La Esposa y el Contentamiento

“…he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.” – Filipenses 4:11

Hace varios meses atrás, en nuestra congregación estuvimos estudiando el libro de los Filipenses en la Escuela Bíblica Dominical. Al estudiar el capítulo 4 de la carta del apóstol Pablo a los Filipenses se profundizó en el tema del contentamiento. Uno de los puntos que estudiamos tocó mi corazón de manera especial y fue el siguiente: “La idea que quiere comunicar el apóstol Pablo en el capítulo 4 es que el contentamiento cristiano está desconectado de nuestras circunstancias.” Este capítulo de Filipenses es uno que he leído en muchas ocasiones y varios de sus versículos son aprendidos de memoria por una gran cantidad de personas. Pero, esa mañana de domingo, esta enseñanza resonó en mi mente y corazón.

La Biblia nos enseña que el contentamiento produce una satisfacción interior que no exige cambios en circunstancias externas. El secreto del contentamiento cristiano no es una cosa, sino la persona de Cristo. Es en Cristo que podemos enfrentar toda situación.

“Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.” –
Filipenses 4:13

Al meditar en esto, debemos preguntarnos: ¿cuál es nuestra respuesta ante las circunstancias que nos presenta la vida? Ya sea en el matrimonio, en el hogar con nuestros hijos, con nuestros familiares, en el trabajo, comunidad o Iglesia, hemos de enfrentar diferentes situaciones que pondrán a prueba nuestra fe.

¿Cómo respondemos cuando nuestro matrimonio está en crisis? ¿Cuál es nuestra respuesta ante la enfermedad? ¿Podemos experimentar contentamiento cuando uno de nuestros hijos se ha descarriado? Cada una de estas circunstancias presenta sus retos, dificultades y dolor. Cuando nuestra fe está fundamentada en Cristo, podemos confiar en que Dios, en su divina providencia, está en control de todas las cosas y está llevando a cabo su voluntad en nuestras vidas. Esto nos lleva a experimentar contentamiento, lo cual impactará de manera profunda nuestra actitud. Es entonces que entendemos que, aunque las circunstancias se tarden en cambiar o permanezcan sin cambio, Dios está transformando nuestros corazones, lo cual es de gran valor.

¿Qué tal cuando las cosas van bien? ¿Cuándo el matrimonio está sólido? ¿Cuándo los hijos y familiares están sanos? ¿Cuándo nuestra situación económica es estable? Puede que pensemos que es muy fácil encontrar contentamiento en la abundancia. Pero ¿en qué o en quién está anclada nuestra fe? ¿Es nuestro contentamiento dependiente de nuestras posesiones? Todas las cosas que podemos obtener y acumular en este mundo son efímeras, inciertas. La Biblia nos enseña que debemos encontrar nuestra satisfacción en Cristo, ya sea en tiempos de dificultad o en tiempos de bonanza.

“Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto
tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.” – Filipenses 4:12

Cuando nuestros cuerpos se vayan desgastando con el paso de los años, se asomen las canas a nuestros cabellos y las arrugas a nuestro rostro, ¿cuál será nuestra actitud? A todas nos tocará enfrentar la “edad dorada”. ¿Estaremos satisfechas cuando lleguemos a la vejez? ¿Podremos mirar atrás y agradecer a Dios por todo lo vivido? ¿O habremos arrastrado la amargura y el descontento a lo largo de los años?

Si como Noemi, hemos estado viviendo amargadas por nuestras circunstancias (Rut 1:30-31), volvamos nuestra mirada a Cristo. Un poco tiempo después de volver a Belén, Noemí fijó su vista en Dios y comenzó a alabarle en medio de sus circunstancias (Rut 2:20) y al finalizar el relato de su vida en el libro de Rut, hay regocijo y acción de gracias por la bondad de Dios (Rut 4:14-15). El nombre de Noemí significaba “deleite”, pero por un tiempo ella quiso que la llamaran Mara (amarga). Dios usó las circunstancias para hacerle entender que, en medio de todo, Él seguía siendo su “deleite”, su contentamiento.

C.S. Lewis escribió: “El que tiene a Cristo y posee todos los bienes del mundo, no tiene más que el que tiene a Cristo solamente.” ¡Que así podamos vernos cada una de nosotras! Completas, plenas, contentas, deleitándonos en Cristo, cualquiera que sea nuestra situación. Eso, definitivamente, provocará cambios en nuestra vida matrimonial y nuestro hogar. El testimonio de nuestra vida diaria dará voces que mostrarán a otros la suficiencia de Cristo.

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