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La Esposa – Motivos de Celebración

“Nosotros hablaremos del poder, belleza y majestad de tus hechos maravillosos; yo pensaré mucho en ellos y los daré a conocer a mis propios hijos.”

Salmo 145-4-6

Al momento en que escribo esto, me encuentro entre dos fechas importantes: aniversario de bodas (a principios de septiembre) y mi cumpleaños #50 (a comienzos de octubre). Las celebraciones son necesarias porque marcan momentos importantes en la vida y nos invitan a reflexionar en cómo hemos crecido y avanzado.

Celebrar nuestro aniversario de bodas, siempre es algo muy especial para mi esposo y para mí. Este año cumplimos 28 años de casados y mi esposo se esmeró por hacer que pasáramos un día estupendo. Esa pausa es necesaria para disfrutar a plenitud de la mutua compañía, agradecer por lo que hemos edificado juntos por la gracia de Dios y soñar con nuevas metas, proyectos, viajes y caminos por recorrer.

Algo que consideramos sumamente importante es mantenernos aprendiendo. Como matrimonio, necesitamos seguir aprendiendo de lo que la Biblia enseña para que nuestra relación crezca conforme al diseño divino y no conforme a nuestra propia idea de lo que debe ser un matrimonio. Creemos firmemente que Dios creó el matrimonio y como Creador, es Él quien conoce perfectamente el diseño y el propósito de este. Por eso, necesitamos recurrir continuamente a Su Palabra, que es el manual de instrucciones para que nuestro matrimonio glorifique a Cristo.

“Pide entendimiento y busca la sabiduría
como si buscaras plata o un tesoro escondido.” – Proverbios 2:3-4

Ya sea que hayas cumplido más de 30 aniversarios de bodas o que estés comenzando en tu matrimonio, es necesario mantener una “actitud de estudiante”. Lo que esto quiere decir es que te mantengas estudiando a tu esposo para conocerlo mejor. Todas las personas vamos cambiando con el pasar del tiempo, aunque nuestra personalidad permanezca intacta, muchas otras cosas pueden cambiar: forma de pensar, actitudes, hábitos, gustos. El mantenernos atentas a lo que nos comunica el esposo, tanto con sus palabras como de manera no-verbal, nos ayudará a conectar con él más efectivamente. También necesitamos mantener una “actitud de estudiante” en lo que se refiere a las enseñanzas bíblicas sobre las relaciones, como mencioné anteriormente. La fuente principal de conocimiento es la Biblia y además, existe una extensa variedad de recursos basados en principios bíblicos de los cuales podemos aprender para aplicarlos al matrimonio. Los testimonios de otras parejas cristianas mayores que han atravesado experiencias difíciles y han visto a Dios obrar en sus vidas y matrimonios, también nos proveen enseñanzas valiosas.

Sé que, para la mayoría de las mujeres, cumplir 50 años no es algo que desean anunciar o celebrar mucho. La realidad es que, con todo y las inquietudes que pueda tener al enfrentar esta nueva década de mi vida, tengo que decir que, sobre todo, quiero llegar a ella con gratitud. Es mucho lo que tengo que agradecer a Dios. Tuve una niñez hermosa en un hogar lleno del amor de Dios y en el que me enseñaron a amarlo a Él, Su Palabra y al prójimo. Dios me ha guardado de la muerte en más de una ocasión. Nací y crecí en una Isla hermosa, Puerto Rico. Me casé con el amor de mi vida y edificamos juntos una familia. Dios nos ha dado la oportunidad de crecer a través de muchas experiencias (buenas y no tan buenas) en la vida. Pero, más que nada, tengo que agradecer a Dios por haberme mostrado Su gracia redentora, por tener misericordia de mí en mis faltas, en mi pecado, en mis quebrantos. Sin Su salvación que renueva mi esperanza día a día, ¿qué sería de mí? Así que, llena de gratitud por estos años, le pido a Dios que me ayude a continuar madurando cada día, que me guíe para llegar a ser una mujer virtuosa como lo enseña Su Palabra, que me fortalezca para que pueda honrar a mis padres y seguir los pasos de las mujeres ejemplares que Él ha colocado en mi vida, que me dé gracia para desempeñar mi rol como una esposa respetuosa conforme al modelo bíblico y que yo también pueda seguir aprendiendo para poder cumplir el llamado de Tito 2 de ser una maestra del bien para otras mujeres más jóvenes. Estoy consciente de que todavía tengo mucho que aprender, me doy cuenta de que necesito seguir madurando, que tengo errores que enmendar y también sueños por soñar y metas que alcanzar.

“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte;
no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos
y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios
no sea blasfemada.” – Tito 2:3-5

Una de las lecciones más valiosas que he aprendido es que las mujeres necesitamos buscar nuestro propósito en Dios y no dejarnos llevar por las ideas cambiantes de la cultura popular. Solo en Dios hay estabilidad, propósito con repercusiones eternas y vida abundante. He aprendido que no se trata de creer en mí, sino de creer en Dios. La vida es mucho más de lo que nuestra vista puede alcanzar. Nuestra mirada debe estar puesta en la eternidad, y cuando vamos entendiendo eso, nos damos cuenta de que lo que más importa no es lo que nosotras queremos, sino lo que Dios quiere, porque Su voluntad es la que es buena agradable y perfecta.

Sea que cumplas 25 años próximamente, o 50 como yo, o 65, recuerda pausar, recordar y agradecer los motivos por los cuales celebras. Reflexiona y cuenta las bendiciones recibidas, las lecciones aprendidas, las experiencias superadas y las memorias disfrutadas. Mantén una “actitud de estudiante” en cada etapa de la vida porque hacerlo te dará más motivos para celebrar. Que en cada ocasión especial podamos expresar gratitud a Dios y glorificarlo con nuestras vidas por todo lo que Él es y las maravillas que ha hecho.

