La Eposa y la Gratitud

Vengamos ante su presencia con acción de gracias;
aclamémosle con salmos. – Salmo 95:2

Uno de los días favoritos de mi familia es el Día de Acción de Gracias. Recuerdo que desde que era una niña, íbamos juntos a la Iglesia temprano en la mañana donde escuchábamos los testimonios de hermanos y hermanas en la fe agradecidos por las maravillosas obras de Dios. También se llevaban alimentos no perecederos y frutas para luego repartirlos entre las familias necesitadas. Mi esposo siempre recuerda que, durante su niñez en Nueva York, el Día de Acción de Gracias era muy especial, ya que iban a casa de sus padrinos donde cenaban juntos y pasaban un tiempo muy agradable.

Aunque el Día de Acción de Gracias se celebra solamente una vez al año, nuestro agradecimiento debe estar presente todos los días. Elisabeth Elliot dijo en una ocasión: “Que la acción de gracias sea un hábito en tu vida.” Algo que caracteriza a mi hijo es que él tiene la costumbre de dar las gracias cuando le preparo café, el desayuno o le hago un favor, aunque sea pequeño. Es agradecido en lo cotidiano, en el diario vivir. Y eso es precisamente lo que la frase de Elisabeth Elliot nos exhorta hacer. Que la gratitud sea parte de nuestra vida cotidiana. El Salmo 95:2 nos insta a ir ante la presencia de Dios con acción de gracias. Al ser hijas de Dios, su presencia es constante en nuestras vidas. Por lo tanto, debemos dar gracias continuamente.

“Dad gracias en todo,
porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros
en Cristo Jesús.” –
1 Tesalonicenses 5:18

Este año, la celebración del Día de Acción de Gracias fue diferente debido a la pandemia, pero la voluntad de Dios es que demos gracias en todo. En la vida, enfrentamos situaciones difíciles y tiempos de angustia durante los que pudiéramos pensar que no hay nada por lo que agradecer. La historia de Rut en la Biblia nos muestra que ella enfrentó fuertes dificultades: quedó viuda, no tenía hijos, dejó su tierra y su parentela, ella y su suegra Noemí llegaron a Belén con las manos vacías. Sin embargo, la Biblia nos muestra que Rut tenía un corazón agradecido. Cuando Booz le dice que siga recogiendo espigas en sus campos, ella le expresa su humilde agradecimiento: “Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía. No vayas a espigar a otro campo; tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. Fíjate en el campo donde ellas siegan y síguelas, pues he ordenado a los siervos que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los siervos. Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos para que te fijes en mí, siendo yo extranjera?” Rut 2:8-10. En su libro La Gratitud: Cómo cultivar un corazón agradecido, Nancy DeMoss escribe lo siguiente: “Tengo el presentimiento de que, en circunstancias similares, probablemente yo hubiera dicho: ‘Es lo mínimo que puede hacer.’ La humildad de esta joven viuda (Rut) se transluce en su respuesta agradecida por el más pequeño de los gestos de amabilidad que recibió de otra persona.”

Una actitud de gratitud en el corazón demuestra que hemos entendido que no nos merecemos todo lo que se nos ha dado, que no tomamos en poco las bendiciones recibidas cada día, que valoramos nuestra relación con Dios y a las personas que tenemos en nuestras vidas. La acción de gracias nos permite dejar atrás las quejas y los lamentos. No es malo anhelar que las cosas mejoren en nuestra vida, orar para que nuestro matrimonio sea transformado, para que nuestros hijos crezcan en su relación con Dios, entre otras tantas peticiones que tenemos ante Dios, pero siempre, en todo clamor necesitamos mantenernos agradeciendo a Dios. Su gracia, su favor y misericordia son regalos que nos dio sin merecerlo. La familia, la Iglesia, el trabajo que hacemos, son bendiciones que Él ha añadido a nuestras vidas.

“Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas
vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración
y ruego, con acción de gracias.” – Filipenses 4:6

Así que, practiquemos la costumbre de ser agradecidas. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para expresar gratitud diariamente. Aprovechemos cada oportunidad que se presenta para dar gracias al esposo. La mayoría de los esposos responden positivamente cuando la esposa se muestra agradecida y eso le motiva a él a comportarse de manera que su esposa e hijos se sientan agradecidos. Los hijos también se benefician de crecer en un hogar donde se practica la gratitud, ya que pueden experimentar contentamiento y disfrutar de un ambiente de armonía y gozo. Quisiera concluir invitándoles a meditar en las palabras de Elisabeth Elliot en su libro Keep a Quiet Heart: “La acción de gracias es un ejercicio espiritual, necesario para la construcción de un alma sana. Nos saca de la congestión de nosotros mismos hacia la brisa fresca y la luz del sol de la voluntad de Dios “.

