La Esposa y la Crianza Bíblica

Entonces Manoa oró al Señor diciendo: «Señor, te pido que el hombre de Dios vuelva a nosotros y nos dé más instrucciones acerca del hijo que nacerá». – Jueces 13:8

Hace un tiempo, leyendo la Biblia en el libro de Jueces 13, me impactó el versículo 8 en el cual Manoa (padre de Sansón) hace una oración a Dios para implorar que se les diesen instrucciones sobre cómo criar al niño que Dios les había prometido a él y a su esposa. En aquellos tiempos, ellos no tenían disponible los escritos de Moisés y mucho menos un ejemplar de la Biblia, pero reconocieron que necesitaban la instrucción de Dios para la crianza de su hijo. Fueron humildes y clamaron a Dios, quien contestó su oración y le envió a su ángel para que les diera instrucciones. Sin duda, tiene que haber sido una experiencia maravillosa que marcó sus vidas.

Mucha gente dice que los niños no vienen con un manual de instrucciones, pero la realidad es que tenemos la Biblia, en la cual se nos instruye cómo criar a nuestros hijos. Hoy día contamos con la bendición de tener la Biblia disponible en una gran cantidad de formatos que facilitan su accesibilidad. Los valores y principios esenciales para que un niño se desarrolle en un una persona sana, exitosa y productiva, se encuentran en la Palabra de Dios. Por eso es sumamente importante que acudamos a ella continuamente mientras nuestros hijos crecen.

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.
Incúlcaselas continuamente
a tus hijos.
Háblales de ellas
cuando estés en tu casa
y cuando vayas por el camino,
cuando te acuestes
y cuando te levantes.”
Deuteronomio 6:6-7

Existe una gran cantidad de libros y material cristiano sobre la crianza de los hijos. Son recursos que también podemos utilizar como complemento, sin olvidar la superioridad de la Biblia.

Puede que, como ocurrió con Sansón, nuestros hijos se desvíen del camino cuando crezcan, lo cual puede ocasionar que nos llenemos de dudas y de ansiedad. Pero necesitamos confiar en el poder de la Palabra que hemos sembrado en la mente y el corazón nuestros hijos, porque en el momento de Dios, rendirá frutos. Al final, Sansón terminó cumpliendo el propósito de Dios.

Todas las que somos madres, hemos enfrentado períodos de gran preocupación por nuestros hijos por diferentes razones. Algunos se apartan del camino, otros atraviesan situaciones difíciles, otros enfrentan enfermedades y problemas que les hacen dudar de su fe. Pero necesitamos recordar al Padre Expectante y al Hijo Pródigo. Si estuviéramos en el lugar del padre expectante, seguramente hubiésemos tenido cientos de preguntas. Sin embargo, algo maravilloso que nos muestra esta parábola de Jesús es que cuando el hijo pródigo estaba perdido, Dios permitió que volviera en sí y recordara la casa de su padre, el lugar donde fue criado, donde recibió enseñanza y ejemplo. ¡Eso le hizo regresar a los brazos de su padre!

Entonces, volviendo en sí, dijo:
«¡Cuántos de los trabajadores de mi padre
tienen pan de sobra,
pero yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:
“Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;
hazme como uno de tus trabajadores”».
Y levantándose, fue a su padre. – Lucas 15:17-20

Necesitamos entender que, junto al esposo, solo podemos “sembrar” la buena enseñanza en los corazones de nuestros hijos, pero no tenemos el poder de dar el crecimiento. Solamente Dios puede hacer germinar y crecer la semilla de la Palabra. Confiar en Dios requiere que nos demos cuenta de que no depende de nosotros, sino que Dios es el que se encarga de obrar a su tiempo en la vida de cada hijo. Eso no significa que dejamos de orar por ellos, de pedir a Dios sabiduría y dirección para aconsejarles y relacionarnos con ellos saludablemente.

La responsabilidad de educar a los hijos en el temor de Dios es de los padres y madres, y es una responsabilidad indelegable. El padre y la madre son las personas a las cuales Dios ha otorgado el poder de ejercer una influencia sobre los hijos como ninguna otra en el mundo. Nuestro anhelo debe ser utilizar esa influencia para encaminar a los hijos en el camino que Dios ha trazado para ellos. A lo largo de toda la vida, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser ejemplo y llevar a nuestros hijos e hijas a la Palabra de Dios. Oremos que Dios nos ayude a hacerlo así, sin importar la edad que tengan.

La Esposa y el Reposo

“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar.” – Mateo 11:28

Si bien es cierto que nuestros cuerpos se agotan por la rutina de trabajo diaria y las tareas que se van añadiendo a lo largo del día, nuestra mente también puede estar agobiada por un sin número de situaciones. El agotamiento, tanto físico, mental como emocional es una realidad que muchas esposas enfrentan.

La esposa puede tener la tendencia a ocuparse de lo que le corresponde, pero además, tomar a su cargo responsabilidades de otras personas. Es entonces cuando comienza a sobrecargarse emocional y mentalmente. La falta de descanso y de límites en cuanto a lo que puede alcanzar en su rutina diaria, produce agotamiento. A eso se le añaden las preocupaciones por las diferentes situaciones personales y familiares.