La Esposa – Intencionalmente Agradecida

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

1 Tesalonicenses 5:18

Hemos escuchado que es importante inculcar en el hogar el uso de las palabras “por favor” y “gracias”. Puede parecer que es simplemente una regla de buenos modales. Sin embargo, el ser intencionales con la amabilidad y la gratitud es algo que debemos fomentar en nuestras relaciones más cercanas si queremos que éstas sean sólidas y profundas. Debido a nuestra naturaleza pecaminosa, la amabilidad y la gratitud no ocurren por accidente, hay que cultivarlas. Esa es la razón por la que necesitamos ser intencionales.

¿Qué significa “ser intencional”? Ser intencional es hacer las cosas de forma deliberada, planificando con propósito y actuando voluntariamente a favor del matrimonio en lugar de buscar satisfacer solamente mis intereses personales (“…el amor…no busca lo suyo…” 1 Corintios 13:5). Ser intencionales con la gratitud es importante porque con el paso del tiempo, comenzamos a dar las cosas por hechas. Cada día es simplemente “otro día más” y nos enfocamos en las tareas, en las agendas y en las rutinas, pasando por alto los regalos que cada día Dios nos ofrece. Puede ser que incluso comencemos a quejarnos por cosas que antes fueron peticiones que Dios contestó. Por ejemplo, puede que hayas orado por una mejor posición en el trabajo de tu esposo y Dios lo concedió, pero ahora te quejas porque tiene más responsabilidades, lo cual le hace llegar un poco más tarde a la casa. No nos damos cuenta de que precisamente es nuestra actitud malagradecida la que no nos permite ver la bendición que hemos recibido. Por otro lado, cuando somos intencionalmente agradecidas, podemos ver la oportunidad de nuestro esposo de proveer al hogar como la bendición que es, y entonces planificar cómo podemos ajustarnos para colaborar juntos con la agenda semanal, sin quejarnos ni despreciar el regalo que Dios nos ha dado.

“El amor es paciente, es bondadoso;
el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso,
no es arrogante; no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita,
no toma en cuenta el mal recibido;
no se regocija de la injusticia,
sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” –
1 Corintios 13:4-7

Necesitamos pausar y hacernos algunas preguntas: ¿Agradezco a Dios a diario por mi esposo? ¿Le expreso gratitud a mi esposo por todo lo que hace por nuestra familia? ¿Lo hago con frecuencia o solo en las fechas especiales? Quizás nos pasa por la mente la pregunta: ¿Y quién me agradece a mí por lo que hago yo? Pero como se mencionó anteriormente, ser intencional se trata de actuar a favor de la relación. Por lo tanto, cuando expresamos gratitud debemos hacerlo desde una perspectiva incondicional, que no busca manipular a otros para recibir agradecimiento, sino genuinamente, con el propósito de fortalecer la relación. De nuevo trayendo a la memoria la Palabra: “…el amor…no busca lo suyo…” 1 Corintios 13:5. También vemos en Gálatas 6:9 que la Biblia dice: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” Para lograr un matrimonio con un ambiente de gratitud, necesitamos ser intencionales en mostrar nuestro agradecimiento a Dios y al cónyuge.

“Siempre es posible agradecer por lo recibido
en lugar de quejarse por lo que no tenemos.
Lo uno o lo otro se convierte
en un hábito de vida.” – Elisabeth Elliot

Elisabeth Elliot, una de las autoras cristianas que admiro y cuya vida es de inspiración escribió: “Siempre es posible agradecer por lo recibido en lugar de quejarse por lo que no tenemos. Lo uno o lo otro se convierte en un hábito de vida.” Lo que se practica es lo que se convierte en hábito. Cuando practicamos la gratitud en nuestra vida diaria, se convierte en un hábito que transformará nuestra actitud. Cuando nuestra actitud se transforma en una de obediencia a la Palabra de Dios, nuestras relaciones son impactadas. La Biblia nos enseña claramente que la voluntad de Dios es que demos gracias en toda circunstancia. Incluso nos llama a la acción de gracias en medio de nuestras oraciones (Filipenses 4:6), aunque no tengamos respuesta. La gratitud expresa confianza en la soberanía y el poder de Dios. Él es bueno, justo y conoce todas las cosas desde el principio hasta el fin. Conocer esa verdad nos motiva a agradecer por todo lo que Él hace.

Debido a que nuestro buen Dios nos da con tanta generosidad, somos llamadas a dar en gratitud a Él por lo que hemos recibido. Así que, seamos intencionalmente agradecidas con el esposo. Demos gracias y palabras de reconocimiento por su trabajo, por su esfuerzo, por las tareas que realiza (sean grandes o pequeñas). Que nuestros hijos nos vean y nos escuchen pues ellos aprenden mucho por lo que observan que sus padres practican. Que la gratitud y la amabilidad sean la práctica y no la excepción en nuestros hogares. A su debido tiempo, veremos los frutos de las semillas que hemos plantado, confiando en Dios que es el que da el crecimiento.

¡Agradecida de Dios por tantas bendiciones, les deseo una Feliz Semana de Acción de Gracias!

La Esposa Inteligente – Venciendo la Cantaleta

“…la mujer pendenciera es gotera constante. La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor.”

Proverbios 19:13-14 NVI

Ser una esposa inteligente es una meta a la que aspiro y una petición por la cual debo orar a diario. Es un privilegio ser llamada un regalo de Dios, por lo tanto, anhelo que mi vida refleje lo que dice el verso bíblico: “… la esposa inteligente es un don del Señor.” Creo que es un proceso de refinamiento diario en el que vamos madurando, aprendiendo y siendo moldeadas.