La Esposa y el Contentamiento

“…he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.” – Filipenses 4:11

Hace varios meses atrás, en nuestra congregación estuvimos estudiando el libro de los Filipenses en la Escuela Bíblica Dominical. Al estudiar el capítulo 4 de la carta del apóstol Pablo a los Filipenses se profundizó en el tema del contentamiento. Uno de los puntos que estudiamos tocó mi corazón de manera especial y fue el siguiente: “La idea que quiere comunicar el apóstol Pablo en el capítulo 4 es que el contentamiento cristiano está desconectado de nuestras circunstancias.” Este capítulo de Filipenses es uno que he leído en muchas ocasiones y varios de sus versículos son aprendidos de memoria por una gran cantidad de personas. Pero, esa mañana de domingo, esta enseñanza resonó en mi mente y corazón.

La Biblia nos enseña que el contentamiento produce una satisfacción interior que no exige cambios en circunstancias externas. El secreto del contentamiento cristiano no es una cosa, sino la persona de Cristo. Es en Cristo que podemos enfrentar toda situación.

“Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.” –
Filipenses 4:13

Al meditar en esto, debemos preguntarnos: ¿cuál es nuestra respuesta ante las circunstancias que nos presenta la vida? Ya sea en el matrimonio, en el hogar con nuestros hijos, con nuestros familiares, en el trabajo, comunidad o Iglesia, hemos de enfrentar diferentes situaciones que pondrán a prueba nuestra fe.

¿Cómo respondemos cuando nuestro matrimonio está en crisis? ¿Cuál es nuestra respuesta ante la enfermedad? ¿Podemos experimentar contentamiento cuando uno de nuestros hijos se ha descarriado? Cada una de estas circunstancias presenta sus retos, dificultades y dolor. Cuando nuestra fe está fundamentada en Cristo, podemos confiar en que Dios, en su divina providencia, está en control de todas las cosas y está llevando a cabo su voluntad en nuestras vidas. Esto nos lleva a experimentar contentamiento, lo cual impactará de manera profunda nuestra actitud. Es entonces que entendemos que, aunque las circunstancias se tarden en cambiar o permanezcan sin cambio, Dios está transformando nuestros corazones, lo cual es de gran valor.

¿Qué tal cuando las cosas van bien? ¿Cuándo el matrimonio está sólido? ¿Cuándo los hijos y familiares están sanos? ¿Cuándo nuestra situación económica es estable? Puede que pensemos que es muy fácil encontrar contentamiento en la abundancia. Pero ¿en qué o en quién está anclada nuestra fe? ¿Es nuestro contentamiento dependiente de nuestras posesiones? Todas las cosas que podemos obtener y acumular en este mundo son efímeras, inciertas. La Biblia nos enseña que debemos encontrar nuestra satisfacción en Cristo, ya sea en tiempos de dificultad o en tiempos de bonanza.

“Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto
tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.” – Filipenses 4:12

Cuando nuestros cuerpos se vayan desgastando con el paso de los años, se asomen las canas a nuestros cabellos y las arrugas a nuestro rostro, ¿cuál será nuestra actitud? A todas nos tocará enfrentar la “edad dorada”. ¿Estaremos satisfechas cuando lleguemos a la vejez? ¿Podremos mirar atrás y agradecer a Dios por todo lo vivido? ¿O habremos arrastrado la amargura y el descontento a lo largo de los años?

Si como Noemi, hemos estado viviendo amargadas por nuestras circunstancias (Rut 1:30-31), volvamos nuestra mirada a Cristo. Un poco tiempo después de volver a Belén, Noemí fijó su vista en Dios y comenzó a alabarle en medio de sus circunstancias (Rut 2:20) y al finalizar el relato de su vida en el libro de Rut, hay regocijo y acción de gracias por la bondad de Dios (Rut 4:14-15). El nombre de Noemí significaba “deleite”, pero por un tiempo ella quiso que la llamaran Mara (amarga). Dios usó las circunstancias para hacerle entender que, en medio de todo, Él seguía siendo su “deleite”, su contentamiento.

C.S. Lewis escribió: “El que tiene a Cristo y posee todos los bienes del mundo, no tiene más que el que tiene a Cristo solamente.” ¡Que así podamos vernos cada una de nosotras! Completas, plenas, contentas, deleitándonos en Cristo, cualquiera que sea nuestra situación. Eso, definitivamente, provocará cambios en nuestra vida matrimonial y nuestro hogar. El testimonio de nuestra vida diaria dará voces que mostrarán a otros la suficiencia de Cristo.

La Esposa y el Futuro

“Por lo tanto, no se angustien por el mañana,
el cual tendrá sus propios afanes.
Cada día tiene ya sus problemas.” – Mateo 6:34

La mayoría de las personas inician el año trazando metas y haciendo planes con la esperanza de lograr muchas cosas. Cuando comenzó el año 2020, no teníamos idea de que muchos planes se iban a tener que posponer o cancelar y que enfrentaríamos terremotos, una pandemia, protestas y disturbios en diferentes partes del mundo, la incertidumbre que suelen traer consigo los años electorales, etc. Todo esto, sin mencionar los retos personales que cada una debemos confrontar.

Al pensar en todo esto, no sería extraño sentirnos ansiosas, inseguras y preocupadas por lo que nos deparan las próximas semanas. Esto puede provocar que tratemos de estar pendientes de cada detalle, intentando controlar el futuro con nuestras propias fuerzas, lo cual es una carga demasiado pesada y en fin, una tarea imposible. No tenemos la capacidad de controlar el futuro.

