La Esposa Abnegada en un Mundo Egoísta

“El amor no es descortés ni egoísta.” – 1 Corintios 13:5

El mundo en que vivimos está enfocado hacia el egoísmo que es lo contrario a la abnegación (sacrificarse, renunciar a sus deseos o intereses). Tanto publicaciones serias, como publicaciones más casuales nos llaman continuamente a pensar en nosotras mismas y a ponernos en primer lugar. A veces parecen frases muy justas y honorables, pero su raíz es el egoísmo, lo cual las hace dañinas para nuestra alma.

En el Edén, Eva pecó porque fue tentada a pensar en ella y olvidar los mandamientos de Dios (Génesis 3:5). El enfoque fue ella y lo que ella podía llegar a ser si comía del fruto (ser como Dios). Hay un gran engaño que está saturando una gran cantidad de los mensajes que recibimos y se disfraza de realización personal, de amor propio, de buscar lo nuestro, sin pensar en los demás. Un engaño que al final nos lleva al egocentrismo, a creer que merecemos todo lo que queremos y, finalmente puede llevar a la pérdida de nuestras relaciones.


“Pero la serpiente le dijo a la mujer:
—¡No es cierto, no van a morir!

Dios sabe muy bien que,
cuando coman de ese árbol,
se les abrirán los ojos
y llegarán a ser como Dios,
conocedores del bien y del mal.” –
Génesis 3:4-5

Una lección que se nos hace difícil entender es que el amor que nos enseña la Palabra no busca lo suyo. Nuestra tendencia es buscar satisfacer nuestros propios intereses, y los medios la alimentan, sin mostrar las consecuencias que provocará nuestro egoísmo. Si anhelamos obedecer a Dios en nuestro matrimonio, necesitamos despojarnos de todo eso que hemos aprendido a lo largo de la vida y dejar de ponernos en primer lugar. La relación con el esposo merece ser prioridad en nuestras vidas.

Si pensamos en nosotras mismas solamente, el matrimonio se convertirá en una lucha de poder. La intención de Dios para el matrimonio nunca fue que los cónyuges lucharan por quien es más importante de los dos, sino que se honraran mutuamente a pesar de sus imperfecciones. En mi propio matrimonio he visto el efecto positivo de pensar en el bienestar de la relación por encima de mis deseos egoístas. Nuestra relación ha madurado y crecido en unidad, comprensión, tolerancia y humildad.

Necesitamos conocer la Palabra para poder identificar el engaño del mundo. Cuando leemos la Biblia y la escudriñamos, encontramos continuamente que el amor se trata de ir más allá de una misma, que se trata de una entrega respetuosa a tu cónyuge. La Biblia nos enseña que Jesús dio un mandamiento nuevo y es que amemos al prójimo como Él nos amó. ¿Cómo nos amó Jesús? Hasta el final. A pesar de nuestras imperfecciones. Su amor fue abnegado, sacrificado. Él renunció a su propia voluntad por hacer la del Padre (Lucas 22:42).

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros;
como yo os he amado,
que también os améis
unos a otros.” – Juan 13:34

Recordemos que la enseñanza bíblica es superior a cualquier enseñanza de este mundo. El amor abnegado de Jesús es nuestra inspiración y ejemplo para seguir. El mundo nos dice que busquemos nuestro propio beneficio; la Biblia nos enseña que el amor no busca lo suyo. El mundo nos llama a amarnos a nosotras mismas; la Biblia nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas y amarnos unos a otros como Cristo nos amó. El mundo nos llama a la realización de nuestros deseos personales; la Biblia nos enseña a cumplir la voluntad del Padre, que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

El camino de la esposa abnegada se enfoca en seguir el ejemplo de Jesús, en escuchar Su llamado y dar fruto conforme a la semilla de la Palabra de Dios. La esposa virtuosa de Proverbios 31 es un reflejo de una mujer abnegada cuyo fundamento es honrar a Dios. Nuestra esperanza no reside en nosotras mismas, sino en Cristo y su maravillosa obra en nuestras vidas. ¡Caminar en pos de Él nos aleja del mundo y nos lleva a Su vida abundante!

El Llamado de la Esposa

Mi trabajo es amar y respetar a Billy; es el trabajo de Dios hacerlo bueno.
Dios no te llamó no para hacer bueno a tu esposo, sino para hacerlo feliz “.

Ruth Bell Graham

Hace varios meses encontré un escrito sobre Ruth Bell Graham y sus lecciones acerca del matrimonio. Ruth Bell Graham, quien en vida fue la esposa del conocido evangelista Billy Graham. La breve lectura sobre su vida ejemplar como esposa, como madre y mujer cristiana, me impactaron (como la cita que encabeza este escrito) y deseo compartir algunas de mis impresiones en esta publicación.

Ruth Bell Graham nació y creció en el campo misionero en China, por lo tanto, desde muy joven ella sentía una gran pasión por ayudar al prójimo y pensaba que su vida estaba destinada a las misiones. Durante sus años universitarios conoció al joven predicador Billy Graham. Se dice que ella tomó la decisión de casarse con él con “sus ojos abiertos”, luego de una lucha interna debido a que siempre había creído que sería una misionera soltera. Es decir, que cuando tomó la decisión de casarse con Billy Graham, ella estaba clara sobre el paso que estaba dando y nunca miró atrás.

