La Esposa – Al finalizar el año

 “…no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago:
me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante. 
Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció
cuando me llamó por medio de Jesucristo.” – Filipenses 4:13-14

Este año (2020) finalizará en los próximos días. Puede que estemos deseosas de que finalice el 2020 por los retos y las dificultades que nos ha tocado enfrentar. Puede que anhelemos el Nuevo Año con la expectativa de las cosas nuevas que sucederán. Pero, cualquiera que sea nuestro sentir, estos últimos días del año son relevantes porque nos llevan a reflexionar.  

Muchas de nosotras nunca habíamos tenido que enfrentar los retos de una pandemia que nos sacó de nuestra rutina diaria y estremeció nuestras costumbres. En medio de las frustraciones, el dolor, las desesperanza, necesitamos detenernos a pensar. ¿Ha sido todo negativo este año? ¿Dejamos de ver la mano de Dios proveyendo, protegiendo, sanando? ¿Nos desamparó el Señor? ¿Acaso no pudimos experimentar Su presencia como nunca?

En ti confiarán
los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová,
no desamparaste
a los que te buscaron. –
Salmo 9:10

Cuando nos hacemos estas preguntas y reflexionamos en sus respuestas, podemos concluir que Dios sigue siendo bueno, que Su presencia nos cubre, que son más las bendiciones que las vicisitudes que nos ha tocado enfrentar. Sí, definitivamente son más las bendiciones porque nosotras jamás podremos ver o entender el alcance del amor y la misericordia de Dios. Él conoce todas las cosas y lo que hoy parece ser lo peor que nos haya sucedido, Dios lo puede usar para bendecir nuestra vida o la de otras personas en el futuro. Esto es motivo de gratitud y alabanza a Dios.

Al reflexionar sobre este año, también debemos evaluar si fuimos productivas o permitimos que las dificultades nos detuvieran en nuestro caminar. Estoy agradecida de que, por la gracia de Dios, este año pude comenzar este blog semanal, proyecto que estaba en mi corazón desde hacía tiempo. Con la ayuda de Dios, también continúo consistentemente publicando un mensaje diario para las esposas y/o las familias en las redes sociales.

Además, debemos evaluar nuestro desempeño en el hogar. ¿Cómo mostramos amor al esposo y a los hijos este año? ¿Pudiste brindarles esperanza en medio del desaliento? ¿Cómo impactó nuestra actitud a nuestros familiares? Al contestar estas preguntas, podremos identificar en qué áreas necesitamos crecer y mejorar, y cuáles retos hemos superado. Es importante llevar todo esto ante Dios en oración para que Él nos muestre Su voluntad y cómo debemos continuar. La lectura y meditación de la Palabra de Dios es un hábito esencial para mantenernos creciendo como mujeres virtuosas.

Fuerza y dignidad son su vestidura,
y sonríe al futuro. – Proverbios 31:25

Despidamos este año con gratitud, porque en medio de todo, Dios está con nosotros y nos bendice sin que lo merezcamos. Y recibamos el Nuevo Año con esperanza porque en Dios está nuestra confianza. El 2021 traerá consigo fechas importantes en el calendario familiar. En el mío, hay cumpleaños y aniversarios especiales (los quince de mi sobrina, los 50 de mi esposo y los 50 años de casados de mis padres), la boda de mi hijo mayor y otras sorpresas maravillosas que llegarán. Cumplimiento de metas y nuevos comienzos, eso es parte de lo que nos depara un Nuevo Año. Miremos hacia delante con alegría, con buenas expectativas, hagamos planes, trabajemos día a día para lograr las metas y los sueños que Dios ha colocado en nuestro corazón. Disfrutemos la etapa en la que nos encontramos, ya sea recién casadas, criando hijos pequeños, adolescentes o que ya tengamos hijos adultos, o nietos; que brindemos a nuestras relaciones todo el amor, la gracia y la verdad que nos han sido concedidas en Cristo. Que podamos ser como la mujer descrita en Proverbios 31, mujeres que miran al futuro con una sonrisa llena de esperanza.

La Esposa y la Navidad

¡Gloria a Dios en las alturas,
Y en la tierra paz, ¡buena voluntad para con los hombres! –

Lucas 2:14

Esta semana celebramos Navidad, el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo. Es un tiempo de alegría, luces adornan las calles, las canciones navideñas se escuchan en el aire, los días pasan con la expectativa de que llegue el Día de Navidad.

Este año ha sido diferente, hemos tenido que hacer ajustes y tomar precauciones que harán que la celebración sea diferente. Puede que este cambio de panorama nos lleve a lamentarnos por las cosas que no podemos hacer, por las personas que no podremos ver. Es natural que nos dé tristeza cuando las cosas no se dan como estamos acostumbradas. Pero, necesitamos buscar enfocarnos en todo lo bueno que sí está sucediendo.

La Navidad sigue siendo una temporada que nos habla de esperanza, de la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios que fue cumplida en el pesebre de Belén. Y esa es la esperanza que debe inundar nuestros corazones, que el Dios soberano conoce nuestros tiempos y suplirá todo lo que necesitamos para enfrentar cada situación que se nos presente.

