La Esposa – Lecciones de la Vida de María

Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón. – Lucas 2:19

Al acercarse la celebración del Día de las Madres, meditaba sobre las mujeres piadosas en la Biblia cuyas vidas podemos estudiar para seguir su ejemplo. La vida de María de Nazaret, quien fue escogida para ser el instrumento para traer la vida de Jesús al mundo, me impactó profundamente al reflexionar más detenidamente sobre ella.

Quisiera compartirles algunas de las lecciones de la vida de María que son relevantes para las que somos esposas y madres. Tal como María, nosotras también hemos sido escogidas para traer la vida de Jesús a nuestros hogares. Es en el hogar donde Dios nos llama a manifestar el amor de Cristo al esposo y a los hijos, no solo con nuestras palabras, sino con nuestras acciones diarias. Esto lo podemos hacer cuando reconocemos que la vida de Jesús es la que da significado a nuestras vidas. María fue escogida por gracia, así como nosotras. No somos merecedoras de esa gracia maravillosa, pero Dios se complació en otorgárnosla. Es un regalo que nos da acceso a una relación con Cristo para que podamos llevar las buenas nuevas a otros, comenzando en nuestros hogares.

Entonces María dijo:
He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo
conforme a tu palabra. –
Lucas 1:38

María estuvo dispuesta a someter sus planes a la voluntad de Dios y a rendir su vida para cumplir Su propósito. Como toda joven en espera del día de su boda, probablemente ella estaba pensando en los preparativos y en cómo sería su vida cuando se casara con José. Sin embargo, cuando el ángel se le presentó, ella dijo: “Que se haga conmigo conforme a tu palabra.” (Lucas 1:38) Para ella fue más importante obedecer a Dios que lo que la gente pudiera decir cuando se enteraran que ella estaba embarazada. Tal como María, necesitamos aprender a rendirnos humildemente a la voluntad de Dios, sea que se trate de nuestros planes para nuestra familia o de nuestra opinión sobre cómo debe funcionar el matrimonio. Obedecer a Dios va por encima de lo que el mundo dice que es correcto o de lo que está de moda.

Algo muy importante que vemos en María es que ella fue una mujer que conocía la Palabra. A pesar de las limitaciones que había en aquel tiempo, en el cual no contaban con la Palabra de Dios escrita como la tenemos hoy día, ella memorizaba lo que escuchaba en las reuniones de adoración y lo podemos ver cuando leemos su cántico de alabanza y gratitud en Lucas 2:46-55, en el cual hay varias citas del Antiguo Testamento. Tal como ella, necesitamos atesorar la Palabra de Dios en nuestros corazones porque es la que nos guiará para ejercer nuestro rol de madres de una manera fructífera. Creamos y hagamos nuestras las promesas de Dios, meditando en ellas a menudo, como lo hacía María (Lucas 2:19, Lucas 2:51).

En su matrimonio, María demostró continuamente respeto hacia José. Primero cuando recibió el mensaje del ángel y confió en que Dios obraría en el corazón de José (Mateo 1:19-21). Luego vemos que Dios le hablaba a José por medio de sueños, le advertía de peligro y le daba instrucciones (Mateo 2:13-15, 19-23). María confió en el liderazgo que Dios había puesto sobre José para dirigir y cuidar su familia. Juntos obedecían la voluntad de Dios. Es necesario que confiemos que sobre todas las cosas, Dios es el que nos protege y nos guía y que Él capacitará al esposo para que pueda cumplir su propósito en el hogar.

En Juan 2, se narra el primer milagro de Jesús en el cual Él convirtió el agua en vino en las Bodas de Caná. El versículo 5 dice que María le dijo a los que servían que hicieran todo lo que Jesús dijera. ¡Qué buen consejo! Necesitamos hacer lo que Jesús nos manda y nos enseña. En la vida diaria, como esposas. como madres, debemos seguir los mandatos de Jesús (Juan 15:12).

María también fue una mujer de oración (Hechos 1:14). La Biblia nos enseña que, en lugar de preocuparnos, debemos orar por nuestras peticiones, sea que veamos respuesta inmediata o no. Oremos por nuestro matrimonio, nuestros hijos y familia, mientras continuamos haciendo lo correcto en nuestro hogar.