Una lección valiosa para las esposas: nunca mirar atrás. Una vez que estamos casadas, debemos mirar al frente, al futuro que, junto al esposo, con la ayuda y dirección de Dios, vamos a construir. Quizá alguna pudo haber comenzado su matrimonio con dudas o temores, o puede que alguna haya estado pensando en cómo cambiar o mejorar al esposo. Pero la esposa sabia mira su matrimonio con la seriedad que merece, enfrentando las realidades, en las buenas y en las malas.

“Los padres pueden dar en herencia
a sus hijos casa y fortuna,
pero solo el Señor puede dar

una esposa comprensiva.” – Proverbios 19:4

Las hijas de Ruth Bell Graham han expresado que una de las mejores lecciones sobre el matrimonio que su madre les dio fue cuando les dijo que su responsabilidad no era “hacer bueno” al esposo, sino hacerlo feliz. Debemos preguntarnos a qué le estamos dedicando esfuerzo en nuestro matrimonio. ¿Cuál es nuestro enfoque: hacer feliz al esposo o “modificarlo” para que se acomode a nuestras preferencias?

Cuando nos entregamos a nuestro compromiso con Dios y con nuestro matrimonio, nuestra perspectiva va a cambiar porque ya no estaremos enfocadas en nosotras mismas y nuestra autosatisfacción. Nuestro anhelo será nutrir nuestras relaciones de manera que tanto el esposo como los hijos disfruten de un hogar en el que prevalecen el amor, la gracia, la verdad y la paz. Ese fue uno de los grandes logros de Ruth Bell Graham y es una de las lecciones que podemos aprender de ella.


“De igual manera,
enseña a las ancianas a vivir
de una manera que muestre
reverencia y respeto a Dios.
Diles que no hablen mal de los demás
y que no sean esclavas del vino.
Deben enseñar el bien
para que aconsejen a las más jóvenes
a amar cada una a su esposo y a sus hijos.” –
Tito 2:3-4

En la Biblia, el apóstol Pablo le escribe a Tito y le explica la importancia de que las mujeres mayores sean ejemplo (mentoras) para las más jóvenes. La vida de esta mujer (Ruth Bell Graham), quien ya mora en el hogar celestial, se convierte en un ejemplo para nosotras al leer y aprender sobre ella, su vida y ministerio. Dios nos llama a nosotras a ser ejemplo también para nuestras hijas y para otras mujeres jóvenes que necesitan inspiración. Para nuestro aniversario de bodas más reciente, nuestra hija nos entregó una notita en la cual nos agradecía por ser un ejemplo de una relación matrimonial centrada en Cristo. Esto conmueve mi corazón cada vez que la leo (está pegada en la puerta del refrigerador), porque realmente todo lo debemos a Dios y a su maravillosa gracia operando en nuestro matrimonio. Lejos estamos de ser el matrimonio perfecto, pero podemos confiar cada día en el Soberano Dios que nos ayuda a caminar en Su buena voluntad a pesar de todas nuestras debilidades. Doy gracias a Dios por contestar la oración de que podamos ser un reflejo de Cristo en nuestro hogar.

Un matrimonio centrado en Cristo comienza con una vida centrada en Cristo. Así que cada día dependemos de Él para ejercer bien el llamado que se nos ha hecho como esposas. ¡Que podamos vivir en Su presencia y ser un reflejo de Su amor en nuestro matrimonio y nuestro hogar!

La Esposa – Al iniciar el Nuevo Año

¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana. –
Lamentaciones 3:22-23

Cuando inicia un año, muchas de nosotras trazamos metas que queremos alcanzar. Muchas personas ven este tiempo como nuevas oportunidades, nuevos comienzos que brindan esperanza. Cada día en Dios está lleno de esperanzas porque cada mañana se renuevan sus misericordias. Podemos depender de Él día a día. Vivimos en el refugio de Su gran fidelidad.

Con esta confianza, podemos caminar hacia nuestras metas. Podemos establecer metas personales, de matrimonio y familia. Una excelente meta personal es crecer en nuestra relación con Dios a través de practicar las disciplinas de la oración y lectura de la Biblia. Si deseas fortalecer tu matrimonio, puedes comenzar con una meta sencilla como dialogar con tu cónyuge a diario sobre cómo le fue su día, lo cual les llevará a mejorar la comunicación. Si deseas desarrollar la fe en tu familia, pueden establecer la meta de orar todos juntos una vez al día y compartir testimonios de las peticiones contestadas. Sobre todo, es necesario orar y pedirle a Dios que nos dirija en todo para que el propósito de Dios se cumpla en nuestras vidas durante este nuevo año.

Es necesario que seamos intencionales sobre cada meta trazada. Por ejemplo, si la decisión es crecer en tu vida de oración, hay que sacar el tiempo todos los días y dedicarlo a la oración. Así mismo con cada meta. Que no se quede en un “deseo” que te gustaría cumplir. No desperdiciemos la oportunidad que tenemos, sino disfrutemos de las nuevas misericordias que se nos otorgan para vivir cada día.

“Dios está obrando entre ustedes.
Él despierta en ustedes el deseo de hacer
lo que a él le agrada

y les da el poder para hacerlo.” –
Filipenses 2:13

Durante este año, mantengamos nuestros corazones a la expectativa de lo que Dios quiere hacer en nosotras y a través de nosotras. Pidamos discernimiento para identificar oportunidades que Dios coloca en nuestro camino para hacer el bien, especialmente en nuestros hogares. A veces pensamos que tenemos que hacer grandes cosas para poder hacer una diferencia en el hogar, cuando realmente lo que el esposo y los hijos necesitan es que les mostremos el amor de Cristo y eso lo podemos hacer diariamente aprovechando cada oportunidad que se nos presenta, por sencilla que parezca.

