La Esposa Deliberada

“La mujer sabia edifica su hogar…”- Proverbios 14:1

Recientemente terminé un Reto de 30 días en los cuales debía evitar decir cosas negativas sobre mi cónyuge y resaltar una característica positiva diariamente. Cada día, leía por la mañana una reflexión y debía expresar agradecimiento o admiración por las diferentes cualidades positivas de mi esposo. Durante los últimos días del Reto, meditaba en cómo el pensar de manera intencional sobre el tema del Devocionario incluido, provoca la renovación de la mente y ayuda a obrar de manera agradable a Dios.

Una clave del Reto fue ser deliberada, hacerlo con toda la intención, confiando en la bondad de Dios, que se hacía notable cada día. “Deliberada” significa hacer algo de manera voluntaria, intencionada y a propósito. Cuando sometemos nuestra voluntad a la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios, cosechamos buen fruto. Todo lo que hacemos es porque Él pone el querer hacerlo en nosotros (Filipenses 2:13). Él preparó de antemano nuestras buenas obras (Efesios 2:10).

Pero el que mira atentamente a la ley perfecta,
la ley de la libertad, y permanece en ella,
no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo
sino un hacedor eficaz,
este será bienaventurado en lo que hace. – Santiago 1:25

Como esposas, estamos llamadas a edificar el hogar, lo cual significa buscar la sabiduría de Dios para hacer lo correcto en nuestro trato hacia el esposo. El matrimonio se fortalece cuando en lugar de criticar, mostramos agradecimiento y resaltamos las cualidades del esposo que reflejan el carácter de Cristo en él. Puede que pienses que tienes un buen matrimonio y que no te hace falta tomar pasos deliberados para fortalecer tu relación. La realidad es que todo matrimonio se beneficia del esfuerzo que le dedicamos para que sea una relación de acuerdo con lo que enseña la Biblia. Ser hacedoras eficaces de la Palabra nos hace bienaventuradas.

Ser deliberada no siempre será tarea fácil. Habrá momentos de desánimo y en los que pensemos que el esfuerzo solo proviene de nuestra parte. Necesitamos recordar que a nosotras nos toca hacer lo que nos corresponde y Dios es quien se encarga de tocar el corazón del esposo. Podemos confiar plenamente que Dios obrará de acuerdo con su buena voluntad y sabemos que a Él le agrada que los matrimonios se fortalezcan y crezcan. Una realidad que han experimentado muchas mujeres que han emprendido el reto de ser deliberadas en su pensar y hablar sobre el esposo, es que la respuesta del esposo hacia ellas ha mejorado, abriendo paso a la comunicación y las expresiones de afecto en la relación.

“Ella le trae bien y no mal
todos los días de su vida.” –
Proverbios 31:12

Recordemos que la Palabra asemeja a la esposa con un tesoro y dice que la mujer virtuosa le hace bien al esposo cada día. Que saquemos del tesoro de nuestro corazón buenas palabras que afirmen al esposo y le animen a hacer lo correcto por el matrimonio y la familia día tras día (Lucas 6:45). Podemos descansar en el Señor mientras seguimos buscando hacer Su voluntad. Recogeremos buen fruto si no desmayamos (Gálatas 6:9). Te invito a reflexionar sobre ser deliberada en tratar a tu esposo de una manera agradable a Dios. Él guiará tus pasos y te ayudará a lograrlo para que puedas testificar de Su obra en medio de tu matrimonio.

La Esposa – Celebrando el Matrimonio

“Tengan todos en alta estima el matrimonio
y la fidelidad conyugal…”  – Hebreos 13:4

El sábado pasado, nuestra familia celebró con mucha alegría y amor las Bodas de Oro (50 años de casados) de mis padres. Todos mis hermanos y yo estuvimos organizando los preparativos durante meses para realizar este evento para agasajar a nuestros padres. Además de emotiva, fue una ocasión inspiradora para toda la familia.

En un tiempo en el que se respeta poco el matrimonio, es refrescante y también impactante ver una pareja que perdure a través de los años, no solamente casada, sino con una relación sólida. Eso es lo que mis padres ejemplifican: un matrimonio fuerte. Pero ¿por qué? Todos los que le conocen, pueden decir que la razón es Jesucristo. Y es cierto. Los que hemos estado más cerca, sus hijos y nietos, somos testigos del amor por Cristo que ambos profesan y viven. Eso es algo que cada uno de los nietos que participó en el evento recalcaron, que el matrimonio de sus abuelos está centrado en Cristo. Y eso definitivamente, hace una gran diferencia.

Como hija, puedo decir que tuvimos una linda niñez. No teníamos lujos, ni los juguetes o ropa de última moda, pero no importaba, porque estábamos bien. Crecimos en un hogar amoroso y con unos padres que se esforzaron siempre por enseñarnos a amar la lectura, la naturaleza, pero sobre todo a amar a Dios y a servir al prójimo. Dedicaban tiempo para leernos devocionarios para niños, leer la Biblia, jugar y escuchar juntos el programa radial cristiano para niños que se transmitía los sábados por la mañana. Más allá de eso, mostraban con su ejemplo lo que es servir a Dios con amor. Solían ir al campo para retirarse a ayunar, orar y leer la Biblia. En algunas ocasiones hospedaban a misioneros o ministros que conocían, dando ejemplo de lo que es la hospitalidad, como enseña la Palabra.

“… maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes
a amar a sus maridos y a sus hijos …” –
Tito 2:3-4

Con el paso de los años y mis propios hijos adultos, puedo apreciar aún más el matrimonio de mis padres. Puedo ver el impacto tan valioso que ha sido a la vida de mis hijos, quienes han visto en ellos una unión duradera, que se ha fortalecido en medio de las circunstancias difíciles, que se cuidan mutuamente, que trabajan unidos por el bien de la familia, mostrando en todo el amor de Dios que mora en ellos.

Puedo apreciar también las hermosas cualidades que observo de mi madre como esposa, de las cuales aprendo. Una de ellas es la fidelidad: fidelidad a Dios, fidelidad al pacto matrimonial, fidelidad a la familia, fidelidad al llamado ministerial, fidelidad al rol de esposa y madre. También, la firmeza en la búsqueda continua de aprender de la Palabra de Dios y dejar que sea ésta la que moldee su vida, y no los conceptos cambiantes del mundo que nos rodea. Otra de esas cualidades es el apoyo al esposo, aunque a veces las circunstancias pudieran ser inciertas, ese apoyo nunca faltó porque ambos habían creído que El que los llamó, los ayudaría a alcanzar el propósito preparado para su matrimonio. Sin duda, mi madre ha sido y es una maestra del bien, de la cual todavía tengo mucho que aprender.

“Como dicen las Escrituras:
«El hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo».
Eso es un gran misterio, pero ilustra la manera en que Cristo y la iglesia son uno.” –
Efesios 5: 31-32

Hoy, puedo admirar su matrimonio y decir como dijo mi hija durante la ceremonia: “Yo quiero un amor como el de ellos.” Y gracias a Dios, voy en camino junto a mi esposo a cumplir 27 años de casados con la meta de permanecer juntos y seguir el buen ejemplo que mis padres nos han dado. Vivo agradecida de Dios por haberme permitido nacer en una familia que me enseñó a amarlo a Él, que me enseñó lo que es un matrimonio ejemplar, que me enseñó lo que es un hogar. Celebro el matrimonio de mis padres resaltando los valores que lo distinguen porque a través de estos, ellos exaltan a Cristo.

La Esposa y el Perdón

“Un matrimonio feliz es la unión de dos buenos perdonadores …” – Ruth Bell Graham

Durante los pasados días, volví a toparme con esta famosa cita de Ruth Bell Graham sobre el matrimonio y el perdón, además de que escuché un par de “podcasts” del ministerio Aviva Nuestros Corazones sobre el tema del perdón. Inevitablemente, me puse a meditar en el poder del perdón, pero sobre todo en lo necesario que es el perdón en las relaciones, especialmente en el matrimonio. Creo que podemos estar de acuerdo en que mientras más tiempo pasamos con alguien, surgirán ocasiones en las que vamos a necesitar perdonar o pedir perdón. Esto es muy real en el matrimonio.

El encierro (“lockdown”) al que estuvimos expuestos durante varios meses del año pasado a causa de la pandemia por el COVID-19, seguramente provocó muchas situaciones que necesitaron del perdón en nuestros hogares. El cambio que ocurrió en las rutinas familiares, las transiciones en la forma de estudiar y trabajar, la implementación de nuevos hábitos para lidiar con la situación trajo consigo momentos de molestia, frustración, enojo e irritación, que suelen lastimar las relaciones. Seguramente se necesitó el perdón en muchas ocasiones durante esos meses para poder cuidar y fortalecer nuestras relaciones.

“El amor es paciente, es bondadoso;
el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no es arrogante; 
no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta
el mal recibido; no se regocija de la injusticia,
sino que se alegra con la verdad; 
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” –
1 Corintios 13: 4-7

La realidad es que necesitamos darnos cuenta de que el perdón no es solo necesario en ocasiones o circunstancias especiales, sino que el perdón es un asunto de todos los días. En el matrimonio necesitamos perdonar continuamente al cónyuge ya que hay hábitos o simplemente tonterías que nos molestan que necesitamos aprender a soportar y la única forma de lograrlo es perdonando. Si vamos a tener una discusión por todo lo que nos molesta, puede que haya días terribles, pero si aprendemos que “el amor todo lo soporta”, podemos perdonar, pasar por alto las fallas y vivir en armonía. Después de todo, tenemos que reconocer que no somos perfectas y que probablemente, tenemos hábitos que irritan al esposo y que él también ha tenido que aprender a pasar por alto.

Hay casos en los que suceden eventos que conllevan un proceso delicado para lograr el perdón. En esas situaciones es que uno puede ver y reconocer que, sin lugar a duda, el perdón no es algo que proviene de nuestra propia naturaleza, sino que proviene de Dios. La manifestación de la gracia de Dios a través de Cristo, como el medio por el cual nuestros pecados fueron perdonados, hace posible que una persona pueda perdonar a otra una falta que muchos considerarían imperdonable. Pero cuando hemos conocido el perdón de Dios, entendemos que, si Él fue capaz de perdonarnos todo a todos, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a los que nos ofenden?