“La vida de fe se vive un día a la vez,
y hay que vivirla,
no siempre esperarla
como si la ‘vida real’ estuviera
a la vuelta de la esquina.
Es hoy de lo que
somos responsables.
Dios todavía es dueño del mañana.” –
Elisabeth Elliot

Una de mis frases favoritas de Elisabeth Elliot (mujer virtuosa, misionera y escritora) es: “Dios todavía es dueño del mañana.” Somos responsables del día de hoy y para poder tener un día fructífero, necesitamos la gracia de Dios. Nuestra esperanza no debe estar fundamentada en nuestras metas y planes, sino en la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

Este tema me recuerda la historia de Sara y Abraham en el Génesis (Génesis, capítulos 15, 16, 18 y 21). Dios les prometió descendencia, pero pasaron los años y Sara, viendo que la promesa de un hijo para ella y Abraham no se cumplía, tomó el asunto en sus manos y, sabiendo que ella era estéril, le dijo a Abraham que le diera un hijo a través de su criada Agar. No pasó mucho tiempo antes que la situación causara problemas en el hogar de ellos. Al dejar de confiar en Dios para su futuro y tratar de controlar los resultados con su propio entendimiento, Sara se encontró con más incertidumbre y malestar de lo que sentía antes. La historia de Sara nos enseña que es mejor confiar en Dios junto a nuestro esposo respecto al futuro. Dios cumplió su promesa de darles un hijo a Sara y Abraham. Él obró un milagro extraordinario en Sara, quien no solo había sido estéril sino también que era de edad avanzada cuando concibió a su hijo Isaac. Además de ser contestada la petición de este matrimonio por un hijo, el nombre de Dios es glorificado aún en el presente por el milagro que Sara y Abraham recibieron hace miles de años.

Otra mujer de la Biblia que llega a mi mente es Rut. Ella fue la moabita que regresó con Noemí a Belén, después de que ambas quedaran viudas y sin hijos. A pesar de la tristeza e incertidumbre que debió haber en su corazón al dejar atrás a su tierra y a su familia de origen, Rut dijo a Noemí que la seguiría, que su pueblo sería su pueblo y su Dios sería su Dios. Rut llega a Belén como una extranjera, pero siguiendo los consejos de Noemí y viviendo un día a la vez, pronto ella fue conocida como una mujer virtuosa entre la comunidad. Aunque al comienzo de su historia, el futuro de Rut parecía sombrío, por la gracia y el favor de Dios, ella encontró una nueva vida en Belén. Se casó con Booz y tuvieron un hijo a quien llamaron Obed, que sería el abuelo del Rey David. El libro de Rut termina con alabaza a Dios por la restitución que había obrado en las vidas de Noemí y Rut (Rut 4:14).

Fuerza y dignidad
son su vestidura,
y sonríe al futuro. –
Proverbios 31:25

Es necesario reconocer que el futuro no nos pertenece y soltar las riendas, depositando toda nuestra confianza y esperanza en Dios. Cada día es nuestra responsabilidad hacer lo correcto, poniendo en las manos de Dios nuestras habilidades, capacidades y situaciones personales. Necesitamos comprender que cada día con Dios tiene un propósito que va construyendo el futuro que ya Él ha preparado.

Faltan varias semanas para que se acabe este año y hay muchas cosas que todavía no sabemos ni entendemos, pero a Dios no se le ha escapado ningún detalle. Aprendamos de las historias de las mujeres de la Biblia lo que debemos y lo que no debemos hacer. Hay grandes tesoros para descubrir cada día en la Palabra. Hay hermosos momentos para disfrutar junto al esposo cada día. Hay preciosas memorias que construir con nuestros hijos y familia cada día. No las desperdiciemos por estar buscando “la vida real” a la vuelta de la esquina. Recordemos que… “Dios todavía es dueño del mañana” y siempre lo será.

La Esposa y sus Expectativas

Pon tu delicia en el Señor,
y Él te dará las peticiones de tu corazón.”
Salmo 37:4

El día de la boda es inolvidable. La mayoría de las mujeres sueñan desde pequeñas con el traje de novia, las flores, la decoración de la Iglesia y de la fiesta, y con quien será el que ansiosamente las esperará frente al altar el día de la ceremonia. Las expectativas de la boda, de nuestro futuro esposo y del matrimonio están presentes en nuestros corazones y pueden hacer una influencia positiva o negativa sobre nuestros pensamientos y actitudes.

“Cuando me case, seré completamente feliz…” o “Mi esposo hará todos mis sueños realidad…” son ejemplos de expectativas irreales. Cuando no se ajustan, este tipo de expectativas pueden ser causantes de problemas en el matrimonio. Una gran cantidad de los cuentos que leíamos cuando niñas, terminaban con la boda de los protagonistas y la frase: “…y fueron felices para siempre.” La historia después de la boda se dejaba a nuestra imaginación, en la cual, el esposo era romántico siempre, considerado, amable, cortés y todo lo que soñábamos que debía ser el esposo perfecto.

