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La Esposa – Motivos de Celebración

“Nosotros hablaremos del poder, belleza y majestad de tus hechos maravillosos; yo pensaré mucho en ellos y los daré a conocer a mis propios hijos.”

Salmo 145-4-6

Al momento en que escribo esto, me encuentro entre dos fechas importantes: aniversario de bodas (a principios de septiembre) y mi cumpleaños #50 (a comienzos de octubre). Las celebraciones son necesarias porque marcan momentos importantes en la vida y nos invitan a reflexionar en cómo hemos crecido y avanzado.

Celebrar nuestro aniversario de bodas, siempre es algo muy especial para mi esposo y para mí. Este año cumplimos 28 años de casados y mi esposo se esmeró por hacer que pasáramos un día estupendo. Esa pausa es necesaria para disfrutar a plenitud de la mutua compañía, agradecer por lo que hemos edificado juntos por la gracia de Dios y soñar con nuevas metas, proyectos, viajes y caminos por recorrer.

Algo que consideramos sumamente importante es mantenernos aprendiendo. Como matrimonio, necesitamos seguir aprendiendo de lo que la Biblia enseña para que nuestra relación crezca conforme al diseño divino y no conforme a nuestra propia idea de lo que debe ser un matrimonio. Creemos firmemente que Dios creó el matrimonio y como Creador, es Él quien conoce perfectamente el diseño y el propósito de este. Por eso, necesitamos recurrir continuamente a Su Palabra, que es el manual de instrucciones para que nuestro matrimonio glorifique a Cristo.

“Pide entendimiento y busca la sabiduría
como si buscaras plata o un tesoro escondido.” – Proverbios 2:3-4

Ya sea que hayas cumplido más de 30 aniversarios de bodas o que estés comenzando en tu matrimonio, es necesario mantener una “actitud de estudiante”. Lo que esto quiere decir es que te mantengas estudiando a tu esposo para conocerlo mejor. Todas las personas vamos cambiando con el pasar del tiempo, aunque nuestra personalidad permanezca intacta, muchas otras cosas pueden cambiar: forma de pensar, actitudes, hábitos, gustos. El mantenernos atentas a lo que nos comunica el esposo, tanto con sus palabras como de manera no-verbal, nos ayudará a conectar con él más efectivamente. También necesitamos mantener una “actitud de estudiante” en lo que se refiere a las enseñanzas bíblicas sobre las relaciones, como mencioné anteriormente. La fuente principal de conocimiento es la Biblia y además, existe una extensa variedad de recursos basados en principios bíblicos de los cuales podemos aprender para aplicarlos al matrimonio. Los testimonios de otras parejas cristianas mayores que han atravesado experiencias difíciles y han visto a Dios obrar en sus vidas y matrimonios, también nos proveen enseñanzas valiosas.

Sé que, para la mayoría de las mujeres, cumplir 50 años no es algo que desean anunciar o celebrar mucho. La realidad es que, con todo y las inquietudes que pueda tener al enfrentar esta nueva década de mi vida, tengo que decir que, sobre todo, quiero llegar a ella con gratitud. Es mucho lo que tengo que agradecer a Dios. Tuve una niñez hermosa en un hogar lleno del amor de Dios y en el que me enseñaron a amarlo a Él, Su Palabra y al prójimo. Dios me ha guardado de la muerte en más de una ocasión. Nací y crecí en una Isla hermosa, Puerto Rico. Me casé con el amor de mi vida y edificamos juntos una familia. Dios nos ha dado la oportunidad de crecer a través de muchas experiencias (buenas y no tan buenas) en la vida. Pero, más que nada, tengo que agradecer a Dios por haberme mostrado Su gracia redentora, por tener misericordia de mí en mis faltas, en mi pecado, en mis quebrantos. Sin Su salvación que renueva mi esperanza día a día, ¿qué sería de mí? Así que, llena de gratitud por estos años, le pido a Dios que me ayude a continuar madurando cada día, que me guíe para llegar a ser una mujer virtuosa como lo enseña Su Palabra, que me fortalezca para que pueda honrar a mis padres y seguir los pasos de las mujeres ejemplares que Él ha colocado en mi vida, que me dé gracia para desempeñar mi rol como una esposa respetuosa conforme al modelo bíblico y que yo también pueda seguir aprendiendo para poder cumplir el llamado de Tito 2 de ser una maestra del bien para otras mujeres más jóvenes. Estoy consciente de que todavía tengo mucho que aprender, me doy cuenta de que necesito seguir madurando, que tengo errores que enmendar y también sueños por soñar y metas que alcanzar.

“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte;
no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos
y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios
no sea blasfemada.” – Tito 2:3-5

Una de las lecciones más valiosas que he aprendido es que las mujeres necesitamos buscar nuestro propósito en Dios y no dejarnos llevar por las ideas cambiantes de la cultura popular. Solo en Dios hay estabilidad, propósito con repercusiones eternas y vida abundante. He aprendido que no se trata de creer en mí, sino de creer en Dios. La vida es mucho más de lo que nuestra vista puede alcanzar. Nuestra mirada debe estar puesta en la eternidad, y cuando vamos entendiendo eso, nos damos cuenta de que lo que más importa no es lo que nosotras queremos, sino lo que Dios quiere, porque Su voluntad es la que es buena agradable y perfecta.

Sea que cumplas 25 años próximamente, o 50 como yo, o 65, recuerda pausar, recordar y agradecer los motivos por los cuales celebras. Reflexiona y cuenta las bendiciones recibidas, las lecciones aprendidas, las experiencias superadas y las memorias disfrutadas. Mantén una “actitud de estudiante” en cada etapa de la vida porque hacerlo te dará más motivos para celebrar. Que en cada ocasión especial podamos expresar gratitud a Dios y glorificarlo con nuestras vidas por todo lo que Él es y las maravillas que ha hecho.

Madres Valientes en un Mundo Hostil

“El secreto es Cristo en mí, no “yo” en medio de diferentes circunstancias.”

Elisabeth Elliot

Ser madre es una bendición. Desde la antigüedad hasta el presente, podemos ver que, a través de los tiempos, las madres se destacan por su valor en la sociedad. Su influencia es de vital importancia en la vida familiar. A pesar de que algunos menosprecian el que una madre se dedique por entero a su hogar, la realidad es que el mérito de la presencia de una madre es innegable.

En medio de situaciones difíciles y hostiles, muchas madres se han levantado con valentía para hacer lo correcto por sus hijos. La Biblia contiene varios relatos de madres que tomaron decisiones difíciles por el bien de sus hijos. Sus ejemplos nos hablan a través de las generaciones para que nosotras también seamos valientes en este tiempo en el que nos ha tocado criar a nuestros hijos. El mundo de hoy se está tornando cada vez más hostil hacia lo que enseña la Palabra y nos corresponde mantenernos firmes en la fe que profesamos.

