Las Palabras de la Esposa Parte II

“En cambio, hablaremos la verdad con amor
y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia.” – Efesios 4:15

La comunicación es importante para la mayoría de las mujeres. Usualmente, muchas niñas desarrollan el lenguaje con rapidez y demuestran habilidad para expresarse con palabras y para la escritura. Es debido a la importancia que le damos a la comunicación que podemos tener una tendencia a frustrarnos en esta área con nuestros esposos.

Recuerdo que el primer malentendido que surgió entre mi esposo y yo cuando recién casados fue porque quería decirle algo mientras él estaba en otra habitación de la pequeña casa donde vivíamos. El no poder vernos el uno al otro y escuchar mi voz en un tono más elevado por estar en lugares separados, provocó un leve malentendido. Pienso que lo recuerdo porque era necesario aprender la lección de que hay cosas que deben esperar para decirse frente a frente, de modo que el esposo pueda tener el contexto total de tu lenguaje (el tono, el volumen y el lenguaje corporal también son parte del mensaje que quieres transmitir). Cada vez que se me ocurra decir algo importante desde otra habitación, debo recordar esta lección.

La forma en la que nos dirigimos a nuestro esposo provocará una respuesta. Esta respuesta puede ser positiva o negativa. La Biblia dice de la mujer virtuosa que la “ley de clemencia” esta en su boca. ¿Qué significa esto? Que la manera en la que la mujer virtuosa utiliza sus palabras es con dulzura, benignidad, misericordia, bondad, mansedumbre, piedad.

Habrá momentos en los que entendemos que necesitamos confrontar a nuestro esposo por alguna situación. Debemos asegurarnos de: orar por la situación antes de dialogar, buscar el momento y el lugar indicados, mantener una actitud de humildad, y aplicar la “ley de clemencia” a nuestras palabras. Cuando en lugar de hacer esto, nos dejamos llevar por el enojo o la frustración, podemos caer en conductas irrespetuosas como la gritería y la cantaleta. Alguien dijo una vez: “puedes tener la razón, pero estar equivocada a los gritos.” La cantaleta es otra conducta que nos aleja de nuestras familias. Proverbios 21:9 dice: “Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea que en una casa preciosa con una esposa que busca pleitos.”

La esposa que busca hacer la voluntad de Dios está dispuesta a aprender cada día para crecer y que su matrimonio pueda reflejar el amor de Cristo y su Iglesia. Es una mujer sabia que no se escuda detrás de la verdad para lastimar a los demás, sino que expresa la verdad con amor y respeto.

El crecimiento es algo continuo. Llevo 25 años de casada y sigo aprendiendo sobre mi esposo y sobre el matrimonio. De vez en cuando, recuerdo a propósito lecciones que he aprendido a lo largo del tiempo sobre la comunicación porque sé que necesito mantenerme alerta y cuidar esta área, de manera que mis palabras edifiquen en lugar de destruir, acerquen en lugar de alejar, apacigüen en lugar de enardecer.

“Sean gratas las palabras de mi boca
y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío.”
– Salmo 19:4

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