La Esposa – Lidiando con la Inseguridad

Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor… Salmo 78:53

Desde mi niñez me han gustado mucho las historias bíblicas. Mis padres nos leían devocionarios para niños con historias de diferentes hombres y mujeres de la Biblia, lo cual despertó en mí ese interés de aprender sobre la fe a través de los retos que cada uno de ellos enfrentó. Por eso, en estos días, pensando sobre el tema de la inseguridad, llegaron a mi mente los nombres de varias mujeres de la Biblia, cuyas historias nos enseñan y fortalecen nuestra fe.

¿Por qué he estado pensando sobre el tema de la inseguridad? Muchas mujeres batallamos con sentimientos de inseguridad a lo largo de nuestras vidas. Inseguridad sobre nuestra apariencia, inseguridad sobre la carrera que debemos estudiar y nuestra habilidad para desempeñarla, inseguridad sobre nuestro llamado, inseguridad sobre nuestro rol como esposas y madres, entre otros. La inseguridad puede atacarnos en diferentes etapas de la vida, sin importar cuán experimentadas o maduras creemos que somos.

Esto me llevó a pensar cómo debió haberse sentido Sara cuando Abraham le dijo que salieran de su tierra y parentela para ir a una tierra prometida por un Dios desconocido para ella en ese momento. También pensé en Rut, la moabita, y cuánta incertidumbre debió experimentar luego de quedar viuda y cuando decidió acompañar a su suegra Noemí hacia Belén, donde sería una extranjera. Luego la historia de Ester llegó a mi mente, huérfana, llevada a la casa real sin revelar que era judía, puesta en una posición estratégica y peligrosa para salvación de su pueblo de procedencia. Es imposible pensar en incertidumbre sin que llegue a la mente la vida de María de Nazaret, virgen, desposada para casarse y recibe la visita de un ángel con un anuncio de algo que es imposible, ella dará a luz al Mesías prometido.

Entonces María dijo:
He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo conforme a tu palabra.
Y el ángel se fue de su presencia. – Lucas 1:38

Si tan siquiera tratamos de imaginar cómo se debieron haber sentido estas mujeres, pudiéramos estar de acuerdo que, en algún momento, la inseguridad o la incertidumbre se asomó a sus corazones. Pero cada una de ellas tuvo una respuesta a la inseguridad que nos enseña una valiosa lección. Esa respuesta fue la obediencia. Sara respondió en obediencia al llamado de Dios hacia su esposo para encaminarse lejos de su tierra y de su familia. Rut obedeció al llamado de Dios a su corazón para trasladarse a una tierra extranjera para ella y estuvo dispuesta a seguir el consejo de su suegra, una mujer mayor que conocía a Dios. Ester obedeció a Mardoqueo, su padre de crianza y siguió sus instrucciones para convertirse en reina del imperio persa y llevar a cabo un rol esencial en la liberación de los judíos de una sentencia de muerte. María le creyó a Dios y obedeció a su llamado para portar en su vientre al Mesías prometido y siguió obedeciendo cuando Dios le dio instrucciones específicas a su esposo José para guardarlos del peligro a ella y al niño Jesús.

La respuesta a nuestra batalla contra la inseguridad está en la Palabra, está en las historias de estas mujeres y tantas otras historias más que podemos encontrar al leer la Biblia. La respuesta es obedecer a Dios, aunque tengamos miedo o sintamos incertidumbre. La respuesta es confiar en Él por encima de nuestras emociones y sentimientos. Cuando obedecemos los principios bíblicos, podemos tener seguridad porque están fundamentados en nuestro Dios soberano que conoce todas las cosas desde la eternidad hasta la eternidad.

Pero el Señor ha sido
mi baluarte,
y mi Dios la roca de mi refugio. –
Salmo 94:22

Así que, en medio de nuestras inseguridades actuales, podemos confiar en la Palabra de Dios. Podemos buscar su instrucción sobre las cosas que nos preocupan, obedecer y descansar en que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Podemos estar seguras de que Él es refugio en la adversidad y que, aunque no conozcamos cómo se resolverán las cosas, Su Palabra no retorna atrás vacía. Algo bueno aprenderemos y un ejemplo dejaremos. Obedecer a Dios no siempre será fácil, pero siempre será la respuesta correcta.

La Esposa – Conforme al Diseño Bíblico

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente,
y con toda tu fuerza.”
– Marcos 22:30

En la actualidad, el matrimonio es visto por muchos como una institución anticuada que le priva de su libertad y que es especialmente desventajosa para las mujeres. Sin embargo, lo que la Biblia establece sobre el matrimonio desde el principio es que está diseñado para ser una relación única, cuya entrega y unidad reflejan el grandioso cuadro de Cristo y su Iglesia. Nos han llenado la cabeza de que lo que realmente necesitamos es hacer lo que queremos cuando queremos y que debemos amarnos a nosotras mismas sin medidas, sobre todas las cosas. Pero la Biblia nos enseña persistentemente que es a Dios a quien tenemos que amar sobre todas las cosas y Jesús nos da el mandato de amar a otros como Él nos amó.