Hace varios años leí un libro que hablaba de la gran diferencia que pueden hacer los pequeños pasos que damos hacia las metas que Dios ha puesto en nuestros corazones. Alcanzar una meta comienza con un pequeño paso cada día, una decisión de realizar un cambio sencillo en la rutina diaria. La Biblia nos enseña que Dios pone en nosotros el anhelo de hacer su buena voluntad y que también nos da la habilidad para hacerlo.


SEÑOR, tú cumplirás
lo que has prometido hacer para mí.
SEÑOR, tu fiel amor es para siempre;
por eso sé que no abandonarás

a quienes tú mismo creaste. –
Salmo 138:8

Recordemos siempre que de lo poco, de lo pequeño, Dios puede hacer algo grande, como lo hizo Jesús al multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar una multitud. Podemos tener entera confianza de que Dios nos guiará a cumplir Su propósito. Escuchemos Su llamado y obedezcamos. Solo así lograremos experimentar el fortalecimiento que deseamos ver en nuestros matrimonios y hogares.

¡Feliz 2021, sostenidas en Cristo!

La Esposa – Al finalizar el año

 “…no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago:
me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante. 
Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció
cuando me llamó por medio de Jesucristo.” – Filipenses 4:13-14

Este año (2020) finalizará en los próximos días. Puede que estemos deseosas de que finalice el 2020 por los retos y las dificultades que nos ha tocado enfrentar. Puede que anhelemos el Nuevo Año con la expectativa de las cosas nuevas que sucederán. Pero, cualquiera que sea nuestro sentir, estos últimos días del año son relevantes porque nos llevan a reflexionar.  

Muchas de nosotras nunca habíamos tenido que enfrentar los retos de una pandemia que nos sacó de nuestra rutina diaria y estremeció nuestras costumbres. En medio de las frustraciones, el dolor, las desesperanza, necesitamos detenernos a pensar. ¿Ha sido todo negativo este año? ¿Dejamos de ver la mano de Dios proveyendo, protegiendo, sanando? ¿Nos desamparó el Señor? ¿Acaso no pudimos experimentar Su presencia como nunca?

En ti confiarán
los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová,
no desamparaste
a los que te buscaron. –
Salmo 9:10

Cuando nos hacemos estas preguntas y reflexionamos en sus respuestas, podemos concluir que Dios sigue siendo bueno, que Su presencia nos cubre, que son más las bendiciones que las vicisitudes que nos ha tocado enfrentar. Sí, definitivamente son más las bendiciones porque nosotras jamás podremos ver o entender el alcance del amor y la misericordia de Dios. Él conoce todas las cosas y lo que hoy parece ser lo peor que nos haya sucedido, Dios lo puede usar para bendecir nuestra vida o la de otras personas en el futuro. Esto es motivo de gratitud y alabanza a Dios.

Al reflexionar sobre este año, también debemos evaluar si fuimos productivas o permitimos que las dificultades nos detuvieran en nuestro caminar. Estoy agradecida de que, por la gracia de Dios, este año pude comenzar este blog semanal, proyecto que estaba en mi corazón desde hacía tiempo. Con la ayuda de Dios, también continúo consistentemente publicando un mensaje diario para las esposas y/o las familias en las redes sociales.

Además, debemos evaluar nuestro desempeño en el hogar. ¿Cómo mostramos amor al esposo y a los hijos este año? ¿Pudiste brindarles esperanza en medio del desaliento? ¿Cómo impactó nuestra actitud a nuestros familiares? Al contestar estas preguntas, podremos identificar en qué áreas necesitamos crecer y mejorar, y cuáles retos hemos superado. Es importante llevar todo esto ante Dios en oración para que Él nos muestre Su voluntad y cómo debemos continuar. La lectura y meditación de la Palabra de Dios es un hábito esencial para mantenernos creciendo como mujeres virtuosas.

Fuerza y dignidad son su vestidura,
y sonríe al futuro. – Proverbios 31:25

Despidamos este año con gratitud, porque en medio de todo, Dios está con nosotros y nos bendice sin que lo merezcamos. Y recibamos el Nuevo Año con esperanza porque en Dios está nuestra confianza. El 2021 traerá consigo fechas importantes en el calendario familiar. En el mío, hay cumpleaños y aniversarios especiales (los quince de mi sobrina, los 50 de mi esposo y los 50 años de casados de mis padres), la boda de mi hijo mayor y otras sorpresas maravillosas que llegarán. Cumplimiento de metas y nuevos comienzos, eso es parte de lo que nos depara un Nuevo Año. Miremos hacia delante con alegría, con buenas expectativas, hagamos planes, trabajemos día a día para lograr las metas y los sueños que Dios ha colocado en nuestro corazón. Disfrutemos la etapa en la que nos encontramos, ya sea recién casadas, criando hijos pequeños, adolescentes o que ya tengamos hijos adultos, o nietos; que brindemos a nuestras relaciones todo el amor, la gracia y la verdad que nos han sido concedidas en Cristo. Que podamos ser como la mujer descrita en Proverbios 31, mujeres que miran al futuro con una sonrisa llena de esperanza.