Y mi Dios proveerá
a todas vuestras necesidades,
conforme a sus riquezas
en gloria en Cristo Jesús. – Filipenses 4:19

Al acercarnos a estos días especiales, recordemos junto a nuestras familias el milagro de la Navidad. Leamos juntos la historia del nacimiento de Jesús en Lucas 2. Demos gracias por la bendición de poder adorar al Salvador de nuestras almas. Junto al esposo, llevemos a nuestra familia a mirar a Jesús para que nuestra fe crezca y se fortalezca en medio de todo lo que está sucediendo.

Cuando nos enfocamos en la bondad de Dios, comenzamos a ver todas las bendiciones que Él nos da cada día. Podemos agradecer por la bendición de estar juntos en nuestro hogar, de tener un lugar seguro donde vivir, por el alimento diario, por la salud.

Muchas veces doy gracias a Dios porque me ha permitido vivir en este tiempo. Especialmente este año, con la situación de la pandemia, estoy agradecida por los adelantos que nos permiten comunicarnos con los seres amados que no viven con nosotros. El poder hacer una video llamada para ver a nuestros familiares es una bendición. Tener la facilidad de ordenar algunos regalos a personas que venden sus productos a través del internet y poder enviarlos a los que viven lejos para expresar nuestro afecto, es algo por lo que también agradezco. Hay tantas otras cosas que pasamos por alto, pero sin ellas, nuestra vida sería más difícil. Por lo tanto, observemos cuidadosamente en estos días especiales, para enfocarnos en lo bueno y mostrar gratitud.

Amados hermanos,
no podemos más que agradecerle a Dios
por ustedes, porque su fe está floreciendo,
y el amor de unos por otros, creciendo. –
2 Tesalonicenses 1:3

Dediquemos nuestro tiempo y esfuerzo a lo que es verdaderamente valioso. Celebrar como todos los años no es indispensable, pero compartir con nuestra familia y expresarles nuestro amor… eso sí es de un valor incalculable. Con la ayuda de Dios, podemos crear memorias especiales esta Navidad. Que no se quede en nuestros recuerdos como la Navidad durante la pandemia, sino como una temporada hermosa en la cual disfrutemos cada momento especial, aunque sea diferente. Que podamos mirar al esposo y a los hijos con un corazón agradecido por los regalos que son a nuestras vidas. ¡Que elevemos nuestras voces y corazones en adoración al Rey de Reyes, que vino a este mundo a nacer en un pesebre y morir en una cruz para redimirnos de nuestros pecados!

La Esposa – Superando el Temor

“El amor no sufre del miedo.
Por el contrario, el amor que es maduro echa fuera el miedo,
pues el miedo tiene que ver con el castigo.
Así que el que sufre del miedo,
todavía tiene que madurarse en el tema del amor.” – 1 Juan 4:18

Este versículo sobre el amor y el temor marcó mi vida y la de mi esposo durante nuestra juventud. Antes de comenzar nuestro noviazgo, intercambiamos unos versos bíblicos. 1 Juan 4:18 fue una clave para superar el temor de abrir nuestros corazones a una relación. El vencer el temor, con la ayuda de Dios, nos ha llevado a edificar una relación matrimonial sólida. Hoy, cuando leo este versículo puedo hallar en él, una verdad profunda, eficaz y muy relevante a este tiempo que estamos viviendo.

El temor aparece cada día en los titulares de los periódicos, en las publicaciones de los medios sociales, en los noticieros de la televisión y en los boletines radiales. Terremotos, conflictos, protestas, pandemia, entre otras cosas, abarcan las noticias que leemos a diario. A veces parece que la agenda de los medios de comunicación es propagar el miedo entre la gente. Y una de las cosas que puede provocar el temor es el aislamiento.

“…si Dios nos demostró su amor
de esa manera,
debemos amarnos unos a otros.” –
1 Juan 4:11

La pandemia por el Covid-19 ha traído consigo medidas como el distanciamiento físico para poder evitar los contagios con mayor eficiencia. Pero debemos cuidarnos de que el miedo al contagio nos lleve al aislamiento, a alejarnos de nuestro prójimo de tal manera que lastimemos la relación. Someter la mente al temor solo nos llevará a la soledad, angustia y desesperación. Pero la Biblia dice: “El perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18 RV1960). El amor de Dios nos acerca a Él y al prójimo. Cuando leemos 1 Juan 4:7 al 21, vemos claramente que se nos da el mandato de amar a nuestros hermanos(as) porque Dios nos demostró a nosotros Su gran amor. Podemos amar a otros porque Él nos amó primero. Necesitamos someter nuestra mente a Dios y a su Palabra, no a todos esos mensajes y noticias que nos llegan a diario y nos infunden temor.

Ante esta crisis, necesitamos ser prudentes, tomar medidas de precaución y actuar con responsabilidad, pero sin olvidar la hospitalidad. La hospitalidad se define como una virtud o cualidad que consiste en tratar bien, con amabilidad, al prójimo. Es decir, que la hospitalidad es una de las formas de expresar amor y nutrir nuestras relaciones. Puede ser que tengamos que ser más creativas para cuidar las relaciones, pero Dios nos dará la sabiduría y la habilidad para que lo logremos. Recordemos que no solamente las enfermedades afectan y lastiman a las personas, sino también la soledad, la falta de comunicación y de amorosa interacción con otros. Tomemos las debidas precauciones, pero no cerremos el corazón, no le permitamos al miedo arruinar nuestras relaciones.