La necesidad de reposo es esencial. Diariamente, hay que dedicar un tiempo a descansar. Nuestro cuerpo lo necesita, pero nuestra mente también. El salmista exhorta a su alma a reposar en Dios porque en Él hay esperanza.


“Alma mía, en Dios solamente reposa,
porque de Él es mi esperanza.” –
Salmo 62:5

Dedicar un tiempo diario a la oración y meditar en la Palabra es esencial para renovar nuestro espíritu. Esto nos ayuda a llevar nuestras cargas emocionales al Señor. Podemos descansar y experimentar la paz de Dios durante nuestro tiempo devocional. Eso nos brinda esperanza en medio de las dificultades que enfrentamos en la vida.

Además, necesitamos sacar períodos de tiempo para retirarnos con nuestra familia para disfrutar, compartir y reposar alejados del ajetreo de la rutina diaria.

Algo con lo que he tenido que lidiar es el sentirme tan atareada por los trabajos diarios y agobiada por diferentes preocupaciones, que a veces me siento culpable por tomar un descanso. La realidad es que en medio de todo, agradezco a Dios porque me ministra a través de la lectura diaria de la Palabra y me ayuda a reposar en Él mediante la oración. Es de esa manera que puedo vencer cualquier sentido de culpa que intente acusarme por la necesidad de reposar.

Es tan gratificante tomar un tiempo de reposo junto a la familia después de un largo período de mucho trabajo. Sea que los hijos sean pequeños, adolescentes o jóvenes adultos, poder compartir con ellos junto al esposo es una bendición.

Aprovechemos los tiempos de reposo que Dios nos regala junto a nuestra familia. A veces puede significar un rato conversando con los hijos; otras veces puede ser una caminata tranquila con el esposo, orar juntos o leer una reflexión familiar. Esos tiempos nos proveen descanso y son de beneficio para el alma y el espíritu.

“Así quedaron terminados los cielos y la tierra,
y todo lo que hay en ellos.
Al llegar el séptimo día,
Dios descansó porque había terminado

la obra que había emprendido.” –
Génesis 2:1-2

Dios nos enseñó la importancia del descanso desde el Génesis. Él trabajó en la creación y luego, dice la Biblia, que descansó. En el Nuevo Testamento, Jesús también nos invita a descansar en Él y nos ofrece su paz para que podamos entrar en su reposo, reconociendo que Él tiene cuidado de nosotras. Te invito a meditar sobre esto, y evaluar si estás dedicando tiempo a descansar para renovar tus fuerzas, tanto físicas, como emocionales y espirituales.

La Esposa – Comunicando Sin Palabras

Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos,
de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra,
puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres
al observar vuestra conducta casta y respetuosa.” – 1 Pedro 3:1-2

Se escribe mucho sobre el impacto de las palabras en nuestras relaciones, pero hay otro tipo de comunicación que está presente y que muchas veces pasa desapercibido. La comunicación no verbal comprende un gran porciento de lo que comunicamos. No es solo lo que decimos, sino cómo lo decimos. ¿Qué comunicamos con nuestros gestos, actitudes y acciones?

La Biblia nos enseña sobre cómo debe conducirse una persona cristiana de modo que muestre a Cristo con sus obras. El pasaje de 1 Pedro mencionado anteriormente es uno que habla directamente a las mujeres y señala que el comportamiento puede ser un mensaje mucho más impactante que las palabras. Cuando el esposo no ha conocido a Cristo o está desobedeciendo la Palabra, es la esposa la que está llamada a ser una influencia que lleve al esposo hacia Cristo con su conducta respetuosa y casta (que denota pureza, virtud, decencia y honestidad). Me llama la atención que el pasaje bíblico especifica que el esposo puede ser ganado “sin palabra alguna”. Nuestra forma de conducirnos puede comunicar un mensaje con igual o mayor fuerza que lo que decimos. Cuando nos rendimos a Dios y le entregamos toda nuestra vida, podemos pedirle que nos ayude a ser transformadas conforme a la imagen de Cristo, de manera que nuestra conducta refleje su amor y que nuestras palabras estén alineadas a su mensaje.

Muchas mujeres han obrado con nobleza,
pero tú las superas a todas. – Proverbios 31:29

En la porción bíblica de Proverbios 31:10-31, está claro que la conducta de la mujer virtuosa ha hecho un impacto significativo en la vida del esposo ya que la halaga diciendo que ella sobrepasa a todas las mujeres que han hecho el bien. Con su conducta, la esposa virtuosa se ha ganado la confianza del esposo y ha tocado el corazón de él y el de sus hijos.

A veces ocurre que decimos una cosa, pero nuestra conducta comunica otra. Esto lleva un mensaje confuso, ya sea al esposo o a los hijos. Toda persona falla en esto. Por eso necesitamos a Cristo, porque Él se perfecciona en nuestras debilidades. Cuando fallamos, podemos acudir a Dios y Él nos dará la sabiduría para obrar conforme a su Palabra.

Tengamos en mente que mientras nosotras estamos ocupadas en nuestra rutina diaria, nuestra familia nos observa y percibe un mensaje a través de nuestras acciones y actitudes. Por ejemplo, desde pequeña pude percibir la admiración de mi mamá por la creación de Dios. Ella no me lo tuvo que decir directamente, pero lo pude percibir. De mi papá, aprendí la importancia de sonreír y cómo una sonrisa puede ser el puente para acercarte a otras personas. Del matrimonio de mis padres aprendí y sigo aprendiendo el valor del servicio mutuo. Todas estas lecciones me fueron comunicadas sin mediar palabras.