El mundo está tratando continuamente de cambiar las definiciones para acomodarnos a una agenda contraria a la Palabra de Dios, una agenda que a fin de cuentas está marcada por la auto indulgencia y el egoísmo. Necesitamos estar apercibidas y crecer en el conocimiento de la verdad para que no nos amoldemos a la forma del mundo actual, sino que sigamos siendo transformadas para hacer la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

“No se amolden al mundo actual,
sino sean transformados mediante
la renovación de su mente.
Así podrán comprobar cuál es
la voluntad de Dios,
buena, agradable y perfecta.” – Romanos 12:2

Como mujeres cristianas estamos llamadas a ver el matrimonio conforme al diseño bíblico. El Creador del matrimonio es Dios, Él lo diseñó, Él estableció su propósito y conoce cómo funciona. Su manual de instrucciones es la Biblia, en la cual hay un caudal de conocimiento para poder establecer una relación matrimonial sólida, que glorifica Su nombre.

El matrimonio no se trata de nosotras, ni de nuestra conveniencia. Ser esposa conforme al modelo bíblico te llevará a no vivir para ti misma. Cuando decides vivir conforme al diseño de Dios, entiendes que no se trata de ti y buscas el bien de la relación, dejas de ponerte en primer lugar, porque yo no eres tú sola, ahora estás unida al esposo y son uno. Esa realización le da un sentido muy diferente a lo que el mundo está presentando continuamente. No es una batalla, no es una lucha de poder para ver quien logra imponer su criterio. Somos uno, esposa y esposo, de gran valor, profundamente amados por Dios, unidos para reflejar al mundo Su gloria.

Ver esto en nuestro propio matrimonio produce un cambio maravilloso. Al madurar en la relación junto a mi esposo a través de los años, podemos apreciar significativamente ese sentido de unidad y de valor que Dios nos ha dado. Había cosas que al principio nos incomodaban porque eran distintivas de cada uno, pero hemos aprendido que en ellas nos podemos complementar. Dios nos sigue enseñando en el proceso a detectar cualidades que apreciar y emular para servirnos mutuamente. Después de 27 años seguimos aprendiendo y eso es bueno porque da vida a nuestro matrimonio. Somos uno para un propósito mayor que nosotros: la gloria de Dios.

“¡Al fin! —exclamó el hombre—.
¡Esta es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!” –
Génesis 2:23

Cuando el matrimonio estaba siendo creado, Adán mira a Eva y su exclamación habla de unidad. Ella es hueso de sus huesos y carne de su carne. Y esa unidad está diseñada para que mostremos al mundo cuán grandioso es Dios. Que, como esposas, podamos deleitarnos en el diseño bíblico y celebremos la unidad. Que busquemos cada día en la fuente de la Palabra de Dios, la guía para relacionarnos con el esposo y los hijos. Que junto al esposo establezcamos un hogar bien fundamentado que no podrá ser derribado por las ideas pasajeras del mundo.

La Esposa – Frente a las Transiciones de la Vida

Luego Dios dijo: «No está bien que el hombre esté solo.
Voy a hacerle alguien que lo acompañe y lo ayude». – Génesis 2:18

La vida matrimonial tiene diferentes etapas… Recién casados, criando niños pequeños, carrera profesional y/o ministerio, adolescencia de los hijos, estudios universitarios de los hijos, cuidar de los padres y/o familiares mayores, casamiento de los hijos, nido vacío, entre otras. Mientras escribía esta lista, me fijaba cómo parecería que las únicas que tienen que ver exclusivamente con la pareja son la primera (recién casados) y la última (nido vacío).  Pero la realidad es que Dios diseñó el matrimonio para que los cónyuges se acompañen por el camino mientras enfrentan juntos los desafíos de cada etapa de la vida.

Hay parejas que descuidan su relación matrimonial mientras atraviesan las diferentes transiciones que la vida trae consigo y cuando se les queda el nido vacío, sienten que no tienen nada en común. Por eso es importante nutrir la relación matrimonial durante todo el trayecto de la vida, no solo cuando son recién casados. Las transiciones son inevitables a lo largo de la vida, pero son mucho más llevaderas cuando caminamos unidos como matrimonio.

Los votos matrimoniales que una pareja repite durante la ceremonia nupcial clásica mencionan varias de las transiciones desafiantes que puede enfrentar un matrimonio a lo largo de la vida, como la salud y la enfermedad, la abundancia y la escasez. La promesa que se hacen los novios es que se mantendrán unidos frente a todas las circunstancias. El cultivar esa unidad redundará en beneficio para la pareja, pues desarrollarán un valioso vínculo para lidiar con los retos como aliados y compañeros. Su amistad crecerá y la conexión entre ambos será cada vez más fuerte. Dios es glorificado cuando un matrimonio refleja unión. Su Palabra continuamente nos exhorta a acercarnos a Él. En el matrimonio también debemos procurar acercarnos al esposo.