La Esposa y la Navidad

¡Gloria a Dios en las alturas,
Y en la tierra paz, ¡buena voluntad para con los hombres! –

Lucas 2:14

Esta semana celebramos Navidad, el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo. Es un tiempo de alegría, luces adornan las calles, las canciones navideñas se escuchan en el aire, los días pasan con la expectativa de que llegue el Día de Navidad.

Este año ha sido diferente, hemos tenido que hacer ajustes y tomar precauciones que harán que la celebración sea diferente. Puede que este cambio de panorama nos lleve a lamentarnos por las cosas que no podemos hacer, por las personas que no podremos ver. Es natural que nos dé tristeza cuando las cosas no se dan como estamos acostumbradas. Pero, necesitamos buscar enfocarnos en todo lo bueno que sí está sucediendo.

La Navidad sigue siendo una temporada que nos habla de esperanza, de la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios que fue cumplida en el pesebre de Belén. Y esa es la esperanza que debe inundar nuestros corazones, que el Dios soberano conoce nuestros tiempos y suplirá todo lo que necesitamos para enfrentar cada situación que se nos presente.

Y mi Dios proveerá
a todas vuestras necesidades,
conforme a sus riquezas
en gloria en Cristo Jesús. – Filipenses 4:19

Al acercarnos a estos días especiales, recordemos junto a nuestras familias el milagro de la Navidad. Leamos juntos la historia del nacimiento de Jesús en Lucas 2. Demos gracias por la bendición de poder adorar al Salvador de nuestras almas. Junto al esposo, llevemos a nuestra familia a mirar a Jesús para que nuestra fe crezca y se fortalezca en medio de todo lo que está sucediendo.

Cuando nos enfocamos en la bondad de Dios, comenzamos a ver todas las bendiciones que Él nos da cada día. Podemos agradecer por la bendición de estar juntos en nuestro hogar, de tener un lugar seguro donde vivir, por el alimento diario, por la salud.

Muchas veces doy gracias a Dios porque me ha permitido vivir en este tiempo. Especialmente este año, con la situación de la pandemia, estoy agradecida por los adelantos que nos permiten comunicarnos con los seres amados que no viven con nosotros. El poder hacer una video llamada para ver a nuestros familiares es una bendición. Tener la facilidad de ordenar algunos regalos a personas que venden sus productos a través del internet y poder enviarlos a los que viven lejos para expresar nuestro afecto, es algo por lo que también agradezco. Hay tantas otras cosas que pasamos por alto, pero sin ellas, nuestra vida sería más difícil. Por lo tanto, observemos cuidadosamente en estos días especiales, para enfocarnos en lo bueno y mostrar gratitud.

Amados hermanos,
no podemos más que agradecerle a Dios
por ustedes, porque su fe está floreciendo,
y el amor de unos por otros, creciendo. –
2 Tesalonicenses 1:3

Dediquemos nuestro tiempo y esfuerzo a lo que es verdaderamente valioso. Celebrar como todos los años no es indispensable, pero compartir con nuestra familia y expresarles nuestro amor… eso sí es de un valor incalculable. Con la ayuda de Dios, podemos crear memorias especiales esta Navidad. Que no se quede en nuestros recuerdos como la Navidad durante la pandemia, sino como una temporada hermosa en la cual disfrutemos cada momento especial, aunque sea diferente. Que podamos mirar al esposo y a los hijos con un corazón agradecido por los regalos que son a nuestras vidas. ¡Que elevemos nuestras voces y corazones en adoración al Rey de Reyes, que vino a este mundo a nacer en un pesebre y morir en una cruz para redimirnos de nuestros pecados!

La Esposa – Superando el Temor

“El amor no sufre del miedo.
Por el contrario, el amor que es maduro echa fuera el miedo,
pues el miedo tiene que ver con el castigo.
Así que el que sufre del miedo,
todavía tiene que madurarse en el tema del amor.” – 1 Juan 4:18

Este versículo sobre el amor y el temor marcó mi vida y la de mi esposo durante nuestra juventud. Antes de comenzar nuestro noviazgo, intercambiamos unos versos bíblicos. 1 Juan 4:18 fue una clave para superar el temor de abrir nuestros corazones a una relación. El vencer el temor, con la ayuda de Dios, nos ha llevado a edificar una relación matrimonial sólida. Hoy, cuando leo este versículo puedo hallar en él, una verdad profunda, eficaz y muy relevante a este tiempo que estamos viviendo.

El temor aparece cada día en los titulares de los periódicos, en las publicaciones de los medios sociales, en los noticieros de la televisión y en los boletines radiales. Terremotos, conflictos, protestas, pandemia, entre otras cosas, abarcan las noticias que leemos a diario. A veces parece que la agenda de los medios de comunicación es propagar el miedo entre la gente. Y una de las cosas que puede provocar el temor es el aislamiento.

“…si Dios nos demostró su amor
de esa manera,
debemos amarnos unos a otros.” –
1 Juan 4:11

La pandemia por el Covid-19 ha traído consigo medidas como el distanciamiento físico para poder evitar los contagios con mayor eficiencia. Pero debemos cuidarnos de que el miedo al contagio nos lleve al aislamiento, a alejarnos de nuestro prójimo de tal manera que lastimemos la relación. Someter la mente al temor solo nos llevará a la soledad, angustia y desesperación. Pero la Biblia dice: “El perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18 RV1960). El amor de Dios nos acerca a Él y al prójimo. Cuando leemos 1 Juan 4:7 al 21, vemos claramente que se nos da el mandato de amar a nuestros hermanos(as) porque Dios nos demostró a nosotros Su gran amor. Podemos amar a otros porque Él nos amó primero. Necesitamos someter nuestra mente a Dios y a su Palabra, no a todos esos mensajes y noticias que nos llegan a diario y nos infunden temor.