Durante esta pasada semana, leí un breve poema de un autor desconocido el cual quisiera compartir para concluir ya que nos recuerda la importancia de lo que comunican nuestras acciones en el hogar.

Cuando pensabas que no estaba mirando

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi colgar
mi primer “cuadro” en el refrigerador y quise pintar otro.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi alimentar
a un gato callejero y pensé que era bueno ser amable
con los animales.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi hacer
mi pastel favorito y supe que las pequeñas cosas son
cosas especiales.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te escuché
decir una oración y creí que hay un Dios con el que
siempre podría hablar.

Cuando pensaste que no estaba mirando, sentí que me dabas un beso de buenas noches y me sentí amada.

Cuando pensaste que no estaba mirando, vi que te importaba y quise llegar a ser todo lo que podía ser.

Cuando pensabas que no estaba mirando, MIRÉ …
y quería darte las gracias por todas las cosas que vi
cuando pensabas que no estaba mirando.

– Autor desconocido



 

La Esposa – Hablando Palabras de Afirmación

“Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes.” – Lucas 6:31

Recibir afirmación de parte de las personas importantes en nuestra vida es algo agradable, que nos motiva e inspira. Las palabras de afirmación son una forma poderosa de demostrar amor. El autor Gary Chapman enumera las palabras de afirmación como uno de los lenguajes del amor. Un halago, una palabra de ánimo, una nota de agradecimiento, expresar admiración, pueden significar mucho especialmente durante un día difícil.

La Biblia da instrucciones en muchas ocasiones sobre cómo debe ser nuestra forma de hablar porque ésta debe ser un reflejo de nuestra vida de adoración a Dios. Otra instrucción bíblica que se nos hace es que todo lo que hagamos debe ser como para el Señor. Creo que este mandato es sumamente importante (ya hemos escrito sobre el tema en publicaciones anteriores del blog – “La Esposa en la Vida Cotidiana”) porque es el que determina la actitud y la intención con la que obraremos. Cuando tenemos la actitud de honrar a Dios con todo lo que hacemos, seremos cuidadosas con la forma en la que hablamos.

La palabra amable
es árbol de vida;
la palabra perversa

destruye el espíritu. – Proverbios 15:4

Las palabras de afirmación son muy necesarias, especialmente en el contexto del hogar. El esposo y los hijos necesitan nuestro ánimo, nuestro agradecimiento y reconocimiento, así como nosotras lo necesitamos. Por eso necesitamos aplicar la Regla de Oro en el hogar con las palabras de afirmación: “Hablar a los demás como nos gustaría que nos hablen a nosotras.” En su libro “Adornadas”, Nancy DeMoss Wolgemuth invita a las esposas a tomar lo que ella llama el “Desafío de los 30 Días para animar a tu Esposo”. Durante el desafío, las esposas deben evitar hablar negativo sobre su esposo durante 30 días. Aunque él haga cosas que la esposa pudiera señalarle, ella debe tomar la decisión de no enfocarse en esas cosas. La segunda parte del desafío es animar al esposo, expresándole algo que aprecias o admiras de él. Es un reto para que seamos intencionales hablando palabras de afirmación al esposo, que es algo que a veces se descuida. Inclusive, pudiéramos pensar que es difícil encontrar 30 cosas que se aprecian o admiran del esposo. Pero el ejercicio de meditar en esto intencionalmente puede llevarnos a encontrar muchas cualidades significativas del esposo que hemos olvidado con el paso de los años o a las que simplemente les prestamos poca importancia. Muchas esposas que han aceptado el desafío testifican que ha marcado una diferencia muy positiva en su relación matrimonial.

La Biblia nos enseña que el esposo responde al respeto como la esposa responde al amor en Efesios 5:33 (este tema también fue tratado en una publicación anterior del blog – “La Esposa y el Respeto”). La admiración, el aprecio y las palabras de afirmación son parte de ese respeto que el esposo ansía y que como esposas virtuosas estamos llamadas a expresarle. Nuestra carne está más inclinada a señalar lo negativo que a resaltar lo positivo y por eso en muchas ocasiones descuidamos el brindar ánimo, agradecimiento y halagar al esposo. Necesitamos la ayuda continua del Señor para enfocarnos deliberadamente en lo positivo y resaltarlo como una forma de mostrar amor en nuestros hogares.

Ninguna palabra corrompida
salga de vuestra boca,
sino la que sea buena
para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.Efesios 4:29

Esto es algo que también debemos practicar entre nuestras hermanas en la fe, familiares y amigas. Podemos animarnos unas a otras con palabras de afirmación. Brindar ánimo a otras mujeres es algo que Dios puede usar para cambiar el día o la semana de una dama. Puede ser un impacto significativo en su vida. A veces nos cohibimos de brindar una palabra de afirmación o de ánimo porque asumimos que tal o cual mujer es fuerte y probablemente no necesita de nuestro apoyo. La realidad es que cuando Dios toca nuestro corazón para hablar a alguien, sencillamente nos toca obedecer. No sabemos cuántas veces esas “mujeres fuertes” están anhelando que alguien sostenga sus brazos. Todas necesitamos a Cristo y fortalecernos en el poder de su fuerza para continuar.