Acérquense a Dios,
y Dios se acercará a ustedes. – Santiago 4:8

Algunas transiciones pueden ser más difíciles de enfrentar que otras. En mi caso, no esperaba que la transición en la que estamos entrando mi esposo y yo, se me hiciera tan difícil. Nuestra hija acaba de empezar a hospedarse para continuar su carrera cerca de la universidad y nuestro hijo se va a casar dentro de tres meses. No somos padres perfectos, pero hemos disfrutado ver crecer a nuestros hijos, sus ocurrencias, los juegos, los paseos y los tiempos en familia, verlos desarrollarse, enseñarles valores y principios bíblicos, reír y llorar juntos, aprender con ellos y de ellos. Es una aventura maravillosa… no quisiera que termine. Sé que siempre seremos sus padres y siempre serán nuestros hijos. Pero entiendo que estamos pasando a otra etapa como padres y aunque me causa un poco de tristeza, tengo la seguridad de que caminaré esta nueva etapa junto a mi esposo, manteniendo firme nuestro compromiso como matrimonio y como padres a lo largo de la vida.

La belleza de la unidad está clara desde el Génesis cuando Dios creó a Eva como una compañera idónea para Adán porque Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. Leemos más adelante sobre todo lo que juntos enfrentaron Abraham y Sara. La historia de Rut y Booz también nos muestra la hermosura de la unión. En el Nuevo Testamento, María y José son testimonio de cómo Dios bendice a los matrimonios que honran su pacto de unidad frente a las adversidades. Y en Efesios, el apóstol Pablo compara la unión del esposo y la esposa con la de Cristo y su Iglesia (Efesios 5:31-32).

Dice la Biblia: «Por eso el hombre deja
a su padre y a su madre, y se une a su mujer,
para formar un solo cuerpo.»
Ésa es una verdad muy grande,
y yo la uso para hablar
de Cristo y de la iglesia. – Efesios 5:31-32

Las transiciones siempre llegarán, pero no tenemos que enfrentarlas solas. Procuremos la unidad con el esposo, para poder llevar las cargas juntos, pero también para celebrar las victorias, para disfrutar la vida y la familia que Dios nos ha dado. Sean cuales fueren las circunstancias, podemos tener la seguridad de que, por la gracia de Dios, nos mantendremos unidos hasta que la muerte nos separe. Contar con alguien así de por vida, es un valioso regalo de Dios.

La Esposa – Por el Camino Excelente

“El amor siempre está listo para creer lo mejor de los demás…” 1 Corintios 13:7 (Biblia Amplificada)

El pasaje de 1 Corintios 13:4 -7 es uno que he leído en numerosas ocasiones, lo he escuchado en canciones, estudios bíblicos y junto a mi esposo hemos recomendado a parejas que lo lean y mediten sobre él. Leer una porción en diferentes versiones de la Biblia puede ser de gran ayuda para entender un pasaje más ampliamente. El conocido pasaje de los versos 4 al 7 de 1 de Corintios 13 en la Biblia Amplificada nos ayuda a comprender mejor lo que implica el amor como allí se describe. Lo comparto a continuación para beneficio de quienes leen: 4 El amor es perdurable, es paciente y bondadoso, el amor nunca es envidioso ni rebosa de celos, no es jactancioso ni vanaglorioso, no se muestra altivo. 5 No es engreído (soberbio e inflado de orgullo); no es grosero (descortés) y no actúa indebidamente. El amor (el amor de Dios en nosotros) no insiste en sus propios derechos o en su propio camino, porque no es egoísta; no es quisquilloso o irritable o resentido; no tiene en cuenta el mal que se le ha hecho [no presta atención a un mal sufrido]. 6 No se regocija por la injusticia y los atropellos, sino que se regocija cuando prevalecen el derecho y la verdad. 7 El amor soporta cualquier cosa y todo lo que venga, *está siempre dispuesto a creer lo mejor de cada persona, sus esperanzas no se desvanecen frente a las circunstancias y todo lo soporta [sin debilitarse]. *énfasis añadido

” En el amor no hay temor,
sino que el perfecto amor
echa fuera el temor…” –
1 Juan 4:18

Me llama la atención la parte resaltada de estos versículos en el párrafo anterior porque en el matrimonio es importante practicar esta enseñanza sobre el amor. Necesitamos examinarnos y hacernos la pregunta: ¿Creemos lo mejor del esposo? ¿Tenemos un buen concepto de él? ¿Saltamos a conclusiones no confirmadas ante cualquier situación que nos provoca incomodidad? Debido a la familiaridad en el matrimonio, no siempre creemos lo mejor del esposo. Nuestra mente se llena de dudas (actuando indebidamente) y asumimos que olvidó hacer algo por la razón negativa que se nos ocurra, sin esperar el momento de hablar con él para corroborar lo sucedido. Puede que en ocasiones critiquemos al esposo, ya sea en nuestros pensamientos, hablando entre dientes o inclusive expresándolo a él mismo a otras personas. Recordemos que el amor perfecto de Dios echa fuera todo temor (1 Juan 4:18) y es temor lo que nos hace muchas veces dudar.

