La Esposa y el Reposo

“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar.” – Mateo 11:28

Si bien es cierto que nuestros cuerpos se agotan por la rutina de trabajo diaria y las tareas que se van añadiendo a lo largo del día, nuestra mente también puede estar agobiada por un sin número de situaciones. El agotamiento, tanto físico, mental como emocional es una realidad que muchas esposas enfrentan.

La esposa puede tener la tendencia a ocuparse de lo que le corresponde, pero además, tomar a su cargo responsabilidades de otras personas. Es entonces cuando comienza a sobrecargarse emocional y mentalmente. La falta de descanso y de límites en cuanto a lo que puede alcanzar en su rutina diaria, produce agotamiento. A eso se le añaden las preocupaciones por las diferentes situaciones personales y familiares.

La necesidad de reposo es esencial. Diariamente, hay que dedicar un tiempo a descansar. Nuestro cuerpo lo necesita, pero nuestra mente también. El salmista exhorta a su alma a reposar en Dios porque en Él hay esperanza.


“Alma mía, en Dios solamente reposa,
porque de Él es mi esperanza.” –
Salmo 62:5

Dedicar un tiempo diario a la oración y meditar en la Palabra es esencial para renovar nuestro espíritu. Esto nos ayuda a llevar nuestras cargas emocionales al Señor. Podemos descansar y experimentar la paz de Dios durante nuestro tiempo devocional. Eso nos brinda esperanza en medio de las dificultades que enfrentamos en la vida.

Además, necesitamos sacar períodos de tiempo para retirarnos con nuestra familia para disfrutar, compartir y reposar alejados del ajetreo de la rutina diaria.

Algo con lo que he tenido que lidiar es el sentirme tan atareada por los trabajos diarios y agobiada por diferentes preocupaciones, que a veces me siento culpable por tomar un descanso. La realidad es que en medio de todo, agradezco a Dios porque me ministra a través de la lectura diaria de la Palabra y me ayuda a reposar en Él mediante la oración. Es de esa manera que puedo vencer cualquier sentido de culpa que intente acusarme por la necesidad de reposar.

Es tan gratificante tomar un tiempo de reposo junto a la familia después de un largo período de mucho trabajo. Sea que los hijos sean pequeños, adolescentes o jóvenes adultos, poder compartir con ellos junto al esposo es una bendición.

Aprovechemos los tiempos de reposo que Dios nos regala junto a nuestra familia. A veces puede significar un rato conversando con los hijos; otras veces puede ser una caminata tranquila con el esposo, orar juntos o leer una reflexión familiar. Esos tiempos nos proveen descanso y son de beneficio para el alma y el espíritu.

“Así quedaron terminados los cielos y la tierra,
y todo lo que hay en ellos.
Al llegar el séptimo día,
Dios descansó porque había terminado

la obra que había emprendido.” –
Génesis 2:1-2

Dios nos enseñó la importancia del descanso desde el Génesis. Él trabajó en la creación y luego, dice la Biblia, que descansó. En el Nuevo Testamento, Jesús también nos invita a descansar en Él y nos ofrece su paz para que podamos entrar en su reposo, reconociendo que Él tiene cuidado de nosotras. Te invito a meditar sobre esto, y evaluar si estás dedicando tiempo a descansar para renovar tus fuerzas, tanto físicas, como emocionales y espirituales.

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