He conocido personas a las que considero “campeonas del perdón” porque he podido ver la gracia de Dios manifestada en sus vidas. El amor de Dios las ha cubierto y sanado sus heridas para que den por gracia lo que por gracia han recibido. No han sido procesos fáciles, pero han crecido, se han fortalecido y han salido del proceso con la victoria de experimentar el poder del perdón en sus vidas.

“Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia;
soportándoos unos a otros y perdonándoos
unos a otros, si alguno tiene queja contra otro;
como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” – Colosenses 3:12-13

Cuando entendemos que el perdón debe formar parte de nuestra vida diaria, nuestras relaciones comienzan a fortalecerse. Podemos ver al esposo y a los hijos a través de la gracia; dejamos de verlos a través del lente de la condenación que causa contiendas. Así es como llega la armonía al matrimonio, a través del perdón. Primero, el perdón de Cristo y luego, ponerlo en práctica al perdonarnos mutuamente.  

La Esposa – Caminando hacia la Madurez

 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… – Colosenses 3:23

Con el paso de los años en el caminar con Cristo, vamos aprendiendo que la vida cristiana se trata de darle gloria a Dios. Y esto es en todo. La Biblia dice que todo lo que hacemos debe ser para la gloria de Dios. Eso significa que en cada rol que asumimos, en cada tarea que emprendemos, necesitamos tener en mente cómo podemos glorificar a Dios a través de lo que hacemos.

Algo que me impacta de la vida de muchos personajes bíblicos es que entendieron esto y nos dejaron el ejemplo para que podamos seguirlo. Por ejemplo, María de Nazaret (de quien escribimos en la publicación anterior) entendió claramente, que el llamado que se le hacía, no se trataba de ella, sino de Jesús (Lucas 1:30-33). Juan el Bautista, también lo entendió y dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” Juan 3:30. Así es que mientras vamos caminando hacia la madurez, comprendemos que la vida de Jesús es la que tiene que crecer en la nuestra, la voluntad del Padre gobernar la nuestra, mientras van menguando nuestras tendencias pecaminosas (actitudes egoístas, expectativas irreales, malos hábitos relacionales) que nos alejan de Dios y de nuestro prójimo.  

 Es necesario que él crezca,
pero que yo mengüe. – Juan 3:30

En el Antiguo Testamento encontramos la historia de Jocabed, la madre de Moisés, que actuó en fe creyendo que el propósito que se cumpliría a través de sus hijos traería gran gloria a Dios. Sus hijos Aarón, María y Moisés tuvieron un rol esencial en la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto (Éxodo 2 al 14). Quizás muchas personas no recuerdan el nombre de Jocabed, pero sí recuerdan a Moisés y lo que Dios hizo a través de él. Ella entendió que no se trataba de ella, sino de la gloria de Dios. Otra mujer ejemplar en este aspecto fue Ana, la madre del profeta Samuel. Ella rogaba a Dios por un hijo, ya que era estéril, y Dios se lo concedió. Sin embargo, ella había prometido que su hijo serviría a Dios desde pequeño y lo llevó al templo para ese propósito. Dios llamó a Samuel desde su niñez y se convirtió en uno de los profetas más conocidos y respetados de Israel. Su madre Ana comprendió que se trataba de glorificar a Dios con su vida y con la petición (el hijo) que Dios le había concedido (1 Samuel 1 y 2).

Mientras vamos caminando hacia la madurez, comenzamos a entender que no son nuestras fuerzas las que nos sostienen, que no es nuestra inteligencia o sabiduría la que nos ha guiado hasta este momento. Siempre ha sido Dios. Cuando miramos hacia atrás y evaluamos los eventos de nuestra vida, podemos ver la mano de Dios obrando, cuidándonos y guiando nuestros pasos. Podemos ver que, en los momentos de dificultad, Él nos consoló y nos animó. Entonces lo que nos queda es agradecer y darle gloria a Él.

No vivan según el modelo de este mundo.
Mejor dejen que Dios transforme su vida
con una nueva manera de pensar.
Así podrán entender y aceptar lo que Dios quiere
y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.
Por el favor que Dios me ha mostrado,
les pido que ninguno se crea mejor que los demás.
Más bien, usen su buen juicio
para formarse una opinión de sí mismos
conforme a la porción de fe
que Dios le ha dado a cada uno. – Romanos 12: 2-3 (PDT)

Así crecemos y maduramos. Ya lo importante no es cómo nos proyectamos hacia los demás, sino de qué manera podemos honrar a Dios a través de nuestra vida, de nuestro matrimonio, de la crianza de nuestros hijos. Nuestro entendimiento es renovado cuando nos enfocamos en hacer la voluntad de Dios, y eso provoca cambios. El matrimonio es impactado porque ya no estaremos buscando nuestro beneficio, sino el de ambos. La crianza de los hijos será impactada por el énfasis en llevar a nuestros hijos hacia Cristo, a atender su llamado y seguirlo. Nuestra vida de familia y comunidad se verá impactada por el amor de Dios reflejado en nuestras acciones diarias.

