante que cualquier otra cosa que ella haga (Proverbios 31:30). El amor es otra de las virtudes que se expresan continuamente en la vida de la Esposa Sabia (Proverbios 31:11-12). Por su parte, la mujer necia no entiende la naturaleza del verdadero amor pues está más interesada en recibir que en dar (Proverbios 7:19-20). Su meta es la gratificación inmediata, mientras que la Esposa Sabia dedica su vida a servir a su familia y trabaja con esfuerzo para que sus negocios rindan beneficio para todos en su hogar (Proverbios 31:16-18).

Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea
que en una casa preciosa
con una esposa que busca pleitos. –
Proverbios 21:9

Las palabras de la Esposa Sabia están saturadas de bondad, enseña a sus hijos con amor, inspira confianza a su esposo (Proverbios 31:26). Pero la mujer necia utiliza sus palabras para manipular, tratar de ejercer control y terminan lastimando sus relaciones (Proverbios 7:21). Una Esposa Sabia utiliza su influencia como instrumento de edificación, mientras que la mujer necia es rencillosa y su influencia es destructiva (Proverbios 7:26).

La Esposa Sabia es una mujer totalmente desinteresada. En ningún versículo del pasaje la vemos buscando su propio bienestar. Ella no es perfecta, pero depende de Dios para toda su vida y eso la hace victoriosa. Aunque ella no hace las cosas por buscar reconocimiento, Dios la bendice con un esposo e hijos que le expresan admiración (Proverbios 31:28-29).

Si necesitan sabiduría,
pídansela a nuestro generoso Dios,
y él se la dará;

no los reprenderá por pedirla. –
Santiago 1:5

Puede parecernos sobrecogedor pensar en llegar a ser como la Mujer Virtuosa (Esposa Sabia) que describe Proverbios 31:10-31, pero debe parecernos aterrador seguir los pasos de la mujer necia. Nuestra meta: buscar en nuestro Dios la sabiduría necesaria para emular el ejemplo de la Esposa Sabia, dependiendo de Su gracia cada día para lograrlo.