Estén listos para ayudar
a los hijos de Dios
cuando pasen necesidad.
Estén siempre dispuestos
a brindar hospitalidad. –
Romanos 12:13

Seamos diligentes de manera que el aislamiento por el temor no invada nuestros hogares. Sigamos edificando nuestros matrimonios, mostrando empatía al esposo, expresando compasión a nuestros hijos que les ha tocado el reto de estudiar a distancia. Conectemos también con los que no viven debajo de nuestro techo, ya sea con una llamada, una tarjeta, un mensaje de texto, una video llamada. Saludemos al vecino, aunque sea desde el patio de nuestra casa. Nuestro llamado es a llevar esperanza mediante las buenas nuevas del evangelio y una manera muy eficaz de mostrar a Cristo, es expresando amor. Así que, maduremos en el amor que echa fuera el temor para que nuestras relaciones crezcan y sean testimonio del mensaje de Cristo.

La Esposa Dadivosa

“Pues es Dios quien provee la semilla al agricultor y luego el pan para comer.
De la misma manera, él proveerá y aumentará los recursos de ustedes
y luego producirá una gran cosecha de generosidad en ustedes.” – 2 Corintios 9:10

La temporada navideña es conocida por mucha gente como la “más maravillosa temporada del año”. Las familias colocan hermosas decoraciones en sus hogares y luces de colores. La ilusión de los niños por abrir sus regalos la mañana de Navidad es contagiosa y nos embarga de alegría. Es un tiempo hermoso para celebrar el regalo más maravilloso que ha recibido la humanidad, Jesús nuestro Salvador. Dios nos dio a su hijo único, la Luz del Mundo, ¡el Redentor de nuestras almas!

Las dádivas de Dios son visibles desde la creación cuando leemos la Biblia. Él da vida, provee alimento y vestido, pero, sobre todo, cada dádiva de Dios es una muestra de su gran amor. La vida de Jesús nos enseña a dar de la manera más profunda e impactante posible: sin egoísmo ni protagonismo, sin condiciones, en obediencia y por amor (“Faltaba muy poco para que empezara la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que se acercaba el momento en que dejaría este mundo para ir a reunirse con Dios, su Padre. Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.” – Juan 13:1 TLA)

Deben recordar las palabras
del Señor Jesús: 
“Hay más bendición en dar que en recibir. – Hechos 20:35

Dios ha puesto en las mujeres la virtud de dar. A pesar de que la cultura actual pretende llevarnos a pensar en nosotras mismas antes que cualquier otra persona, la realidad es que Dios nos diseñó para ser dadoras. El ejemplo que vemos en María, que fue escogida para dar a luz a Jesús nos demuestra su entrega y anhelo por hacer la voluntad de Dios a pesar de sí misma y de sus planes. Ella estuvo dispuesta a darse para que se cumpliera el propósito de Dios en su vida (“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra…” – Lucas 1:38 LBLA) Cuando leemos todo lo relacionado a la vida de María en la Biblia, podemos ver y aprender sobre su devoción y entrega a Dios. Como esposa, desde el anunciamiento del ángel sobre su embarazo, ella buscó hacer lo correcto y le dijo la verdad a José. Esta fue una acción valiente ya que José pudo haber pensado que todo era un cuento de María para quedar bien. José recibió también la visita del ángel que le confirmó lo que María le había dicho. En las porciones bíblicas que hablan sobre José y María, podemos observar que ella daba honestidad, honra y respeto. Lo que sembró al dar de esta manera dio fruto en su matrimonio con José, quien la trató con delicadeza, cuidado y amor.

Pensar en María y José nos lleva directamente al nacimiento de Jesús, la mayor dádiva de Dios al mundo. El nacimiento nos anuncia esta bella temporada de Navidad y la gran bendición que es dar. Aunque estas Navidades sean diferentes debido al distanciamiento físico que nos ha traído la pandemia del Covid-19, no dejemos de pensar en las maneras que podemos dar. Dios nos brinda oportunidades cada día para dar amor, apoyo, ánimo, sonrisas, palabras de aliento, entre tantas cosas. Que la pandemia no se convierta en el impedimento para que podamos mostrar la generosidad que Dios colocó en nosotras. Demos con alegría. Brindemos al esposo respeto y apoyo en sus esfuerzos por la familia. Demos a los hijos nuestros oídos para que nos hablen de sus sueños, de sus luchas, de cómo les fue el día. Abramos el corazón a los familiares que enfrentan necesidad debido a enfermedad o situaciones económicas. Quizás no podemos resolverle todo, pero podemos darle palabras de ánimo, ayudarles con alguna tarea o encargo, llevarles algo de comer. Hay muchas formas de dar y las que más impactan no necesariamente involucran dinero.

La generosidad de mujeres de mi familia es algo que atesoro. Cuando visito la casa de mi abuela materna, no puedo salir con las manos vacías, pues siempre me dan algo del huerto o de la comida que se ha preparado, además del cariño y las sonrisas. Al recordar a mi abuela paterna, viene a mi mente su cocina en la que siempre había algo para el que llegara. También sus detalles, ya que se esforzaba por tener un regalito o tarjeta para cada miembro de la familia en Navidad, ejemplo que han seguido mis queridas tías hasta la actualidad. Esas dádivas llenas de amor se multiplican en las generaciones venideras y seguirán produciendo buen fruto.