Al crecer y enfrentarnos con la vida, nos damos cuenta de que existen retos y dificultades, que tenemos responsabilidades que atender a diario y que las cosas no siempre serán fáciles. Sin embargo, muchas veces seguimos soñando que las cosas cambiarán cuando terminemos la carrera universitaria o cuando consigamos el trabajo que anhelamos, cuando nos independicemos de nuestros padres o cuando nos casemos con el hombre de nuestros sueños.

“Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser:
dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo,
infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso,
infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad

y haciendo más que provisión adecuada.
Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible.
Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.”Ruth Bell Graham

La vida de casadas nos va enseñando ciertas realidades que no anticipábamos y si no nos ajustamos a las mismas, pasaremos nuestros días frustradas, enojadas o amargadas. Ruth Bell Graham dijo una vez: “Compadezco a la pareja casada que espera demasiado el uno del otro. Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser: dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo, infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso, infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad y haciendo más que provisión adecuada. Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible. Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.”

Solamente Cristo puede suplir todas nuestras necesidades y hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos. Cristo supera toda expectativa que podamos tener. Es el único que tiene el poder de hacerlo porque conoce lo que está en nuestros corazones y puede anticiparse a nuestras necesidades. Él nos muestra Su maravillosa gracia que nos brinda amor incondicional, perdón, comprensión y ternura aún en los momentos en que no somos tan “agradables”. Poner sobre el esposo la carga de suplir todas nuestras necesidades (emocionales, físicas, espirituales, etc.), es colocar una tensión muy grande sobre el matrimonio. Para el esposo, será una tarea imposible y para la esposa una experiencia sumamente frustrante.

Necesitamos llevar nuestras expectativas a Dios en oración y pedirle que nos ayude a adaptarlas a la realidad, a moldearlas a nuestro propio matrimonio, tomando en cuenta nuestra personalidad y la del esposo. Así comenzaremos a crecer en una mayor comprensión con el esposo, lograremos establecer prioridades y acuerdos que nos ayudan a sentar las bases de un matrimonio sólido.

Y a aquel que es poderoso para hacer todo
mucho más abundantemente 
de lo que pedimos o entendemos,
según el poder que obra en nosotros, 
a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús
por todas las generaciones,
por los siglos de los siglos. Amén.
Efesios 3:20-21

Ajustar las expectativas no siempre es tarea fácil, podemos vernos tentadas a exigir que se cumplan cuando se presentan situaciones que no deseamos enfrentar. Solamente a través de una fe firme y una constante relación con Dios, podemos experimentar la plenitud de Su paz y la satisfacción de todas nuestras necesidades. Cuando confiamos en Dios como la fuente de todo lo que necesitamos, el que sustenta y fortalece nuestra unión con nuestro esposo, podemos experimentar gozo en el matrimonio.

La Esposa y la Gracia

“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido;
no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” – 1 Corintios 13:4-7

Hace poco más de una semana tuve la oportunidad de hablar en la Iglesia en la cual me congrego sobre el tema de gracia en las relaciones y me gustaría compartirlo también con ustedes. Cuando se habla de la gracia, lo primero que necesitamos tener claro es que la mayor muestra de gracia fue dada por Cristo, al despojarse de toda su gloria para venir a este mundo a habitar entre nosotros para luego entregar su vida como sacrificio por nuestros pecados (Juan 1:14). Con este acto, Dios nos mostró su AMOR INMENSURABLE y su disposición para satisfacer la necesidad genuina de salvación que teníamos.

La realidad es que sin gracia no hay esperanza para tener relaciones saludables. El excelente camino del amor que nos muestra 1 Corintios 13 solo se puede lograr cuando la gracia opera en medio de las relaciones. Cuando recibimos la gracia de Dios en nuestras vidas, somos capaces de compartirla con nuestro prójimo. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para poner la gracia en acción.

Amados, si Dios así nos amó,
también nosotros debemos
amarnos unos a otros.” –
1 Juan 4:11

Cuando aplicamos la gracia a nuestras relaciones, tenemos muy presente nuestra propia imperfección y cuan propensas somos a pecar. Eso nos ayuda a apreciar de una manera práctica y activa la gracia y el perdón que hemos recibido de Cristo. Nos pone en la posición de mirar al esposo y a los hijos a través del lente de la gracia. Es así como podemos poner en acción el amor que todo lo cree, espera y soporta que nos enseña la Biblia. Dejamos de fijarnos en lo que consideramos los “defectos” de los demás, los perdonamos, pasamos por alto las pequeñeces sin hacer un escándalo por ellas, creemos y esperamos que Dios se manifieste en la vida de nuestros seres amados. Nos damos cuenta de que nosotras no podemos controlar ni cambiar al esposo o a los hijos, pero sí podemos expresarles el amor con el que hemos sido amadas por Dios (1 Juan 4:11).

