El Llamado de la Esposa

Mi trabajo es amar y respetar a Billy; es el trabajo de Dios hacerlo bueno.
Dios no te llamó no para hacer bueno a tu esposo, sino para hacerlo feliz “.

Ruth Bell Graham

Hace varios meses encontré un escrito sobre Ruth Bell Graham y sus lecciones acerca del matrimonio. Ruth Bell Graham, quien en vida fue la esposa del conocido evangelista Billy Graham. La breve lectura sobre su vida ejemplar como esposa, como madre y mujer cristiana, me impactaron (como la cita que encabeza este escrito) y deseo compartir algunas de mis impresiones en esta publicación.

Ruth Bell Graham nació y creció en el campo misionero en China, por lo tanto, desde muy joven ella sentía una gran pasión por ayudar al prójimo y pensaba que su vida estaba destinada a las misiones. Durante sus años universitarios conoció al joven predicador Billy Graham. Se dice que ella tomó la decisión de casarse con él con “sus ojos abiertos”, luego de una lucha interna debido a que siempre había creído que sería una misionera soltera. Es decir, que cuando tomó la decisión de casarse con Billy Graham, ella estaba clara sobre el paso que estaba dando y nunca miró atrás.

Una lección valiosa para las esposas: nunca mirar atrás. Una vez que estamos casadas, debemos mirar al frente, al futuro que, junto al esposo, con la ayuda y dirección de Dios, vamos a construir. Quizá alguna pudo haber comenzado su matrimonio con dudas o temores, o puede que alguna haya estado pensando en cómo cambiar o mejorar al esposo. Pero la esposa sabia mira su matrimonio con la seriedad que merece, enfrentando las realidades, en las buenas y en las malas.

“Los padres pueden dar en herencia
a sus hijos casa y fortuna,
pero solo el Señor puede dar

una esposa comprensiva.” – Proverbios 19:4

Las hijas de Ruth Bell Graham han expresado que una de las mejores lecciones sobre el matrimonio que su madre les dio fue cuando les dijo que su responsabilidad no era “hacer bueno” al esposo, sino hacerlo feliz. Debemos preguntarnos a qué le estamos dedicando esfuerzo en nuestro matrimonio. ¿Cuál es nuestro enfoque: hacer feliz al esposo o “modificarlo” para que se acomode a nuestras preferencias?

Cuando nos entregamos a nuestro compromiso con Dios y con nuestro matrimonio, nuestra perspectiva va a cambiar porque ya no estaremos enfocadas en nosotras mismas y nuestra autosatisfacción. Nuestro anhelo será nutrir nuestras relaciones de manera que tanto el esposo como los hijos disfruten de un hogar en el que prevalecen el amor, la gracia, la verdad y la paz. Ese fue uno de los grandes logros de Ruth Bell Graham y es una de las lecciones que podemos aprender de ella.


“De igual manera,
enseña a las ancianas a vivir
de una manera que muestre
reverencia y respeto a Dios.
Diles que no hablen mal de los demás
y que no sean esclavas del vino.
Deben enseñar el bien
para que aconsejen a las más jóvenes
a amar cada una a su esposo y a sus hijos.” –
Tito 2:3-4

En la Biblia, el apóstol Pablo le escribe a Tito y le explica la importancia de que las mujeres mayores sean ejemplo (mentoras) para las más jóvenes. La vida de esta mujer (Ruth Bell Graham), quien ya mora en el hogar celestial, se convierte en un ejemplo para nosotras al leer y aprender sobre ella, su vida y ministerio. Dios nos llama a nosotras a ser ejemplo también para nuestras hijas y para otras mujeres jóvenes que necesitan inspiración. Para nuestro aniversario de bodas más reciente, nuestra hija nos entregó una notita en la cual nos agradecía por ser un ejemplo de una relación matrimonial centrada en Cristo. Esto conmueve mi corazón cada vez que la leo (está pegada en la puerta del refrigerador), porque realmente todo lo debemos a Dios y a su maravillosa gracia operando en nuestro matrimonio. Lejos estamos de ser el matrimonio perfecto, pero podemos confiar cada día en el Soberano Dios que nos ayuda a caminar en Su buena voluntad a pesar de todas nuestras debilidades. Doy gracias a Dios por contestar la oración de que podamos ser un reflejo de Cristo en nuestro hogar.

Un matrimonio centrado en Cristo comienza con una vida centrada en Cristo. Así que cada día dependemos de Él para ejercer bien el llamado que se nos ha hecho como esposas. ¡Que podamos vivir en Su presencia y ser un reflejo de Su amor en nuestro matrimonio y nuestro hogar!

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