La primera mujer de la Biblia que me llama la atención por su valentía es Jocabed, la madre de Moisés. Para el tiempo en el que Jocabed iba a dar a luz a Moisés, los hebreos vivían en Egipto y el Faraón había ordenado a las parteras que mataran a los niños hebreos varones para evitar que la población de los hebreos siguiera aumentando (Éxodo 1:16). Jocabed escondió a su bebé recién nacido por tres meses hasta que ya no podía ocultarlo más. Entonces preparó una canasta resistente al agua y la acomodó entre los juncos a la orilla del Río Nilo. La hermana del bebé se mantuvo a cierta distancia para vigilar. Al rato, la hija del Faraón salió a bañarse en el río, vio la canasta y ordenó a su criada que se la buscara. Cuando vio al niño hebreo recién nacido tuvo compasión de él. En seguida, la hermana del bebé se acercó y ofreció buscar una nodriza hebrea para que se lo cuidara, a lo cual la princesa accedió. Años más tarde, Jocabed llevó al niño al palacio y la hija del Faraón lo adoptó como hijo suyo y le puso por nombre Moisés (Éxodo 2:1-10). Sabemos que Moisés fue llamado por Dios para liberar al pueblo de Israel del yugo de esclavitud bajo el que vivían en Egipto. Jocabed arriesgó su vida al desafiar la orden del Faraón porque ella sabía que, sobre el Faraón, estaba el propósito eterno de Dios. Fue valiente al soltar aquella canasta con su bebé a la orilla del río, confiando el destino de su niño a Dios. Su ejemplo nos enseña a ser valientes para hacer la voluntad de Dios sobre los caprichos pasajeros de este mundo y también a tener la valentía de soltar a nuestros hijos confiándoles en las manos de Dios. Este mundo es incierto, pero necesitamos creer que lo que les hemos inculcado va a dar fruto y que Dios cuida de ellos mejor que nosotras.

Y la mujer concibió y dio a luz un hijo.
Viendo que era hermoso, lo escondió por tres meses.
Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo,
tomó una cestilla de juncos y la cubrió con asfalto y brea. Entonces puso al niño en ella,
y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo. –
Éxodo 2:2-3

Otra madre valiente de la Biblia es Noemí, quien perdió a su esposo e hijos en una tierra extranjera y regresó a su tierra acompañada de su nuera Rut. A su llegada a Belén, Noemí está llena de amargura, pero Dios se encarga de renovar su esperanza. Ella se convierte en la mentora de su nuera Rut, ambas mujeres valientes en un mundo hostil, pues de inicio no tenían a nadie que las redimiera. Noemi fue ejemplo de fe para Rut en medio de las circunstancias difíciles que atravesaban. Dios proveyó para ellas a través de Booz. Noemí, con la esperanza renovada se atrevió a aconsejar a Rut de manera que se pudiera acercar a Booz para que redimiese la herencia de su familia. Booz y Rut se casaron y tuvieron un niño que trajo alegría a la vida de Noemí en su vejez (Rut 1-4). La vida de Noemí nos da ejemplo de lo que es ser valiente en medio de las situaciones difíciles y de que podemos superar la amargura y atrevernos a confiar. Ella fue una suegra que mostró su amor a su nuera Rut al enseñarle su fe y darle consejos para el bienestar de la joven. Nos da ejemplo de la buena influencia que podemos ser para nuestros hijos adultos.

Entre las madres extraordinarias de las que habla la Biblia, no podemos dejar de mencionar a María, la que fue escogida para llevar en su vientre a Jesús. Aunque en otras ocasiones he escrito sobre ella, en esta ocasión quiero resaltar su valentía. Junto a su esposo tuvo que enfrentar un camino difícil para llegar a Belén embarazada de nueve meses para ser contados en el censo. No encontraron lugar donde quedarse y María entró en labor de parto en un pesebre durante la noche (Lucas 2:1-7). Hay que ser valiente para enfrentar todo eso. Ella tuvo que huir a Egipto con José y el niño Jesús cuando Herodes mandó a que mataran a todos los niños menores de dos años. Con valentía vivió en esa tierra extranjera hasta que Dios les dijo que podían regresar (Mateo 2:13-19). Dios la ayudó a ser valiente para ver a Jesús ser torturado, vituperado y crucificado pues ese era Su plan para salvar a la humanidad. Su ejemplo nos muestra que podemos enfrentar con paciencia y fe las duras pruebas del camino, ya sea durante el embarazo o durante los primeros años de crianza. También nos enseña que podemos ser valientes para ver a nuestros hijos ir a cumplir el llamado que Dios les ha hecho, ya sea a las misiones, al pastorado, una carrera profesional o de servicio, o lo que sea que Él quiera, aunque no se parezca a los planes que nosotras tengamos para ellos.

“Y el ángel le dijo: «No temas, María,
porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo,
y le pondrás por nombre Jesús.
Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo,
y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David;
y reinará sobre la casa de Jacob para siempre,
y Su reino no tendrá fin».” – Lucas 1:30-33

Finalmente, quiero mencionar a una mujer nacida en el siglo 20, cuya vida fue y sigue siendo de gran influencia para muchas madres y mujeres cristianas: Elisabeth Elliot. Ella fue una misionera que perdió a su esposo Jim Elliot en el campo misionero en Ecuador cuando un grupo de hombres de la tribu que ellos iban a evangelizar lo asesinaron a él y a sus otros compañeros misioneros. Ella quedó viuda y con una pequeña hija de 10 meses. A pesar del dolor, su corazón seguía ardiendo por las misiones y varios años después de la muerte de Jim, Elisabeth tuvo la valentía de llegar hasta la tribu de aquellos que habían matado a su esposo junto a su hija Valerie. Los titulares de revista decían que una niña vivía entre los asesinos de su padre. Sin embargo, Elisabeth Elliot decía: “Si un deber es claro, los peligros son irrelevantes.” Solo Dios puede brindar una valentía así en unas circunstancias como esas. Elisabeth vivió por un tiempo en aquella aldea para poder predicar el Evangelio a aquellos que no lo conocían. Fue valiente para aceptar el llamado de Dios junto a su pequeña niña. Nos da ejemplo de que seguir la voluntad de Dios para nuestros hijos es más importante que hacer lo que le parece bien a la gente, por más buenas intenciones que tengan.