No se preocupen por nada;
en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan
y denle gracias por todo
lo que él ha hecho. –
Filipenses 4:6

Por último, lo más importante que nos enseña la vida de María es que ella reconoció su necesidad de un Salvador (Lucas 1:47) y frente a la cruz, como leemos en Juan 19:25, ella pudo ver a Jesús cumplir la voluntad del Padre, morir por los pecados de la humanidad, incluyendo los de ella. Sin duda, fue devastador ver el sufrimiento de Jesús, pero allí también ella experimentó su gran amor, su perdón, su gracia redentora. En nuestra trayectoria como madres, enfrentaremos momentos difíciles, devastadores, pero tenemos una esperanza maravillosa en Cristo nuestro Salvador. Podemos creer y abrazar Sus promesas porque Él es fiel.

Que como María, podamos ser mujeres humildes, obedientes, dispuestas, agradecidas, llenas de devoción, que amemos la Biblia, mujeres de oración, entregadas a nuestro llamado como madres y esposas. Que el Señor nos ayude a aprender del ejemplo de las mujeres piadosas, cuyas historias relata la Biblia. Que Él nos ayude a identificar entre las mujeres que nos rodean a aquellas que pueden servirnos de modelo y alentarnos a seguir adelante. Que vivamos vidas agradables a Dios para que nuestros hogares rebosen del amor de Cristo. ¡Feliz Día de las Madres 2021!

La Esposa – Alimentando el hogar

“También se levanta cuando aún es de noche,
y da alimento a los de su casa…” – Proverbios 31:15

Ayer, al leer un libro de meditaciones diarias, me llamó la atención la gran importancia que le debemos dar a lo que es el alimento que brindamos. En el versículo 15 de Proverbios 31, nos dice que la mujer virtuosa se levanta muy temprano para alimentar a su familia. Sin duda, el alimento físico es importante, pero también lo es el alimento con el que se nutre el alma.

Es en el hogar donde nutrimos las relaciones. Necesitamos preguntarnos con qué tipo de alimento estamos nutriendo al esposo y a los hijos. Para asegurarnos de brindar una buena nutrición espiritual a nuestra familia, es importante que busquemos alimentarnos de la fuente correcta, que es la Palabra de Dios. Separar un tiempo diariamente para orar y leer la Biblia nutre nuestro espíritu y nuestra alma. Así estaremos preparadas para brindar un buen alimento en nuestro hogar.

Una meta que a muchas esposas les gustaría alcanzar es que en su hogar todos puedan relacionarse armoniosamente la mayor parte del tiempo. A veces nos preguntamos por qué el esposo o los hijos parecen estar a la defensiva o hablan con sarcasmo y crítica o por qué estamos tensas y reaccionamos de manera inadecuada. Es necesario que nos preguntemos de qué se está nutriendo nuestra familia y cómo podemos nosotras hacer una diferencia.

“Según cada uno ha recibido
un don especial,
úselo sirviéndoos
los unos a los otros
como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios.” – 1 Pedro 4:10

Dios nos ha dotado de dones, habilidades y talentos que podemos utilizar para bendecir a nuestra familia. Cuando los ponemos en práctica brindamos alimento espiritual a los de nuestra casa. El enfoque debe ser el amor; el amor que nos enseña la Biblia. Ese amor no depende de lo que otros hagan o dejen de hacer, es el amor que fluye de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas que produce como respuesta que amemos a los demás con abnegación. Este ejemplo lo podemos ver claramente en el pasaje de la mujer virtuosa (Proverbios 31:10-31), pues todo lo que ella hace por su familia se desprende de su reverencia a Dios. En esa porción bíblica vemos que la mujer virtuosa no actúa en respuesta a las acciones de los demás, sino como un fruto de su relación con Dios.

En algunos casos, los resultados de nuestras oraciones y de nuestra entrega al hogar se demoran y podemos vernos tentadas a desmayar. Pero la Palabra de Dios nos alienta a que continuemos haciendo el bien, confiando en que a su tiempo cosecharemos. Permanezcamos firmes en la oración y en la búsqueda continua del alimento espiritual. Mientras seguimos nutriendo nuestro matrimonio y nuestra familia, seguiremos creciendo en fe y madurando como cristianas. Todo lo que vamos aprendiendo, lo podremos aplicar en su momento a nuestra vida de hogar, con la confianza de que Dios es el que obra en los corazones.

“No nos cansemos, pues,
de hacer bien;
porque a su tiempo segaremos,
si no desmayamos.” –
Gálatas 6:9

Que estemos dispuestas a transitar por el camino más excelente del cual escribió el apóstol Pablo en 1 Corintios 13, porque es esa clase de amor que cubre multitud de faltas y provoca un cambio poderoso en el hogar. Que, como la mujer virtuosa, nos levantemos con gozo a brindar alimento a los de nuestra casa, sabiendo que de Dios hemos recibido el alimento espiritual que nos capacita para hacer el bien.