¿Cómo podemos creer lo mejor del esposo? En primer lugar, necesitamos seguir el mandato de Jesús de amar como Él nos amó (Juan 15:12). Solamente ese amor es capaz de superar nuestras debilidades y las de nuestro prójimo (el esposo). Para lograr esto, es necesario conocer a Dios a través del estudio de Su Palabra, la meditación y la oración. Tenemos que aprender a aplicar lo aprendido a nuestras vidas y ponerlo en práctica en la vida diaria. En segundo lugar, debemos entender que el camino más excelente que nos muestra el Apóstol Pablo en 1 Corintios 13 requiere de entrega, sacrificio y abnegación. El excelente camino del amor es preeminente, es decir que está colocado en un lugar superior. Dios es amor y nosotros podemos amar verdaderamente porque Él nos amó primero (1 Juan 4: 7-21). El matrimonio fue diseñado por Dios para que sea un reflejo del amor de Cristo por la Iglesia. El matrimonio que obedece el mandato bíblico glorifica a Dios.

Este es mi mandamiento:
que os améis los unos
a los otros,
así como yo os he amado. –
Juan 15:12

Cuando creemos lo mejor del esposo y se lo expresamos a menudo estamos afirmando los dones, talentos y habilidades que Dios le dio. Esto fortalece la conexión con el esposo y les dará esperanza en los momentos de dificultad, porque él sabrá que confías en el amor que Dios le ha dado para compartir y juntos podrán vencer. El amor del que nos habla la Biblia no deja de ser. Cuando lo ponemos en práctica en el matrimonio, vemos que la relación comienza a madurar porque ya no estamos centradas en nosotras mismas, no actuamos indebidamente, evitamos ser quisquillosas, sino que, en lugar de eso, mostramos bondad, paciencia, amabilidad y perseverancia. Podemos estar seguras de que al hacer esto, estamos andando por el camino más excelente.

El Apoyo de la Esposa

Es mejor ser dos que uno,
porque ambos pueden ayudarse mutuamente
a lograr el éxito. – Eclesiastés 4:9

Esta tarde, mi vista se detuvo en un pequeño cuadro que tengo en mi habitación en el que está escita la primera parte de Eclesiastés 4:9. Me resultó curioso cómo Dios nos inspira con Su Palabra aún en los momentos cotidianos pues llevo varios días pensando en escribir sobre el tema del apoyo para esta publicación. Este versículo de Eclesiastés, el cual luego busqué para leer en contexto y en diferentes versiones de la Biblia, es definitivamente uno en el que la Biblia resalta la importancia de apoyarnos mutuamente.

En el matrimonio, el apoyo mutuo de los cónyuges es fundamental para que la relación crezca y se fortalezca. En el diseño de Dios para la esposa, el apoyo es una de las características principales pues la mujer fue creada como ayuda idónea (Génesis 2:18). La cultura actual rechaza y ridiculiza el término “ayuda idónea”, porque desconocen lo que realmente significa. La palabra utilizada originalmente para describir a la mujer como ayuda idónea (“ezer kenegdo”) también se utiliza para referirse a un atributo de Dios en diferentes partes de la Biblia (Salmo 121:1-2, Salmo 33:20 y Salmo 70:5). Por lo tanto, podemos entender que cuando se le llama “ayuda idónea” a la esposa, de ninguna manera se le está denigrando. Se nos da el privilegio de reflejar la imagen de Dios en forma de servicio y abnegación (en la pasada publicación La Esposa Fructífera, se escribió sobre el tema del valor de la misión de la esposa).

“Si uno cae,
el otro puede darle la mano
y ayudarle;
pero el que cae
y está solo, ese sí
que está en problemas.”
– Eclesiastés 4:10

Aclarado este punto,* entonces ¿qué significa para el matrimonio el apoyo de la esposa? Según lo que leemos en Eclesiastés 4: 9 al 12, significa obtener mayor fruto en lo que emprendan, significa que estarás ahí para levantar al esposo cuando su ánimo decaiga, que serás el hogar cálido para él en las noches difíciles, significa que confiando en Dios juntos saldrán victoriosos cuando enfrenten dificultades. Verso por verso, esta porción bíblica nos da una imagen clara de lo que implica el apoyo en el matrimonio.

He tenido poderosos ejemplos de esposas apoyando a sus esposos a lo largo de mi vida. Mis abuelas, ambas fueron fieles y abnegadas para con sus esposos y sus familias. Mi abuela materna una vez me contó que ella se iba con mi abuelo a ayudarlo en “la tala” (el huerto) lo más que pudo. Digna de admirar, mi abuela (que tiene 105 años), no solo se ocupaba de las labores domésticas, sino que también mostraba apoyo a mi abuelo en su ocupación de agricultor para el sostenimiento de la familia. Hasta sus últimos días en esta tierra, mi abuelo (que ya partió al Hogar Celestial), demostraba su amor constante por mi abuela. El apoyo brindado por su esposa rindió fruto de gratitud y fidelidad hasta el fin. Estuvieron casados por más de 70 años.