Tenemos grandes y buenísimos ejemplos, tanto en la Biblia como en los testimonios de muchas mujeres de fe que han dejado una huella imborrable de valor para la humanidad. Permanezcamos fieles a Dios y a Su Palabra. Él nos mostrará Su buena voluntad y nos dará la valentía para hacer lo correcto en el mundo hostil que nos rodea. Por Su gracia y misericordia, Dios perdona nuestros errores y nos ayuda a continuar. Podemos confiar en que Él nunca nos va a fallar como lo demostró con Jocabed; nunca nos va desamparar, como lo mostró con Noemí: nunca deja de guardarnos, como lo demostró con María; está vivo y es real como lo mostró a Elisabeth Elliot. El secreto fue Dios en ellas en medio de cualquier circunstancia. Ese secreto puede ser el tuyo también y llenarte de esperanza.

¡Feliz Día a todas esas Madres valerosas que confían en Dios!

El Poder de la Vulnerabilidad en el Matrimonio

En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias.

Proverbios 31:11

Uno de los primeros puntos que destaca el pasaje de la mujer virtuosa es que su esposo puede confiar plenamente en ella (Proverbios 31:11). La confianza es esencial para que la relación matrimonial funcione efectivamente. El matrimonio es un regalo de Dios. Poder compartir la vida con el esposo es una bendición que debemos reconocer y agradecer. Una unión matrimonial fuerte nos da la oportunidad de tener a alguien con quien podemos contar, que conoce nuestros mejores momentos y también los peores, y nos ama en ambos. En un matrimonio fundamentado en el amor y el respeto, los cónyuges tienen la libertad de ser honestos el uno con el otro y expresar sus más profundas vivencias. A esto se le llama vulnerabilidad.

La vulnerabilidad es una de las cosas que hace que compartir la vida con alguien que ha hecho un pacto de estar contigo en las buenas y en las malas, sea algo maravilloso. Me deleita pensar en todas las cosas que hemos descubierto juntos mi esposo y yo. Por ejemplo, edificar nuestro hogar como recién casados, la llegada de nuestros hijos, las bendiciones y desafíos de la crianza en sus diferentes etapas, las vacaciones juntos… También hemos compartido las frustraciones, los desaciertos, los fracasos, las etapas de incertidumbre. Pero puedo decir con certeza que hemos disfrutado nuestra vida matrimonial desde la juventud, lo cual es un privilegio. Este año celebraremos nuestro aniversario 29 y obviamente, ya no somos tan jóvenes. Ahora también nos contamos las dolencias físicas que van surgiendo con los años, otro tipo de vulnerabilidad que, en lugar de incomodarnos, puede acercarnos más para cuidarnos mutuamente de acuerdo a lo que sea necesario.

Al “mirar” nuestro matrimonio, puedo ver el papel esencial que tiene la vulnerabilidad en una relación duradera. Para ser vulnerables, hay que tener una buena base de confianza el uno en el otro. Es importante recalcar que el pacto matrimonial está diseñado para crear ese fundamento. El poder descubrir nuestros corazones nos conecta de una manera extraordinaria. Conocer los sueños y anhelos profundos del cónyuge, sus temores y debilidades. Poder consolarlo cuando ha sido traicionado, animarlo cuando atraviesa una crisis. Orar juntos por las peticiones que solo Dios conoce aparte de los dos. Que seas la que lo ha visto llorar y también la que ha compartido sus mayores alegrías. Es una conexión para ser disfrutada en un vínculo en el que fluye una relación de amor y respeto, que es lo que ordena la Biblia (Efesios 5:33).

“En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.” – Efesios 5:33

Esta hermosa verdad nos refleja el corazón de Dios para el matrimonio. Como he repetido y repetiré en numerosas ocasiones, el matrimonio cristiano debe ser un ejemplo del amor de Cristo por la Iglesia. Así como Cristo siempre está ahí presente para escucharnos cuando clamamos en nuestras crisis, para consolarnos cuando lloramos por el dolor del fracaso, para protegernos cuando el temor nos agobia, los cónyuges estamos llamados a estar presentes el uno por el otro en esos momentos de vulnerabilidad. Puede que a veces no sepamos qué decir, pero podemos abrazar; quizás a veces no sepamos qué hacer, pero podemos orar juntos.

Un matrimonio sólido puede disfrutar del poder de la vulnerabilidad porque sigue la enseñanza bíblica de mostrar misericordia, gracia y amar incondicionalmente. Dios nos mostró misericordia, que es no tratarnos cómo nos merecíamos (Romanos 11:32). Nos otorgó Su gracia, que es extendernos un favor inmerecido (Efesios 2:5 y 8). Y, por si fuera poco, nos ama incondicionalmente, es decir, a pesar de nuestra frágil condición, la cual nos hace fallar y pecar a menudo (Romanos 5:8). En Su maravillosa bondad, Él ve nuestra vulnerabilidad y no nos deja como estamos, sino que nos transforma a la imagen de Su hijo.  

 “Y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca.” _ Mateo 7:25

Cuando la esposa y el esposo se muestran misericordia, gracia y se aman incondicionalmente, tienen la libertad de ser vulnerables porque tienen la certeza de que su unión está sostenida sobre el poderoso fundamento de la Palabra de Dios. Una relación como ésta podrá recibir embates y enfrentar dificultades, pero se mantendrá firme porque está cimentada sobre la Roca. Ambos reconocen que no son perfectos y que están en proceso de madurar lo cual les ayudará a ser transformados individualmente y a crecer como pareja.

Más allá de ser un problema, la vulnerabilidad es beneficiosa para el matrimonio que la utiliza para construir la confianza mutua. La esposa puede desempeñarse en su rol de ayuda idónea al alentar al esposo a superarse y el esposo puede liderar la relación de manera bíblica, sana y responsablemente. Es así como el matrimonio glorifica a Dios, reflejando la unión de Cristo y la Iglesia. Que podamos vivir en nuestros matrimonios el poder la vulnerabilidad y el gozo de glorificar a Cristo con nuestra relación.

La Esposa – Descubriendo el Romance y la Redención en la Historia de Rut   

“Rut se postró rostro en tierra y le dijo:
—Estoy sorprendida de que usted tan siquiera haya notado que estoy aquí. Soy una extranjera, ¿por qué es usted tan amable conmigo?”

Rut 2:10

La historia de Rut en el Antiguo Testamento es una de las que más me ha gustado desde que era muy joven. El libro consta de 4 capítulos y no toma mucho tiempo leerlo. Escudriñar y extraer las enseñanzas que contiene es un proceso. En cada etapa de mi vida, veo cómo puedo seguir profundizando y aprendiendo las valiosas lecciones que enseña este breve libro de la Biblia.