A veces la persona a la cual más difícil se nos hace mostrar gracia es quien más la necesita. En los hogares, muchas veces se nos hace más fácil extender gracia a los hijos, pero cuando se trata del esposo, es otra historia. En muchas ocasiones, caminar en gracia, se tratará de examinarme a mí misma primero (Mateo 7:3), sacar la viga de mi ojo antes de señalar la paja que está en el ojo de mi esposo. Practicar la gracia en las relaciones no significa que se justifican los errores y “se le pasa la mano al pecado”, sino que acudimos continuamente a Dios, le reconocemos en medio de nuestras circunstancias para aplicar la verdad en amor (Efesios 4:15).

“¿Y por qué miras la paja
que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga
que está en tu propio ojo?” –
Mateo 7:3

Esto nos impulsa a crecer, a madurar. Te vas dando cuenta realmente de que no todo el mundo (el esposo, los hijos…) debería ser como tú, sino como Cristo. Esto provoca humildad, lo cual siempre es beneficioso para las relaciones (Filipenses 2:3). Reconocer y entender que solo Cristo es el modelo de la perfección es lo que nos llevará a vivir profundamente agradecidas y dependiendo de su amor inagotable para establecer matrimonios y hogares sólidos.

Ninguna relación tiene éxito sin la gracia de Dios operando en la misma. Solo a través de Su gracia, podemos ser pacientes, perdonar, pasar por alto las ofensas, humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Toda persona que ha estado en una relación a largo plazo (como lo son el matrimonio y la crianza de los hijos), sabe que todas estas cosas son necesarias para vivir armoniosa y amorosamente.

La Esposa y la Enseñanza Bíblica

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente
a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10

Hoy día, las mujeres recibimos una cantidad enorme de mensajes de todas las formas disponibles (revistas, TV, medios sociales, periódicos, blogs, etc.). Una gran cantidad de estos mensajes están dirigidos a enfocarnos en nosotras mismas, a desarrollar nuestra carrera profesional u oficio, a estudiar y mejorar nuestra apariencia física, entre otros. A simple vista, la mayoría de estos mensajes suenan positivos. Pero, necesitamos preguntarnos qué nos dice la Biblia.

Nuestra vida como esposas, madres y mujeres cristianas está dirigida por la Palabra de Dios, cuya enseñanza es superior a cualquier filosofía o pensamiento humano. Así que cada mensaje que llega a nosotras desde otra fuente que no sea la Biblia, debe ser examinado a la luz de las Escrituras. Mientras muchas publicaciones nos motivan a enfocarnos en nosotras mismas, la Biblia nos enseña a considerar a los demás en alta estima, a no hacer nada por egoísmo (Filipenses 2: 3-4). Muchos mensajes que recibimos de afuera menosprecian el trabajo doméstico, mientras que exaltan el que se persiga una carrera o negocio. Sin embargo, la Biblia nos enseña en Proverbios 31 que las prioridades de la mujer virtuosa son su matrimonio y su familia, aunque también está atenta a que sus negocios prosperen (Proverbios 31:18). El perseguir la belleza exterior es uno de los temas que más presente está en todas las publicaciones para mujeres. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la apariencia física es vana; que la mujer que honra a Dios es la que es digna de reconocimiento.

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria,
sino que con actitud humilde
cada uno de vosotros considere al otro
como más importante que a sí mismo,
no buscando cada uno sus propios intereses,
sino más bien los intereses de los demás.” – Filipenses 2:3-4

¿Qué dice la Biblia a la esposa? ¿A las madres? ¿A las mujeres? Con esas preguntas podemos ir a la Palabra y escudriñar, orando que nuestro corazón sea receptivo a recibir su enseñanza y aplicarla a nuestras vidas. Hay mucho que aprender en las Escrituras. Son una fuente inagotable de riqueza espiritual para nuestras vidas.

Nunca nos avergoncemos de seguir la enseñanza bíblica. El mundo podrá burlarse de que honramos el matrimonio, cuidamos nuestro hogar, amamos a nuestros hijos y les educamos con principios bíblicos, pero nosotras podemos descansar en la seguridad de que estamos haciendo lo correcto. Busquemos los ejemplos bíblicos de las mujeres que obedecieron a Dios, veamos el ejemplo de su vida, los resultados de su conducta y el legado que dejaron.

Seguir la enseñanza bíblica no significa que tenemos la vida resuelta o que somos perfectas, sino que no seremos influenciadas por cualquier “nueva” ideología o palabrería que el mundo nos presente. Tendremos la certeza de que estamos ancladas en la verdad eterna de Dios, la cual nos llevará a crecer espiritualmente, cuidar nuestros matrimonios y hogares, establecer relaciones saludables con el prójimo y vivir una vida fructífera. Puede que fallemos, puede que enfrentemos problemas en nuestro matrimonio o con nuestros hijos, pero podemos confiar en que la verdad de la semilla que hemos sembrado producirá fruto a su debido tiempo. En medio de las aflicciones, la enseñanza bíblica es que Jesús ha vencido al mundo. 