Ante esta crisis, necesitamos ser prudentes, tomar medidas de precaución y actuar con responsabilidad, pero sin olvidar la hospitalidad. La hospitalidad se define como una virtud o cualidad que consiste en tratar bien, con amabilidad, al prójimo. Es decir, que la hospitalidad es una de las formas de expresar amor y nutrir nuestras relaciones. Puede ser que tengamos que ser más creativas para cuidar las relaciones, pero Dios nos dará la sabiduría y la habilidad para que lo logremos. Recordemos que no solamente las enfermedades afectan y lastiman a las personas, sino también la soledad, la falta de comunicación y de amorosa interacción con otros. Tomemos las debidas precauciones, pero no cerremos el corazón, no le permitamos al miedo arruinar nuestras relaciones.

Estén listos para ayudar
a los hijos de Dios
cuando pasen necesidad.
Estén siempre dispuestos
a brindar hospitalidad. –
Romanos 12:13

Seamos diligentes de manera que el aislamiento por el temor no invada nuestros hogares. Sigamos edificando nuestros matrimonios, mostrando empatía al esposo, expresando compasión a nuestros hijos que les ha tocado el reto de estudiar a distancia. Conectemos también con los que no viven debajo de nuestro techo, ya sea con una llamada, una tarjeta, un mensaje de texto, una video llamada. Saludemos al vecino, aunque sea desde el patio de nuestra casa. Nuestro llamado es a llevar esperanza mediante las buenas nuevas del evangelio y una manera muy eficaz de mostrar a Cristo, es expresando amor. Así que, maduremos en el amor que echa fuera el temor para que nuestras relaciones crezcan y sean testimonio del mensaje de Cristo.

La Esposa Dadivosa

“Pues es Dios quien provee la semilla al agricultor y luego el pan para comer.
De la misma manera, él proveerá y aumentará los recursos de ustedes
y luego producirá una gran cosecha de generosidad en ustedes.” – 2 Corintios 9:10

La temporada navideña es conocida por mucha gente como la “más maravillosa temporada del año”. Las familias colocan hermosas decoraciones en sus hogares y luces de colores. La ilusión de los niños por abrir sus regalos la mañana de Navidad es contagiosa y nos embarga de alegría. Es un tiempo hermoso para celebrar el regalo más maravilloso que ha recibido la humanidad, Jesús nuestro Salvador. Dios nos dio a su hijo único, la Luz del Mundo, ¡el Redentor de nuestras almas!

Las dádivas de Dios son visibles desde la creación cuando leemos la Biblia. Él da vida, provee alimento y vestido, pero, sobre todo, cada dádiva de Dios es una muestra de su gran amor. La vida de Jesús nos enseña a dar de la manera más profunda e impactante posible: sin egoísmo ni protagonismo, sin condiciones, en obediencia y por amor (“Faltaba muy poco para que empezara la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que se acercaba el momento en que dejaría este mundo para ir a reunirse con Dios, su Padre. Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.” – Juan 13:1 TLA)

Deben recordar las palabras
del Señor Jesús: 
“Hay más bendición en dar que en recibir. – Hechos 20:35

Dios ha puesto en las mujeres la virtud de dar. A pesar de que la cultura actual pretende llevarnos a pensar en nosotras mismas antes que cualquier otra persona, la realidad es que Dios nos diseñó para ser dadoras. El ejemplo que vemos en María, que fue escogida para dar a luz a Jesús nos demuestra su entrega y anhelo por hacer la voluntad de Dios a pesar de sí misma y de sus planes. Ella estuvo dispuesta a darse para que se cumpliera el propósito de Dios en su vida (“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra…” – Lucas 1:38 LBLA) Cuando leemos todo lo relacionado a la vida de María en la Biblia, podemos ver y aprender sobre su devoción y entrega a Dios. Como esposa, desde el anunciamiento del ángel sobre su embarazo, ella buscó hacer lo correcto y le dijo la verdad a José. Esta fue una acción valiente ya que José pudo haber pensado que todo era un cuento de María para quedar bien. José recibió también la visita del ángel que le confirmó lo que María le había dicho. En las porciones bíblicas que hablan sobre José y María, podemos observar que ella daba honestidad, honra y respeto. Lo que sembró al dar de esta manera dio fruto en su matrimonio con José, quien la trató con delicadeza, cuidado y amor.

Pensar en María y José nos lleva directamente al nacimiento de Jesús, la mayor dádiva de Dios al mundo. El nacimiento nos anuncia esta bella temporada de Navidad y la gran bendición que es dar. Aunque estas Navidades sean diferentes debido al distanciamiento físico que nos ha traído la pandemia del Covid-19, no dejemos de pensar en las maneras que podemos dar. Dios nos brinda oportunidades cada día para dar amor, apoyo, ánimo, sonrisas, palabras de aliento, entre tantas cosas. Que la pandemia no se convierta en el impedimento para que podamos mostrar la generosidad que Dios colocó en nosotras. Demos con alegría. Brindemos al esposo respeto y apoyo en sus esfuerzos por la familia. Demos a los hijos nuestros oídos para que nos hablen de sus sueños, de sus luchas, de cómo les fue el día. Abramos el corazón a los familiares que enfrentan necesidad debido a enfermedad o situaciones económicas. Quizás no podemos resolverle todo, pero podemos darle palabras de ánimo, ayudarles con alguna tarea o encargo, llevarles algo de comer. Hay muchas formas de dar y las que más impactan no necesariamente involucran dinero.