En el capítulo uno de Rut nos encontramos con tres mujeres viudas (una suegra y sus dos nueras) en necesidad de redención. Noemí, la suegra, es una mujer judía que había emigrado hacia Moab cuando hubo una época de hambre en Belén. La ley judía proveía para que las viudas fueran redimidas por un familiar cercano, pero al estar en un país extranjero, Noemí y sus nueras estaban desprovistas.

Al escuchar que la hambruna se había acabado en Belén, Noemí decide regresar a su pueblo. Sus dos nueras (Rut y Orfa) deciden acompañarla, pero ella les ruega que se vuelvan a Moab ya que ella no tiene nada que ofrecerles. Orfa se regresa, sin embargo, Rut permanece firme y expresa unas significativas e inolvidables palabras de pacto de lealtad hacia su suegra (Rut 1:16-17).

Pero Rut le dijo:
—”¡No me obligues a abandonarte y separarme de ti!
»A donde vayas tú, iré yo; y donde vivas tú, viviré yo.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
 Donde mueras tú, moriré yo y seré sepultada.
¡Que el SEÑOR me castigue con severidad 
si no cumplo con esta promesa:
sólo la muerte nos separará!” – Rut 1:16-17

Ya establecido el trasfondo, el capítulo dos introduce el romance y la esperanza de la redención. Booz es el dueño de los campos en los cuales Rut decide ir a recoger grano para proveer alimento para ella y su suegra. Cuando Booz llega al campo y la ve, inmediatamente pregunta por ella. El capataz le explica quién es Rut y los primeros instintos que tiene Booz hacia ella son de provisión y protección. La respuesta de ella está llena de gratitud y asombro (Rut 2:10). Booz nota la gratitud de ella y Rut nota la bondad de él. Surge una primera atracción entre ellos, provocada por la admiración recíproca del carácter de cada uno. El libro de Rut también se trata de nosotros y nuestro amado redentor, Cristo. Nos enseña que estábamos necesitadas de un redentor, como Rut éramos “extranjeras”, no merecedoras de la gracia de Cristo. Pero Él fue bondadoso con nosotros y nos abrió las puertas para recibir su provisión de salvación, así como Booz puso sus campos a la disposición de Rut para que ella recibiera provisión.

El capítulo tres nos muestra a Noemí como mentora de Rut. Ella la aconseja pensando en el futuro de la joven. Sus instrucciones son sabias, prudentes y honorables. Noemí sabía que Booz era pariente cercano de la familia de su difunto esposo y tenía derecho a redimirlas al adquirir los terrenos que le habían pertenecido en vida. Rut, por su parte, no sufre de creerse sabia en su propia opinión, sino que atiende el consejo y sigue las instrucciones al pie de la letra. Booz se sorprende de que Rut se haya fijado en él y eso hace que la admire aún más (Rut 3:10). Rut mostró su admiración por Booz al ser respetuosa con él y ese acto impactó el corazón de Booz. Nuevamente, Booz muestra su deseo de hacer lo que esté a su alcance por Rut, por cuidar de ella (su reputación) y proveer para ella llenando su manto de grano. Rut regresa y le da a su suegra un reporte de lo sucedido  y le entrega a Noemí la provisión que envió Booz. Vemos la actitud de Noemí transformada de una de amargura a una de esperanza (Rut 1:20-21, Rut 2:20, Rut 3:18).

Entonces Noemí le dijo a Rut:
—”Ahora sólo tenemos que esperar con paciencia. Estoy segura de que Booz no va a descansar hasta que este asunto se resuelva.”
– Rut 3:18

La conclusión de la historia de Rut está en el capítulo 4, en el cual nos muestra como Booz hizo todo lo que era correcto para poder redimir las tierras que pertenecían a la familia de Noemí y poder casarse con Rut. Jesús, nuestro Redentor, hizo todo lo necesario para rescatarnos. La Biblia describe a Cristo como el novio y a la Iglesia como la novia. En el libro de Rut, Booz (el novio) estuvo dispuesto a hacer todo lo que hacía falta para lograr casarse con su amada (Rut).

Como esposas, podemos observar la actitud de Rut y aprender de su ejemplo. En el capítulo uno, ella expresa con sus palabras y actos, su fidelidad y compromiso con la familia. ¿Podemos aplicar esto en la vida diaria, ya sea que se trate de nuestra familia de origen o de la del esposo? En el capítulo dos, observamos la actitud humilde y agradecida de Rut, lo cual nos debe llevar a meditar: ¿Cómo es mi actitud hacia mi esposo? ¿Espero bondad de su parte sin mostrarle gratitud y humildad? El capítulo tres nos muestra a Rut como una joven dispuesta a aprender a aplicar lo que le ha enseñado su mentora. ¿Estamos dispuestas a ser enseñadas por mujeres más maduras que nosotras y seguir su consejo? ¿Somos respetuosas en el trato con el esposo, como lo fue Rut en el trato con Booz? De manera indirecta, el capítulo cuatro nos deja saber que Rut esperó confiando en que Booz iba a hacer lo necesario por ella. ¿Demostramos al esposo que confiamos en sus habilidades para hacer lo necesario por nuestra familia y le apreciamos por ello?

Creo que todavía tengo mucho que aprender de Rut, de su valentía, de su lealtad y compromiso familiar, de su humildad, de su entrega al servicio, de su gratitud, del respeto que expresó hacia Noemí (como suegra y mentora) y hacia Booz desde que lo conoció, de su fe y confianza en Dios. También me asombra el hermoso retrato de redención que nos ilustra esta bella historia de amor. Dios extendiendo Su gracia a través de Cristo para redimirnos y darnos esperanza. El propósito del matrimonio, más allá de ser de bendición para una pareja, está diseñado para mostrar la gloria de Dios a través del amor de Cristo por Su iglesia. El libro de Rut nos lo enseña entrelazado en una tierna historia de amor.

La Esposa – El Nuevo Mandamiento

“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros.”

Juan 13:34

El nuevo mandamiento que Jesús dio a sus discípulos en Juan 13:34 lleva tiempo resonando en mi mente y corazón. La razón es que en muchas ocasiones hemos escuchado el mandamiento “ama a prójimo como a ti mismo” y se ha interpretado como un llamado a que nos amemos a nosotros mismos para poder amar a los demás. Incluso yo misma lo entendí así en un momento dado. Pero al leer y escudriñar el nuevo mandamiento que Jesús da: “deben amar de la misma manera que yo los amo”, he tenido que darme cuenta de que la forma en la que se nos ha llamado a amar es mucho más elevada, pues es como Jesús nos amó.