Mi madre también ha sido un gran ejemplo de apoyo al esposo. Ella estuvo dispuesta a seguir el llamado que Dios había hecho a su esposo para el Pastorado. Dejó su profesión para dedicarse al hogar y al ministerio a tiempo completo por largos años. Sembró en mis hermanos y en mí el amor por Dios y por Su Palabra junto a mi padre. Ella es su fiel editora en todo el material que escribe mi papá para las clases bíblicas y lo ayudó cuando publicó Principios de Vida en el Libro de Proverbios.

Agradezco a Dios por mis tías que siguieron el ejemplo de sus madres al ser esposas abnegadas y fieles. Mujeres que han demostrado que, tanto en la abundancia como en la escasez, tanto en la salud como en la enfermedad, tanto en las buenas como en las malas, se permanece firme. Pude visualizar la veracidad de los votos matrimoniales y el gran significado que tiene el apoyo en el matrimonio.

“Uno solo puede ser vencido,
pero dos se defienden mejor.
Es que la cuerda de tres hilos
no se rompe fácilmente.” – Eclesiastés 4:12

Somos llamadas a ser uno con el esposo, no a estar en competencia con él. Cuando nos unimos, trabajamos juntos y nos apoyamos, experimentamos crecimiento en la relación matrimonial. Nuestro matrimonio se fortalece cuando aplicamos los principios de la Palabra de Dios y lo reconocemos a Él continuamente como el centro y el que sostiene nuestra unión.

*Puedes buscar información adicional sobre este tema en los libros Mujer Verdadera 101 y Adornada (ambos por la autora Nancy Leigh DeMoss).

La Esposa Fructífera

“Tu esposa será como una vid fructífera,
floreciente en el hogar.” – Salmo 128:3NTV

Recientemente, leí una corta reflexión sobre el Salmo 128:3 que impactó e inspiró mi corazón. La reflexión invitaba a meditar en la enseñanza que conlleva este versículo, el cual nos llama a una vida fructífera. Cuando estudiamos la Palabra de Dios, comenzamos a entender que la misión de la esposa es una de gran valor y estima. Poner lo aprendido en acción es lo que nos llevará a dar fruto (Santiago 1:25).

En Génesis 1:28, encontramos la primera mención del llamado a ser fructíferos que se les da a la primera pareja, Adán y Eva, al ser creados por Dios. ¿Qué nos quiere decir esto además de lo obvio, que sería la procreación de hijos? Junto al esposo, estamos llamadas a dar fruto en el hogar, a multiplicarnos, al hacer de nuestros hijos discípulos que vivan para honrar y servir a Dios.

“Luego Dios los bendijo
con las siguientes palabras:
Sean fructíferos y multiplíquense.
Llenen la tierra
y gobiernen sobre ella.” –
Génesis 1:28

Nuestra misión en el hogar requiere que dependamos plenamente de Dios y de su Palabra. El trajín diario, las demandas de la vida, las responsabilidades y quehaceres pueden sobrecargarnos si no estamos afianzadas en la Palabra de Dios. Cada día necesitamos de Él, de su gracia y sabiduría para dar fruto de amor, alegría y paz en nuestro hogar.

Otro detalle del verso 3 del Salmo 128 es que nos compara con una vid. En la reflexión que leí, decía que “en la soleada y calurosa tierra de los tiempos bíblicos, una vid daba sombra y resguardo”. Esta analogía nos lleva a pensar que nuestro ministerio es servir de amparo y refugio a nuestra familia. Que cuando el esposo necesite aliento, pueda recurrir a la esposa. Que cuando los hijos necesitan consuelo y oración, puedan recurrir a los brazos de su madre.

Otro adjetivo que encontramos en el Salmo 128:3 es “floreciente”, lo cual significa que florece, prospera, se desarrolla, es favorable y venturosa. Esto me hace pensar en la mujer virtuosa de Proverbios 31:10-31, una mujer que da bien y no mal cada día de su vida, una esposa confiable, una mujer hacendosa, que cuida de su familia y administra bien su hogar, trabajadora y emprendedora.

“Mujer virtuosa,
¿quién la hallará?
Porque su estima
sobrepasa largamente
a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10

Cuando Dios nos hace un llamado, Él nos da las habilidades necesarias y nos provee las herramientas para que lo llevemos a cabo para su gloria. Mientras maduramos y crecemos como cristianas, también vamos aprendiendo a cumplir nuestro llamado de la manera que a Dios le agrada. Todas tenemos áreas en las que necesitamos crecer aún, pero Él nos ha dicho: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad» 2 Corintios 12:9.

Tenemos la Biblia a nuestro alcance de tantas y diferentes maneras que podemos aprovechar para leerla, estudiarla y crecer. Podemos orar con la confianza de que Dios nos escucha en cualquier momento y en todo lugar, con un acceso libre para pedirle que nos ayude a llevar una vida fructífera en nuestros hogares. Que podamos sembrar la semilla del Evangelio en los corazones de nuestros hijos con la certeza de que el crecimiento lo da Dios. Que nuestro hogar sea uno lleno de fruto que alimenta el alma de nuestra familia con la esperanza que solo el amor de Cristo puede brindar.