Es importante que nos fijemos en la primera parte del versículo bíblico también, en la que habla sobre la mujer pendenciera. “Pendenciera” es un adjetivo que califica a la persona que evidencia una propensión a las peleas y los enfrentamientos. Otras versiones de la Biblia dicen: “esposa regañona”, “esposa peleona” o “busca pleitos”. En el libro de Proverbios se hace mención varias veces sobre lo difícil que es vivir con una esposa rencillosa o “inclinada a las peleas o riñas” (Proverbios 21:9,19, 25:24, 27:15). Cuando la Biblia hace hincapié sobre un tema, es necesario prestar atención. Como esposa, debo considerar la razón por la que la Biblia exhorta varias veces sobre la mujer pendenciera o rencillosa.

Mejor es vivir en un rincón del terrado
que con mujer rencillosa en casa espaciosa. –
Proverbios 21:9

En Puerto Rico, a la esposa peleona le llamamos “cantaletera”, es decir alguien que es propensa a la cantaleta. Y la realidad es que, cuando nos evaluamos honestamente, muchas veces caemos en el mal hábito de la cantaleta y en el pecado de pelear en nuestros hogares. Un hogar en el que abundan la cantaleta, los regaños y la pelea, no es un lugar agradable. Dios nos ha llamado a edificar nuestros hogares, pero cuando actuamos de manera rencillosa, hacemos lo contrario, estamos destruyendo. Hay una advertencia bíblica para que evitemos una actitud de cantaleta en el hogar.

Está claro que fallaremos en el proceso, nos atraparemos a nosotras mismas repitiendo la misma queja una y otra vez, nos “morderemos la lengua” cada vez que nos oigamos iniciar una pelea. Pero, como esposas inteligentes, que somos regalo de Dios para el esposo, podemos acudir a la misericordia divina para hallar gracia y perdón para nuestro pecado. En el proceso vamos aprendiendo que la cantaleta no es comunicación efectiva. Para que tu cónyuge te escuche, debes aprender a comunicarte de manera asertiva y respetuosa. La comunicación sincera y amable puede hacer una gran diferencia en tu matrimonio. Entonces, en lugar de pelear y regañar, elegimos el momento adecuado para dialogar. Cuando algo nos disgusta, podemos expresarlo con asertividad sin faltar el respeto al esposo. La comunicación asertiva es una forma de expresar lo que se piensa o quiere de manera clara y respetuosa, considerando el punto de vista del esposo sin necesidad de ser agresivas.

Abre su boca con sabiduría,
y hay enseñanza de bondad

en su lengua.-
Proverbios 31:26

En Proverbios 31:26 dice que la esposa sabia abre su boca con sabiduría y hay bondad en su hablar. Nuestro llamado es alto y hermoso pues somos regalo de Dios para nuestros hogares. La Biblia también dice que el hombre que encuentra esposa, ha encontrado un tesoro y recibe el favor de Dios (Proverbios 18:22). Cuando conocemos el valor de nuestro llamado, podemos ejercer nuestro rol con la certeza de que Dios nos ayudará en la formación de un carácter como el de Cristo para gloria de Su nombre y que seamos de bendición a nuestras familias.

Disfrutando el Matrimonio

“Disfruta la vida con la esposa que amas, todos los días de tu corta existencia que Dios te permite vivir bajo el sol. Eso es lo que te corresponde de tu vida y tu trabajo bajo el sol.”

– Eclesiastés 9:9

En el año 2020 estábamos planificando unas vacaciones familiares que fueron canceladas debido a la pandemia. Mi esposo y yo no habíamos tomado vacaciones desde febrero del año anterior, así que eso significó que continuáramos trabajando todo este tiempo, tomando solo algunos cortos recesos de fines de semana en el área local. Cuando llegó el momento de planificar las vacaciones este año, les confieso que me sentí ansiosa. La seguridad de la rutina diaria y la familiaridad del ajetreo brindan cierto tipo de anclaje en el que me sentía cómoda, aunque estuviera agotada. Tuve que orar y pedir oración por esto ya que quería pasar un buen tiempo junto a mi esposo y familia. Dios contestó mi petición y tuvimos unas vacaciones muy agradables. Y este es mi primer blog luego de las vacaciones.

Como dice la Biblia en Eclesiastés, la vida bajo el sol es corta y se nos ha llamado a aprovecharla bien. Parte de eso es criar a nuestros hijos, el trabajo que realizamos, el ministerio en el cual servimos, pero también se nos llama a disfrutar nuestro matrimonio. A veces, podemos enredarnos tanto en la rutina y el ajetreo diario que nos olvidamos de disfrutar la relación con el esposo. Dejamos de sentarnos a conversar calmadamente y soñar juntos. Eso nos puede llevar a perder la esencia del compañerismo matrimonial que estamos llamados a modelar.

Las parejas cristianas casadas tienen la encomienda de mostrar el amor de Cristo por su Iglesia a través de su relación (Efesios 5:31-32). Esto es un proyecto de vida que se edifica día a día cuando confiamos en Dios como centro de nuestros matrimonios y permitimos que nuestro carácter sea formado conforme al de Cristo. Es un proceso de aprender a amar y a respetar. Es trabajar juntos con paciencia. El matrimonio es un deleite y una bendición de Dios, contrario a lo que proclama el mundo sobre el matrimonio. No es “echarse la soga al cuello”, es hacer un pacto para toda la vida en el que esposo y esposa se acompañarán en toda situación, caminando juntos y disfrutando de su amor, respeto, amistad y fidelidad.