Así que no nos cansemos
de hacer el bien.
A su debido tiempo, cosecharemos
numerosas bendiciones
si no nos damos por vencidos. – Gálatas 6:9

Atesoremos la Biblia y demos gracias a Dios por la enseñanza que nos brinda a través de ella. Evaluemos cada mensaje a la luz de las Escrituras y esforcémonos por aplicar lo que enseñan. No nos cansemos de hacer lo correcto pues al hacerlo honramos a Dios y somos bendición a nuestra familia. La esposa virtuosa es la que aplica la enseñanza bíblica a todas las áreas de su vida.

La Esposa y la Verdad

“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio;
¿quién lo comprenderá?” – Jeremías 17:9

¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase: “Sigue tu corazón”? Puede parecer una frase bonita y hasta noble, sin embargo, nos lleva lejos de la verdad. La Biblia nos advierte que el corazón es engañoso porque puede ser influenciado por emociones y sentimientos que son pasajeros. Si “seguimos nuestro corazón” estaremos obedeciendo nuestros propios deseos y no la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios.

Estamos bombardeadas por mensajes, imágenes y conceptos que intentan continuamente alejarnos de la verdad. Nuestras propias emociones también pueden desviarnos de la verdad. Por ejemplo, puede que en determinado momento nos sintamos solas, pero la verdad más poderosa es que Dios está con nosotras y nunca nos desampara. Además, en ocasiones ocurre que nos aislamos en un sentimiento y nos privamos de ver todas las personas que Dios ha colocado a nuestro alrededor para mostrarnos su amor (esposo, hijos, padre, madre, hermanos y hermanas, amigas). Cuando nos dejamos llevar por nuestro engañoso corazón, podemos caer prisioneras de la depresión, la amargura y el resentimiento.

No imiten las conductas ni las costumbres
de este mundo, más bien dejen que Dios
los transforme en personas nuevas
al cambiarles la manera de pensar.
Entonces aprenderán a conocer
la voluntad de Dios para ustedes,
la cual es buena, agradable y perfecta.” – Romanos 12:2

Para mi cumpleaños, mi hija me regaló la biografía de Elisabeth Elliot, una de las mujeres virtuosas que admiro. Apenas estoy comenzando a leer el libro, pero en el primer capítulo, hubo algo que me impactó profundamente. La autora de la biografía relata que en los diarios de Elisabeth Elliot se pueden percibir muchas de las emociones que la embargaron durante su vida. Sin embargo, la pregunta central de Elisabeth no era “¿Cómo me hace sentir esto?”, sino, “¿Es esto verdad?” Si fuese verdad, la siguiente pregunta sería: “¿Qué necesito hacer sobre esto para obedecer a Dios?”

La realidad es que muchas veces damos rienda suelta a las emociones y se nos olvida confrontarlas con la verdad. Cuando decidamos hacerlo, reconociendo la Palabra de Dios como la verdad, podremos experimentar libertad. Nuestra relación matrimonial crecerá pues no le permitiremos a las emociones pasajeras regir nuestras interacciones con el esposo. Necesitamos la verdad de la Palabra guiando nuestras vidas y nuestros matrimonios. Solo Dios conoce y escudriña el corazón, solamente Él puede dirigirlo.

“Si vosotros permanecéis
en mi palabra,
verdaderamente
sois mis discípulos; 
y conoceréis la verdad,
y la verdad os hará libres.” – Juan 8:31-31

El corazón no te llevará por buen camino, porque solo Cristo es el camino, la verdad y la vida. Lidiar con nuestros sentimientos puede ser frustrante y dificultoso, pero la Biblia está repleta de herramientas eficaces para vencer todo lo que nos quiere alejar de la verdad. Podemos recurrir a la Palabra continuamente. También podemos aprender a recordarnos la verdad nosotras mismas y dejar que otros nos la recuerden. Apreciemos y agradezcamos cuando el esposo nos recuerda la verdad, cuando mamá o una hermana en la fe nos dirige a mirar a Cristo en medio de las situaciones de la vida. Hay gran gozo y libertad en vivir y compartir la Verdad que se nos ha dado a conocer.

La Esposa – Crianza Bíblica II

“Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti,
la cual habitó primero en tu abuela Loida
y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” –
2 Timoteo 1:5

El tema de la educación sobre valores y principios es uno que genera mucha controversia en el presente. Sin embargo, cuando vamos a la Palabra, encontramos que Dios ha determinado que sea en el hogar donde se transmita la fe a los hijos y se les inculquen valores y principios.

La madre es parte fundamental del desarrollo de cada hijo o hija. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo menciona por sus nombres a una abuela y a una madre que se encargaron de transmitir la fe a Timoteo. Éste fue uno de los fieles colaboradores de Pablo que se convirtió en pastor. Loida, la abuela y Eunice, la madre de Timoteo fueron intencionales, responsables y activas en modelar y enseñar la fe sincera que ambas tenían. Timoteo fue bendecido por un legado mucho mayor que una herencia material.

Puede que pensemos que estamos muy lejos de la perfección como para ser un ejemplo para nuestros hijos e hijas, pero en Cristo hallamos la gracia que nos restaura y nos capacita para poder guiarles y testificarles.