Practiquemos a diario el hablar conforme a la Palabra, para edificar a los que nos oyen, ya sea en el hogar, en el lugar de trabajo, en el vecindario, en la universidad, en la Iglesia. Siempre lo primordial es obedecer a Dios y servir al prójimo mientras le glorificamos a Él.

La Esposa y la Paciencia

Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes. –
Colosenses 3:12

Hoy, durante una breve conversación, mi hijo mayor, quien se comprometió con su novia hace poco más de un mes, me preguntó: “Si solo pudieras darme un consejo que pueda ser útil para cuando esté en la etapa de recién casado, ¿cuál sería?” Le respondí que lo mejor que le puedo aconsejar es que se tengan paciencia el uno al otro, entendiendo que son diferentes y que cuando comiencen su vida juntos, se van a percatar de esas diferencias, de los distintos hábitos de cada uno. Solo teniéndose paciencia y esforzándose por comprenderse mutuamente, lograrán establecer sus propios hábitos de pareja y lograr la armonía en el hogar.

Amo estas “pequeñas grandes” conversaciones con mis hijos porque me hacen pensar y analizar cuánta paciencia me han visto ellos ejercer a mí a través de los años. Al meditar en esto, con honestidad puedo decir que es un proceso en el que todavía estoy trabajando. Puedo ser paciente con algunas cosas y con otras no. Puede que haya hábitos o costumbres de mi esposo o de mis hijos que puedo dejar pasar, pero hay otros que todavía me impacientan.

Es a lo largo de las relaciones, mientras interactuamos unos con otros que podemos vivir como se espera de nosotras como hijas de Dios: amando, mostrando bondad, humildad y paciencia. Las relaciones son instrumentos de Dios para pulirnos. Esta semana pasada, mi esposo y yo cumplimos 26 años de casados. Mi trasfondo familiar y el de mi esposo son completamente diferentes. Las personalidades de ambos son distintas (aunque tenemos cosas en común), y tanto el factor de la crianza como la personalidad, pudieron habernos causado muchos problemas a lo largo de nuestro matrimonio. Pero vivimos agradecidos de Dios por Su maravillosa gracia. Haber conocido el Evangelio desde antes de casarnos ha hecho toda la diferencia en nuestra relación. El buen consejo de la Palabra, libros cristianos sobre el matrimonio y las personas que Dios puso en nuestro camino como mentores, nos han ayudado a llegar a donde estamos hoy. Sin duda, ambos hemos aprendido a ejercer paciencia durante estos 26 años y todavía nos falta mucho por aprender en las próximas etapas que nos esperan.

En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. – Gálatas 5: 22-23

La Biblia nos dice que el fruto del Espíritu se manifiesta de varias formas, y una de ellas es la paciencia. Sin duda, es un fruto totalmente necesario en el matrimonio. Es la paciencia la que nos ayuda a soportar esas pequeñas costumbres del esposo que nos parecen molestosas. Es la paciencia la que nos enseña que está bien que el esposo sea diferente a nosotras; Dios lo diseñó con una personalidad única y lo hizo bien. La paciencia nos capacita para que podamos incluso apreciar esas idiosincrasias que hacen al esposo tan especial.

Cuando aprendemos a ejercitar la paciencia, entendemos que hay conversaciones que pueden esperar hasta el lugar y el momento indicados. Esto me hace recordar la historia de Ester, que buscó primero la dirección de Dios, para luego encontrar la valentía y la prudencia para hablar con su esposo sobre un tema muy delicado en el momento propicio. ¡Cuántas veces tenemos que “mordernos la lengua” porque queremos resolver todo a nuestra manera y en el momento! ¡Qué mucho podemos aprender de Ester sobre la paciencia! Su historia se encuentra en el Antiguo Testamento, el libro de Ester, cuyos 10 capítulos se pueden leer en una tarde y meditar en ellos durante toda una vida.

Sean pacientes con todos. –
1 Tesalonicenses 5:14

Recordemos que el mandato bíblico es que seamos pacientes con todos. Creo firmemente que las esposas estamos llamadas a ejercitar las virtudes bíblicas primeramente en el hogar, con el esposo y los hijos, que son los prójimos más cercanos que tenemos. La esposa virtuosa descrita en Proverbios 31 refleja una actitud paciente mientras cuida a su familia y su hogar. Lo puede hacer porque ella honra a Dios, y de relación con Él surge el fruto que produce paciencia. Podemos confiar que con la ayuda de Dios lograremos alcanzar la meta de ejercitar la paciencia en nuestros hogares.

La Esposa – El valor de la Amistad en el Matrimonio

“En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.” – Proverbios 17:17

La amistad es un regalo valioso que trae consigo compañía, unidad, solidaridad y compartir experiencias agradables. Hay temporadas de nuestra vida en las que las amistades cobran una gran importancia como lo son la adolescencia y la juventud. Algunas de nuestras amigas de la niñez continúan siendo muy importantes para nosotras. Dios nos ha regalado las relaciones de amistad para disfrutar etapas de la vida juntas, ayudarnos unas a otras en momentos difíciles y acompañarnos en el camino.