“Así que sé feliz con tu esposa,
disfruta a la mujer con la que te casaste de joven…” – Proverbios 5:18

Aprender a disfrutar con el cónyuge en la vida diaria brinda valiosas ganancias para la relación. La unión y la cercanía emocional se fortalecen, la intimidad crece y el matrimonio se solidifica. Las experiencias compartidas son un pegamento esencial para la relación, pero no tan solo las difíciles, sino también aquellas que nos han hecho reír y gozar juntos. Dediquemos tiempo a observar al esposo, orar por él y con él, escuchar sus anécdotas, reír de sus ocurrencias, hablar de sueños y metas, hacer planes y juntos lograrlos, porque disfrutar del matrimonio no es algo que podemos hacer solo cuando vamos de vacaciones, sino a diario.

Honrando al esposo en su rol de padre -Día de los Padres

“Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.”

Efesios 6: 2-3

El honrar a los padres y madres es un mandamiento bíblico que contiene una promesa de bienestar y larga vida. Honrar a los padres es algo que nos concierne como hijas y como esposas, y que debemos hacer durante toda la vida. En mi país, Puerto Rico, se celebra el Día de los Padres el tercer domingo del mes de junio. Es una magnífica oportunidad para reflexionar sobre las cualidades que hacen a un buen padre y ser agradecidas. En primer lugar, agradecer a Dios, nuestro maravilloso Padre celestial, y dar gracias a esos padres que son parte esencial de nuestras vidas. Celebrar el rol del padre en la familia y la sociedad es necesario e importante. Si anhelamos ver familias saludables, necesitamos resaltar las cualidades de un buen padre.

A través del tiempo, se ha denigrado la figura del padre en la familia a causa del abandono, descuido, negligencia, entre otras cosas lamentables que ha provocado el pecado de muchos hombres. Pero Cristo vino a reconciliar el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres (Malaquías 4:6). Así que no debemos unirnos al coro del mundo que solamente señala y condena a los padres que han obrado mal, sino que podemos levantar nuestras voces y declarar que, por la gracia de Dios, hay muchos padres que aman, educan, comparten, cuidan, protegen y proveen para sus hijos.

“Muchos hombres proclaman su propia lealtad, pero un hombre digno de confianza,
¿quién lo hallará?
El justo anda en su integridad;

¡cuán dichosos son sus hijos después de él!” –
Proverbios 20:6-7

Solo hay un Padre perfecto. Todos los hombres pueden equivocarse y fallar. Pero pueden recurrir a Cristo y hallar perdón y gracia para comenzar de nuevo. Celebremos a los padres que son parte de nuestras vidas. Resaltemos lo bueno que Dios hace en ellos y a través de ellos, en lugar de denigrar su rol y menospreciar su imagen.

¿Cómo podemos honrar a los padres? Hay varias maneras en las que podemos mostrar aprecio a los padres:

  • Respeto – Mostrar una actitud de amabilidad hacia los padres y dirigirse a ellos de manera respetuosa.
  • Estima – Expresar gratitud por su esfuerzo diario para proveer para la familia.
  • Paciencia – Ser tolerantes cuando cometen errores, recordando que no somos perfectas y nos gusta que sean pacientes con nosotras cuando nos equivocamos.
  • Compasión – Mostrar compasión cuando está pasando por un momento difícil, orar por él y con él. Escucharlo y extenderle gracia.
  • Perdón – Dialogar con él respetuosamente cuando hay un desacuerdo buscando la reconciliación. Estar dispuestas a perdonar como fuimos perdonadas por Dios, para lograr una relación saludable.
  • Honra – Interesarnos por su opinión y tratar de entenderlo. Demostrar confianza en sus habilidades y halagar sinceramente sus cualidades. Evitar hablar negativamente de él frente a otras personas.

El llamado bíblico es a honrar a los padres, independientemente de sus defectos y de nuestras emociones. Puede que a veces sintamos desánimo, pero recordemos que no debemos seguir nuestras emociones, sino la Palabra de Dios y cuando la obedecemos en este mandato de honrar a los padres, tenemos acceso a la promesa de que nos irá bien y tendremos larga vida. En la obediencia hay bendición. Al obedecer este mandato, damos un paso certero hacia el establecimiento de relaciones sólidas entre padres e hijos. Esto provocará un fuerte impacto en las familias y en nuestra nación.

“Su esposo es respetado en la comunidad…”
– Proverbios 31:23

Como esposas, somos ejemplo para nuestros hijos cuando honramos al esposo y les enseñamos así la importancia del padre en el hogar. Al meditar sobre esto, me acuerdo de Proverbios 31:23 donde dice que el esposo de la mujer virtuosa es conocido y respetado entre los líderes de la ciudad. Pienso que es interesante que este punto se trae luego de que la porción bíblica habla sobre la vida de hogar y la honra que recibe el esposo de parte de su esposa. Antes de ser respetado en otros lugares, es importante que el esposo sepa que es apreciado en el hogar por su esposa e hijos. Así que, seamos intencionales en darle bien y no mal al esposo cada día, de manera que nuestros hijos tengan un buen modelo a seguir.

¡Feliz Día de los Padres! Les amamos y les honramos.

Gracia para Madres Imperfectas

“Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que el poder de Cristo more en mí.” – 2 Corintios 12:9

Ser madre es un hermoso privilegio, pero también una gran responsabilidad. La tarea de cuidar a un niño o niña desde la infancia hasta que sea adulto, equiparle para la vida, inculcarle principios bíblicos y valores que guíen sus decisiones es una labor gigantesca. Puede que en ocasiones sintamos que estamos fracasando en la tarea. Tengo que confesar que es algo que he confrontado en muchas ocasiones a lo largo de los casi veintiséis años que llevo ejerciendo el rol de madre.