Caminar hacia la madurez te aleja de ti misma, de los hábitos y actitudes que te esclavizan, pero te lleva cada vez más hacia Cristo para que puedas reflejar Su carácter. Que podamos decir como Juan el Bautista: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” Que podamos negarnos a nosotras mismas, tomar nuestra cruz y seguir a Cristo. Sin duda, la recompensa de ver Su gloria será mucho mayor que cualquier cosa que este mundo nos pueda ofrecer.

La Esposa – Lecciones de la Vida de María

Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón. – Lucas 2:19

Al acercarse la celebración del Día de las Madres, meditaba sobre las mujeres piadosas en la Biblia cuyas vidas podemos estudiar para seguir su ejemplo. La vida de María de Nazaret, quien fue escogida para ser el instrumento para traer la vida de Jesús al mundo, me impactó profundamente al reflexionar más detenidamente sobre ella.

Quisiera compartirles algunas de las lecciones de la vida de María que son relevantes para las que somos esposas y madres. Tal como María, nosotras también hemos sido escogidas para traer la vida de Jesús a nuestros hogares. Es en el hogar donde Dios nos llama a manifestar el amor de Cristo al esposo y a los hijos, no solo con nuestras palabras, sino con nuestras acciones diarias. Esto lo podemos hacer cuando reconocemos que la vida de Jesús es la que da significado a nuestras vidas. María fue escogida por gracia, así como nosotras. No somos merecedoras de esa gracia maravillosa, pero Dios se complació en otorgárnosla. Es un regalo que nos da acceso a una relación con Cristo para que podamos llevar las buenas nuevas a otros, comenzando en nuestros hogares.

Entonces María dijo:
He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo
conforme a tu palabra. –
Lucas 1:38

María estuvo dispuesta a someter sus planes a la voluntad de Dios y a rendir su vida para cumplir Su propósito. Como toda joven en espera del día de su boda, probablemente ella estaba pensando en los preparativos y en cómo sería su vida cuando se casara con José. Sin embargo, cuando el ángel se le presentó, ella dijo: “Que se haga conmigo conforme a tu palabra.” (Lucas 1:38) Para ella fue más importante obedecer a Dios que lo que la gente pudiera decir cuando se enteraran que ella estaba embarazada. Tal como María, necesitamos aprender a rendirnos humildemente a la voluntad de Dios, sea que se trate de nuestros planes para nuestra familia o de nuestra opinión sobre cómo debe funcionar el matrimonio. Obedecer a Dios va por encima de lo que el mundo dice que es correcto o de lo que está de moda.

Algo muy importante que vemos en María es que ella fue una mujer que conocía la Palabra. A pesar de las limitaciones que había en aquel tiempo, en el cual no contaban con la Palabra de Dios escrita como la tenemos hoy día, ella memorizaba lo que escuchaba en las reuniones de adoración y lo podemos ver cuando leemos su cántico de alabanza y gratitud en Lucas 2:46-55, en el cual hay varias citas del Antiguo Testamento. Tal como ella, necesitamos atesorar la Palabra de Dios en nuestros corazones porque es la que nos guiará para ejercer nuestro rol de madres de una manera fructífera. Creamos y hagamos nuestras las promesas de Dios, meditando en ellas a menudo, como lo hacía María (Lucas 2:19, Lucas 2:51).

En su matrimonio, María demostró continuamente respeto hacia José. Primero cuando recibió el mensaje del ángel y confió en que Dios obraría en el corazón de José (Mateo 1:19-21). Luego vemos que Dios le hablaba a José por medio de sueños, le advertía de peligro y le daba instrucciones (Mateo 2:13-15, 19-23). María confió en el liderazgo que Dios había puesto sobre José para dirigir y cuidar su familia. Juntos obedecían la voluntad de Dios. Es necesario que confiemos que sobre todas las cosas, Dios es el que nos protege y nos guía y que Él capacitará al esposo para que pueda cumplir su propósito en el hogar.

En Juan 2, se narra el primer milagro de Jesús en el cual Él convirtió el agua en vino en las Bodas de Caná. El versículo 5 dice que María le dijo a los que servían que hicieran todo lo que Jesús dijera. ¡Qué buen consejo! Necesitamos hacer lo que Jesús nos manda y nos enseña. En la vida diaria, como esposas. como madres, debemos seguir los mandatos de Jesús (Juan 15:12).

María también fue una mujer de oración (Hechos 1:14). La Biblia nos enseña que, en lugar de preocuparnos, debemos orar por nuestras peticiones, sea que veamos respuesta inmediata o no. Oremos por nuestro matrimonio, nuestros hijos y familia, mientras continuamos haciendo lo correcto en nuestro hogar.