Cada uno debe dar
lo que en su corazón ha decidido dar
y no lo haga con tristeza ni por obligación.
Dios ama a los que dan con alegría.” –
2 Corintios 9:7

Lo que Dios nos da, produce. Así lo enseña la Palabra en el versículo que compartimos al comenzar (2 Corintios 9:10). La dádiva de Dios produce generosidad en nuestros corazones. Dios no es escaso, Él produce los recursos que necesitamos para dar a otros. Así que avivemos el don de ser dadivosas, comenzando en nuestros hogares, con el esposo, con los hijos(as), con nuestros padres y hermanos(as), con los familiares, vecinos y hermanos(as) en la fe. Aprovechemos esta maravillosa época para traer a la memoria todo lo que se nos ha dado y pongamos en acción la generosidad como muestra del agradecimiento que glorifica a Dios.

La Eposa y la Gratitud

Vengamos ante su presencia con acción de gracias;
aclamémosle con salmos. – Salmo 95:2

Uno de los días favoritos de mi familia es el Día de Acción de Gracias. Recuerdo que desde que era una niña, íbamos juntos a la Iglesia temprano en la mañana donde escuchábamos los testimonios de hermanos y hermanas en la fe agradecidos por las maravillosas obras de Dios. También se llevaban alimentos no perecederos y frutas para luego repartirlos entre las familias necesitadas. Mi esposo siempre recuerda que, durante su niñez en Nueva York, el Día de Acción de Gracias era muy especial, ya que iban a casa de sus padrinos donde cenaban juntos y pasaban un tiempo muy agradable.

Aunque el Día de Acción de Gracias se celebra solamente una vez al año, nuestro agradecimiento debe estar presente todos los días. Elisabeth Elliot dijo en una ocasión: “Que la acción de gracias sea un hábito en tu vida.” Algo que caracteriza a mi hijo es que él tiene la costumbre de dar las gracias cuando le preparo café, el desayuno o le hago un favor, aunque sea pequeño. Es agradecido en lo cotidiano, en el diario vivir. Y eso es precisamente lo que la frase de Elisabeth Elliot nos exhorta hacer. Que la gratitud sea parte de nuestra vida cotidiana. El Salmo 95:2 nos insta a ir ante la presencia de Dios con acción de gracias. Al ser hijas de Dios, su presencia es constante en nuestras vidas. Por lo tanto, debemos dar gracias continuamente.

“Dad gracias en todo,
porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros
en Cristo Jesús.” –
1 Tesalonicenses 5:18

Este año, la celebración del Día de Acción de Gracias fue diferente debido a la pandemia, pero la voluntad de Dios es que demos gracias en todo. En la vida, enfrentamos situaciones difíciles y tiempos de angustia durante los que pudiéramos pensar que no hay nada por lo que agradecer. La historia de Rut en la Biblia nos muestra que ella enfrentó fuertes dificultades: quedó viuda, no tenía hijos, dejó su tierra y su parentela, ella y su suegra Noemí llegaron a Belén con las manos vacías. Sin embargo, la Biblia nos muestra que Rut tenía un corazón agradecido. Cuando Booz le dice que siga recogiendo espigas en sus campos, ella le expresa su humilde agradecimiento: “Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía. No vayas a espigar a otro campo; tampoco pases de aquí, sino quédate con mis criadas. Fíjate en el campo donde ellas siegan y síguelas, pues he ordenado a los siervos que no te molesten. Cuando tengas sed, ve a las vasijas y bebe del agua que sacan los siervos. Ella bajó su rostro, se postró en tierra y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos para que te fijes en mí, siendo yo extranjera?” Rut 2:8-10. En su libro La Gratitud: Cómo cultivar un corazón agradecido, Nancy DeMoss escribe lo siguiente: “Tengo el presentimiento de que, en circunstancias similares, probablemente yo hubiera dicho: ‘Es lo mínimo que puede hacer.’ La humildad de esta joven viuda (Rut) se transluce en su respuesta agradecida por el más pequeño de los gestos de amabilidad que recibió de otra persona.”

Una actitud de gratitud en el corazón demuestra que hemos entendido que no nos merecemos todo lo que se nos ha dado, que no tomamos en poco las bendiciones recibidas cada día, que valoramos nuestra relación con Dios y a las personas que tenemos en nuestras vidas. La acción de gracias nos permite dejar atrás las quejas y los lamentos. No es malo anhelar que las cosas mejoren en nuestra vida, orar para que nuestro matrimonio sea transformado, para que nuestros hijos crezcan en su relación con Dios, entre otras tantas peticiones que tenemos ante Dios, pero siempre, en todo clamor necesitamos mantenernos agradeciendo a Dios. Su gracia, su favor y misericordia son regalos que nos dio sin merecerlo. La familia, la Iglesia, el trabajo que hacemos, son bendiciones que Él ha añadido a nuestras vidas.

“Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas
vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración
y ruego, con acción de gracias.” – Filipenses 4:6

Así que, practiquemos la costumbre de ser agradecidas. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para expresar gratitud diariamente. Aprovechemos cada oportunidad que se presenta para dar gracias al esposo. La mayoría de los esposos responden positivamente cuando la esposa se muestra agradecida y eso le motiva a él a comportarse de manera que su esposa e hijos se sientan agradecidos. Los hijos también se benefician de crecer en un hogar donde se practica la gratitud, ya que pueden experimentar contentamiento y disfrutar de un ambiente de armonía y gozo. Quisiera concluir invitándoles a meditar en las palabras de Elisabeth Elliot en su libro Keep a Quiet Heart: “La acción de gracias es un ejercicio espiritual, necesario para la construcción de un alma sana. Nos saca de la congestión de nosotros mismos hacia la brisa fresca y la luz del sol de la voluntad de Dios “.