La Esposa – Honrando a los Padres

“Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.” – Efesios 6: 2-3

El pensar en la celebración del Día de los Padres, me inspiró a escribir sobre el tema de honrar a los padres. El honrar a los padres y madres es un mandamiento bíblico que contiene una promesa de bienestar y larga vida. Honrar a los padres es algo que debemos hacer durante toda la vida y nos concierne como hijas y como esposas.

¿De qué forma nos concierne como esposas? La esposa honra a sus padres, cuando vive de acuerdo con los principios y valores que le enseñaron durante su crianza, cuando obedece lo que enseña la Palabra de Dios y vive para ser una mujer virtuosa que glorifica Su nombre.

Como esposas, somos las que damos el ejemplo a los hijos para que honren a su padre. Estamos llamadas a respetar al esposo (Efesios 5:33), por lo tanto, nuestra actitud se verá reflejada en la actitud de los hijos hacia su padre. Cuando honramos al esposo, mostrando amabilidad, bondad y respeto, los hijos aprenden a honrar a su padre. En un hogar donde el esposo y la esposa obedecen la enseñanza bíblica sobre el amor y respeto, los hijos crecen en un ambiente seguro y saludable.

“El sabio de corazón es llamado prudente,
Y la dulzura de labios aumenta el saber.” – Proverbios 16:21

Para honrar al esposo como padre, debemos mostrarle estima. Ese respeto amoroso se demuestra cada día, en lo ordinario de la vida, cuando somos agradecidas por su esfuerzo y trabajo para proveer. También cuando nos complementamos en la crianza de los hijos, en el mantenimiento y manejo del hogar. Honramos al esposo cuando le hablamos con amabilidad en lugar de sarcasmo, cuando tenemos paciencia ante sus errores, recordando que nosotros también los cometemos. La Biblia enseña que la dulzura de labios es efectiva para edificar el hogar sabiamente.

Cuando el esposo está pasando por un momento difícil, expresar empatía le hará sentir honrado. Muchos hombres guardan silencio sobre sus luchas porque piensan que serán señalados o criticados. La esposa está llamada a mostrar gracia y orar con él y por él en medio de las luchas de la vida. En lugar de ser carcoma para sus huesos, la mujer virtuosa es corona de su marido (Proverbios 12:4).

Honramos al esposo cuando hablamos bien de él a los demás y frente a nuestros hijos. Cuando le escuchamos con atención en lugar de interrumpirle, cuando dialogamos sobre nuestros desacuerdos en privado en lugar de contradecirlo frente a los demás. Cuando nos interesamos por su opinión y tratamos de entenderlo. Cuando demostramos confianza en sus habilidades y halagamos sinceramente sus cualidades.

“Su esposo es respetado
en la comunidad…” –
Proverbios 31:23

Martha Peace, la autora de La Esposa Excelente escribe: “El tratar a su esposo con respeto es una actitud del corazón que debe estar presente a pesar de las circunstancias y sus sentimientos.” Dios nos llama a mostrar amor bíblico al esposo y mostrar amor a Dios en el proceso. Puede que a veces nos sintamos desanimadas, pero recordemos que no debemos seguir nuestras emociones, sino la Palabra de Dios y cuando la obedecemos en este mandato de honrar a los padres, tenemos acceso a la promesa de que nos irá bien y tendremos larga vida.

Doy gracias por mi padre, que me enseñó a amar a Dios y a servir al prójimo, que junto a mi madre nos mostraron a mis hermanos y a mí lo que es un matrimonio que vive por la gracia y el amor de Cristo. También agradezco por mi amado esposo porque en él veo la Palabra de Dios en acción, mientras juntos seguimos edificando nuestro hogar y experimentando la maravillosa gracia de Dios en cada etapa de nuestro matrimonio. ¡Feliz Día de los Padres! Les honramos y respetamos en el amor de Cristo.

La Esposa Deliberada

“La mujer sabia edifica su hogar…”- Proverbios 14:1

Recientemente terminé un Reto de 30 días en los cuales debía evitar decir cosas negativas sobre mi cónyuge y resaltar una característica positiva diariamente. Cada día, leía por la mañana una reflexión y debía expresar agradecimiento o admiración por las diferentes cualidades positivas de mi esposo. Durante los últimos días del Reto, meditaba en cómo el pensar de manera intencional sobre el tema del Devocionario incluido, provoca la renovación de la mente y ayuda a obrar de manera agradable a Dios.

Una clave del Reto fue ser deliberada, hacerlo con toda la intención, confiando en la bondad de Dios, que se hacía notable cada día. “Deliberada” significa hacer algo de manera voluntaria, intencionada y a propósito. Cuando sometemos nuestra voluntad a la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios, cosechamos buen fruto. Todo lo que hacemos es porque Él pone el querer hacerlo en nosotros (Filipenses 2:13). Él preparó de antemano nuestras buenas obras (Efesios 2:10).