El mundo y la cultura popular tratan de vendernos la idea de ser “super mamás”: las que conocemos las más modernas técnicas de educación, las que cocinamos las mejores recetas para mantener una nutrición saludable para nuestros hijos, las que conducimos a los niños a las prácticas de deportes, clases de música, escuela bíblica, grupo de juveniles, somos voluntarias en la escuela, etc. Todo esto a la vez que mantenemos la casa impecable, somos buenas esposas, participamos en algún comité de la Iglesia, lucimos encantadoras y manejamos algún tipo de negocio propio o empleo para colaborar con el sostenimiento económico del hogar. Realmente, esto coloca sobre nuestros hombros una carga que es sumamente difícil de llevar. Además de que es un concepto que está centrado en nosotras mismas, en realzar nuestra imagen y no reposa en el poder de Cristo ni en glorificarlo a Él.

Así que, muchas veces experimentamos frustración porque hemos permitido que pensamientos contrarios a lo que nos enseña la Palabra aniden en nuestra mente y pongan una demanda indebida en nosotras. Dios nos ha llamado a amar al esposo y a los hijos (Tito 2:4); a que junto al esposo les enseñemos la verdad con nuestros actos y palabras (Deuteronomio 6:6-7). Nuestro deber es llevar nuestros hijos e hijas hacia Jesús, así como hicieron aquellas madres y aquellos padres que relata en Mateo 19:14 cuando Jesús dijo que dejaran que los niños viniesen a Él. Notemos que la Biblia dice que le fueron presentados unos niños. Los niños no llegaron solos. Hubo alguien que los llevó hacia Jesús. Esa es nuestra misión principal como madres: llevar los hijos e hijas hacia Cristo.

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos,
y orase; y los discípulos les reprendieron.
Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí,
y no se lo impidáis; porque de los tales
es el reino de los cielos.” – Mateo 19:13-14

En los pasados días, leyendo sobre este tema en el libro Mujer Sabia de la autora Wendy Bello, Dios trajo a mi corazón el recordatorio de un punto muy importante. Él nos dio la función de instruir, de enseñar en nuestro hogar el carácter de Cristo y los principios bíblicos. Hay una gran diferencia entre instruir y cambiar. No tenemos la capacidad de cambiar a otras personas, ya sean nuestros hijos o el esposo. El poder de cambiar a las personas solo lo tiene Dios. No nos confundamos creyendo que nos toca cambiar el corazón de nuestra familia. Sigamos cumpliendo con nuestra función y dejemos la transformación de los corazones en las amorosas y experimentadas manos del Señor.

Es importante que entendamos que necesitamos recurrir a Cristo continuamente durante el trayecto de la maternidad. No vamos a hacer todo perfecto porque no somos perfectas. Pero podemos descansar en Su maravillosa gracia que cubre nuestros pecados. Dios nos da las fuerzas para reconocer nuestras faltas y pedir perdón, para sostener a nuestros hijos en sus momentos difíciles, para enfrentar las pruebas de la enfermedad, de la rebeldía, de los imprevistos.

“Pues considero que los sufrimientos
de este tiempo presente no son dignos
de ser comparados con la gloria
que nos ha de ser revelada.” – Romanos 8:18

Dios nos ayuda a entender que nuestra identidad no se encuentra en cómo manejamos la maternidad, sino que está cimentada en Cristo. Y comprender esto es lo que nos libera de la culpa y de la frustración de nuestros fracasos. Puede que los hijos se rebelen por un tiempo, puede que algunos se alejen incluso. Y llega el pensamiento: “Si tan solo fuera una mejor madre…” Pero realmente eso no es lo que garantiza los resultados. Escuchando un podcast de Aviva Nuestros Corazones sobre la Maternidad Redimida me impactó cuando hablaron sobre Adán y Eva, quienes tenían un Padre y un hogar perfectos y, aun así, se rebelaron. Así que nosotras, necesitamos entender que nuestra única esperanza está en el Señor. Solo Él es soberano y Sus planes para las vidas de nuestros hijos son mejores que los nuestros. Así que, tal como Adán y Eva fueron los primeros en recibir el anuncio sobre la redención en Cristo, nuestros hijos también necesitan que les anunciemos el Evangelio en el hogar.  

Y esto sí que es algo maravilloso. Que podamos vivir el Evangelio en nuestro hogar, que el amor de Dios se refleje en nuestras acciones, en nuestra entrega. Que podamos actuar en humildad, reconociendo nuestros errores. Que podamos servir sin esperar recompensa. Que Dios nos ayude para que nuestra vida sea un testimonio que lleve a nuestros hijos hacia Jesús.

Somos imperfectas, pero amadas y cubiertas por Su gracia. ¡Feliz Día de las Madres!

La Esposa Discreta – Parte II

“Porque el Señor da la sabiduría;
conocimiento y ciencia brotan de sus labios.
Él reserva su ayuda para la gente íntegra
y protege a los de conducta intachable.
Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles.
Entonces comprenderás la justicia y el derecho,
la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón,
y el conocimiento te endulzará la vida.
La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá.”

Proverbios 2: 6-11

Luego de la publicación de la primera parte de “La Esposa Discreta”, una lectora me preguntó que cómo se puede ser discreta pero también transparente (sincera) cuando se necesita consejo sobre un área de vulnerabilidad ya sea personal o matrimonial. Es una excelente pregunta y la Biblia nos da la respuesta y ejemplos de los que podemos aprender.