La Esposa – Cuidando el Corazón

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón,
porque de él mana la vida. – Proverbios 4:23

En la publicación de la semana pasada se tocó el tema de la santificación progresiva, que es el proceso mediante el cual cada persona cristiana va siendo formada de acuerdo con el carácter de Cristo. Esto es algo que va sucediendo durante toda la vida, mientras aprendemos y maduramos en nuestra fe. Como parte de este proceso, necesitamos ser enseñadas por la Palabra de Dios acerca de cómo cuidar nuestro corazón.

El corazón abriga nuestros pensamientos, emociones y actitudes. La Biblia nos aconseja que lo guardemos como una fuente de vida. En días recientes escuché una breve enseñanza para los matrimonios del Pastor Paul Tripp sobre el pasaje de Lucas 6:43-45 (“Un buen árbol no puede producir frutos malos, y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Al árbol se le identifica por su fruto. Los higos no se recogen de los espinos, y las uvas no se cosechan de las zarzas. Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón. Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón.”). El Pastor Tripp enfatiza en su mensaje a los cónyuges que, de acuerdo con este pasaje bíblico, las palabras y comportamientos son causados por lo que está dentro de nosotros, no por lo que sucede fuera. Dentro del corazón guardamos pensamientos, emociones y actitudes que darán forma a nuestras palabras y comportamiento.

“Una persona buena produce
cosas buenas del tesoro
de su buen corazón,
y una persona mala produce
cosas malas del tesoro
de su mal corazón.
Lo que uno dice
brota de lo que
hay en el corazón.” – Lucas 6:45

Por lo tanto, necesitamos darnos cuenta de que es necesario dejar de culpar al esposo por nuestro comportamiento pecaminoso y nuestras palabras hirientes. A veces nos disculpamos diciendo: “Eso no fue lo que quise decir”, pero en realidad es lo que estaba en nuestro corazón y por eso brotó de nuestra boca (Lucas 6:45). Dios nos está llamando a examinar nuestro corazón, a llevar nuestros pensamientos, emociones y actitudes a Él (2 Corintios 10:5). Cuando permitimos que la Palabra de Dios sea el filtro de nuestros pensamientos (Filipenses 4:8), las emociones y actitudes de nuestro corazón serán transformadas. En lugar de buscar excusas o justificarnos por lo que hacemos o decimos, podemos ir confiadamente a Cristo, en quien encontramos siempre gracia para ser transformadas conforme a su imagen. Somos libres de la esclavitud de la culpa.

Piensen en todo lo que es verdadero,
en todo lo que merece respeto,
en todo lo que es justo y bueno;
piensen en todo lo que se reconoce
como una virtud, y en todo lo que es agradable
y merece ser alabado. – Filipenses 4:8

Cuidamos el corazón cuando dependemos de Dios para levantarnos en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Cuidamos el corazón cuando leemos, escudriñamos y meditamos en las Escrituras (Juan 5:39). Cuidamos el corazón cuando no le damos cabida a pensamientos malsanos (Filipenses 4:8). Cuidamos el corazón cuando estamos dispuestas a aprender humildemente a ser más como Jesús (Mateo 11:29).

La meta del matrimonio es glorificar a Dios, reflejando la imagen de Su amor por la Iglesia para que el mundo lo pueda ver. ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que nuestros matrimonios se fortalezcan? ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que sea moldeado a la imagen de Cristo? ¿Estamos dispuestas a cuidar el corazón para que lo que brote de él (palabras y comportamientos) glorifiquen a Dios? Ese es el llamado, nos toca responder. Dios es honrado cuando obedecemos.

La Esposa y la Santificación

 “Así que, todos nosotros,
a quienes nos ha sido quitado el velo,
podemos ver y reflejar la gloria del Señor.
El Señor, quien es el Espíritu,
nos hace más y más parecidos a él
a medida que somos transformados
a su gloriosa imagen.” – 2 Corintios 3:18

Durante la pasada semana, me topé con una frase que ha permanecido en mi mente (Esposa: La santificación de tu marido no significa que será más como tú sino más como Cristo” – Paty Namnun).  La frase, como podemos observar, está dirigida a la esposa, pero tiene que ver con la santificación del esposo, recordándole a la esposa que el esposo será santificado para parecerse más a Cristo, no a ella.

La razón por la que ha permanecido en mi mente todos estos días es porque me confrontó y me hizo recordar las ocasiones en las que he pensado que puedo “mejorar” a mi esposo a “mi gusto o a mi manera”. A veces lo hacemos sin darnos cuenta cuando pensamos que el esposo debería hacer tal o cual cosa como nosotras o tratamos de imponer nuestra manera de pensar. También nos justificamos con la excusa de que nuestras intenciones son buenas. Pero en todas esas ocasiones estamos olvidando que nosotras no somos perfectas, que nosotras también necesitamos ser moldeadas y estamos en proceso de madurar como cristianas.