En una época en la que el amor propio es el tema de muchas publicaciones, anuncios y artículos, se nos llama a amar de una manera sacrificada, abnegada, como Jesús. El mandamiento que encontramos en Mateo 22:39 (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”), da por sentado que el amor propio es algo natural. Hacemos lo necesario para suplir nuestras necesidades y por lo general, nos autoevaluamos de la mejor manera posible. Amar al prójimo como a mí misma es aplicar en el trato con los demás el mismo cuidado y bondad con el que me trato a mí.

“Nosotros amamos
porque él nos amó primero.” –
1 Juan 4:19

La realidad es que depender de nuestro amor propio para desarrollar relaciones saludables es agotador y al final es una misión imposible. Necesitamos a Cristo y Su amor para lograr establecer relaciones sólidas en nuestras vidas. Su amor es el ejemplo, es el modelo perfecto para que podamos amar a los demás. Contrario a lo que la cultura “predica”, el requisito para el amor verdadero tiene que ver con negarnos a nosotras mismas. Jesús se negó a sí mismo y se entregó en nuestro lugar a causa del gran amor con que nos amó. ¡Qué maravilloso es saber que somos amadas de esa manera! El amor de Dios por nosotras es más que suficiente para equiparnos para amar al prójimo (1 Juan 4:19).

Al leer la Biblia encontraremos muchos ejemplos de cómo amar a los que nos rodean. Y en Filipenses capítulo 2, el apóstol Pablo lo describe, afirmando que nuestra actitud debe ser como la de Cristo Jesús. En el versículo 3 nos llama a la humildad. En el versículo 4 vemos que se da por sentado que nos ocupamos de nuestros propios intereses y nos exhorta a hacer lo mismo por los demás. Podemos notar que el mandamiento de amor que Jesús nos da es para que expresemos un amor saludable, que no es egoísta ni presumido, sino humilde y abnegado.

No hagan nada por egoísmo o vanidad;
más bien, con humildad
consideren a los demás
como superiores a ustedes mismos.
Cada uno debe velar
no solo por sus propios intereses,
sino también por los intereses de los demás. – 
Filipenses 2:3-4

En el matrimonio tenemos incontables oportunidades para amar como Jesús y es muy probable que se nos haga difícil en un gran número de ellas. Pero recordemos que no dependemos de nosotras mismas o de nuestro amor propio para lograrlo. Dependemos de Cristo y de Su amor por nosotras. Eso nos da la valentía para negarnos a nosotras mismas. Pensar en el bienestar del esposo se refleja cuando lo escuchamos con el mismo interés que nos gusta que nos escuche, cuando le hablamos con respeto, aunque hayamos tenido un desacuerdo, cuando le expresamos afecto y lo tenemos en alta estima en el hogar y en todo lugar. El pasaje de mujer virtuosa en Proverbios 31:10-31 vuelve a mi mente al escribir sobre esto. La mujer sabia descrita allí es un modelo excelente para emular. Más allá de las tareas que enumera esta porción bíblica que la esposa virtuosa realiza, el énfasis es la esencia de su carácter que proviene del temor(honra) a Dios. Ese amor de Dios la sostiene y la equipa para darse a otros en servicio y abnegación.

“El amor no es un sentimiento afectivo, sino un firme deseo del bien de la persona amada en la medida en que se puede obtener.”

C.S. Lewis

Tomemos tiempo para meditar en el amor con el que Jesús nos llama a amar. Ser seguidoras y discípulas suyas significa estar dispuestas a aprender, a ser equipadas y entrenadas por Su Palabra para hacer Su voluntad. Cuando aprendemos a amar como Jesús, negando nuestros propios intereses para mostrar Su bondad a los que nos rodean, el nombre de Dios es glorificado y eso es lo más importante.

La Esposa – Enfocada en la Eternidad

¿Quién sabe qué es lo mejor para una persona durante su corta vida en la tierra? Su vida pasa como una sombra y nadie puede decirle lo que sucederá bajo el sol después.

Eclesiastés 6:12

Recientemente, en nuestra Iglesia estuvimos recibiendo la enseñanza dominical sobre el libro de Eclesiastés y fue de mucho aprendizaje para mí. Es un libro escrito en estilo poético, por lo que se encuentran muchas imágenes poéticas al leerlo, lo cual me agrada mucho pues disfruto la poesía.  Aunque había leído este libro de la Biblia anteriormente, siempre me parecía que su significado era muy profundo y se me hacía difícil entender algunas partes. Mientras nos adentramos en el estudio del libro cada domingo, íbamos entendiendo que cada vez que el autor utiliza la frase “debajo del sol”, su propósito es llevarnos a examinar lo efímero de la vida en este planeta para que fijemos nuestra mirada en la vida por encima del sol, en lo que es eterno.

La eternidad es un concepto que puede parecernos muy abstracto y difícil de abarcar, pero lo importante no es que lo entendamos, sino que nos enfoquemos en algo más allá de esta vida debajo del sol. Nuestra tendencia natural es a trazarnos metas y proyectos una vez que un nuevo año comienza y ponemos nuestras energías, tiempo y conocimientos en intentar lograrlos. Es bueno trazarnos metas y planificar proyectos, pero mejor aún es hacerlo con la eternidad en mente.

Además de planificar citas románticas y vacaciones con el esposo, ¿cómo puedo mostrar el amor entre Cristo y Su Iglesia en la vida diaria? ¿Es mi matrimonio un buen ejemplo que mis hijos pueden emular? Primordial a las actividades académicas y deportivas en las que proyectamos involucrar a nuestros hijos, ¿tenemos un enfoque en nutrir diariamente los corazones de nuestros hijos para la eternidad? ¿Saben ellos que hay mucho más que lograr premios por sus talentos académicos o deportivos, que hay una vida eterna en Cristo? ¿Refleja mi agenda personal dónde está puesta mi esperanza? Cuando nos enfocamos en la eternidad, nuestra vida gira en torno a lo que está por encima del sol, a Quién está por encima del sol. De esa manera, tanto los planes, proyectos, como la agenda serán transformados porque estaremos buscando la dirección de Dios para todo.

“Y si nuestra esperanza en Cristo
es solo para esta vida,
somos los más dignos de lástima
de todo el mundo.” –
1 Corintios 15:19.

Este tema del enfoque en la eternidad lleva varios meses en mi corazón, pues además del estudio dominical de nuestra Iglesia, en un Retiro de Damas al que asistí, una de las mujeres que ministró, compartió este verso: “Y si nuestra esperanza en Cristo es solo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo.” – 1 Corintios 15:19. Inmediatamente, pude ver cómo la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, se enlazaba con la enseñanza de Eclesiastés: mi confianza en Cristo no puedo limitarse a lo que pienso que necesito debajo del sol, el enfoque de mi esperanza en Cristo es la eternidad junto a Él.

