La Esposa – Crianza Bíblica II

“Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti,
la cual habitó primero en tu abuela Loida
y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” –
2 Timoteo 1:5

El tema de la educación sobre valores y principios es uno que genera mucha controversia en el presente. Sin embargo, cuando vamos a la Palabra, encontramos que Dios ha determinado que sea en el hogar donde se transmita la fe a los hijos y se les inculquen valores y principios.

La madre es parte fundamental del desarrollo de cada hijo o hija. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo menciona por sus nombres a una abuela y a una madre que se encargaron de transmitir la fe a Timoteo. Éste fue uno de los fieles colaboradores de Pablo que se convirtió en pastor. Loida, la abuela y Eunice, la madre de Timoteo fueron intencionales, responsables y activas en modelar y enseñar la fe sincera que ambas tenían. Timoteo fue bendecido por un legado mucho mayor que una herencia material.

Puede que pensemos que estamos muy lejos de la perfección como para ser un ejemplo para nuestros hijos e hijas, pero en Cristo hallamos la gracia que nos restaura y nos capacita para poder guiarles y testificarles.

Estos son los dichos sabios con los que la mamá al rey Lemuel le enseñaba…” – Proverbios 31:1

La madre del “Rey Lemuel” en Proverbios 31, dedica la escritura de este capítulo a instruir a su hijo, a aconsejarle, equipándolo para la vida. Ella le enseña sobre valores tan importantes como la fidelidad, el amor al prójimo, el temor a Dios y cómo estos influyen sobre las relaciones. Indudablemente, ella no fue perfecta, pero anhelaba que la siguiente generación no cometiera los mismos errores que quizás ella y su esposo habían cometido, sino que tuvieran un fundamento sólido sobre el cual edificar sus propias familias. Esto no significa que nuestros hijos nunca cometerán errores si los criamos sobre las bases de los principios y valores bíblicos, pero sí que conocerán que en Cristo encontrarán la gracia suficiente para ser perdonados, restaurados y fortalecidos para volver a comenzar.

En la carta del apóstol Pablo a Tito, en la cual le instruye sobre el cuidado a la Iglesia, encontramos también que las mujeres tienen un papel esencial en la enseñanza. En el capítulo 2, habla sobre cómo “las ancianas” están llamadas a enseñar y a ser un ejemplo para las mujeres más jóvenes (Tito 2:3-5). Hemos aprendido que “anciana” no tiene solamente que ser una mujer de edad avanzada, sino toda mujer que es mayor que otra, y eso nos aplica a todas. Así que estamos llamadas a ser una influencia para otras. Pero ¿qué tipo de influencia? Dios nos llama a modelar los valores bíblicos que distinguen a una mujer cristiana. En primer lugar, debemos hacerlo con nuestras hijas, sobrinas, nueras y orar por ellas continuamente, siendo misericordiosas y compasivas, sin dejar de mostrarles la enseñanza bíblica.

“No nos cansemos
de hacer el bien, porque
a su debido tiempo cosecharemos
si no nos damos por vencidos.” – Gálatas 6:9

Sin duda, la crianza bíblica presenta retos e inclusive oposición en nuestros días, pero cuando la seguimos rinde buen fruto. Es tiempo de permanecer firmes y no desmayar. Nuestro rol de madres no se acaba cuando los hijos se van de la casa, simplemente cambia. Nunca dejamos de orar por los hijos, nunca dejamos de amarlos, nunca dejamos de anhelar que puedan cumplir el propósito de Dios para sus vidas y caminar en Su verdad. Así que, nunca dejemos de darles ejemplo, de hablarles la Palabra con sabiduría. Dios es fiel. A su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.

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