No se preocupen por nada;
en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan
y denle gracias por todo
lo que él ha hecho. –
Filipenses 4:6

Por último, lo más importante que nos enseña la vida de María es que ella reconoció su necesidad de un Salvador (Lucas 1:47) y frente a la cruz, como leemos en Juan 19:25, ella pudo ver a Jesús cumplir la voluntad del Padre, morir por los pecados de la humanidad, incluyendo los de ella. Sin duda, fue devastador ver el sufrimiento de Jesús, pero allí también ella experimentó su gran amor, su perdón, su gracia redentora. En nuestra trayectoria como madres, enfrentaremos momentos difíciles, devastadores, pero tenemos una esperanza maravillosa en Cristo nuestro Salvador. Podemos creer y abrazar Sus promesas porque Él es fiel.

Que como María, podamos ser mujeres humildes, obedientes, dispuestas, agradecidas, llenas de devoción, que amemos la Biblia, mujeres de oración, entregadas a nuestro llamado como madres y esposas. Que el Señor nos ayude a aprender del ejemplo de las mujeres piadosas, cuyas historias relata la Biblia. Que Él nos ayude a identificar entre las mujeres que nos rodean a aquellas que pueden servirnos de modelo y alentarnos a seguir adelante. Que vivamos vidas agradables a Dios para que nuestros hogares rebosen del amor de Cristo. ¡Feliz Día de las Madres 2021!

La Esposa – Alimentando el hogar

“También se levanta cuando aún es de noche,
y da alimento a los de su casa…” – Proverbios 31:15

Ayer, al leer un libro de meditaciones diarias, me llamó la atención la gran importancia que le debemos dar a lo que es el alimento que brindamos. En el versículo 15 de Proverbios 31, nos dice que la mujer virtuosa se levanta muy temprano para alimentar a su familia. Sin duda, el alimento físico es importante, pero también lo es el alimento con el que se nutre el alma.

Es en el hogar donde nutrimos las relaciones. Necesitamos preguntarnos con qué tipo de alimento estamos nutriendo al esposo y a los hijos. Para asegurarnos de brindar una buena nutrición espiritual a nuestra familia, es importante que busquemos alimentarnos de la fuente correcta, que es la Palabra de Dios. Separar un tiempo diariamente para orar y leer la Biblia nutre nuestro espíritu y nuestra alma. Así estaremos preparadas para brindar un buen alimento en nuestro hogar.

Una meta que a muchas esposas les gustaría alcanzar es que en su hogar todos puedan relacionarse armoniosamente la mayor parte del tiempo. A veces nos preguntamos por qué el esposo o los hijos parecen estar a la defensiva o hablan con sarcasmo y crítica o por qué estamos tensas y reaccionamos de manera inadecuada. Es necesario que nos preguntemos de qué se está nutriendo nuestra familia y cómo podemos nosotras hacer una diferencia.

“Según cada uno ha recibido
un don especial,
úselo sirviéndoos
los unos a los otros
como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios.” – 1 Pedro 4:10

Dios nos ha dotado de dones, habilidades y talentos que podemos utilizar para bendecir a nuestra familia. Cuando los ponemos en práctica brindamos alimento espiritual a los de nuestra casa. El enfoque debe ser el amor; el amor que nos enseña la Biblia. Ese amor no depende de lo que otros hagan o dejen de hacer, es el amor que fluye de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas que produce como respuesta que amemos a los demás con abnegación. Este ejemplo lo podemos ver claramente en el pasaje de la mujer virtuosa (Proverbios 31:10-31), pues todo lo que ella hace por su familia se desprende de su reverencia a Dios. En esa porción bíblica vemos que la mujer virtuosa no actúa en respuesta a las acciones de los demás, sino como un fruto de su relación con Dios.

En algunos casos, los resultados de nuestras oraciones y de nuestra entrega al hogar se demoran y podemos vernos tentadas a desmayar. Pero la Palabra de Dios nos alienta a que continuemos haciendo el bien, confiando en que a su tiempo cosecharemos. Permanezcamos firmes en la oración y en la búsqueda continua del alimento espiritual. Mientras seguimos nutriendo nuestro matrimonio y nuestra familia, seguiremos creciendo en fe y madurando como cristianas. Todo lo que vamos aprendiendo, lo podremos aplicar en su momento a nuestra vida de hogar, con la confianza de que Dios es el que obra en los corazones.

“No nos cansemos, pues,
de hacer bien;
porque a su tiempo segaremos,
si no desmayamos.” –
Gálatas 6:9

Que estemos dispuestas a transitar por el camino más excelente del cual escribió el apóstol Pablo en 1 Corintios 13, porque es esa clase de amor que cubre multitud de faltas y provoca un cambio poderoso en el hogar. Que, como la mujer virtuosa, nos levantemos con gozo a brindar alimento a los de nuestra casa, sabiendo que de Dios hemos recibido el alimento espiritual que nos capacita para hacer el bien.

La Esposa – Cuidando el Corazón

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón,
porque de él mana la vida. – Proverbios 4:23

En la publicación de la semana pasada se tocó el tema de la santificación progresiva, que es el proceso mediante el cual cada persona cristiana va siendo formada de acuerdo con el carácter de Cristo. Esto es algo que va sucediendo durante toda la vida, mientras aprendemos y maduramos en nuestra fe. Como parte de este proceso, necesitamos ser enseñadas por la Palabra de Dios acerca de cómo cuidar nuestro corazón.