Me llamó la atención que a principios de año, al leer el blog “La Palabra que Escogí para 2023”de Wendy Bello, una de las autoras cristianas que admiro, ella habla de que hace algunos años adoptó la práctica de elegir una palabra “tema” para el año y que este año escogió la palabra ETERNIDAD. Wendy Bello escribe: “Lo cierto es que este mundo vive con los ojos en lo temporal, en lo inmediato… Lamentablemente, quienes estamos en Cristo, no somos inmunes a esta mentalidad y, sin darnos cuenta, nos sumamos a la cultura del aquí y ahora. Solemos olvidar que debajo del sol estamos de paso y que nuestra trayectoria es hacia la eternidad.” La semana pasada, otro autor cristiano sobre temas de familia escribió lo siguiente: “Tal vez haya escuchado que se acusa a algunas personas de ‘tener una mentalidad tan celestial que no sirven para nada en la tierra’. Por lo general, esa es solo una forma de criticar a las personas que toman su fe en serio. Aquí está la verdad, ‘si no tenemos una mente celestial, no seremos buenos en la tierra’. Aún más serio, ‘si solo tenemos una mente terrenal, nunca entraremos en el bien celestial’”. -Rob Rienow

“Pero María guardaba todas
estas cosas en el corazón
y pensaba en ellas
con frecuencia.” – Lucas 2:19

Definitivamente, leer esto renovó mi denuedo de escribir sobre el tema del enfoque en la eternidad. En la Biblia, hay historias de muchas mujeres que se enfocaron en la eternidad. Creo que una de las más importantes y sobresalientes es María. Ella fue escogida para llevar en su vientre a Jesús, criarlo, cuidarlo y educarlo junto a José. Pero también fue la escogida para ver a los pastores llegar a visitarlo en el pesebre de Belén y escucharlos contar lo que le habían dicho los ángeles que aparecieron aquella noche en el cielo. Fue la escogida para verlo hablar con los maestros de la ley en el Templo de Jerusalén a los doce años, para verlo iniciar su ministerio, para verlo cargar la cruz y morir en el Calvario, para regocijarse con la buena noticia de Su resurrección. Y dice la Biblia que desde que vinieron los pastores a adorar al niño, María guardaba todas aquellas cosas maravillosas que atestiguaba en su corazón, porque ella sabía que Jesús era el Hijo de Dios y que Su propósito, mucho más allá de ella, tenía que ver con el plan de Dios de salvación eterna. Como María, guardemos en el corazón la Palabra de Dios y atesoremos los momentos en los que podemos compartirla con el esposo y los hijos, porque esos son los que nos preparan para la eternidad.

Elisabeth Elliot (1926-2015) escribió: “A medida que pasan los años soy más consciente de mi necesidad desesperada de Cristo. Quiero escucharlo, conocerlo y glorificar Su nombre cada día más.” Creo que el reconocer nuestra gran necesidad de Cristo nos lleva inequívocamente a enfocarnos en lo eterno. Que cada día de este año anhelemos escuchar a Cristo, conocerlo más y glorificar Su nombre. ¡Que nuestros hogares brillen con el destello de la eternidad del amor de Cristo!

La Esposa – Navidad comienza con Cristo

“Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”

Lucas 2:10-11

La madrugada de la primera Navidad, un coro de ángeles les anunció a unos humildes pastores en la región de Belén que había nacido el Salvador del mundo. Al recibir el anuncio de este acontecimiento, la reacción de los pastores fue ir hasta el lugar donde había nacido el niño y allí, al verle, dieron a conocer todo lo que los ángeles les habían dicho. Encuentro tan hermoso que el relato de Lucas describe que los pastores salieron del pesebre glorificando y alabando a Dios. Pienso que la experiencia de ver al niño Jesús provocó en ellos el que hicieran aquello para lo que fueron creados: glorificar a Dios.

La temporada navideña para nosotras puede tornarse en un período lleno de estrés tanto por las diferentes actividades que cargan nuestras agendas como por los regalos que hay que comprar, envolver y entregar. La verdad es que en Navidad lo que celebramos es a Cristo. Con Él comienza la Navidad y debe ser el centro de nuestro enfoque como en toda nuestra vida. Pero nos involucramos tanto en la celebración, que olvidamos a QUIÉN celebramos en Navidad. Me ha sucedido y he sido redargüida a re-enfocarme en lo que verdaderamente importa.

Y aconteció que cuando Elisabet oyó
el saludo de María, la criatura saltó en su vientre;
y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,
y exclamó a gran voz y dijo:
¡Bendita tú entre las mujeres,
y bendito el fruto de tu vientre!
¿Por qué me ha acontecido esto a mí,
que la madre de mi Señor venga a mí? –
Lucas 1:41 al 43

Leyendo una porción de Lucas 1 junto a mi esposo e hija anoche, me encontré con esta pregunta que le hace Elisabet a María: “¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?” He leído esta porción en muchas ocasiones, pero anoche me fijé en esta pregunta de una manera especial. Elisabet hace la pregunta porque ha percibido la presencia del Salvador en el vientre de María. Y ella se llena de gozo maravillada de que algo tan asombroso está sucediendo. Me hizo pensar en la hermosa verdad de que el Salvador se humilló, tomó la forma de un niño para nacer en Belén y fue como sacrificio por nosotros a la cruz del Calvario (Filipenses 2:5-8). ¡El vino para salvarnos! Esto es algo que no podemos pasar por alto, pues somos nosotros quienes estamos en necesidad de perdón por nuestros pecados. Pero Él vino a suplir esa necesidad. ¿Cómo no adorarle? ¿Cómo no maravillarse ante algo tan grande? ¿Cómo no correr hacia Él en gratitud?

Este año, la Navidad se celebra un domingo y eso me parece grandioso. ¿Qué mejor que dedicar una parte del día a adorar, dar gracias, exaltar y predicar a aquel Jesús que nació para ser el regalo que la humanidad necesitaba? Dedicar un tiempo al servicio dominical de Navidad es un gozo porque he podido conocer que Jesús dejó la comodidad de Su trono de gloria para nacer en un establo en Belén. ¿Por qué no puedo yo dejar mi propia comodidad y conveniencia para asistir por una hora al servicio dominical? Puede que tengamos tradiciones familiares que atesoramos, pero siempre el mayor tesoro es Jesús y eso debe llenar nuestro corazón y nuestra boca de alabanza. Siempre debemos reconocer que Dios es más grande que nuestra familia. El amor que sentimos por nuestra familia surge porque Él nos amó primero. Si no fuese por Él, ni siquiera supiéramos lo que es el amor.