La generosidad de mujeres de mi familia es algo que atesoro. Cuando visito la casa de mi abuela materna, no puedo salir con las manos vacías, pues siempre me dan algo del huerto o de la comida que se ha preparado, además del cariño y las sonrisas. Al recordar a mi abuela paterna, viene a mi mente su cocina en la que siempre había algo para el que llegara. También sus detalles, ya que se esforzaba por tener un regalito o tarjeta para cada miembro de la familia en Navidad, ejemplo que han seguido mis queridas tías hasta la actualidad. Esas dádivas llenas de amor se multiplican en las generaciones venideras y seguirán produciendo buen fruto.

Cada uno debe dar
lo que en su corazón ha decidido dar
y no lo haga con tristeza ni por obligación.
Dios ama a los que dan con alegría.” –
2 Corintios 9:7

Lo que Dios nos da, produce. Así lo enseña la Palabra en el versículo que compartimos al comenzar (2 Corintios 9:10). La dádiva de Dios produce generosidad en nuestros corazones. Dios no es escaso, Él produce los recursos que necesitamos para dar a otros. Así que avivemos el don de ser dadivosas, comenzando en nuestros hogares, con el esposo, con los hijos(as), con nuestros padres y hermanos(as), con los familiares, vecinos y hermanos(as) en la fe. Aprovechemos esta maravillosa época para traer a la memoria todo lo que se nos ha dado y pongamos en acción la generosidad como muestra del agradecimiento que glorifica a Dios.

La Eposa y la Gratitud

Vengamos ante su presencia con acción de gracias;
aclamémosle con salmos. – Salmo 95:2

Uno de los días favoritos de mi familia es el Día de Acción de Gracias. Recuerdo que desde que era una niña, íbamos juntos a la Iglesia temprano en la mañana donde escuchábamos los testimonios de hermanos y hermanas en la fe agradecidos por las maravillosas obras de Dios. También se llevaban alimentos no perecederos y frutas para luego repartirlos entre las familias necesitadas. Mi esposo siempre recuerda que, durante su niñez en Nueva York, el Día de Acción de Gracias era muy especial, ya que iban a casa de sus padrinos donde cenaban juntos y pasaban un tiempo muy agradable.

Aunque el Día de Acción de Gracias se celebra solamente una vez al año, nuestro agradecimiento debe estar presente todos los días. Elisabeth Elliot dijo en una ocasión: “Que la acción de gracias sea un hábito en tu vida.” Algo que caracteriza a mi hijo es que él tiene la costumbre de dar las gracias cuando le preparo café, el desayuno o le hago un favor, aunque sea pequeño. Es agradecido en lo cotidiano, en el diario vivir. Y eso es precisamente lo que la frase de Elisabeth Elliot nos exhorta hacer. Que la gratitud sea parte de nuestra vida cotidiana. El Salmo 95:2 nos insta a ir ante la presencia de Dios con acción de gracias. Al ser hijas de Dios, su presencia es constante en nuestras vidas. Por lo tanto, debemos dar gracias continuamente.

“Dad gracias en todo,
porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros
en Cristo Jesús.” –
1 Tesalonicenses 5:18

Este año, la celebración del Día de Acción de Gracias fue diferente debido a la pandemia, pero la voluntad de Dios es que demos gracias en todo. En la vida, enfrentamos situaciones difíciles y tiempos de angustia durante los que pudiéramos pensar que no hay nada por lo que agradecer. La historia de Rut en la Biblia nos muestra que ella enfrentó fuertes dificultades: quedó viuda, no tenía hijos, dejó su tierra y su parentela, ella y su suegra Noemí llegaron a Belén con las manos vacías. Sin embargo, la Biblia nos muestra que Rut tenía un corazón agradecido. Cuando Booz le dice que siga recogiendo espigas en sus campos, ella le expresa su humilde agradecimiento: “Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía. No vayas a espigar a otro campo; tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. Fíjate en el campo donde ellas siegan y síguelas, pues he ordenado a los siervos que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los siervos. Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos para que te fijes en mí, siendo yo extranjera?” Rut 2:8-10. En su libro La Gratitud: Cómo cultivar un corazón agradecido, Nancy DeMoss escribe lo siguiente: “Tengo el presentimiento de que, en circunstancias similares, probablemente yo hubiera dicho: ‘Es lo mínimo que puede hacer.’ La humildad de esta joven viuda (Rut) se transluce en su respuesta agradecida por el más pequeño de los gestos de amabilidad que recibió de otra persona.”