Pero el que mira atentamente a la ley perfecta,
la ley de la libertad, y permanece en ella,
no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo
sino un hacedor eficaz,
este será bienaventurado en lo que hace. – Santiago 1:25

Como esposas, estamos llamadas a edificar el hogar, lo cual significa buscar la sabiduría de Dios para hacer lo correcto en nuestro trato hacia el esposo. El matrimonio se fortalece cuando en lugar de criticar, mostramos agradecimiento y resaltamos las cualidades del esposo que reflejan el carácter de Cristo en él. Puede que pienses que tienes un buen matrimonio y que no te hace falta tomar pasos deliberados para fortalecer tu relación. La realidad es que todo matrimonio se beneficia del esfuerzo que le dedicamos para que sea una relación de acuerdo con lo que enseña la Biblia. Ser hacedoras eficaces de la Palabra nos hace bienaventuradas.

Ser deliberada no siempre será tarea fácil. Habrá momentos de desánimo y en los que pensemos que el esfuerzo solo proviene de nuestra parte. Necesitamos recordar que a nosotras nos toca hacer lo que nos corresponde y Dios es quien se encarga de tocar el corazón del esposo. Podemos confiar plenamente que Dios obrará de acuerdo con su buena voluntad y sabemos que a Él le agrada que los matrimonios se fortalezcan y crezcan. Una realidad que han experimentado muchas mujeres que han emprendido el reto de ser deliberadas en su pensar y hablar sobre el esposo, es que la respuesta del esposo hacia ellas ha mejorado, abriendo paso a la comunicación y las expresiones de afecto en la relación.

“Ella le trae bien y no mal
todos los días de su vida.” –
Proverbios 31:12

Recordemos que la Palabra asemeja a la esposa con un tesoro y dice que la mujer virtuosa le hace bien al esposo cada día. Que saquemos del tesoro de nuestro corazón buenas palabras que afirmen al esposo y le animen a hacer lo correcto por el matrimonio y la familia día tras día (Lucas 6:45). Podemos descansar en el Señor mientras seguimos buscando hacer Su voluntad. Recogeremos buen fruto si no desmayamos (Gálatas 6:9). Te invito a reflexionar sobre ser deliberada en tratar a tu esposo de una manera agradable a Dios. Él guiará tus pasos y te ayudará a lograrlo para que puedas testificar de Su obra en medio de tu matrimonio.

La Esposa – Celebrando el Matrimonio

“Tengan todos en alta estima el matrimonio
y la fidelidad conyugal…”  – Hebreos 13:4

El sábado pasado, nuestra familia celebró con mucha alegría y amor las Bodas de Oro (50 años de casados) de mis padres. Todos mis hermanos y yo estuvimos organizando los preparativos durante meses para realizar este evento para agasajar a nuestros padres. Además de emotiva, fue una ocasión inspiradora para toda la familia.

En un tiempo en el que se respeta poco el matrimonio, es refrescante y también impactante ver una pareja que perdure a través de los años, no solamente casada, sino con una relación sólida. Eso es lo que mis padres ejemplifican: un matrimonio fuerte. Pero ¿por qué? Todos los que le conocen, pueden decir que la razón es Jesucristo. Y es cierto. Los que hemos estado más cerca, sus hijos y nietos, somos testigos del amor por Cristo que ambos profesan y viven. Eso es algo que cada uno de los nietos que participó en el evento recalcaron, que el matrimonio de sus abuelos está centrado en Cristo. Y eso definitivamente, hace una gran diferencia.

Como hija, puedo decir que tuvimos una linda niñez. No teníamos lujos, ni los juguetes o ropa de última moda, pero no importaba, porque estábamos bien. Crecimos en un hogar amoroso y con unos padres que se esforzaron siempre por enseñarnos a amar la lectura, la naturaleza, pero sobre todo a amar a Dios y a servir al prójimo. Dedicaban tiempo para leernos devocionarios para niños, leer la Biblia, jugar y escuchar juntos el programa radial cristiano para niños que se transmitía los sábados por la mañana. Más allá de eso, mostraban con su ejemplo lo que es servir a Dios con amor. Solían ir al campo para retirarse a ayunar, orar y leer la Biblia. En algunas ocasiones hospedaban a misioneros o ministros que conocían, dando ejemplo de lo que es la hospitalidad, como enseña la Palabra.

“… maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes
a amar a sus maridos y a sus hijos …” –
Tito 2:3-4

Con el paso de los años y mis propios hijos adultos, puedo apreciar aún más el matrimonio de mis padres. Puedo ver el impacto tan valioso que ha sido a la vida de mis hijos, quienes han visto en ellos una unión duradera, que se ha fortalecido en medio de las circunstancias difíciles, que se cuidan mutuamente, que trabajan unidos por el bien de la familia, mostrando en todo el amor de Dios que mora en ellos.