El corazón abriga nuestros pensamientos, emociones y actitudes. La Biblia nos aconseja que lo guardemos como una fuente de vida. En días recientes escuché una breve enseñanza para los matrimonios del Pastor Paul Tripp sobre el pasaje de Lucas 6:43-45 (“Un buen árbol no puede producir frutos malos, y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Al árbol se le identifica por su fruto. Los higos no se recogen de los espinos, y las uvas no se cosechan de las zarzas. Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón. Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón.”). El Pastor Tripp enfatiza en su mensaje a los cónyuges que, de acuerdo con este pasaje bíblico, las palabras y comportamientos son causados por lo que está dentro de nosotros, no por lo que sucede fuera. Dentro del corazón guardamos pensamientos, emociones y actitudes que darán forma a nuestras palabras y comportamiento.

“Una persona buena produce
cosas buenas del tesoro
de su buen corazón,
y una persona mala produce
cosas malas del tesoro
de su mal corazón.
Lo que uno dice
brota de lo que
hay en el corazón.” – Lucas 6:45

Por lo tanto, necesitamos darnos cuenta de que es necesario dejar de culpar al esposo por nuestro comportamiento pecaminoso y nuestras palabras hirientes. A veces nos disculpamos diciendo: “Eso no fue lo que quise decir”, pero en realidad es lo que estaba en nuestro corazón y por eso brotó de nuestra boca (Lucas 6:45). Dios nos está llamando a examinar nuestro corazón, a llevar nuestros pensamientos, emociones y actitudes a Él (2 Corintios 10:5). Cuando permitimos que la Palabra de Dios sea el filtro de nuestros pensamientos (Filipenses 4:8), las emociones y actitudes de nuestro corazón serán transformadas. En lugar de buscar excusas o justificarnos por lo que hacemos o decimos, podemos ir confiadamente a Cristo, en quien encontramos siempre gracia para ser transformadas conforme a su imagen. Somos libres de la esclavitud de la culpa.

Piensen en todo lo que es verdadero,
en todo lo que merece respeto,
en todo lo que es justo y bueno;
piensen en todo lo que se reconoce
como una virtud, y en todo lo que es agradable
y merece ser alabado. – Filipenses 4:8

Cuidamos el corazón cuando dependemos de Dios para levantarnos en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Cuidamos el corazón cuando leemos, escudriñamos y meditamos en las Escrituras (Juan 5:39). Cuidamos el corazón cuando no le damos cabida a pensamientos malsanos (Filipenses 4:8). Cuidamos el corazón cuando estamos dispuestas a aprender humildemente a ser más como Jesús (Mateo 11:29).

La meta del matrimonio es glorificar a Dios, reflejando la imagen de Su amor por la Iglesia para que el mundo lo pueda ver. ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que nuestros matrimonios se fortalezcan? ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que sea moldeado a la imagen de Cristo? ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que lo que brote de él (palabras y comportamientos) glorifiquen a Dios? Ese es el llamado, nos toca responder. Dios es honrado cuando obedecemos.

La Esposa y la Santificación

 “Así que, todos nosotros,
a quienes nos ha sido quitado el velo,
podemos ver y reflejar la gloria del Señor.
El Señor, quien es el Espíritu,
nos hace más y más parecidos a él
a medida que somos transformados
a su gloriosa imagen.” – 2 Corintios 3:18

Durante la pasada semana, me topé con una frase que ha permanecido en mi mente (Esposa: La santificación de tu marido no significa que será más como tú sino más como Cristo” – Paty Namnun).  La frase, como podemos observar, está dirigida a la esposa, pero tiene que ver con la santificación del esposo, recordándole a la esposa que el esposo será santificado para parecerse más a Cristo, no a ella.

La razón por la que ha permanecido en mi mente todos estos días es porque me confrontó y me hizo recordar las ocasiones en las que he pensado que puedo “mejorar” a mi esposo a “mi gusto o a mi manera”. A veces lo hacemos sin darnos cuenta cuando pensamos que el esposo debería hacer tal o cual cosa como nosotras o tratamos de imponer nuestra manera de pensar. También nos justificamos con la excusa de que nuestras intenciones son buenas. Pero en todas esas ocasiones estamos olvidando que nosotras no somos perfectas, que nosotras también necesitamos ser moldeadas y estamos en proceso de madurar como cristianas.

Todas las buenas intenciones que podamos tener no sustituirán jamás la obra maravillosa del Espíritu Santo. Así que, sobre todas las cosas, necesitamos someternos a Cristo y al proceso de ser moldeadas de acuerdo con su Palabra. Mientras permanezcamos tratando de que el esposo sea como nosotras queremos, la paz estará ausente de nuestro matrimonio. Cuando entregamos a Dios nuestras preocupaciones sobre el carácter del esposo y nos enfocamos en hacernos responsables de nuestras actitudes y conductas a través de la dirección del Espíritu Santo, comenzaremos a ver cambios en nuestro hogar.