“He aquí, la virgen concebirá
y dará a luz un hijo,
y le pondrán por nombre Emmanuel,
que traducido significa:
Dios con nosotros.” –  Mateo 1:23

Al meditar en la profecía dada por el profeta Isaías acerca del nacimiento de Jesús (Mateo 1:23), puedo percibir la certeza sobre la presencia permanente de Dios que ésta expresa. Al Hijo de Dios que nacería de una virgen, se le llamaría Emmanuel (Dios con nosotros). Cada vez que alguien pronuncia ese nombre está haciendo una declaración de fe en la presencia permanente de Dios con Su pueblo. Dios es un Padre amoroso que no nos desampara. Su amor es perfecto, expresa gracia y verdad. Esta maravillosa certeza es una de las razones por las que la Navidad es una temporada para celebrar de manera especial y anunciar las buenas nuevas de salvación. Junto al esposo, aprovechen este tiempo para hablar con los hijos sobre la razón de ser de la Navidad: Jesús. Así les enseñamos que la Navidad comienza con Cristo y que no hay ningún personaje navideño más importante que Jesús.

¡Feliz Navidad!

La Esposa – Intencionalmente Agradecida

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

1 Tesalonicenses 5:18

Hemos escuchado que es importante inculcar en el hogar el uso de las palabras “por favor” y “gracias”. Puede parecer que es simplemente una regla de buenos modales. Sin embargo, el ser intencionales con la amabilidad y la gratitud es algo que debemos fomentar en nuestras relaciones más cercanas si queremos que éstas sean sólidas y profundas. Debido a nuestra naturaleza pecaminosa, la amabilidad y la gratitud no ocurren por accidente, hay que cultivarlas. Esa es la razón por la que necesitamos ser intencionales.

¿Qué significa “ser intencional”? Ser intencional es hacer las cosas de forma deliberada, planificando con propósito y actuando voluntariamente a favor del matrimonio en lugar de buscar satisfacer solamente mis intereses personales (“…el amor…no busca lo suyo…” 1 Corintios 13:5). Ser intencionales con la gratitud es importante porque con el paso del tiempo, comenzamos a dar las cosas por hechas. Cada día es simplemente “otro día más” y nos enfocamos en las tareas, en las agendas y en las rutinas, pasando por alto los regalos que cada día Dios nos ofrece. Puede ser que incluso comencemos a quejarnos por cosas que antes fueron peticiones que Dios contestó. Por ejemplo, puede que hayas orado por una mejor posición en el trabajo de tu esposo y Dios lo concedió, pero ahora te quejas porque tiene más responsabilidades, lo cual le hace llegar un poco más tarde a la casa. No nos damos cuenta de que precisamente es nuestra actitud malagradecida la que no nos permite ver la bendición que hemos recibido. Por otro lado, cuando somos intencionalmente agradecidas, podemos ver la oportunidad de nuestro esposo de proveer al hogar como la bendición que es, y entonces planificar cómo podemos ajustarnos para colaborar juntos con la agenda semanal, sin quejarnos ni despreciar el regalo que Dios nos ha dado.

“El amor es paciente, es bondadoso;
el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso,
no es arrogante; no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita,
no toma en cuenta el mal recibido;
no se regocija de la injusticia,
sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” –
1 Corintios 13:4-7

Necesitamos pausar y hacernos algunas preguntas: ¿Agradezco a Dios a diario por mi esposo? ¿Le expreso gratitud a mi esposo por todo lo que hace por nuestra familia? ¿Lo hago con frecuencia o solo en las fechas especiales? Quizás nos pasa por la mente la pregunta: ¿Y quién me agradece a mí por lo que hago yo? Pero como se mencionó anteriormente, ser intencional se trata de actuar a favor de la relación. Por lo tanto, cuando expresamos gratitud debemos hacerlo desde una perspectiva incondicional, que no busca manipular a otros para recibir agradecimiento, sino genuinamente, con el propósito de fortalecer la relación. De nuevo trayendo a la memoria la Palabra: “…el amor…no busca lo suyo…” 1 Corintios 13:5. También vemos en Gálatas 6:9 que la Biblia dice: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” Para lograr un matrimonio con un ambiente de gratitud, necesitamos ser intencionales en mostrar nuestro agradecimiento a Dios y al cónyuge.

“Siempre es posible agradecer por lo recibido
en lugar de quejarse por lo que no tenemos.
Lo uno o lo otro se convierte
en un hábito de vida.” – Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot, una de las autoras cristianas que admiro y cuya vida es de inspiración escribió: “Siempre es posible agradecer por lo recibido en lugar de quejarse por lo que no tenemos. Lo uno o lo otro se convierte en un hábito de vida.” Lo que se practica es lo que se convierte en hábito. Cuando practicamos la gratitud en nuestra vida diaria, se convierte en un hábito que transformará nuestra actitud. Cuando nuestra actitud se transforma en una de obediencia a la Palabra de Dios, nuestras relaciones son impactadas. La Biblia nos enseña claramente que la voluntad de Dios es que demos gracias en toda circunstancia. Incluso nos llama a la acción de gracias en medio de nuestras oraciones (Filipenses 4:6), aunque no tengamos respuesta. La gratitud expresa confianza en la soberanía y el poder de Dios. Él es bueno, justo y conoce todas las cosas desde el principio hasta el fin. Conocer esa verdad nos motiva a agradecer por todo lo que Él hace.

Debido a que nuestro buen Dios nos da con tanta generosidad, somos llamadas a dar en gratitud a Él por lo que hemos recibido. Así que, seamos intencionalmente agradecidas con el esposo. Demos gracias y palabras de reconocimiento por su trabajo, por su esfuerzo, por las tareas que realiza (sean grandes o pequeñas). Que nuestros hijos nos vean y nos escuchen pues ellos aprenden mucho por lo que observan que sus padres practican. Que la gratitud y la amabilidad sean la práctica y no la excepción en nuestros hogares. A su debido tiempo, veremos los frutos de las semillas que hemos plantado, confiando en Dios que es el que da el crecimiento.

¡Agradecida de Dios por tantas bendiciones, les deseo una Feliz Semana de Acción de Gracias!

La Esposa Inteligente – Venciendo la Cantaleta

“…la mujer pendenciera es gotera constante. La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor.”