La porción de Proverbios que comparto como encabezamiento nos lleva a meditar en nuestra necesidad de adquirir la sabiduría de la fuente correcta. Entonces la discreción y la inteligencia nos protegerán. Pero ¿de qué nos van a proteger? Del camino del mal, de las malas compañías y de los que lo tergiversan todo con sus palabras (Proverbios 2:11-15 PDT). Definitivamente, la discreción nos libra de contarle nuestras situaciones a personas que tergiversan las palabras, conduciéndote a la confusión. Desahogarte con tus amistades sobre las faltas de tu esposo no es la respuesta. Eso deshonra a tu esposo y te puede conducir por un camino torcido que terminará lastimando tu matrimonio.

Los pensamientos con el consejo se ordenan…
– Proverbios 20:18

Sin duda hay momentos en los que necesitamos ser escuchadas y aconsejadas. La Biblia nos enseña que los pensamientos se ordenan con el consejo (Proverbios 20:18). En el libro de Proverbios se repite en múltiples ocasiones que atendamos al consejo bíblico (Proverbios 3:21), que apreciemos los consejos de nuestros padres (Proverbios 13:1) y de las buenas amistades (Proverbios 27:9). Así que, ahí encontramos respuesta a la pregunta que hizo la lectora. La primera fuente en la cual debemos buscar consejo y aliento es la Palabra y a Dios en oración para que nos dirija si debemos acudir a una persona con la cual dialogar y que nos ayude a orar. Lo segundo que debemos hacer es traer a la memoria los consejos que nuestros padres nos han dado a lo largo de la vida y/o acudir a ellos si es posible. En tercer lugar, una vez hayamos orado, podemos hablar con una mujer mayor, madura en la fe, que nos pueda escuchar y aconsejar aplicando la Palabra (Tito 2:4-5).

En la Biblia se encuentran dos ejemplos de mujeres discretas que me gustaría compartir. Una de ella es Ana. Su historia se encuentra en el Antiguo Testamento (1 Samuel 1:1-28 y 2:1-11) donde nos relata que ella estaba casada pero no había podido tener hijos pues era estéril por lo cual recibía burlas y menosprecio. En lugar de responder con ira o irse a chismear con sus amigas por lo que sufría, ella fue al templo a orar por su petición: un hijo. El sacerdote Elí primero asume que ella está borracha porque ella oraba moviendo sus labios sin emitir palabra. Pero en vez de responder con arrogancia, Ana humildemente le expresa su angustia y le declara su petición a Elí. Entonces Elí la envió en paz pidiendo que Dios contestara su petición. Dios le concedió a Ana un niño que se llamó Samuel, el cual ella dedicó a Dios y fue uno de los profetas más conocidos de Israel.

La forma de proceder de Ana muestra discreción ya que ella acudió a Dios en su angustia y la persona con la que habló luego de orar, fue alguien que era respetado como líder espiritual en su comunidad. En su conversación, ella no habló mal de otras personas, sino sobre la situación que experimentaba y la petición que tenía ante Dios. El mejor ejemplo que nos da la vida de Ana es el de acudir a Dios y entregarle a Él nuestra carga. También el de buscar el apoyo en la oración.

El otro ejemplo que deseo compartir es el de María de Belén, a quien le fue concedido el gran privilegio de llevar en su vientre y dar a luz a Jesús. El anuncio y la concepción de Jesús fue sin duda algo maravilloso, pero desconcertante (Lucas 1:29). Ella fue muy humilde y discreta en su forma de proceder. Cuando necesitó de alguien, acudió a su prima Elisabeth, una mujer mayor, esposa del sacerdote Zacarías que también había quedado encinta de manera milagrosa pues era estéril (Lucas 1:39-44). Su ejemplo nos enseña a buscar aliento y compañía en personas confiables que nos ayudarán a afirmarnos en la fe.

Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del corazón
y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios. – 1 Pedro 3:4

Podemos ser vulnerables y transparentes sin dejar de ser discretas. Dios estima el espíritu manso y apacible (1 Pedro 3:4) de una mujer que le honra y aprende de Él para actuar de la manera apropiada en cada situación. En todo, recordemos siempre que dependemos de Dios. Lo necesitamos todos los días. Alcanzar la meta de ser una esposa discreta y todo lo que esto implica puede parecer sumamente difícil, quizás hasta imposible. Pero tengamos en mente que para Dios no hay nada difícil ni imposible (Jeremías 32:27). Confiemos a Él nuestra vida, matrimonio y familia.

La Esposa Discreta

“Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios.”

Salmo 141:3

La discreción es definida en el diccionario como “prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar.” La Biblia continuamente nos exhorta a ser sabias, lo cual implica hablar y obrar con sabiduría. Sin embargo, el mundo y la cultura muchas veces etiquetan a las mujeres como indiscretas y chismosas. Nosotras no estamos llamadas a seguir lo que dice el mundo, sino lo que dice la Palabra de Dios.

En Proverbios se habla mucho sobre la sabiduría, la discreción y la sensatez. Un verso de Proverbios dice: “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
es la mujer hermosa que carece de discreción.” (11:22).
Es decir, la belleza en una mujer desprovista de discreción es tan adecuada como ponerle un anillo de oro a un cerdo. La belleza, sin discreción y prudencia, conduce a la ruina, tal como los adornos no son algo que se les da a los cerdos. De nada vale cuidar mucho nuestra apariencia externa si no nutrimos nuestro corazón y nuestro espíritu de la sabiduría que produce discreción y sensatez.