La Esposa y el Contentamiento

“…he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.” – Filipenses 4:11

Hace varios meses atrás, en nuestra congregación estuvimos estudiando el libro de los Filipenses en la Escuela Bíblica Dominical. Al estudiar el capítulo 4 de la carta del apóstol Pablo a los Filipenses se profundizó en el tema del contentamiento. Uno de los puntos que estudiamos tocó mi corazón de manera especial y fue el siguiente: “La idea que quiere comunicar el apóstol Pablo en el capítulo 4 es que el contentamiento cristiano está desconectado de nuestras circunstancias.” Este capítulo de Filipenses es uno que he leído en muchas ocasiones y varios de sus versículos son aprendidos de memoria por una gran cantidad de personas. Pero, esa mañana de domingo, esta enseñanza resonó en mi mente y corazón.

La Biblia nos enseña que el contentamiento produce una satisfacción interior que no exige cambios en circunstancias externas. El secreto del contentamiento cristiano no es una cosa, sino la persona de Cristo. Es en Cristo que podemos enfrentar toda situación.

“Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.” –
Filipenses 4:13

Al meditar en esto, debemos preguntarnos: ¿cuál es nuestra respuesta ante las circunstancias que nos presenta la vida? Ya sea en el matrimonio, en el hogar con nuestros hijos, con nuestros familiares, en el trabajo, comunidad o Iglesia, hemos de enfrentar diferentes situaciones que pondrán a prueba nuestra fe.

¿Cómo respondemos cuando nuestro matrimonio está en crisis? ¿Cuál es nuestra respuesta ante la enfermedad? ¿Podemos experimentar contentamiento cuando uno de nuestros hijos se ha descarriado? Cada una de estas circunstancias presenta sus retos, dificultades y dolor. Cuando nuestra fe está fundamentada en Cristo, podemos confiar en que Dios, en su divina providencia, está en control de todas las cosas y está llevando a cabo su voluntad en nuestras vidas. Esto nos lleva a experimentar contentamiento, lo cual impactará de manera profunda nuestra actitud. Es entonces que entendemos que, aunque las circunstancias se tarden en cambiar o permanezcan sin cambio, Dios está transformando nuestros corazones, lo cual es de gran valor.

¿Qué tal cuando las cosas van bien? ¿Cuándo el matrimonio está sólido? ¿Cuándo los hijos y familiares están sanos? ¿Cuándo nuestra situación económica es estable? Puede que pensemos que es muy fácil encontrar contentamiento en la abundancia. Pero ¿en qué o en quién está anclada nuestra fe? ¿Es nuestro contentamiento dependiente de nuestras posesiones? Todas las cosas que podemos obtener y acumular en este mundo son efímeras, inciertas. La Biblia nos enseña que debemos encontrar nuestra satisfacción en Cristo, ya sea en tiempos de dificultad o en tiempos de bonanza.

“Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto
tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.” – Filipenses 4:12

Cuando nuestros cuerpos se vayan desgastando con el paso de los años, se asomen las canas a nuestros cabellos y las arrugas a nuestro rostro, ¿cuál será nuestra actitud? A todas nos tocará enfrentar la “edad dorada”. ¿Estaremos satisfechas cuando lleguemos a la vejez? ¿Podremos mirar atrás y agradecer a Dios por todo lo vivido? ¿O habremos arrastrado la amargura y el descontento a lo largo de los años?

Si como Noemi, hemos estado viviendo amargadas por nuestras circunstancias (Rut 1:30-31), volvamos nuestra mirada a Cristo. Un poco tiempo después de volver a Belén, Noemí fijó su vista en Dios y comenzó a alabarle en medio de sus circunstancias (Rut 2:20) y al finalizar el relato de su vida en el libro de Rut, hay regocijo y acción de gracias por la bondad de Dios (Rut 4:14-15). El nombre de Noemí significaba “deleite”, pero por un tiempo ella quiso que la llamaran Mara (amarga). Dios usó las circunstancias para hacerle entender que, en medio de todo, Él seguía siendo su “deleite”, su contentamiento.

C.S. Lewis escribió: “El que tiene a Cristo y posee todos los bienes del mundo, no tiene más que el que tiene a Cristo solamente.” ¡Que así podamos vernos cada una de nosotras! Completas, plenas, contentas, deleitándonos en Cristo, cualquiera que sea nuestra situación. Eso, definitivamente, provocará cambios en nuestra vida matrimonial y nuestro hogar. El testimonio de nuestra vida diaria dará voces que mostrarán a otros la suficiencia de Cristo.

La Esposa y el Futuro

“Por lo tanto, no se angustien por el mañana,
el cual tendrá sus propios afanes.
Cada día tiene ya sus problemas.” – Mateo 6:34

La mayoría de las personas inician el año trazando metas y haciendo planes con la esperanza de lograr muchas cosas. Cuando comenzó el año 2020, no teníamos idea de que muchos planes se iban a tener que posponer o cancelar y que enfrentaríamos terremotos, una pandemia, protestas y disturbios en diferentes partes del mundo, la incertidumbre que suelen traer consigo los años electorales, etc. Todo esto, sin mencionar los retos personales que cada una debemos confrontar.