Una actitud de gratitud en el corazón demuestra que hemos entendido que no nos merecemos todo lo que se nos ha dado, que no tomamos en poco las bendiciones recibidas cada día, que valoramos nuestra relación con Dios y a las personas que tenemos en nuestras vidas. La acción de gracias nos permite dejar atrás las quejas y los lamentos. No es malo anhelar que las cosas mejoren en nuestra vida, orar para que nuestro matrimonio sea transformado, para que nuestros hijos crezcan en su relación con Dios, entre otras tantas peticiones que tenemos ante Dios, pero siempre, en todo clamor necesitamos mantenernos agradeciendo a Dios. Su gracia, su favor y misericordia son regalos que nos dio sin merecerlo. La familia, la Iglesia, el trabajo que hacemos, son bendiciones que Él ha añadido a nuestras vidas.

“Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas
vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración
y ruego, con acción de gracias.” – Filipenses 4:6

Así que, practiquemos la costumbre de ser agradecidas. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para expresar gratitud diariamente. Aprovechemos cada oportunidad que se presenta para dar gracias al esposo. La mayoría de los esposos responden positivamente cuando la esposa se muestra agradecida y eso le motiva a él a comportarse de manera que su esposa e hijos se sientan agradecidos. Los hijos también se benefician de crecer en un hogar donde se practica la gratitud, ya que pueden experimentar contentamiento y disfrutar de un ambiente de armonía y gozo. Quisiera concluir invitándoles a meditar en las palabras de Elisabeth Elliot en su libro Keep a Quiet Heart: “La acción de gracias es un ejercicio espiritual, necesario para la construcción de un alma sana. Nos saca de la congestión de nosotros mismos hacia la brisa fresca y la luz del sol de la voluntad de Dios “.

La Esposa y el Contentamiento

“…he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.” – Filipenses 4:11

Hace varios meses atrás, en nuestra congregación estuvimos estudiando el libro de los Filipenses en la Escuela Bíblica Dominical. Al estudiar el capítulo 4 de la carta del apóstol Pablo a los Filipenses se profundizó en el tema del contentamiento. Uno de los puntos que estudiamos tocó mi corazón de manera especial y fue el siguiente: “La idea que quiere comunicar el apóstol Pablo en el capítulo 4 es que el contentamiento cristiano está desconectado de nuestras circunstancias.” Este capítulo de Filipenses es uno que he leído en muchas ocasiones y varios de sus versículos son aprendidos de memoria por una gran cantidad de personas. Pero, esa mañana de domingo, esta enseñanza resonó en mi mente y corazón.

La Biblia nos enseña que el contentamiento produce una satisfacción interior que no exige cambios en circunstancias externas. El secreto del contentamiento cristiano no es una cosa, sino la persona de Cristo. Es en Cristo que podemos enfrentar toda situación.

“Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.” –
Filipenses 4:13

Al meditar en esto, debemos preguntarnos: ¿cuál es nuestra respuesta ante las circunstancias que nos presenta la vida? Ya sea en el matrimonio, en el hogar con nuestros hijos, con nuestros familiares, en el trabajo, comunidad o Iglesia, hemos de enfrentar diferentes situaciones que pondrán a prueba nuestra fe.

¿Cómo respondemos cuando nuestro matrimonio está en crisis? ¿Cuál es nuestra respuesta ante la enfermedad? ¿Podemos experimentar contentamiento cuando uno de nuestros hijos se ha descarriado? Cada una de estas circunstancias presenta sus retos, dificultades y dolor. Cuando nuestra fe está fundamentada en Cristo, podemos confiar en que Dios, en su divina providencia, está en control de todas las cosas y está llevando a cabo su voluntad en nuestras vidas. Esto nos lleva a experimentar contentamiento, lo cual impactará de manera profunda nuestra actitud. Es entonces que entendemos que, aunque las circunstancias se tarden en cambiar o permanezcan sin cambio, Dios está transformando nuestros corazones, lo cual es de gran valor.

¿Qué tal cuando las cosas van bien? ¿Cuándo el matrimonio está sólido? ¿Cuándo los hijos y familiares están sanos? ¿Cuándo nuestra situación económica es estable? Puede que pensemos que es muy fácil encontrar contentamiento en la abundancia. Pero ¿en qué o en quién está anclada nuestra fe? ¿Es nuestro contentamiento dependiente de nuestras posesiones? Todas las cosas que podemos obtener y acumular en este mundo son efímeras, inciertas. La Biblia nos enseña que debemos encontrar nuestra satisfacción en Cristo, ya sea en tiempos de dificultad o en tiempos de bonanza.

“Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto
tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.” – Filipenses 4:12

Cuando nuestros cuerpos se vayan desgastando con el paso de los años, se asomen las canas a nuestros cabellos y las arrugas a nuestro rostro, ¿cuál será nuestra actitud? A todas nos tocará enfrentar la “edad dorada”. ¿Estaremos satisfechas cuando lleguemos a la vejez? ¿Podremos mirar atrás y agradecer a Dios por todo lo vivido? ¿O habremos arrastrado la amargura y el descontento a lo largo de los años?

Si como Noemi, hemos estado viviendo amargadas por nuestras circunstancias (Rut 1:30-31), volvamos nuestra mirada a Cristo. Un poco tiempo después de volver a Belén, Noemí fijó su vista en Dios y comenzó a alabarle en medio de sus circunstancias (Rut 2:20) y al finalizar el relato de su vida en el libro de Rut, hay regocijo y acción de gracias por la bondad de Dios (Rut 4:14-15). El nombre de Noemí significaba “deleite”, pero por un tiempo ella quiso que la llamaran Mara (amarga). Dios usó las circunstancias para hacerle entender que, en medio de todo, Él seguía siendo su “deleite”, su contentamiento.