Estos son los dichos sabios con los que la mamá al rey Lemuel le enseñaba…” – Proverbios 31:1

La madre del “Rey Lemuel” en Proverbios 31, dedica la escritura de este capítulo a instruir a su hijo, a aconsejarle, equipándolo para la vida. Ella le enseña sobre valores tan importantes como la fidelidad, el amor al prójimo, el temor a Dios y cómo estos influyen sobre las relaciones. Indudablemente, ella no fue perfecta, pero anhelaba que la siguiente generación no cometiera los mismos errores que quizás ella y su esposo habían cometido, sino que tuvieran un fundamento sólido sobre el cual edificar sus propias familias. Esto no significa que nuestros hijos nunca cometerán errores si los criamos sobre las bases de los principios y valores bíblicos, pero sí que conocerán que en Cristo encontrarán la gracia suficiente para ser perdonados, restaurados y fortalecidos para volver a comenzar.

En la carta del apóstol Pablo a Tito, en la cual le instruye sobre el cuidado a la Iglesia, encontramos también que las mujeres tienen un papel esencial en la enseñanza. En el capítulo 2, habla sobre cómo “las ancianas” están llamadas a enseñar y a ser un ejemplo para las mujeres más jóvenes (Tito 2:3-5). Hemos aprendido que “anciana” no tiene solamente que ser una mujer de edad avanzada, sino toda mujer que es mayor que otra, y eso nos aplica a todas. Así que estamos llamadas a ser una influencia para otras. Pero ¿qué tipo de influencia? Dios nos llama a modelar los valores bíblicos que distinguen a una mujer cristiana. En primer lugar, debemos hacerlo con nuestras hijas, sobrinas, nueras y orar por ellas continuamente, siendo misericordiosas y compasivas, sin dejar de mostrarles la enseñanza bíblica.

“No nos cansemos
de hacer el bien, porque
a su debido tiempo cosecharemos
si no nos damos por vencidos.” – Gálatas 6:9

Sin duda, la crianza bíblica presenta retos e inclusive oposición en nuestros días, pero cuando la seguimos rinde buen fruto. Es tiempo de permanecer firmes y no desmayar. Nuestro rol de madres no se acaba cuando los hijos se van de la casa, simplemente cambia. Nunca dejamos de orar por los hijos, nunca dejamos de amarlos, nunca dejamos de anhelar que puedan cumplir el propósito de Dios para sus vidas y caminar en Su verdad. Así que, nunca dejemos de darles ejemplo, de hablarles la Palabra con sabiduría. Dios es fiel. A su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.

La Esposa y la Crianza Bíblica

Entonces Manoa oró al Señor diciendo: «Señor, te pido que el hombre de Dios vuelva a nosotros y nos dé más instrucciones acerca del hijo que nacerá». – Jueces 13:8

Hace un tiempo, leyendo la Biblia en el libro de Jueces 13, me impactó el versículo 8 en el cual Manoa (padre de Sansón) hace una oración a Dios para implorar que se les diesen instrucciones sobre cómo criar al niño que Dios les había prometido a él y a su esposa. En aquellos tiempos, ellos no tenían disponible los escritos de Moisés y mucho menos un ejemplar de la Biblia, pero reconocieron que necesitaban la instrucción de Dios para la crianza de su hijo. Fueron humildes y clamaron a Dios, quien contestó su oración y le envió a su ángel para que les diera instrucciones. Sin duda, tiene que haber sido una experiencia maravillosa que marcó sus vidas.

Mucha gente dice que los niños no vienen con un manual de instrucciones, pero la realidad es que tenemos la Biblia, en la cual se nos instruye cómo criar a nuestros hijos. Hoy día contamos con la bendición de tener la Biblia disponible en una gran cantidad de formatos que facilitan su accesibilidad. Los valores y principios esenciales para que un niño se desarrolle en un una persona sana, exitosa y productiva, se encuentran en la Palabra de Dios. Por eso es sumamente importante que acudamos a ella continuamente mientras nuestros hijos crecen.

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.
Incúlcaselas continuamente
a tus hijos.
Háblales de ellas
cuando estés en tu casa
y cuando vayas por el camino,
cuando te acuestes
y cuando te levantes.”
Deuteronomio 6:6-7

Existe una gran cantidad de libros y material cristiano sobre la crianza de los hijos. Son recursos que también podemos utilizar como complemento, sin olvidar la superioridad de la Biblia.

Puede que, como ocurrió con Sansón, nuestros hijos se desvíen del camino cuando crezcan, lo cual puede ocasionar que nos llenemos de dudas y de ansiedad. Pero necesitamos confiar en el poder de la Palabra que hemos sembrado en la mente y el corazón nuestros hijos, porque en el momento de Dios, rendirá frutos. Al final, Sansón terminó cumpliendo el propósito de Dios.

Todas las que somos madres, hemos enfrentado períodos de gran preocupación por nuestros hijos por diferentes razones. Algunos se apartan del camino, otros atraviesan situaciones difíciles, otros enfrentan enfermedades y problemas que les hacen dudar de su fe. Pero necesitamos recordar al Padre Expectante y al Hijo Pródigo. Si estuviéramos en el lugar del padre expectante, seguramente hubiésemos tenido cientos de preguntas. Sin embargo, algo maravilloso que nos muestra esta parábola de Jesús es que cuando el hijo pródigo estaba perdido, Dios permitió que volviera en sí y recordara la casa de su padre, el lugar donde fue criado, donde recibió enseñanza y ejemplo. ¡Eso le hizo regresar a los brazos de su padre!