Al pensar en todo esto, no sería extraño sentirnos ansiosas, inseguras y preocupadas por lo que nos deparan las próximas semanas. Esto puede provocar que tratemos de estar pendientes de cada detalle, intentando controlar el futuro con nuestras propias fuerzas, lo cual es una carga demasiado pesada y en fin, una tarea imposible. No tenemos la capacidad de controlar el futuro.

“La vida de fe se vive un día a la vez,
y hay que vivirla,
no siempre esperarla
como si la ‘vida real’ estuviera
a la vuelta de la esquina.
Es hoy de lo que
somos responsables.
Dios todavía es dueño del mañana.” –
Elisabeth Elliot

Una de mis frases favoritas de Elisabeth Elliot (mujer virtuosa, misionera y escritora) es: “Dios todavía es dueño del mañana.” Somos responsables del día de hoy y para poder tener un día fructífero, necesitamos la gracia de Dios. Nuestra esperanza no debe estar fundamentada en nuestras metas y planes, sino en la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

Este tema me recuerda la historia de Sara y Abraham en el Génesis (Génesis, capítulos 15, 16, 18 y 21). Dios les prometió descendencia, pero pasaron los años y Sara, viendo que la promesa de un hijo para ella y Abraham no se cumplía, tomó el asunto en sus manos y, sabiendo que ella era estéril, le dijo a Abraham que le diera un hijo a través de su criada Agar. No pasó mucho tiempo antes que la situación causara problemas en el hogar de ellos. Al dejar de confiar en Dios para su futuro y tratar de controlar los resultados con su propio entendimiento, Sara se encontró con más incertidumbre y malestar de lo que sentía antes. La historia de Sara nos enseña que es mejor confiar en Dios junto a nuestro esposo respecto al futuro. Dios cumplió su promesa de darles un hijo a Sara y Abraham. Él obró un milagro extraordinario en Sara, quien no solo había sido estéril sino también que era de edad avanzada cuando concibió a su hijo Isaac. Además de ser contestada la petición de este matrimonio por un hijo, el nombre de Dios es glorificado aún en el presente por el milagro que Sara y Abraham recibieron hace miles de años.

Otra mujer de la Biblia que llega a mi mente es Rut. Ella fue la moabita que regresó con Noemí a Belén, después de que ambas quedaran viudas y sin hijos. A pesar de la tristeza e incertidumbre que debió haber en su corazón al dejar atrás a su tierra y a su familia de origen, Rut dijo a Noemí que la seguiría, que su pueblo sería su pueblo y su Dios sería su Dios. Rut llega a Belén como una extranjera, pero siguiendo los consejos de Noemí y viviendo un día a la vez, pronto ella fue conocida como una mujer virtuosa entre la comunidad. Aunque al comienzo de su historia, el futuro de Rut parecía sombrío, por la gracia y el favor de Dios, ella encontró una nueva vida en Belén. Se casó con Booz y tuvieron un hijo a quien llamaron Obed, que sería el abuelo del Rey David. El libro de Rut termina con alabaza a Dios por la restitución que había obrado en las vidas de Noemí y Rut (Rut 4:14).

Fuerza y dignidad
son su vestidura,
y sonríe al futuro. –
Proverbios 31:25

Es necesario reconocer que el futuro no nos pertenece y soltar las riendas, depositando toda nuestra confianza y esperanza en Dios. Cada día es nuestra responsabilidad hacer lo correcto, poniendo en las manos de Dios nuestras habilidades, capacidades y situaciones personales. Necesitamos comprender que cada día con Dios tiene un propósito que va construyendo el futuro que ya Él ha preparado.

Faltan varias semanas para que se acabe este año y hay muchas cosas que todavía no sabemos ni entendemos, pero a Dios no se le ha escapado ningún detalle. Aprendamos de las historias de las mujeres de la Biblia lo que debemos y lo que no debemos hacer. Hay grandes tesoros para descubrir cada día en la Palabra. Hay hermosos momentos para disfrutar junto al esposo cada día. Hay preciosas memorias que construir con nuestros hijos y familia cada día. No las desperdiciemos por estar buscando “la vida real” a la vuelta de la esquina. Recordemos que… “Dios todavía es dueño del mañana” y siempre lo será.

La Esposa y sus Expectativas

Pon tu delicia en el Señor,
y Él te dará las peticiones de tu corazón.”
Salmo 37:4

El día de la boda es inolvidable. La mayoría de las mujeres sueñan desde pequeñas con el traje de novia, las flores, la decoración de la Iglesia y de la fiesta, y con quien será el que ansiosamente las esperará frente al altar el día de la ceremonia. Las expectativas de la boda, de nuestro futuro esposo y del matrimonio están presentes en nuestros corazones y pueden hacer una influencia positiva o negativa sobre nuestros pensamientos y actitudes.

“Cuando me case, seré completamente feliz…” o “Mi esposo hará todos mis sueños realidad…” son ejemplos de expectativas irreales. Cuando no se ajustan, este tipo de expectativas pueden ser causantes de problemas en el matrimonio. Una gran cantidad de los cuentos que leíamos cuando niñas, terminaban con la boda de los protagonistas y la frase: “…y fueron felices para siempre.” La historia después de la boda se dejaba a nuestra imaginación, en la cual, el esposo era romántico siempre, considerado, amable, cortés y todo lo que soñábamos que debía ser el esposo perfecto.