C.S. Lewis escribió: “El que tiene a Cristo y posee todos los bienes del mundo, no tiene más que el que tiene a Cristo solamente.” ¡Que así podamos vernos cada una de nosotras! Completas, plenas, contentas, deleitándonos en Cristo, cualquiera que sea nuestra situación. Eso, definitivamente, provocará cambios en nuestra vida matrimonial y nuestro hogar. El testimonio de nuestra vida diaria dará voces que mostrarán a otros la suficiencia de Cristo.

La Esposa y el Futuro

“Por lo tanto, no se angustien por el mañana,
el cual tendrá sus propios afanes.
Cada día tiene ya sus problemas.” – Mateo 6:34

La mayoría de las personas inician el año trazando metas y haciendo planes con la esperanza de lograr muchas cosas. Cuando comenzó el año 2020, no teníamos idea de que muchos planes se iban a tener que posponer o cancelar y que enfrentaríamos terremotos, una pandemia, protestas y disturbios en diferentes partes del mundo, la incertidumbre que suelen traer consigo los años electorales, etc. Todo esto, sin mencionar los retos personales que cada una debemos confrontar.

Al pensar en todo esto, no sería extraño sentirnos ansiosas, inseguras y preocupadas por lo que nos deparan las próximas semanas. Esto puede provocar que tratemos de estar pendientes de cada detalle, intentando controlar el futuro con nuestras propias fuerzas, lo cual es una carga demasiado pesada y en fin, una tarea imposible. No tenemos la capacidad de controlar el futuro.

“La vida de fe se vive un día a la vez,
y hay que vivirla,
no siempre esperarla
como si la ‘vida real’ estuviera
a la vuelta de la esquina.
Es hoy de lo que
somos responsables.
Dios todavía es dueño del mañana.” –
Elisabeth Elliot

Una de mis frases favoritas de Elisabeth Elliot (mujer virtuosa, misionera y escritora) es: “Dios todavía es dueño del mañana.” Somos responsables del día de hoy y para poder tener un día fructífero, necesitamos la gracia de Dios. Nuestra esperanza no debe estar fundamentada en nuestras metas y planes, sino en la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

Este tema me recuerda la historia de Sara y Abraham en el Génesis (Génesis, capítulos 15, 16, 18 y 21). Dios les prometió descendencia, pero pasaron los años y Sara, viendo que la promesa de un hijo para ella y Abraham no se cumplía, tomó el asunto en sus manos y, sabiendo que ella era estéril, le dijo a Abraham que le diera un hijo a través de su criada Agar. No pasó mucho tiempo antes que la situación causara problemas en el hogar de ellos. Al dejar de confiar en Dios para su futuro y tratar de controlar los resultados con su propio entendimiento, Sara se encontró con más incertidumbre y malestar de lo que sentía antes. La historia de Sara nos enseña que es mejor confiar en Dios junto a nuestro esposo respecto al futuro. Dios cumplió su promesa de darles un hijo a Sara y Abraham. Él obró un milagro extraordinario en Sara, quien no solo había sido estéril sino también que era de edad avanzada cuando concibió a su hijo Isaac. Además de ser contestada la petición de este matrimonio por un hijo, el nombre de Dios es glorificado aún en el presente por el milagro que Sara y Abraham recibieron hace miles de años.

Otra mujer de la Biblia que llega a mi mente es Rut. Ella fue la moabita que regresó con Noemí a Belén, después de que ambas quedaran viudas y sin hijos. A pesar de la tristeza e incertidumbre que debió haber en su corazón al dejar atrás a su tierra y a su familia de origen, Rut dijo a Noemí que la seguiría, que su pueblo sería su pueblo y su Dios sería su Dios. Rut llega a Belén como una extranjera, pero siguiendo los consejos de Noemí y viviendo un día a la vez, pronto ella fue conocida como una mujer virtuosa entre la comunidad. Aunque al comienzo de su historia, el futuro de Rut parecía sombrío, por la gracia y el favor de Dios, ella encontró una nueva vida en Belén. Se casó con Booz y tuvieron un hijo a quien llamaron Obed, que sería el abuelo del Rey David. El libro de Rut termina con alabaza a Dios por la restitución que había obrado en las vidas de Noemí y Rut (Rut 4:14).

Fuerza y dignidad
son su vestidura,
y sonríe al futuro. –
Proverbios 31:25

Es necesario reconocer que el futuro no nos pertenece y soltar las riendas, depositando toda nuestra confianza y esperanza en Dios. Cada día es nuestra responsabilidad hacer lo correcto, poniendo en las manos de Dios nuestras habilidades, capacidades y situaciones personales. Necesitamos comprender que cada día con Dios tiene un propósito que va construyendo el futuro que ya Él ha preparado.

Faltan varias semanas para que se acabe este año y hay muchas cosas que todavía no sabemos ni entendemos, pero a Dios no se le ha escapado ningún detalle. Aprendamos de las historias de las mujeres de la Biblia lo que debemos y lo que no debemos hacer. Hay grandes tesoros para descubrir cada día en la Palabra. Hay hermosos momentos para disfrutar junto al esposo cada día. Hay preciosas memorias que construir con nuestros hijos y familia cada día. No las desperdiciemos por estar buscando “la vida real” a la vuelta de la esquina. Recordemos que… “Dios todavía es dueño del mañana” y siempre lo será.