Pero, ¿cuándo fue la última vez que pensaste en tu esposo como tu amigo? ¿Es tu esposo tu mejor amigo? ¿Disfrutas de su compañía y deseas estar con él en los momentos buenos y apoyarlo en los más difíciles? Por algunas razón, a muchas parejas se les olvida que lo que les llevó a establecer su relación de noviazgo y que luego los llevó al matrimonio, fue la amistad. ¿Te acuerdas de aquellas largas conversaciones telefónicas, de cuando se reían de cualquier tontería, de cuando se inventaban cualquier excusa para pasar tiempo juntos? Ese compartir, ese disfrute de la mutua compañía, esa unidad, produce una relación profunda.

“Que tu esposa sea una
fuente de bendición para ti.
Alégrate con la esposa de tu juventud.” – Proverbios 5:18

Con el paso del tiempo, luego de casarnos, nos dejamos llevar por las rutinas y las responsabilidades y se nos olvida disfrutar de la relación. Nos acostumbramos tanto a la rutina del trabajo y de las tareas cotidianas, que se nos hace difícil disfrutar de una salida espontánea. Otra cosa que obstaculiza la amistad en el matrimonio es la creencia de que los cónyuges no pueden ser amigos porque sus gustos son muy diferentes. Sin embargo, cuando estaban en la etapa de noviazgo, buscaban conocer todos los gustos que tenían en común para disfrutar de esas cosas juntos. ¿Por qué tiene que cambiar eso en el matrimonio? Debemos continuar aprendiendo sobre los gustos del esposo y buscar conocer aquellas cosas que a ambos nos agradan para disfrutarlas en companía de él. Hace unos años escuché la siguiente frase: “El que deja de aprender, comienza a morir”. En el matrimonio también aplica. Cuando dejamos de aprender sobre el cónyuge, la amistad y la unidad comienzan a morir.

Hay parejas que cuando se les queda el “nido vacío” se dan cuenta de que lo único que los mantenía juntos eran los hijos y las deudas. Una vez que se van los hijos y se saldan las deudas, piensan que su relación ya no tiene sentido y lamentablemente, muchos terminan en divorcio .

La amistad tiene un gran valor en el matrimonio. En el Cantar de los Cantares, vemos a una pareja desde que inicia su relación buscándose el uno al otro. Se llaman “amiga mía” y “amigo mío”, “mi amada” y “mi amado” (Cantares 2:2-3). Su relación crece a medida que vamos leyendo este libro poético en la Biblia y nos muestra finalmente una unidad profunda (Cantares 8:7).

La esposa virtuosa conoce y aplica el valor de la amistad en su matrimonio. Una de las características principales de la amistad es la confianza. La esposa descrita en Proverbios 31, inspira confianza a su esposo y enriquece su vida con su compañía (Proverbios 31:11).

“La amistad entre los cónyuges protege el matrimonio.” –
J. Mercado (El Matrimonio que Agrada a Dios)

El fin de cada matrimonio cristiano es honrar y dar gloria a Dios. La unidad del matrimonio refleja el amor de Cristo por su Iglesia (Efesios 5:25-32). Apreciemos cada día la oportunidad de glorificar a Dios a través de un matrimonio que disfruta la unidad que produce compartir la vida con nuestro mejor amigo.

La Esposa – Más allá de las Apariencias

Engañoso es el encanto y pasajera la belleza;
la mujer que teme al Señor es digna de alabanza. – Proverbios 31:30

El tema de la apariencia física ocupa frecuentemente las mentes de las mujeres. ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo nos ve el esposo? ¿Qué cambios puedo hacer para mejorar mi aspecto? ?  Estas son solo parte de las preguntas que pueden llenar la mente de una mujer desde su adolescencia hasta la edad madura. Las respuestas, tanto intelectuales como físicas, cambian con el paso de los años, pero la realidad es que perseguir la belleza es algo que de una forma u otra está presente en nuestras vidas.

Leer y escuchar el versículo 30 de Proverbios 31 cuando estamos más jóvenes, puede que no tenga tanto impacto, pero al ir pasando el tiempo, cobra un significado mayor. Es así como podemos afirmar que la Palabra de Dios es viva y eficaz, pues mientras vamos madurando, la Palabra viva obra eficazmente en nuestras vidas de acuerdo con la temporada que estemos atravesando. Así que, en esta temporada de mi vida (¡más cerca de los 50 que de los 40!), cuando leo: “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza…”,medito en ello de una forma diferente. Cuando llegamos a cierta edad, no se nos hace tan fácil bajar algunas libras, algunas estamos muy adoloridas para hacer ejercicios debido a condiciones de salud, las líneas de expresión ya se están asomando en el rostro, y eso puede llegar a frustrarnos si estamos demasiado enfocadas en la apariencia.

“La belleza es pasajera…”, dice el proverbista, refiriéndose a la apariencia externa. Pero añade: “la mujer que teme al Señor es digna de alabanza.” La reverencia y el temor de Dios no son cosas que podemos ver físicamente. Son disciplinas que al practicarlas se convierten en la actitud del corazón. Una esposa que honra a Dios es digna de alabanza. Su esposo y sus hijos la respetan y la admiran. Pero todo lo que ella hace, no lo hace para sí misma, sino que lo hace para honrar a Dios y como una muestra del amor que Él ha depositado en ella y que ahora ella puede brindar a los demás.