Entonces, volviendo en sí, dijo:
«¡Cuántos de los trabajadores de mi padre
tienen pan de sobra,
pero yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:
“Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;
hazme como uno de tus trabajadores”».
Y levantándose, fue a su padre. – Lucas 15:17-20

Necesitamos entender que, junto al esposo, solo podemos “sembrar” la buena enseñanza en los corazones de nuestros hijos, pero no tenemos el poder de dar el crecimiento. Solamente Dios puede hacer germinar y crecer la semilla de la Palabra. Confiar en Dios requiere que nos demos cuenta de que no depende de nosotros, sino que Dios es el que se encarga de obrar a su tiempo en la vida de cada hijo. Eso no significa que dejamos de orar por ellos, de pedir a Dios sabiduría y dirección para aconsejarles y relacionarnos con ellos saludablemente.

La responsabilidad de educar a los hijos en el temor de Dios es de los padres y madres, y es una responsabilidad indelegable. El padre y la madre son las personas a las cuales Dios ha otorgado el poder de ejercer una influencia sobre los hijos como ninguna otra en el mundo. Nuestro anhelo debe ser utilizar esa influencia para encaminar a los hijos en el camino que Dios ha trazado para ellos. A lo largo de toda la vida, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser ejemplo y llevar a nuestros hijos e hijas a la Palabra de Dios. Oremos que Dios nos ayude a hacerlo así, sin importar la edad que tengan.

La Esposa y el Reposo

“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar.” – Mateo 11:28

Si bien es cierto que nuestros cuerpos se agotan por la rutina de trabajo diaria y las tareas que se van añadiendo a lo largo del día, nuestra mente también puede estar agobiada por un sin número de situaciones. El agotamiento, tanto físico, mental como emocional es una realidad que muchas esposas enfrentan.

La esposa puede tener la tendencia a ocuparse de lo que le corresponde, pero además, tomar a su cargo responsabilidades de otras personas. Es entonces cuando comienza a sobrecargarse emocional y mentalmente. La falta de descanso y de límites en cuanto a lo que puede alcanzar en su rutina diaria, produce agotamiento. A eso se le añaden las preocupaciones por las diferentes situaciones personales y familiares.

La necesidad de reposo es esencial. Diariamente, hay que dedicar un tiempo a descansar. Nuestro cuerpo lo necesita, pero nuestra mente también. El salmista exhorta a su alma a reposar en Dios porque en Él hay esperanza.


“Alma mía, en Dios solamente reposa,
porque de Él es mi esperanza.” –
Salmo 62:5

Dedicar un tiempo diario a la oración y meditar en la Palabra es esencial para renovar nuestro espíritu. Esto nos ayuda a llevar nuestras cargas emocionales al Señor. Podemos descansar y experimentar la paz de Dios durante nuestro tiempo devocional. Eso nos brinda esperanza en medio de las dificultades que enfrentamos en la vida.

Además, necesitamos sacar períodos de tiempo para retirarnos con nuestra familia para disfrutar, compartir y reposar alejados del ajetreo de la rutina diaria.

Algo con lo que he tenido que lidiar es el sentirme tan atareada por los trabajos diarios y agobiada por diferentes preocupaciones, que a veces me siento culpable por tomar un descanso. La realidad es que en medio de todo, agradezco a Dios porque me ministra a través de la lectura diaria de la Palabra y me ayuda a reposar en Él mediante la oración. Es de esa manera que puedo vencer cualquier sentido de culpa que intente acusarme por la necesidad de reposar.

Es tan gratificante tomar un tiempo de reposo junto a la familia después de un largo período de mucho trabajo. Sea que los hijos sean pequeños, adolescentes o jóvenes adultos, poder compartir con ellos junto al esposo es una bendición.

Aprovechemos los tiempos de reposo que Dios nos regala junto a nuestra familia. A veces puede significar un rato conversando con los hijos; otras veces puede ser una caminata tranquila con el esposo, orar juntos o leer una reflexión familiar. Esos tiempos nos proveen descanso y son de beneficio para el alma y el espíritu.

“Así quedaron terminados los cielos y la tierra,
y todo lo que hay en ellos.
Al llegar el séptimo día,
Dios descansó porque había terminado

la obra que había emprendido.” –
Génesis 2:1-2

Dios nos enseñó la importancia del descanso desde el Génesis. Él trabajó en la creación y luego, dice la Biblia, que descansó. En el Nuevo Testamento, Jesús también nos invita a descansar en Él y nos ofrece su paz para que podamos entrar en su reposo, reconociendo que Él tiene cuidado de nosotras. Te invito a meditar sobre esto, y evaluar si estás dedicando tiempo a descansar para renovar tus fuerzas, tanto físicas, como emocionales y espirituales.