Todas las buenas intenciones que podamos tener no sustituirán jamás la obra maravillosa del Espíritu Santo. Así que, sobre todas las cosas, necesitamos someternos a Cristo y al proceso de ser moldeadas de acuerdo con su Palabra. Mientras permanezcamos tratando de que el esposo sea como nosotras queremos, la paz estará ausente de nuestro matrimonio. Cuando entregamos a Dios nuestras preocupaciones sobre el carácter del esposo y nos enfocamos en hacernos responsables de nuestras actitudes y conductas a través de la dirección del Espíritu Santo, comenzaremos a ver cambios en nuestro hogar.

“No se preocupen por nada;
en cambio, oren por todo.
Díganle a Dios lo que necesitan
y denle gracias
por todo lo que él ha hecho.” –
Filipenses 4:6

Es cierto que los cónyuges pueden ejercer influencia entre sí, pero es cuando estamos siendo guiadas por la Palabra de Dios que podemos influir de una manera más significativa. Recuerdo que una ocasión en la que yo pensaba que podía influir en mi esposo a través de la cantaleta (repetir lo mismo consistentemente), pude experimentar que Dios me guiaba a callar. Al principio me sorprendí porque pensaba que mis intenciones eran buenas, pero obedecí, callé y me mantuve orando por mi esposo. No mucho tiempo después, comencé a ver la obra de Dios en mi esposo y entendí que Dios me estaba enseñando que mi trabajo no era cambiar a mi esposo, sino escucharlo, apoyarlo, motivarlo y mostrarle respeto. El cambio en mi actitud fue un alivio para mi esposo, lo cual trajo mayor armonía a nuestra relación y mejoró nuestra comunicación.

Cada persona que ha sido redimida por Cristo está en el proceso de santificación progresiva, que es moldearnos a la imagen de Cristo, formar Su carácter en nosotros. Cuando en el matrimonio los cónyuges están siendo formados a la imagen de Cristo, pueden exhibir esos rasgos de Su carácter, como el servicio mutuo, la humildad, la paciencia, la bondad, la fidelidad, entre otros, que harán que su hogar sea un lugar seguro para ambos y para sus hijos.

 “Como dicen las Escrituras:
«El hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su esposa,
y los dos se convierten en uno solo». 
Eso es un gran misterio,
pero ilustra la manera en que
Cristo y la iglesia son uno.” – Efesios 5:31-32

La frase que mencioné al principio es una que debo siempre recordar pues la meta, tanto para mi esposo como para mí, es parecernos más a Cristo. ¡Que Cristo sea la prioridad para cada una de nosotras, parecernos a Él, reflejar Su carácter, vivir de acuerdo con su Palabra y que nuestro matrimonio exprese el hermoso misterio del amor de Cristo por Su iglesia!

La Esposa – Aprendiendo sobre la Voluntad de Dios

“…y poniéndose de rodillas, oraba, diciendo:
Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa;
pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” – Lucas 22:42

Durante esta semana, en la que se recuerda la crucifixión, muerte y la resurrección de Jesús, las personas tienden a leer y a reflexionar sobre los eventos que sucedieron en aquellos días antes del arresto de Jesús. Uno de los versículos que se menciona mucho en Semana Santa es éste de Lucas 22:42 en el cual Jesús expresa con sinceridad al Padre el anhelo por hacer Su voluntad, a pesar de cómo pudiera sentirse en aquel momento tan crucial.

Es verdaderamente impactante poder vislumbrar a través de la Palabra la mansedumbre y la humildad de Jesús ante su encomienda. Tenía el poder para ser librado de todo el sufrimiento, pero sabía que el plan de Dios era vital para la salvación de la humanidad y ya Él se había entregado para cumplirlo. Todo lo que Dios hace tiene un orden, una estructura y un propósito. Jesús lo sabía y estaba más que dispuesto a hacer la voluntad del Padre.

“Dice la Biblia:
«Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, para formar un solo cuerpo.»
Ésa es una verdad muy grande,
y yo la uso para hablar de Cristo
y de la iglesia.” –
Efesios 5: 31-32 TLA

¿Cuál es entonces, la voluntad de Dios para el matrimonio? ¿Cuál fue Su plan al diseñarlo? A través de la Biblia encontramos comparaciones entre el amor de Dios por su pueblo con el amor entre el esposo y la esposa. Esto no es casualidad. Dios diseñó el matrimonio para que refleje Su gloria. En Efesios 5:21-33, leemos cómo el apóstol Pablo describe el matrimonio comparándolo directamente con el amor de Cristo por Su iglesia. Esta porción bíblica habla de la entrega y el sacrificio como características fundamentales en el matrimonio, tal como lo mostró Jesucristo al entregarse en sacrificio por su Iglesia.