Una amiga en estos días utilizó la frase: “Envejeciendo con gracia…” Y me hizo pensar en el maravilloso regalo de la gracia de Dios y cómo con el paso de los años, al ir conociéndole, creciendo en fe y madurando, podemos realmente envejecer con gracia y llegar a ser una mujer como la que describe la Biblia.

“Que la belleza de ustedes no sea la externa,
que consiste en adornos tales como peinados ostentosos,
joyas de oro y vestidos lujosos.
Que su belleza sea más bien la incorruptible,
la que procede de lo íntimo del corazón
y consiste en un espíritu suave y apacible.
Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios.” 1 Pedro 3: 3-4

El camino hacia la libertad de la presión en cuanto a la apariencia es duro y difícil. Más aún cuando vivimos rodeadas de imágenes y conceptos que continuamente nos impulsan a pensar en nuestra apariencia física. Pensar que solamente se resuelve con cultivar la belleza interior, puede parecer muy sencillo. Pero realmente, la clave está en el primer verso que compartimos: honrar a Dios. El evangelio es el mensaje que nos lleva a honrar a Dios, a vivir para Él. Cuando podemos comprender que Jesús, se hizo pecado por nosotras (se despojó de toda su belleza, hermosura y majestad – Isaías 53:2), nos daremos cuenta de que la verdadera belleza se encuentra en Él, en entregarle nuestras vidas, en servirle y adorarle de corazón. “La mujer que teme (honra) al Señor es digna de alabanza”, resuena en mi corazón al escribir estas líneas. Oro que resuene en el corazón de cada mujer que las lea. No hay mejor legado para nuestras hijas e hijos que el Evangelio. Si el esposo y los hijos(as), las amistades, los compañeros y compañeras de trabajo, los vecinos, nos admiran por algo, que sea por haberles mostrado el amor de Cristo.

En su libro Belleza Verdadera, Carolyn Mahaney escribe: “Solo la Palabra de Dios puede prometer una belleza que es sobrenatural, que satisface, que es alcanzable y además duradera, una belleza que trae bendición y no maldición; una belleza que es preciosa, no inútil, que lleva a la felicidad en vez de a la angustia; una belleza que es cada vez más atractiva mientras más la cultives. La Escritura es veraz. Es la única que nos puede revelar lo que es la verdadera belleza.”

“…todo mortal es como la hierba,
y toda su gloria como la flor del campo.
La hierba se seca y la flor se marchita…

pero la palabra de nuestro Dios
permanece para siempre.” – Isaías 40: 6-8

La Esposa – Introspección

Cada cual cree que lo que hace está bien,
pero el SEÑOR es quien califica las intenciones.” –

Proverbios 16:2

Hace varios años, cuando mi esposo y yo nos preparábamos para trabajar en el ministerio de matrimonios y familias, tuvimos el privilegio de participar de unos talleres conducidos por el Dr. H. Norman Wright, quien es uno de los pioneros de la consejería prematrimonial cristiana. Recuerdo que al finalizar los talleres, usualmente, el Dr. Wright nos dejaba con varias preguntas sobre las que debíamos reflexionar. Hay una de esas preguntas que nunca olvidaré. En su voz calmada y clara, el Dr. Wright, nos invitó a preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo se siente estar casado conmigo?”

Cuando nos miramos a nosotras mismas, puede que nuestra preferencia sea ver y resaltar todo lo que pensamos que hacemos bien. Reconocemos que no somos perfectas, pero en muchas ocasiones tenemos una justificación para nuestras “imperfecciones.” Puede que haya otras que se sientan culpables y fracasadas por la forma en la que están desempeñando su rol de esposas.

Hay varias formas de analizar esta maravillosa e incisiva pregunta. Está lo que pienso de mí misma. Por ejemplo, puedo pensar que soy una buena persona con buenas intenciones que a veces comete errores y que mi esposo escogió bien al seleccionarme a mí. También puede que me conteste la pregunta con mi proyección de lo que quiero ser y diga: “Mi esposo debe sentirse muy bien conmigo ya que mi meta es ser una mujer virtuosa y creo que lo estoy haciendo bastante bien”, pasando por alto mis faltas. Otra forma de contestar la pregunta es tratar de ponerme en el lugar del esposo y captar lo que percibe de mí. Pero aún después de mirar en todos estos crisoles, no encontraré una respuesta honesta y satisfactoria hasta que me mire en el crisol de la Palabra.

Para contestar efectivamente la pregunta: “¿Cómo se siente estar casado conmigo?”, necesitamos conocer lo que Dios dice de la esposa. Entonces nuestra introspección será verdaderamente productiva. Cuando nos miramos en el espejo de la Palabra, podemos conocer el diseño de Dios para la esposa y examinar nuestros pensamientos, acciones y actitudes basándonos en ese diseño. A través de la oración, podemos pedirle a Dios que nos ayude a examinarnos con sinceridad y a trabajar con las áreas en las que necesitamos madurar.