“Yo, la sabiduría,
habito con la prudencia,
y he hallado conocimiento
y discreción.” –
Proverbios 8:12

Entonces, ¿qué es lo que hace a una esposa discreta? Primero, su conexión con la Palabra de Dios. En la Biblia encontramos la fuente del conocimiento necesario para obrar de manera prudente y discreta (Proverbios 3:21). Segundo, la esposa discreta es digna de confianza pues sabe reservarse la información que escucha de otras personas, sobre todo lo que le dice su esposo (Proverbios 31: 11). Ella no anda buscando a quién contarle lo que ha escuchado, ni siquiera con la excusa de que es “para orar”. La esposa discreta guarda el secreto y lo lleva a Dios en sus oraciones privadas.

En tercer lugar, la esposa discreta sabe esperar al momento preciso para hablar con el esposo. No lo aborda en cuanto llega a la casa con una lista de asuntos y quejas que siente que necesita descargar sobre él. Ella es respetuosa y cuidadosa al expresarse. Esto me hace pensar en Ester, un gran ejemplo de una mujer discreta, que supo esperar al momento adecuado y cuando lo hizo, fue de una manera en la que su esposo no se sintiera acusado de ser manipulado por Amán (Ester 7:3). Ester declaró las malas acciones de Amán y dejó a su esposo, el rey Asuero decidir cómo proceder en cuanto al asunto. Ella respondió con sabiduría una y otra vez para hacer la voluntad de Dios en el lugar en que Él la había colocado (Ester 2:10,15, Ester 4:16).

Cuarto, una mujer discreta se cuida de causar una impresión equivocada. Como Rut, una mujer discreta y prudente, sigue los consejos de las personas que Dios ha puesto a su lado para guiarla. Toma las medidas necesarias para no provocar una impresión errónea ante los que le rodean. No se comporta de manera que llame la atención hacia ella, sino que su meta es reflejar a Cristo en su forma de hablar y de actuar (Mateo 5:16). En el libro de Rut, leemos cómo ella siguió los consejos de su suegra Noemí. Cuando dio los pasos para ser redimida por Booz, ella sigue los consejos para mantener la discreción en todas sus acciones (Rut 3:7,14). Ya ella era conocida por ser una mujer virtuosa (Rut 3:11) y cuando se resuelve el asunto de su redención, su reputación y la de Booz están intactas. Y, en quinto lugar, una esposa discreta habla con respeto y admiración sobre su esposo. No se burla de la idea de tener un alto concepto de él (Proverbios 31:23). Cuando desea aconsejar a su esposo sobre algún asunto lo hace con bondad (Proverbios 31:26). Evita faltarle el respeto con sus palabras. No se enfoca en expresar sus opiniones ni deja que las emociones dominen sus palabras. Pone su confianza en Dios para que ponga guarda a su boca (Salmo 141:3).

“La discreción es
fuente que da vida
para quienes la poseen…” – Proverbios 16:22

Vivir de manera prudente y discreta no es necesariamente algo que nos llega de manera natural. Muchas veces he fallado en no darme cuenta de que no es el momento apropiado para hablar y soy redargüida al ver el resultado de mi falta de sensatez. Pero también he visto la diferencia que hace el confiar en Dios, orar sobre un asunto, pensar en la manera adecuada de expresarlo y hablar en el momento indicado. Necesitamos la ayuda de Dios para poder lidiar con nuestra insensatez. Este es un proceso largo, pero muy bien recompensado por el Señor. Nuestro matrimonio, la relación con nuestros hijos, familiares y amistades serán impactados de manera positiva cuando practicamos la discreción.

El Romance en el Matrimonio

“Las muchas aguas no podrán apagar el amor,
Ni lo ahogarán los ríos.”

Cantares 8:7

El mes del febrero se conoce popularmente en muchos países como el “Mes del Amor”. Las parejas salen en citas románticas, se regalan tarjetas, chocolates y flores para celebrar su relación. Es muy bonito que se dedique atención al romance en el matrimonio, pero no debe ser solamente por motivo del “Mes del Amor”. Una de las realidades que enfrentan las parejas después de llevar unos años de casados es que las atenciones románticas comienzan a disminuir. Esto es bastante normal debido a las responsabilidades, rutinas y obligaciones de la vida familiar. El que sea algo normal no lo hace correcto. En la Biblia encontramos un libro completo dedicado al romance entre una pareja.

En su inmensa sabiduría, Dios colocó el libro de Cantar de los Cantares en la Biblia. Algunos estudiosos de la Biblia describen este libro como “una representación del amor en toda su espontaneidad, belleza, poder y exclusividad, y experimentado en sus momentos de separación e intimidad, angustia y éxtasis, tensión y satisfacción” (Bible Gateway Overview). Cuando se lee Cantares, podemos ver como la relación entre la pareja va progresando, creciendo en intimidad (cercanía) y seguridad.

¡Qué hermosa eres,
y cuán suave, Oh amor deleitoso! –
Cantares 7:6

Hace varios días, estaba leyendo el libro de Cantares y me detuve en el capítulo 7. Al leer la primera parte de Cantares capítulo 7:1-6, se ve reflejado el detalle con el que el amado describe la belleza que observa en su amada. El amado no solo le dice: “¡Eres fantástica!” Él describe con precisión todo lo que admira de su amada. Esposo que me lees, dedica atención y detalle cuando halagas a la esposa. Expresa tus elogios de manera explícita y afectuosa, describiendo cualidades de ella que admiras para que hagas sentir a la esposa lo especial que es ella para ti.

En la segunda parte de Cantares 7 (versículos 10 al 13) podemos ver que la amada le responde a su amado con entusiasmo, entrega y devoción. Esposa, procura que tu respuesta a los halagos del esposo esté no solo llena de gratitud, sino que refleje tu devoción. Expresa respeto hacia el esposo celebrando la relación al dedicar tiempo para actividades que ambos disfruten. Demuestra tu anhelo de hacer cosas por él como muestra de tu amor.