Para hacer la voluntad de Dios en el matrimonio, necesitamos entender que lo primordial es darle gloria a Él y reflejar al mundo Su amor a través de nuestra relación. La Biblia dice que Jesús soportó la cruz “por el gozo puesto delante de Él” (Hebreos 12:2). Ese gozo era la salvación de Su iglesia (novia – esposa). Así también es importante que nosotras no perdamos de vista que hay un beneficio mayor que lograr nuestros deseos, una bendición que impactará nuestra relación, nuestro hogar y a otras personas.

Quizá se nos haga difícil ceder o nos guste que las cosas se hagan de tal o cual forma sin tomar en cuenta de que la relación puede ser lastimada por nuestra actitud egoísta. El ejemplo de Jesús nos llama a mirar más allá de nosotras mismas y de nuestros deseos. Jesús nos enseñó a cumplir la voluntad de Dios sobre todas las cosas. ¿Cómo se aplica esto al matrimonio? Cuando rendimos nuestra voluntad a la de Dios y ponemos el bienestar de la relación antes que el propio. Es someter a Dios nuestro deseo natural de satisfacer nuestras propias necesidades para proyectarlo hacia el esposo con la misma cantidad de energía para satisfacer sus necesidades (1 Corintios 13:5).

“El amor… no busca lo suyo.” –
1 Corintios 13:5

Oremos que nuestro gozo sea tener una relación matrimonial que sea un testimonio vivo del amor de Cristo y Su Iglesia, para dar gloria a Su nombre. Que nuestros hogares estén llenos de la gracia de Dios porque hemos conocido la verdad y la practicamos en nuestra vida diaria. Que perdonemos y pidamos perdón, para que haya armonía. Que contemos las virtudes más que los defectos y demos gracias por las bendiciones en lugar de quejarnos tanto. Que así sea cada semana de nuestra vida hogareña porque eso significará que todos los días reflexionamos, miramos al Salvador de nuestras almas y somos transformadas por Su amor y Su verdad.

La Esposa Asertiva

“Ester respondió:
—Si me he ganado el favor de Su Majestad, y si le parece bien,

mi deseo es que me conceda la vida.
Mi petición es que se compadezca de mi pueblo.” – Ester 7:3

En los pasados días, durante mis lecturas devocionales, me topé con la palabra asertividad. Al meditar sobre el tema, no puede evitar pensar en la reina Ester, de quien escribí la semana pasada. Al final de la publicación expresé que estaba segura de que había mucho más que podíamos aprender de Ester y definitivamente, así es.

¿Por qué pensar en Ester al toparme con la palabra asertividad? Porque realmente, la vemos ser asertiva en su comunicación tanto con su padre de crianza (Ester 4:11,16) como con su esposo, el rey Asuero (Ester 5:4,7; 7:3-4). Pudiera parecer que Ester no fue asertiva desde el principio de su interacción con el rey Asuero cuando se presentó al patio real sin ser invitada, pero nada más lejos de la realidad. La decisión de presentarse ante el rey a costa de su propia vida me parece muy asertiva. La forma en que ella esperó el momento preciso para expresar su petición nos demuestra su prudencia (como comentamos en la pasada publicación).

“En cambio, hablaremos la verdad con amor
y así creceremos en todo sentido
hasta parecernos más y más a Cristo,
quien es la cabeza de su cuerpo,
que es la iglesia.” – Efesios 4:15 NTV

¿Cuál es el significado de asertividad? Asertividad es la habilidad de comunicar ideas de manera adecuada y respetando las de los demás. La comunicación asertiva es una forma de expresar lo que se piensa o quiere de manera clara y respetuosa, considerando la existencia de otros puntos de vista y sin ser agresiva (faltar el respeto) o pasiva (utilizar el silencio como escudo). En el capítulo 7 de Ester, leemos que ella expresó con claridad y honestidad la petición que tenía ante el Rey, manteniendo el respeto hacia él, no le lanzó indirectas con acusaciones ni se mostró desesperada (Ester 7:3-6). Ella declaró el plan de Amán en contra de los judíos, su pueblo, y pidió al Rey clemencia para ellos. Generalmente, a las esposas nos gusta mantener la comunicación al día, pero a veces sucede que necesitamos hablar sobre un asunto delicado con el esposo y optamos por utilizar medios agresivos como levantar la voz o medios pasivos como las indirectas o el silencio que terminan provocando malentendidos. Sigamos el ejemplo de Ester, que se fortaleció a través de la oración para hablar con prudencia sobre un asunto de vida o muerte con su esposo, el rey Asuero.  