Proverbios 19:13-14 NVI

Ser una esposa inteligente es una meta a la que aspiro y una petición por la cual debo orar a diario. Es un privilegio ser llamada un regalo de Dios, por lo tanto, anhelo que mi vida refleje lo que dice el verso bíblico: “… la esposa inteligente es un don del Señor.” Creo que es un proceso de refinamiento diario en el que vamos madurando, aprendiendo y siendo moldeadas.

Es importante que nos fijemos en la primera parte del versículo bíblico también, en la que habla sobre la mujer pendenciera. “Pendenciera” es un adjetivo que califica a la persona que evidencia una propensión a las peleas y los enfrentamientos. Otras versiones de la Biblia dicen: “esposa regañona”, “esposa peleona” o “busca pleitos”. En el libro de Proverbios se hace mención varias veces sobre lo difícil que es vivir con una esposa rencillosa o “inclinada a las peleas o riñas” (Proverbios 21:9,19, 25:24, 27:15). Cuando la Biblia hace hincapié sobre un tema, es necesario prestar atención. Como esposa, debo considerar la razón por la que la Biblia exhorta varias veces sobre la mujer pendenciera o rencillosa.

Mejor es vivir en un rincón del terrado
que con mujer rencillosa en casa espaciosa. –
Proverbios 21:9

En Puerto Rico, a la esposa peleona le llamamos “cantaletera”, es decir alguien que es propensa a la cantaleta. Y la realidad es que, cuando nos evaluamos honestamente, muchas veces caemos en el mal hábito de la cantaleta y en el pecado de pelear en nuestros hogares. Un hogar en el que abundan la cantaleta, los regaños y la pelea, no es un lugar agradable. Dios nos ha llamado a edificar nuestros hogares, pero cuando actuamos de manera rencillosa, hacemos lo contrario, estamos destruyendo. Hay una advertencia bíblica para que evitemos una actitud de cantaleta en el hogar.

Está claro que fallaremos en el proceso, nos atraparemos a nosotras mismas repitiendo la misma queja una y otra vez, nos “morderemos la lengua” cada vez que nos oigamos iniciar una pelea. Pero, como esposas inteligentes, que somos regalo de Dios para el esposo, podemos acudir a la misericordia divina para hallar gracia y perdón para nuestro pecado. En el proceso vamos aprendiendo que la cantaleta no es comunicación efectiva. Para que tu cónyuge te escuche, debes aprender a comunicarte de manera asertiva y respetuosa. La comunicación sincera y amable puede hacer una gran diferencia en tu matrimonio. Entonces, en lugar de pelear y regañar, elegimos el momento adecuado para dialogar. Cuando algo nos disgusta, podemos expresarlo con asertividad sin faltar el respeto al esposo. La comunicación asertiva es una forma de expresar lo que se piensa o quiere de manera clara y respetuosa, considerando el punto de vista del esposo sin necesidad de ser agresivas.

Abre su boca con sabiduría,
y hay enseñanza de bondad

en su lengua.-
Proverbios 31:26

En Proverbios 31:26 dice que la esposa sabia abre su boca con sabiduría y hay bondad en su hablar. Nuestro llamado es alto y hermoso pues somos regalo de Dios para nuestros hogares. La Biblia también dice que el hombre que encuentra esposa, ha encontrado un tesoro y recibe el favor de Dios (Proverbios 18:22). Cuando conocemos el valor de nuestro llamado, podemos ejercer nuestro rol con la certeza de que Dios nos ayudará en la formación de un carácter como el de Cristo para gloria de Su nombre y que seamos de bendición a nuestras familias.

Disfrutando el Matrimonio

“Disfruta la vida con la esposa que amas, todos los días de tu corta existencia que Dios te permite vivir bajo el sol. Eso es lo que te corresponde de tu vida y tu trabajo bajo el sol.”

– Eclesiastés 9:9

En el año 2020 estábamos planificando unas vacaciones familiares que fueron canceladas debido a la pandemia. Mi esposo y yo no habíamos tomado vacaciones desde febrero del año anterior, así que eso significó que continuáramos trabajando todo este tiempo, tomando solo algunos cortos recesos de fines de semana en el área local. Cuando llegó el momento de planificar las vacaciones este año, les confieso que me sentí ansiosa. La seguridad de la rutina diaria y la familiaridad del ajetreo brindan cierto tipo de anclaje en el que me sentía cómoda, aunque estuviera agotada. Tuve que orar y pedir oración por esto ya que quería pasar un buen tiempo junto a mi esposo y familia. Dios contestó mi petición y tuvimos unas vacaciones muy agradables. Y este es mi primer blog luego de las vacaciones.

Como dice la Biblia en Eclesiastés, la vida bajo el sol es corta y se nos ha llamado a aprovecharla bien. Parte de eso es criar a nuestros hijos, el trabajo que realizamos, el ministerio en el cual servimos, pero también se nos llama a disfrutar nuestro matrimonio. A veces, podemos enredarnos tanto en la rutina y el ajetreo diario que nos olvidamos de disfrutar la relación con el esposo. Dejamos de sentarnos a conversar calmadamente y soñar juntos. Eso nos puede llevar a perder la esencia del compañerismo matrimonial que estamos llamados a modelar.

Las parejas cristianas casadas tienen la encomienda de mostrar el amor de Cristo por su Iglesia a través de su relación (Efesios 5:31-32). Esto es un proyecto de vida que se edifica día a día cuando confiamos en Dios como centro de nuestros matrimonios y permitimos que nuestro carácter sea formado conforme al de Cristo. Es un proceso de aprender a amar y a respetar. Es trabajar juntos con paciencia. El matrimonio es un deleite y una bendición de Dios, contrario a lo que proclama el mundo sobre el matrimonio. No es “echarse la soga al cuello”, es hacer un pacto para toda la vida en el que esposo y esposa se acompañarán en toda situación, caminando juntos y disfrutando de su amor, respeto, amistad y fidelidad.

“Así que sé feliz con tu esposa,
disfruta a la mujer con la que te casaste de joven…” – Proverbios 5:18

Aprender a disfrutar con el cónyuge en la vida diaria brinda valiosas ganancias para la relación. La unión y la cercanía emocional se fortalecen, la intimidad crece y el matrimonio se solidifica. Las experiencias compartidas son un pegamento esencial para la relación, pero no tan solo las difíciles, sino también aquellas que nos han hecho reír y gozar juntos. Dediquemos tiempo a observar al esposo, orar por él y con él, escuchar sus anécdotas, reír de sus ocurrencias, hablar de sueños y metas, hacer planes y juntos lograrlos, porque disfrutar del matrimonio no es algo que podemos hacer solo cuando vamos de vacaciones, sino a diario.