La Esposa Dadivosa

“Pues es Dios quien provee la semilla al agricultor y luego el pan para comer.
De la misma manera, él proveerá y aumentará los recursos de ustedes
y luego producirá una gran cosecha de generosidad en ustedes.” – 2 Corintios 9:10

La temporada navideña es conocida por mucha gente como la “más maravillosa temporada del año”. Las familias colocan hermosas decoraciones en sus hogares y luces de colores. La ilusión de los niños por abrir sus regalos la mañana de Navidad es contagiosa y nos embarga de alegría. Es un tiempo hermoso para celebrar el regalo más maravilloso que ha recibido la humanidad, Jesús nuestro Salvador. Dios nos dio a su hijo único, la Luz del Mundo, ¡el Redentor de nuestras almas!

Las dádivas de Dios son visibles desde la creación cuando leemos la Biblia. Él da vida, provee alimento y vestido, pero, sobre todo, cada dádiva de Dios es una muestra de su gran amor. La vida de Jesús nos enseña a dar de la manera más profunda e impactante posible: sin egoísmo ni protagonismo, sin condiciones, en obediencia y por amor (“Faltaba muy poco para que empezara la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que se acercaba el momento en que dejaría este mundo para ir a reunirse con Dios, su Padre. Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.” – Juan 13:1 TLA)

Deben recordar las palabras
del Señor Jesús: 
“Hay más bendición en dar que en recibir. – Hechos 20:35

Dios ha puesto en las mujeres la virtud de dar. A pesar de que la cultura actual pretende llevarnos a pensar en nosotras mismas antes que cualquier otra persona, la realidad es que Dios nos diseñó para ser dadoras. El ejemplo que vemos en María, que fue escogida para dar a luz a Jesús nos demuestra su entrega y anhelo por hacer la voluntad de Dios a pesar de sí misma y de sus planes. Ella estuvo dispuesta a darse para que se cumpliera el propósito de Dios en su vida (“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra…” – Lucas 1:38 LBLA) Cuando leemos todo lo relacionado a la vida de María en la Biblia, podemos ver y aprender sobre su devoción y entrega a Dios. Como esposa, desde el anunciamiento del ángel sobre su embarazo, ella buscó hacer lo correcto y le dijo la verdad a José. Esta fue una acción valiente ya que José pudo haber pensado que todo era un cuento de María para quedar bien. José recibió también la visita del ángel que le confirmó lo que María le había dicho. En las porciones bíblicas que hablan sobre José y María, podemos observar que ella daba honestidad, honra y respeto. Lo que sembró al dar de esta manera dio fruto en su matrimonio con José, quien la trató con delicadeza, cuidado y amor.

Pensar en María y José nos lleva directamente al nacimiento de Jesús, la mayor dádiva de Dios al mundo. El nacimiento nos anuncia esta bella temporada de Navidad y la gran bendición que es dar. Aunque estas Navidades sean diferentes debido al distanciamiento físico que nos ha traído la pandemia del Covid-19, no dejemos de pensar en las maneras que podemos dar. Dios nos brinda oportunidades cada día para dar amor, apoyo, ánimo, sonrisas, palabras de aliento, entre tantas cosas. Que la pandemia no se convierta en el impedimento para que podamos mostrar la generosidad que Dios colocó en nosotras. Demos con alegría. Brindemos al esposo respeto y apoyo en sus esfuerzos por la familia. Demos a los hijos nuestros oídos para que nos hablen de sus sueños, de sus luchas, de cómo les fue el día. Abramos el corazón a los familiares que enfrentan necesidad debido a enfermedad o situaciones económicas. Quizás no podemos resolverle todo, pero podemos darle palabras de ánimo, ayudarles con alguna tarea o encargo, llevarles algo de comer. Hay muchas formas de dar y las que más impactan no necesariamente involucran dinero.

La generosidad de mujeres de mi familia es algo que atesoro. Cuando visito la casa de mi abuela materna, no puedo salir con las manos vacías, pues siempre me dan algo del huerto o de la comida que se ha preparado, además del cariño y las sonrisas. Al recordar a mi abuela paterna, viene a mi mente su cocina en la que siempre había algo para el que llegara. También sus detalles, ya que se esforzaba por tener un regalito o tarjeta para cada miembro de la familia en Navidad, ejemplo que han seguido mis queridas tías hasta la actualidad. Esas dádivas llenas de amor se multiplican en las generaciones venideras y seguirán produciendo buen fruto.

Cada uno debe dar
lo que en su corazón ha decidido dar
y no lo haga con tristeza ni por obligación.
Dios ama a los que dan con alegría.” –
2 Corintios 9:7

Lo que Dios nos da, produce. Así lo enseña la Palabra en el versículo que compartimos al comenzar (2 Corintios 9:10). La dádiva de Dios produce generosidad en nuestros corazones. Dios no es escaso, Él produce los recursos que necesitamos para dar a otros. Así que avivemos el don de ser dadivosas, comenzando en nuestros hogares, con el esposo, con los hijos(as), con nuestros padres y hermanos(as), con los familiares, vecinos y hermanos(as) en la fe. Aprovechemos esta maravillosa época para traer a la memoria todo lo que se nos ha dado y pongamos en acción la generosidad como muestra del agradecimiento que glorifica a Dios.

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