¿Cómo podemos ser asertivas en el hogar? Ser asertiva será de gran beneficio para la comunicación en el matrimonio y en la familia. Es más fácil dialogar cuando no estamos dándole vueltas a un asunto, o lanzando indirectas, o intentando manipular la situación para salir beneficiadas de manera egoísta. Al ser asertivas, fomentamos el respeto hacia el esposo, le mostramos que valoramos lo que aporta a la relación. Otro beneficio de ser asertivas es que nos ayuda a resolver conflictos. Al ser asertiva, la reina Ester, logró que se les diera a los judíos la oportunidad de defenderse de aquellos que pretendían hacerles daño (Ester 8:8-13). Fue un gran conflicto lo que se resolvió a raíz de la conversación ocurrida durante aquel banquete.

“La mujer sabia
une a su familia…” –
Proverbios 14:1 PDT

De Ester aprendemos a ser prudentes, como comentamos en la pasada publicación, pero también aprendemos a ser asertivas. La prudencia nos lleva a buscar y escuchar el consejo de personas con mayor conocimiento y experiencia, ser humildes ante la confrontación y tomar acción en el momento preciso, sin apresurarnos. El ser asertivas nos lleva a expresarnos con respeto y de la manera adecuada en el momento y lugar indicados.

Tanto la prudencia como el ser asertivas son de beneficio para las relaciones, en especial para el matrimonio. Estemos dispuestas a aprender lo que la Biblia nos enseña para ser esposas virtuosas, conforme al diseño y la voluntad de Dios.

La Esposa Trabajadora

Ella es fuerte y llena de energía y es muy trabajadora. – Proverbios 31:17 NTV

Volver al pasaje de Proverbios 31: 10-31 es inevitable al pensar en la mujer y el trabajo. La lectura de este pasaje bíblico contiene varias imágenes del trabajo de la mujer, que nos invitan a meditar en lo que es una mujer virtuosa. Podemos aprender muchísimo a través de este acróstico sobre la mujer virtuosa contenido en el capítulo final de Proverbios.

La esposa virtuosa descrita en Proverbios 31, es una mujer que está segura en su identidad y valor. Esa seguridad la capacita para trabajar de diferentes maneras, colaborando así en el sustento del hogar y manteniéndolo en orden. Ella no tiene temor a trabajar con sus manos (Proverbios 31:13) porque sabe que todo trabajo dirigido a cumplir el propósito de Dios es un trabajo digno.

Es como un barco mercante
    que trae su alimento de lejos. – Proverbios 31:14

En el versículo 14, se compara a la mujer virtuosa con un barco mercante. ¿Qué caracterizaba estas naves o barcos? Debían ser fuertes, durables y tener la capacidad de resistir las inclemencias del tiempo. Cuando llegaban al puerto, venían cargadas de bienes. En la Biblia se compara a la esposa con un tesoro (Proverbios 18:22 NTV), así que, debido a ello, podemos ser fuente de bien en nuestro hogar. Brindar a nuestra familia los tesoros (virtudes y capacidades) con los que Dios nos ha dotado. Resistir en medio de la adversidad es otra lección valiosa que aprendemos de la mujer virtuosa y que podemos también aplicar en nuestros hogares. Junto al esposo, resistir en medio de las pruebas que se presentan a lo largo de la vida. Ser un ejemplo para los hijos de que, con la ayuda de Dios, podemos superar los obstáculos en el camino.

La esposa trabajadora atiende bien su hogar y lo administra con eficiencia (Proverbios 31:15). Ella es emprendedora y vigila que sus negocios vayan bien (Proverbios 31: 16, 18, 24). Esto nos habla de balance y prudencia ya que esta mujer no descuida una cosa por atender la otra. Es una lección que vamos aprendiendo a lo largo de la vida y que no es fácil de aplicar. Por eso necesitamos estar seguras de conocer el secreto de la mujer virtuosa: ¡ella teme (honra) a Dios! (Proverbios 31:30).