Una mujer honesta
se gana el respeto” – Proverbios 11:16

Admitir al final del día que no obramos conforme al diseño de Dios, puede ser difícil y algunas veces, doloroso. Pero esos “dolores de crecimiento” nos llevan a madurar y a avanzar en el camino a convertirnos en la esposa que Dios quiere que seamos.

Hay momentos en el diario vivir en los que me percato que no estoy siendo fuente de bien para mi esposo. La gracia de Dios me sostiene en los momentos de debilidad y puedo arrepentirme de mis faltas y tomar la actitud correcta. En realidad, no se trata de mí, sino que se trata de reflejar el amor de Cristo que está en mí, de dar gloria a Él al ejercer mi rol de esposa conforme a Su diseño.

Si decides hacerte la pregunta: ¿Cómo se siente estar casado conmigo?, asegúrate de ir a la Palabra. Ese es el espejo perfecto. Las revistas, las redes sociales, la cultura moderna, el feminismo, todos tienen sus propias teorías basadas en conceptos humanos. Solo la Biblia contiene la verdad y revela el diseño divino. Cristo nos ayuda a dejar atrás la culpa, los temores, la inseguridad, para que podamos hacer todas las buenas obras que Él preparó de antemano para nosotras, y eso incluye ser esposas virtuosas.

“Porque somos hechura de Dios,
creados en Cristo Jesús
para buenas obras,
las cuales Dios dispuso de antemano
a fin de que las pongamos
en práctica.” – Efesios 2:10

La Esposa – Frente a Los Cambios

“Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros
de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos.
Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.” – Santiago 1:17

Se pudiera decir que los cambios son constantes a lo largo de la vida. Parece una declaración contradictoria y en algunos casos es más cierta que en otros, pero la realidad es que enfrentamos cambios a través de las diferentes etapas de la vida.

Cada una de nosotras puede recordar los comienzos de nuestra vida como esposas y maravillarse de lo diferentes que eran las circunstancias y los cambios que hemos experimentado. Tenemos más experiencia, algunas tienen hijos pequeños, otras, hijos adolescentes, otras, hijos adultos y otras tienen nietos. El matrimonio pasa por diferentes etapas, cada una de ellas es interesante, maravillosa y retadora.

La etapa de recién casados, con toda su dulzura y novedad, conlleva muchos ajustes a la nueva vida que se comparte con el esposo. La etapa de crianza de los hijos está llena de amor, alegría, diversión, y a su vez, trae consigo gran responsabilidad, trabajo y preocupaciones. La etapa del nido vacío proporciona tiempo de reposo, la llegada de los nietos, pero también momentos de añoranzas y sentimientos de soledad. Solo mencionando algunas de las etapas principales, pues hay otras más que no dejan de ser importantes.

Actualmente, estoy comenzando a experimentar algunos cambios relacionados con la edad y he optado por entender que es parte de la vida, aunque todavía no los entiendo bien ni me he adaptado a los mismos. Mis hijos ya están adultos y admito que aún estoy en proceso de adaptarme a esa realidad. Le pido a Dios que siga ayudándome a mantener una relación saludable con ambos. Mi hijo mayor ya está comprometido para casarse y me pregunto si seré una buena suegra ya que esa es mi meta. Mi hija comienza en el tercer año de su carrera universitaria, presentando metas para su futuro delante del Señor y mi oración es que Dios la proteja y cumpla Su voluntad en ella. Hay dudas y preguntas en mi mente, que imagino que otras mujeres enfrentan también. Pero puedo mencionar dos constantes esenciales a lo largo de mi vida matrimonial: la amorosa presencia de Dios y el fiel apoyo de mi esposo.

Pero que pida con fe, sin dudar;
porque el que duda es semejante
a la ola del mar, impulsada por el viento
y echada de una parte a otra. – Santiago 1:6

Está claro que, con los cambios en la vida, vienen también desafíos que nos provoquen temor. Es normal sentir miedo frente a los retos, pero la realidad es que esos retos seguirán ahí y tendremos que enfrentarlos en algún momento. Saber que no estamos solas frente a los desafíos que nos presenta la vida, es lo que necesitamos para seguir adelante. En medio de los cambios somos llamadas a ser constantes en nuestra fe (Santiago 1:6). Permanecer ancladas en Cristo, reconociendo que Él es suficiente en los momentos buenos y en los peores, es lo que nos sostendrá en medio de cada etapa desafiante de la vida.

Cultivar una relación sólida con el esposo también es de suma importancia. Enfrentar los retos de la vida junto a tu compañero es mucho más llevadero cuando oran el uno por el otro, se apoyan llevando el uno las cargas del otro cuando es necesario, se dan ánimo y celebran los triunfos juntos.

“Se reviste de fuerza y dignidad,
    y afronta segura el porvenir.” – Proverbios 31:25

Cualquiera que sea la etapa en la que nos encontremos, necesitamos recordar las verdades establecidas en la Palabra de Dios. La esposa virtuosa es fuente de bien y es llamada un tesoro, se viste de fuerza y honor, mirando sin temor al futuro porque su confianza está en Dios. Mantengámonos conectadas a la fuente de la verdad, la Biblia, para nutrir nuestras vidas. Hagamos lo posible por congregarnos, busquemos buenos ejemplos en mujeres piadosas mayores que nosotras que pueden enseñarnos con su experiencia y cultivemos a diario nuestras relaciones más cercanas.