“No se preocupen por nada;
en cambio, oren por todo.
Díganle a Dios lo que necesitan
y denle gracias
por todo lo que él ha hecho.” –
Filipenses 4:6

Es cierto que los cónyuges pueden ejercer influencia entre sí, pero es cuando estamos siendo guiadas por la Palabra de Dios que podemos influir de una manera más significativa. Recuerdo que una ocasión en la que yo pensaba que podía influir en mi esposo a través de la cantaleta (repetir lo mismo consistentemente), pude experimentar que Dios me guiaba a callar. Al principio me sorprendí porque pensaba que mis intenciones eran buenas, pero obedecí, callé y me mantuve orando por mi esposo. No mucho tiempo después, comencé a ver la obra de Dios en mi esposo y entendí que Dios me estaba enseñando que mi trabajo no era cambiar a mi esposo, sino escucharlo, apoyarlo, motivarlo y mostrarle respeto. El cambio en mi actitud fue un alivio para mi esposo, lo cual trajo mayor armonía a nuestra relación y mejoró nuestra comunicación.

Cada persona que ha sido redimida por Cristo está en el proceso de santificación progresiva, que es moldearnos a la imagen de Cristo, formar Su carácter en nosotros. Cuando en el matrimonio los cónyuges están siendo formados a la imagen de Cristo, pueden exhibir esos rasgos de Su carácter, como el servicio mutuo, la humildad, la paciencia, la bondad, la fidelidad, entre otros, que harán que su hogar sea un lugar seguro para ambos y para sus hijos.

 “Como dicen las Escrituras:
«El hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo». 
Eso es un gran misterio,
pero ilustra la manera en que
Cristo y la iglesia son uno.” – Efesios 5:31-32

La frase que mencioné al principio es una que debo siempre recordar pues la meta, tanto para mi esposo como para mí, es parecernos más a Cristo. ¡Que Cristo sea la prioridad para cada una de nosotras, parecernos a Él, reflejar Su carácter, vivir de acuerdo con su Palabra y que nuestro matrimonio exprese el hermoso misterio del amor de Cristo por Su iglesia!

La Esposa – Aprendiendo sobre la Voluntad de Dios

“…y poniéndose de rodillas, oraba, diciendo:
Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa;
pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” – Lucas 22:42

Durante esta semana, en la que se recuerda la crucifixión, muerte y la resurrección de Jesús, las personas tienden a leer y a reflexionar sobre los eventos que sucedieron en aquellos días antes del arresto de Jesús. Uno de los versículos que se menciona mucho en Semana Santa es éste de Lucas 22:42 en el cual Jesús expresa con sinceridad al Padre el anhelo por hacer Su voluntad, a pesar de cómo pudiera sentirse en aquel momento tan crucial.

Es verdaderamente impactante poder vislumbrar a través de la Palabra la mansedumbre y la humildad de Jesús ante su encomienda. Tenía el poder para ser librado de todo el sufrimiento, pero sabía que el plan de Dios era vital para la salvación de la humanidad y ya Él se había entregado para cumplirlo. Todo lo que Dios hace tiene un orden, una estructura y un propósito. Jesús lo sabía y estaba más que dispuesto a hacer la voluntad del Padre.

“Dice la Biblia:
«Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, para formar un solo cuerpo.»
Ésa es una verdad muy grande,
y yo la uso para hablar de Cristo
y de la iglesia.” –
Efesios 5: 31-32 TLA

¿Cuál es entonces, la voluntad de Dios para el matrimonio? ¿Cuál fue Su plan al diseñarlo? A través de la Biblia encontramos comparaciones entre el amor de Dios por su pueblo con el amor entre el esposo y la esposa. Esto no es casualidad. Dios diseñó el matrimonio para que refleje Su gloria. En Efesios 5:21-33, leemos cómo el apóstol Pablo describe el matrimonio comparándolo directamente con el amor de Cristo por Su iglesia. Esta porción bíblica habla de la entrega y el sacrificio como características fundamentales en el matrimonio, tal como lo mostró Jesucristo al entregarse en sacrificio por su Iglesia.

Para hacer la voluntad de Dios en el matrimonio, necesitamos entender que lo primordial es darle gloria a Él y reflejar al mundo Su amor a través de nuestra relación. La Biblia dice que Jesús soportó la cruz “por el gozo puesto delante de Él” (Hebreos 12:2). Ese gozo era la salvación de Su iglesia (novia – esposa). Así también es importante que nosotras no perdamos de vista que hay un beneficio mayor que lograr nuestros deseos, una bendición que impactará nuestra relación, nuestro hogar y a otras personas.

Quizá se nos haga difícil ceder o nos guste que las cosas se hagan de tal o cual forma sin tomar en cuenta de que la relación puede ser lastimada por nuestra actitud egoísta. El ejemplo de Jesús nos llama a mirar más allá de nosotras mismas y de nuestros deseos. Jesús nos enseñó a cumplir la voluntad de Dios sobre todas las cosas. ¿Cómo se aplica esto al matrimonio? Cuando rendimos nuestra voluntad a la de Dios y ponemos el bienestar de la relación antes que el propio. Es someter a Dios nuestro deseo natural de satisfacer nuestras propias necesidades para proyectarlo hacia el esposo con la misma cantidad de energía para satisfacer sus necesidades (1 Corintios 13:5).