He pasado por diferentes etapas en mi vida como esposa trabajadora: la de trabajar en un empleo fuera del hogar, la de quedarme en mi casa y cuidar a mis niños cuando pequeños, la de trabajar junto a mi esposo en el ministerio de familias y la etapa de emprender un negocio junto a mi esposo. En todas estas etapas he tenido que aprender mucho, pero cada una de ellas es valiosa. Puedo mirar atrás y ver errores que cometí, problemas que superé y logros que pude alcanzar. Hay cosas que ahora entiendo que en un momento dado no entendí, pero en medio de todo, puedo ver la maravillosa gracia de Dios obrando en mi vida. Agradezco a Dios por sostenerme y cuidarme, por ayudarme a madurar, por guiarme a hacer Su buena voluntad. Todavía estoy en proceso, aprendiendo y creciendo. Dios me sigue moldeando.

…pero la mujer que teme al Señor
será sumamente alabada.
Recompénsenla

por todo lo que ha hecho.
Que sus obras declaren en público

su alabanza.
– Proverbios 31:30-31 NTV

Una mujer virtuosa no es producto del azar. Su virtud proviene de su relación con Dios y de hacer todo por Él y para Él. Eso es lo que cambia todo. Eso es lo que hace a una mujer sabia. Caminar en la voluntad de Dios es lo que hará la diferencia. No estamos llamadas a seguir los modelos vacíos que el mundo promueve. Estamos llamadas a ser mujeres virtuosas, que edifican con sabiduría, que aman al esposo y a los hijos, que cuidan de su hogar, que trabajan fuerte con sus manos y con su mente, que emprenden y administran con prudencia. ¡Que Dios nos ayude a deleitarnos en el rol que se nos ha encomendado y a disfrutar la etapa en la que nos encontramos, aprendiendo todo lo que Él quiere enseñarnos en el proceso!

La Esposa y la Mentalidad de Cristo

“Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo…” – Filipenses 2:5

En el capítulo dos de Filipenses, el Apóstol Pablo comienza exhortando a la Iglesia a tener la mentalidad de Cristo en sus relaciones con el prójimo. Los anima a vivir en armonía y a dejar atrás el orgullo, mostrando humildad a través de actos de bondad y compasión hacia los demás. Luego, les indica que, para lograrlo, necesitan tener la manera de pesar de Jesucristo.

Como ya se ha mencionado anteriormente, el primer prójimo que tenemos es el esposo. El hogar es el lugar donde Dios nos llama a practicar lo que vamos aprendiendo en Su Palabra. Muchas veces, puede ser el lugar donde más difícil se nos hace, porque el exceso de confianza y la familiaridad nos llevan a “bajar la guardia” y nos descuidamos en el trato de esos prójimos tan importantes y amados que viven bajo nuestro mismo techo. Entonces, ¿cómo podemos reflejar la actitud de Cristo en nuestro hogar? ¿Cómo se muestra la mentalidad de Cristo en el matrimonio?

“No hagan nada por egoísmo 
o por vanagloria,
sino que con actitud humilde
cada uno de ustedes
considere al otro como más importante que a sí mismo…” – Filipenses 2:3

El versículo 3 de Filipenses 2 nos dice que no hagamos las cosas para impresionar a los demás, lo cual es resultado del egoísmo, sino que estimemos a nuestro prójimo con un valor incalculable. En Cristo vemos ese amor desprendido, desinteresado, que buscó el bien de los que necesitábamos redención, antes que su propio bienestar. ¿Cómo se vería esto en nuestro matrimonio? Quizás una de las maneras que podemos hacerlo es servir con amor, sin esperar reconocimiento. Esto puede verse de diferentes maneras en cada hogar, lo importante es cultivar la mentalidad de Cristo en nuestras relaciones familiares. Que Cristo crezca y mi ego disminuya, es el clamor de mi corazón, pues Dios sabe cuán difícil puede ser en ocasiones servir en silencio y que no se reconozca el esfuerzo. Pero pienso en el incomparable amor de Dios por mí, en el sacrificio de su Hijo Jesucristo, en todas las veces que me bendice, me ayuda y me protege sin que ni siquiera me dé cuenta y solo puedo decir que me falta mucho por aprender.

Este pasaje bíblico también nos dice que Jesús adoptó una actitud de humildad, despojándose a sí mismo de su posición para venir al mundo y entregar su vida por la humanidad. Jesús modeló la humildad con su vida y con su muerte la cruz. Se movió primero hacia nosotros para reconciliarnos con Él. Se inclinó a lavar los pies de sus discípulos y les enseñó que había venido a servir. Se sacrificó, siendo inocente para salvarnos de la condenación eterna. Verdaderamente, Él es digno de toda nuestra adoración. Cuando pensamos en ese ejemplo de humildad, necesitamos preguntarnos: ¿Nos movemos hacia la reconciliación cuando hay un desacuerdo con el esposo o retenemos el perdón a causa de nuestro orgullo? ¿Estamos dispuestas a sacrificar el “yo” por amor a la relación? ¿Podemos ejercer mansedumbre hacia los demás, aunque pensemos que no lo merecen?