La Esposa – Más allá de las Palabras

Todos cometemos muchas faltas.
¿Quién, entonces, es una persona madura?
Sólo quien es capaz de dominar su lengua
y de dominarse a sí mismo.Santiago 3:2

A lo largo de nuestras vidas, vamos creciendo y madurando. Una buena parte de la madurez se adquiere al relacionarnos de cerca con otras personas, interactuar con ellas, compartir vivencias, resolver conflictos, “limar asperezas”, desarrollar y colaborar en proyectos juntos. El matrimonio nos da la oportunidad de madurar al proveer la relación más cercana que pueden compartir dos personas.

Al entrar en el matrimonio, la esposa y el esposo, enfrentarán retos como las diferencias entre la mujer y el hombre, el bagaje que cada uno trae de su hogar de origen, entre otros. Cuando se aprende a superar estos retos, hay crecimiento individual y también como pareja.

Una de las cosas con las cuales más podemos luchar las mujeres es con las palabras. A la mayoría de las mujeres nos gusta expresar cómo nos fue el día, decir todo lo que hicimos, hablar de nuestros sueños y de nuestras frustraciones. Aunque a algunos esposos, les agrada hablar, no todos son tan conversadores. Algunos esposos prefieren un período de silencio cuando llegan a su casa, mientras que la esposa está deseosa de dialogar con él. Otros esposos tienen problemas para escuchar atentamente y retener la información que su esposa les comparte. Puede que haya otros que escuchan a su esposa, pero no necesariamente responden con palabras.

Este tipo de situaciones puede llevar a una esposa a la frustración. Si no somos cuidadosas, podemos recurrir a utilizar nuestras palabras de modo que lastimen al esposo y hagan daño a la relación (Santiago 3:6). Puede que comencemos a utilizar el sarcasmo para dirigirnos al esposo o que comencemos a criticar continuamente sus acciones y su carácter, terminando en cantaleta (Proverbios 27:15). Algunas esposas pudieran recurrir a utilizar sus palabras para manipular, “halagando” al esposo, no de corazón, sino para lograr sus propios propósitos egoístas (Proverbios 7:21). La mentira también es otra de las formas en las que usamos las palabras para “vengarnos” de lo que consideramos que son las faltas del esposo (Efesios 4:25). Con las palabras también podemos faltar el respeto al esposo, cuando subimos el tono de la voz, le hablamos con desprecio o les decimos palabras obscenas (Efesios 4:29). Todas estas acciones terminan haciendo daño al matrimonio.

Necesitamos darnos cuenta de que estas acciones son producto del pecado en nuestros corazones. En los Evangelios, Jesús habló de que el pecado va más allá de la acción, se comete en el corazón (Mateo 5:22). Las palabras pueden parecer inofensivas pero tenemos que meditar en cuáles son las intenciones que están detrás de ellas . Dios nos llama a arrepentirnos, a llevar ante Él nuestras culpas. Su perdón ya fue pagado para nosotras por Jesucristo en la cruz del Calvario. Una vez reconocemos nuestro pecado y nos arrepentimos, estamos preparadas para crecer.

En cambio, los que tienen la sabiduría
que viene de Dios, no hacen lo malo;
al contrario, buscan la paz, son obedientes
y amables con los demás,
se compadecen de los que sufren,
y siempre hacen lo bueno;
tratan a todos de la misma manera, y son verdaderos cristianos.
A los que buscan la paz entre las personas,

Dios los premiará dándoles paz y justicia. – Santiago 3:17-18

El camino del crecimiento no es fácil pues hay que morir al “yo”, a los deseos egoístas, pero las recompensas son maravillosas. La paz con Dios te llevará a buscar la paz con tu prójimo. Como hemos dicho anteriormente, el prójimo más cercano es el esposo. En tu caminar, verás la evidencia del poder de Dios sobre tu vida y sobre tu relación matrimonial. Tu esposo también lo verá y, en el momento de Dios, esto provocará transformación en su vida.

En mis casi veintiséis años de casada, he podido experimentar cómo Dios ha transformado (y lo sigue haciendo) mi forma de comunicarme con mi esposo. Me ha ayudado a no ser tan ligera con mis palabras. Me enseña a meditar en lo que voy a decir y cuándo debo decirlo. En una ocasión, Dios me guió a guardar silencio ya que estaba recurriendo a la cantaleta porque yo pensaba que tenía la razón y que mis intenciones eran buenas. Recuerdo que, cuando dejé la cantaleta y entregué mi petición al Señor en oración, Él obró hermosamente en mi corazón y en el de mi esposo.

Más allá de las palabras, hay una intención que debe ser evaluada. Cuando lo hacemos a la luz de las Escrituras, estamos dando pasos hacia la madurez y el fortalecimiento de nuestras relaciones. Siempre podemos orar por lo que está en nuestro corazón y permitir que Dios dirija nuestras acciones y nuestras palabras. ¡Qué maravilloso es saber que tenemos acceso directo al Señor por Su gracia!

Así que acerquémonos
con toda confianza al trono
de la gracia de nuestro Dios.
Allí recibiremos su misericordia
y encontraremos la gracia
que nos ayudará
cuando más la necesitemos. – Hebreos 4:16