“El amor… no busca lo suyo.” –
1 Corintios 13:5

Oremos que nuestro gozo sea tener una relación matrimonial que sea un testimonio vivo del amor de Cristo y Su Iglesia, para dar gloria a Su nombre. Que nuestros hogares estén llenos de la gracia de Dios porque hemos conocido la verdad y la practicamos en nuestra vida diaria. Que perdonemos y pidamos perdón, para que haya armonía. Que contemos las virtudes más que los defectos y demos gracias por las bendiciones en lugar de quejarnos tanto. Que así sea cada semana de nuestra vida hogareña porque eso significará que todos los días reflexionamos, miramos al Salvador de nuestras almas y somos transformadas por Su amor y Su verdad.

La Esposa Asertiva

“Ester respondió:
—Si me he ganado el favor de Su Majestad, y si le parece bien,

mi deseo es que me conceda la vida.
Mi petición es que se compadezca de mi pueblo.” – Ester 7:3

En los pasados días, durante mis lecturas devocionales, me topé con la palabra asertividad. Al meditar sobre el tema, no puede evitar pensar en la reina Ester, de quien escribí la semana pasada. Al final de la publicación expresé que estaba segura de que había mucho más que podíamos aprender de Ester y definitivamente, así es.

¿Por qué pensar en Ester al toparme con la palabra asertividad? Porque realmente, la vemos ser asertiva en su comunicación tanto con su padre de crianza (Ester 4:11,16) como con su esposo, el rey Asuero (Ester 5:4,7; 7:3-4). Pudiera parecer que Ester no fue asertiva desde el principio de su interacción con el rey Asuero cuando se presentó al patio real sin ser invitada, pero nada más lejos de la realidad. La decisión de presentarse ante el rey a costa de su propia vida me parece muy asertiva. La forma en que ella esperó el momento preciso para expresar su petición nos demuestra su prudencia (como comentamos en la pasada publicación).

“En cambio, hablaremos la verdad con amor
y así creceremos en todo sentido
hasta parecernos más y más a Cristo,
quien es la cabeza de su cuerpo,
que es la iglesia.” – Efesios 4:15 NTV

¿Cuál es el significado de asertividad? Asertividad es la habilidad de comunicar ideas de manera adecuada y respetando las de los demás. La comunicación asertiva es una forma de expresar lo que se piensa o quiere de manera clara y respetuosa, considerando la existencia de otros puntos de vista y sin ser agresiva (faltar el respeto) o pasiva (utilizar el silencio como escudo). En el capítulo 7 de Ester, leemos que ella expresó con claridad y honestidad la petición que tenía ante el Rey, manteniendo el respeto hacia él, no le lanzó indirectas con acusaciones ni se mostró desesperada (Ester 7:3-6). Ella declaró el plan de Amán en contra de los judíos, su pueblo, y pidió al Rey clemencia para ellos. Generalmente, a las esposas nos gusta mantener la comunicación al día, pero a veces sucede que necesitamos hablar sobre un asunto delicado con el esposo y optamos por utilizar medios agresivos como levantar la voz o medios pasivos como las indirectas o el silencio que terminan provocando malentendidos. Sigamos el ejemplo de Ester, que se fortaleció a través de la oración para hablar con prudencia sobre un asunto de vida o muerte con su esposo, el rey Asuero.  

¿Cómo podemos ser asertivas en el hogar? Ser asertiva será de gran beneficio para la comunicación en el matrimonio y en la familia. Es más fácil dialogar cuando no estamos dándole vueltas a un asunto, o lanzando indirectas, o intentando manipular la situación para salir beneficiadas de manera egoísta. Al ser asertivas, fomentamos el respeto hacia el esposo, le mostramos que valoramos lo que aporta a la relación. Otro beneficio de ser asertivas es que nos ayuda a resolver conflictos. Al ser asertiva, la reina Ester, logró que se les diera a los judíos la oportunidad de defenderse de aquellos que pretendían hacerles daño (Ester 8:8-13). Fue un gran conflicto lo que se resolvió a raíz de la conversación ocurrida durante aquel banquete.

“La mujer sabia
une a su familia…” –
Proverbios 14:1 PDT

De Ester aprendemos a ser prudentes, como comentamos en la pasada publicación, pero también aprendemos a ser asertivas. La prudencia nos lleva a buscar y escuchar el consejo de personas con mayor conocimiento y experiencia, ser humildes ante la confrontación y tomar acción en el momento preciso, sin apresurarnos. El ser asertivas nos lleva a expresarnos con respeto y de la manera adecuada en el momento y lugar indicados.

Tanto la prudencia como el ser asertivas son de beneficio para las relaciones, en especial para el matrimonio. Estemos dispuestas a aprender lo que la Biblia nos enseña para ser esposas virtuosas, conforme al diseño y la voluntad de Dios.