…quien, siendo por naturaleza Dios,
no consideró el ser igual a Dios
como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y, al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo y se hizo obediente
hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”

Cuando cultivamos la mentalidad de Cristo, vamos aprendiendo a mostrar una actitud como la de Él, sirviendo por amor y con humildad. Como esposa amorosa, puedes buscar formas de servir al esposo a través de actos sencillos de bondad en el diario vivir. Por la gracia de Dios, podremos hacerlo sin esperar ocasiones especiales, sino como una expresión de amor.

Hagamos nuestra esa oración: “Que haya en nosotros la misma actitud que hubo en Cristo Jesús…” Podemos confiar plenamente en que Dios nos ayudará cada día y cuando fallemos, Él nos levantará para que continuemos creciendo en el conocimiento de Su Palabra y poniéndola en práctica.

La Esposa – Disfrutando el Presente

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos,
sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios
desde el principio hasta el fin.” – Eclesiastés 3:11

Dios nos dio la capacidad de entender que hay un pasado, un presente y un futuro, pero no podemos comprender todo lo que Dios ha hecho en la eternidad. Quizás por eso en ocasiones se nos hace difícil disfrutar el presente con todo lo que implica y nos aferramos a las memorias del pasado o nos enfocamos en soñar con el mañana.

 A muchas nos gusta traer a la mente las memorias de nuestra juventud, del noviazgo, de los preparativos y el día de la boda, de la espera de los bebés. Cada una de esas etapas tiene un valor especial en el corazón que incluye grandes lecciones para la vida. Pero mientras estamos atravesando cada etapa, puede que se nos haga difícil comprender su valor y disfrutarla.

Mientras cenaba con mi esposo esta tarde, recordábamos otros tiempos de nuestro matrimonio. Él miró la sortija que me dio en nuestro quinto aniversario y me dijo con afecto: “Ya son más de 21 años de ese aniversario…” Y no pudimos evitar pensar en todo lo que hemos vivido juntos porque por la gracia de Dios, nunca nos dimos por vencidos. Tiempos de alegría y otros de tristeza, tiempos de abundancia y otros de necesidad, tiempos de paz y otros de tensión, pero con la constante presencia de Dios en nuestro matrimonio.

“Yo he conocido que no hay para ellos
cosa mejor que alegrarse,
y hacer bien en su vida…” – Eclesiastés 3:12

Quisiera poder decir que he sabido aprovechar al máximo cada etapa, pero la realidad es que todavía estoy aprendiendo y doy gracias a Dios por su paciencia para enseñarme. Cuando estamos dispuestas a aprender a disfrutar el presente, tenemos la oportunidad de que Dios nos muestre detalles que pudieran pasar desapercibidos si nos dejamos llevar por la vorágine de los quehaceres diarios. En el lenguaje español, la palabra “presente” también significa “regalo”. ¿Qué tal si vemos cada día como un regalo de Dios? ¿Qué pasaría si estamos dispuestas a disfrutar la etapa en la que está nuestro matrimonio? ¿Cómo se beneficiarían nuestro hogar y nuestros hijos si aprendemos las valiosas lecciones que Dios nos enseña cada día ?

Las memorias del pasado son significativas y tienen un gran valor por las lecciones aprendidas. El futuro está en las manos de Dios y como la mujer virtuosa, podemos mirar hacia el mañana con una sonrisa llena de esperanza porque sabemos en quién hemos puesto nuestra confianza. Dios nos dio la capacidad de recordar y también la de soñar, pero no olvidemos que nos regala cada día el privilegio de aprender a disfrutar la etapa que estamos viviendo. Puede que sea una etapa de trabajar mucho, de desarrollar un ministerio, proyecto, negocio, o puede que sea la etapa de criar niños pequeños o adolescentes, o puede que sea la etapa de retiro en la que se dedica tiempo a reposar y realizar otras cosas que hay en el corazón. Cada etapa de nuestra vida en Dios tiene significado y valor.

“Enséñanos a contar
de tal modo nuestros días,
que traigamos al corazón sabiduría.” –
Salmo 90:12

Aprendamos a redimir el tiempo, dejando que Dios nos enseñe a deleitarnos en el matrimonio, en la crianza de los hijos y en cada misión que Él nos encomiende. Que al final de cada día, podamos agradecer por la sabiduría adquirida. ¡Que no nos cansemos de aprender las lecciones que Dios, por su gracia, nos enseña a diario!