Puedo apreciar también las hermosas cualidades que observo de mi madre como esposa, de las cuales aprendo. Una de ellas es la fidelidad: fidelidad a Dios, fidelidad al pacto matrimonial, fidelidad a la familia, fidelidad al llamado ministerial, fidelidad al rol de esposa y madre. También, la firmeza en la búsqueda continua de aprender de la Palabra de Dios y dejar que sea ésta la que moldee su vida, y no los conceptos cambiantes del mundo que nos rodea. Otra de esas cualidades es el apoyo al esposo, aunque a veces las circunstancias pudieran ser inciertas, ese apoyo nunca faltó porque ambos habían creído que El que los llamó, los ayudaría a alcanzar el propósito preparado para su matrimonio. Sin duda, mi madre ha sido y es una maestra del bien, de la cual todavía tengo mucho que aprender.

“Como dicen las Escrituras:
«El hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo».
Eso es un gran misterio, pero ilustra la manera en que Cristo y la iglesia son uno.” –
Efesios 5: 31-32

Hoy, puedo admirar su matrimonio y decir como dijo mi hija durante la ceremonia: “Yo quiero un amor como el de ellos.” Y gracias a Dios, voy en camino junto a mi esposo a cumplir 27 años de casados con la meta de permanecer juntos y seguir el buen ejemplo que mis padres nos han dado. Vivo agradecida de Dios por haberme permitido nacer en una familia que me enseñó a amarlo a Él, que me enseñó lo que es un matrimonio ejemplar, que me enseñó lo que es un hogar. Celebro el matrimonio de mis padres resaltando los valores que lo distinguen porque a través de estos, ellos exaltan a Cristo.

La Esposa y el Perdón

“Un matrimonio feliz es la unión de dos buenos perdonadores …” – Ruth Bell Graham

Durante los pasados días, volví a toparme con esta famosa cita de Ruth Bell Graham sobre el matrimonio y el perdón, además de que escuché un par de “podcasts” del ministerio Aviva Nuestros Corazones sobre el tema del perdón. Inevitablemente, me puse a meditar en el poder del perdón, pero sobre todo en lo necesario que es el perdón en las relaciones, especialmente en el matrimonio. Creo que podemos estar de acuerdo en que mientras más tiempo pasamos con alguien, surgirán ocasiones en las que vamos a necesitar perdonar o pedir perdón. Esto es muy real en el matrimonio.

El encierro (“lockdown”) al que estuvimos expuestos durante varios meses del año pasado a causa de la pandemia por el COVID-19, seguramente provocó muchas situaciones que necesitaron del perdón en nuestros hogares. El cambio que ocurrió en las rutinas familiares, las transiciones en la forma de estudiar y trabajar, la implementación de nuevos hábitos para lidiar con la situación trajo consigo momentos de molestia, frustración, enojo e irritación, que suelen lastimar las relaciones. Seguramente se necesitó el perdón en muchas ocasiones durante esos meses para poder cuidar y fortalecer nuestras relaciones.

“El amor es paciente, es bondadoso;
el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no es arrogante; 
no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta
el mal recibido; no se regocija de la injusticia,
sino que se alegra con la verdad; 
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” –
1 Corintios 13: 4-7

La realidad es que necesitamos darnos cuenta de que el perdón no es solo necesario en ocasiones o circunstancias especiales, sino que el perdón es un asunto de todos los días. En el matrimonio necesitamos perdonar continuamente al cónyuge ya que hay hábitos o simplemente tonterías que nos molestan que necesitamos aprender a soportar y la única forma de lograrlo es perdonando. Si vamos a tener una discusión por todo lo que nos molesta, puede que haya días terribles, pero si aprendemos que “el amor todo lo soporta”, podemos perdonar, pasar por alto las fallas y vivir en armonía. Después de todo, tenemos que reconocer que no somos perfectas y que probablemente, tenemos hábitos que irritan al esposo y que él también ha tenido que aprender a pasar por alto.

Hay casos en los que suceden eventos que conllevan un proceso delicado para lograr el perdón. En esas situaciones es que uno puede ver y reconocer que, sin lugar a duda, el perdón no es algo que proviene de nuestra propia naturaleza, sino que proviene de Dios. La manifestación de la gracia de Dios a través de Cristo, como el medio por el cual nuestros pecados fueron perdonados, hace posible que una persona pueda perdonar a otra una falta que muchos considerarían imperdonable. Pero cuando hemos conocido el perdón de Dios, entendemos que, si Él fue capaz de perdonarnos todo a todos, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a los que nos ofenden?

He conocido personas a las que considero “campeonas del perdón” porque he podido ver la gracia de Dios manifestada en sus vidas. El amor de Dios las ha cubierto y sanado sus heridas para que den por gracia lo que por gracia han recibido. No han sido procesos fáciles, pero han crecido, se han fortalecido y han salido del proceso con la victoria de experimentar el poder del perdón en sus vidas.

“Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia;
soportándoos unos a otros y perdonándoos
unos a otros, si alguno tiene queja contra otro;
como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” – Colosenses 3:12-13

Cuando entendemos que el perdón debe formar parte de nuestra vida diaria, nuestras relaciones comienzan a fortalecerse. Podemos ver al esposo y a los hijos a través de la gracia; dejamos de verlos a través del lente de la condenación que causa contiendas. Así es como llega la armonía al matrimonio, a través del perdón. Primero, el perdón de Cristo y luego, ponerlo en práctica al perdonarnos mutuamente.