Mi matrimonio me ha enseñado quién soy

Which relationship has taught you the most about yourself?

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La respuesta a esta pregunta es uno de mis temas favoritos para escribir: el matrimonio. Llevo casada 32 años. Es es más tiempo de lo que viví en casa de mis padres. Ellos edificaron un fundamento sólido para todo lo que he aprendido a lo largo de la vida, lo cual agradezco de todo corazón. 

Primero, aprendí del matrimonio de mis padres. Ellos me enseñaron con las palabras y con su ejemplo lo que es la unidad en la pareja, el amor por Dios, por la familia, por el prójimo y a establecer prioridades. También puedo decir que tengo un legado de matrimonio longevos. Tanto mis abuelos paternos como maternos se matuvieron casados hasta el final de sus vidas. De sus matrimonios aprendí a perseverar, a superar problemas, a trabajar juntos para proveer para la familia, a cuidarse el uno al otro, a valorar la familia. 

Con mi matrimonio he aprendido mucho sobre mí. En primer lugar, me enteré de todas mis imperfecciones. Me di cuenta de mi falta de paciencia, de mi corta tolerancia, de mi enorme necesidad de la gracia de Dios. 

Creo que Dios usa el matrimonio como un medio para que crezcamos, para hacernos madurar. Es esencial mantenerse aprendiendo porque ya no soy la misma jovencita que se casó hace 32 años. Tenemos un hijo y una hija, ambos adultos y casados. Estamos en otra etapa completamente nueva para nosotros. 

A lo largo de los años, hemos pasado por diferentes circunstancias, tiempos buenos y otros tiempos de retos difíciles. Pero cada uno de esos tiempos ha traído consigo una lección que me ha llevado a conocerme mejor. 

He visto cómo Dios me ha fortalecido para animar a mi esposo en los momentos de dificultad. Fuerza que no pensé que tendría, pero que fue provista divinamente para cumplir mi llamado como ayuda idónea para mi esposo.

Algo que ha sido muy especial es percibir la gracia de Dios a través de mi esposo. Es maravilloso recibir un trato amable, considerado y tierno aún cuando pienso que no lo merezco. Ese trato de mi esposo conmigo me ha mostrado la dulce gracia de Dios. Me ha enseñado a cultivar la humildad, la compasión y el servicio.

Pudiera seguir escribiendo tantas cosas… pero en resumen, hoy conozco mejor quien soy porque Dios ha utilizado mi matrimonio para enseñarme a crecer. Todavía me falta mucho por aprender, pero cada día prosigo con el anhelo de conocer más profundamente el amor de Cristo y parecerme más a Él.

Una casa se edifica con sabiduría
    y se fortalece por medio del buen juicio. – Proverbios 24:3

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