“Las mandrágoras han dado olor,
Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas,
Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío,

he guardado.” – Cantares 7:13

En ocasiones, fallamos ambos. El esposo porque olvida lo importante que son para la esposa los detalles y las palabras románticas. La esposa porque olvida responder con entusiasmo para hacerle saber al esposo que valora sus acciones. Tampoco debemos olvidar que puede que el lenguaje del amor* del cónyuge sea diferente al nuestro. Puede que para el esposo sean muy importantes las palabras de afirmación y debamos expresar nuestra admiración como hace la amada en Cantares 5:9 – 16. Es posible que para la esposa sea muy importante el tiempo de calidad y el esposo debe separar tiempo para dedicarlo exclusivamente a compartir con ella en actividades como paseos, por ejemplo, u otras que sean de su agrado (Cantares 4:8).

Lo que debemos tener en mente, no solo en el “Mes del Amor”, sino durante todo el año es que el romance es una parte importante y esencial en el matrimonio. Lo que Dios creó lo hizo bueno en gran manera y parte de esa creación es la unión matrimonial. Él desea que sea una unión gozosa que refleje el genuino amor que Cristo expresó por su Iglesia al entregarse por ella. Cuando ambos cónyuges deciden amar como Dios nos amó, las motivaciones egoístas quedan atrás y el enfoque es glorificar a Dios a través de una relación matrimonial abnegada que pone el bienestar del otro antes que el suyo propio. Esa es la clase de amor que las muchas aguas no podrán apagar.

*Lenguajes del amor: Palabras de Afirmación, Tiempo de Calidad, Toque Cariñoso, Regalos y Actos de Servicio

La Esposa – Renovando el entusiasmo

“Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti.

    Alégrate con la esposa de tu juventud.”

Proverbios 5:18

Una de las imágenes que siempre recordaré de la boda de mi hijo son los rostros de él y mi nuera desfilando juntos como esposo y esposa por primera vez. El gozo y el amor irradiaban en sus rostros. Hace varios días, pensando en esto, mi mirada se topó con una foto que tengo en mi habitación del día de mi boda, en la cual mi esposo y yo estamos desfilando por primera vez como esposo y esposa. Es una foto espontánea, natural, y ambos estamos sonriendo con entusiasmo. Esto me llevó a meditar sobre el entusiasmo que producen los nuevos comienzos y lo que puede ocurrir con ese entusiasmo al transcurrir el tiempo.

El matrimonio se edifica día a día. Hay que cuidarse mutuamente, ayudarse el uno al otro, orar el uno por el otro y manifestar el amor de manera que la relación crezca y se fortalezca. Las palabras edificar y entusiasmo, traen a mi mente a Baruc en el libro de Nehemías. El relato de la reconstrucción del muro de Jerusalén detalla que Baruc trabajó con entusiasmo, con fervor, para edificar la parte que le correspondía (Nehemías 3:20). Desde que leí eso me impresionó que, en el escrito del relato se haya detallado el entusiasmo de este hombre para edificar. Es una pausa hecha adrede para destacar su entusiasmo. ¿Qué nos quiere decir Dios con eso? Medito en ello y pienso que Dios nos llama a edificar con entusiasmo. ¿Qué estamos edificando? Parte de lo que edificamos en esta vida es nuestro matrimonio y familia. Es un trabajo arduo y continuo, pero lleno de bendición. Merece ser hecho con entusiasmo.

“Junto a él estaba Baruc, hijo de Zabai, quien reparó con entusiasmo
una sección adicional,
desde el ángulo hasta la puerta de la casa de Eliasib, el sumo sacerdote.” – Nehemías 3:20

El entusiasmo, según el diccionario, es un “sentimiento intenso de exaltación producido por la admiración apasionada de algo o alguien”. Así que como todas las emociones que experimentamos, el entusiasmo puede decaer. Por eso, comenzando este año, procuremos renovar el entusiasmo. En primer lugar, oremos para que nuestro fervor por Dios y Su Palabra se mantenga vivo. En segundo lugar, oremos por un entusiasmo renovado respecto a la edificación de nuestro matrimonio y familia.

La rutina y las tareas ordinarias pueden ser enemigos frecuentes del entusiasmo, pero Dios nos llama continuamente a mantenernos haciendo el bien, a obrar con sabiduría. La mujer virtuosa de Proverbios 31 es otro ejemplo de fervor (“…su lámpara no se apaga.” Proverbios 31:18). Ella se mantiene trabajando por el bienestar de su familia. La Biblia nos enseña que todo lo hagamos sea para Dios, con amor. Cuando recordamos cada día esa enseñanza, podemos entusiasmarnos aun con las tareas rutinarias, podemos disfrutar cada etapa del matrimonio y de la crianza de los hijos.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres…” – Colosenses 3:23

El entusiasmo o fervor nos lleva a disfrutar lo que Dios nos permite ser y hacer. Ser esposa es un privilegio hermoso que nos permite expresar aspectos maravillosos del carácter de Dios. Que junto al esposo podamos disfrutar de la relación, crecer juntos, conocernos mejor cada día, servir a Dios juntos. Que el entusiasmo esté presente en nuestro matrimonio en cada etapa, tanto si solo llevamos meses como veintisiete años de casados. Ese gozo duradero solo proviene del amor de Dios fluyendo en nuestra relación con el esposo y será transmitido también a los hijos que crecerán en un hogar guiado por Dios. ¡Que sea un Nuevo Año lleno de fervor para cada familia!