Al crecer y enfrentarnos con la vida, nos damos cuenta de que existen retos y dificultades, que tenemos responsabilidades que atender a diario y que las cosas no siempre serán fáciles. Sin embargo, muchas veces seguimos soñando que las cosas cambiarán cuando terminemos la carrera universitaria o cuando consigamos el trabajo que anhelamos, cuando nos independicemos de nuestros padres o cuando nos casemos con el hombre de nuestros sueños.

“Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser:
dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo,
infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso,
infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad

y haciendo más que provisión adecuada.
Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible.
Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.”Ruth Bell Graham

La vida de casadas nos va enseñando ciertas realidades que no anticipábamos y si no nos ajustamos a las mismas, pasaremos nuestros días frustradas, enojadas o amargadas. Ruth Bell Graham dijo una vez: “Compadezco a la pareja casada que espera demasiado el uno del otro. Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser: dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo, infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso, infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad y haciendo más que provisión adecuada. Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible. Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.”

Solamente Cristo puede suplir todas nuestras necesidades y hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos. Cristo supera toda expectativa que podamos tener. Es el único que tiene el poder de hacerlo porque conoce lo que está en nuestros corazones y puede anticiparse a nuestras necesidades. Él nos muestra Su maravillosa gracia que nos brinda amor incondicional, perdón, comprensión y ternura aún en los momentos en que no somos tan “agradables”. Poner sobre el esposo la carga de suplir todas nuestras necesidades (emocionales, físicas, espirituales, etc.), es colocar una tensión muy grande sobre el matrimonio. Para el esposo, será una tarea imposible y para la esposa una experiencia sumamente frustrante.

Necesitamos llevar nuestras expectativas a Dios en oración y pedirle que nos ayude a adaptarlas a la realidad, a moldearlas a nuestro propio matrimonio, tomando en cuenta nuestra personalidad y la del esposo. Así comenzaremos a crecer en una mayor comprensión con el esposo, lograremos establecer prioridades y acuerdos que nos ayudan a sentar las bases de un matrimonio sólido.

Y a aquel que es poderoso para hacer todo
mucho más abundantemente 
de lo que pedimos o entendemos,
según el poder que obra en nosotros, 
a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús
por todas las generaciones,
por los siglos de los siglos. Amén.
Efesios 3:20-21

Ajustar las expectativas no siempre es tarea fácil, podemos vernos tentadas a exigir que se cumplan cuando se presentan situaciones que no deseamos enfrentar. Solamente a través de una fe firme y una constante relación con Dios, podemos experimentar la plenitud de Su paz y la satisfacción de todas nuestras necesidades. Cuando confiamos en Dios como la fuente de todo lo que necesitamos, el que sustenta y fortalece nuestra unión con nuestro esposo, podemos experimentar gozo en el matrimonio.

La Esposa y la Gracia

“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido;
no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” – 1 Corintios 13:4-7

Hace poco más de una semana tuve la oportunidad de hablar en la Iglesia en la cual me congrego sobre el tema de gracia en las relaciones y me gustaría compartirlo también con ustedes. Cuando se habla de la gracia, lo primero que necesitamos tener claro es que la mayor muestra de gracia fue dada por Cristo, al despojarse de toda su gloria para venir a este mundo a habitar entre nosotros para luego entregar su vida como sacrificio por nuestros pecados (Juan 1:14). Con este acto, Dios nos mostró su AMOR INMENSURABLE y su disposición para satisfacer la necesidad genuina de salvación que teníamos.

La realidad es que sin gracia no hay esperanza para tener relaciones saludables. El excelente camino del amor que nos muestra 1 Corintios 13 solo se puede lograr cuando la gracia opera en medio de las relaciones. Cuando recibimos la gracia de Dios en nuestras vidas, somos capaces de compartirla con nuestro prójimo. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para poner la gracia en acción.

Amados, si Dios así nos amó,
también nosotros debemos
amarnos unos a otros.” –
1 Juan 4:11

Cuando aplicamos la gracia a nuestras relaciones, tenemos muy presente nuestra propia imperfección y cuan propensas somos a pecar. Eso nos ayuda a apreciar de una manera práctica y activa la gracia y el perdón que hemos recibido de Cristo. Nos pone en la posición de mirar al esposo y a los hijos a través del lente de la gracia. Es así como podemos poner en acción el amor que todo lo cree, espera y soporta que nos enseña la Biblia. Dejamos de fijarnos en lo que consideramos los “defectos” de los demás, los perdonamos, pasamos por alto las pequeñeces sin hacer un escándalo por ellas, creemos y esperamos que Dios se manifieste en la vida de nuestros seres amados. Nos damos cuenta de que nosotras no podemos controlar ni cambiar al esposo o a los hijos, pero sí podemos expresarles el amor con el que hemos sido amadas por Dios (1 Juan 4:11).

A veces la persona a la cual más difícil se nos hace mostrar gracia es quien más la necesita. En los hogares, muchas veces se nos hace más fácil extender gracia a los hijos, pero cuando se trata del esposo, es otra historia. En muchas ocasiones, caminar en gracia, se tratará de examinarme a mí misma primero (Mateo 7:3), sacar la viga de mi ojo antes de señalar la paja que está en el ojo de mi esposo. Practicar la gracia en las relaciones no significa que se justifican los errores y “se le pasa la mano al pecado”, sino que acudimos continuamente a Dios, le reconocemos en medio de nuestras circunstancias para aplicar la verdad en amor (Efesios 4:15).

“¿Y por qué miras la paja
que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga
que está en tu propio ojo?” –
Mateo 7:3

Esto nos impulsa a crecer, a madurar. Te vas dando cuenta realmente de que no todo el mundo (el esposo, los hijos…) debería ser como tú, sino como Cristo. Esto provoca humildad, lo cual siempre es beneficioso para las relaciones (Filipenses 2:3). Reconocer y entender que solo Cristo es el modelo de la perfección es lo que nos llevará a vivir profundamente agradecidas y dependiendo de su amor inagotable para establecer matrimonios y hogares sólidos.

Ninguna relación tiene éxito sin la gracia de Dios operando en la misma. Solo a través de Su gracia, podemos ser pacientes, perdonar, pasar por alto las ofensas, humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Toda persona que ha estado en una relación a largo plazo (como lo son el matrimonio y la crianza de los hijos), sabe que todas estas cosas son necesarias para vivir armoniosa y amorosamente.

La Esposa y la Enseñanza Bíblica

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente
a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10

Hoy día, las mujeres recibimos una cantidad enorme de mensajes de todas las formas disponibles (revistas, TV, medios sociales, periódicos, blogs, etc.). Una gran cantidad de estos mensajes están dirigidos a enfocarnos en nosotras mismas, a desarrollar nuestra carrera profesional u oficio, a estudiar y mejorar nuestra apariencia física, entre otros. A simple vista, la mayoría de estos mensajes suenan positivos. Pero, necesitamos preguntarnos qué nos dice la Biblia.

Nuestra vida como esposas, madres y mujeres cristianas está dirigida por la Palabra de Dios, cuya enseñanza es superior a cualquier filosofía o pensamiento humano. Así que cada mensaje que llega a nosotras desde otra fuente que no sea la Biblia, debe ser examinado a la luz de las Escrituras. Mientras muchas publicaciones nos motivan a enfocarnos en nosotras mismas, la Biblia nos enseña a considerar a los demás en alta estima, a no hacer nada por egoísmo (Filipenses 2: 3-4). Muchos mensajes que recibimos de afuera menosprecian el trabajo doméstico, mientras que exaltan el que se persiga una carrera o negocio. Sin embargo, la Biblia nos enseña en Proverbios 31 que las prioridades de la mujer virtuosa son su matrimonio y su familia, aunque también está atenta a que sus negocios prosperen (Proverbios 31:18). El perseguir la belleza exterior es uno de los temas que más presente está en todas las publicaciones para mujeres. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la apariencia física es vana; que la mujer que honra a Dios es la que es digna de reconocimiento.

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria,
sino que con actitud humilde
cada uno de vosotros considere al otro
como más importante que a sí mismo,
no buscando cada uno sus propios intereses,
sino más bien los intereses de los demás.” – Filipenses 2:3-4

¿Qué dice la Biblia a la esposa? ¿A las madres? ¿A las mujeres? Con esas preguntas podemos ir a la Palabra y escudriñar, orando que nuestro corazón sea receptivo a recibir su enseñanza y aplicarla a nuestras vidas. Hay mucho que aprender en las Escrituras. Son una fuente inagotable de riqueza espiritual para nuestras vidas.

Nunca nos avergoncemos de seguir la enseñanza bíblica. El mundo podrá burlarse de que honramos el matrimonio, cuidamos nuestro hogar, amamos a nuestros hijos y les educamos con principios bíblicos, pero nosotras podemos descansar en la seguridad de que estamos haciendo lo correcto. Busquemos los ejemplos bíblicos de las mujeres que obedecieron a Dios, veamos el ejemplo de su vida, los resultados de su conducta y el legado que dejaron.

Seguir la enseñanza bíblica no significa que tenemos la vida resuelta o que somos perfectas, sino que no seremos influenciadas por cualquier “nueva” ideología o palabrería que el mundo nos presente. Tendremos la certeza de que estamos ancladas en la verdad eterna de Dios, la cual nos llevará a crecer espiritualmente, cuidar nuestros matrimonios y hogares, establecer relaciones saludables con el prójimo y vivir una vida fructífera. Puede que fallemos, puede que enfrentemos problemas en nuestro matrimonio o con nuestros hijos, pero podemos confiar en que la verdad de la semilla que hemos sembrado producirá fruto a su debido tiempo. En medio de las aflicciones, la enseñanza bíblica es que Jesús ha vencido al mundo. 

Así que no nos cansemos
de hacer el bien.
A su debido tiempo, cosecharemos
numerosas bendiciones
si no nos damos por vencidos. – Gálatas 6:9

Atesoremos la Biblia y demos gracias a Dios por la enseñanza que nos brinda a través de ella. Evaluemos cada mensaje a la luz de las Escrituras y esforcémonos por aplicar lo que enseñan. No nos cansemos de hacer lo correcto pues al hacerlo honramos a Dios y somos bendición a nuestra familia. La esposa virtuosa es la que aplica la enseñanza bíblica a todas las áreas de su vida.