La Esposa y el Respeto

“En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.” – Efesios 5:33

La Biblia es la mejor fuente de información sobre cómo debe funcionar el matrimonio ya que es en ella que encontramos el origen de éste (Génesis 2:24). A través de la Biblia podemos aprender sobre principios relacionales que son esenciales para que el matrimonio funcione efectivamente. Uno de ellos es el mandato que leemos en Efesios 5:33 sobre el amor y el respeto.

Dios conoce que las personas perciben el amor de diferentes maneras. Tanto el hombre como la mujer reciben afecto, cada uno, de manera única y particular. Las mujeres tendemos a percibir el afecto a través del trato amoroso y los hombres a través del trato respetuoso. Para ponerlo en perspectiva, imagínate que te trataran con mucho respeto, pero no recibieras expresiones de cariño y ternura. Muchas esposas dirían que no se sienten amadas de esa manera. De la misma forma, un esposo que no recibe respeto, no se siente amado. Por eso la Biblia contiene ese mandato en Efesios para los esposos y para las esposas.

En ocasiones, a las esposas se nos hace difícil comprender el lenguaje del respeto porque estamos acostumbradas al lenguaje del amor y pensamos que, si a nosotras nos satisface, a nuestro esposo también le debe satisfacer. Sin darnos cuenta, podemos estar lastimando la relación con el esposo, incurriendo en faltas de respeto. Cuando nos mantenemos aprendiendo y creciendo como esposas, podremos edificar nuestros matrimonios con sabiduría.  

“Así que en todo
traten ustedes a los demás
tal y como quieren que ellos
los traten a ustedes.” –
Mateo 7:12

Una de las situaciones que puede provocar que un esposo sienta que se le ha faltado el respeto es cuando ocupas tu tiempo tratando de cambiarlo y corregirlo. En primer lugar, le estás llevando el mensaje de que no lo aceptas como es. En segundo lugar, lo estás tratando como si él fuera un niño que necesita la supervisión y corrección de alguien mayor que él. Si bien es cierto que, al casarte y vivir con tu esposo, comienzas a observar costumbres que te pueden incomodar, también es cierto que algunas de tus costumbres también le pueden incomodar a él. ¿Como te sentirías si tu esposo se pasara mencionando continuamente las cosas que le molestan de ti? Jesús nos enseñó la Regla de Oro que establece que tratemos a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotras. Recordemos este principio y también tengamos presente que somos la esposa, que no tenemos el poder para cambiar a nadie. Lo que sí podemos hacer es orar por el esposo, ser una fuente de bien para él, ser una influencia positiva con nuestra conducta respetuosa y digna.

Hay muchas maneras de mostrar respeto al esposo. Tal como la mujer virtuosa, podemos cuidar nuestro hogar, dando buen nombre a nuestra familia donde quiera que vamos. Hablemos bien del esposo y hablemos con amabilidad al esposo. Dediquemos tiempo para compartir con él en actividades que él también disfrute. Escuchemos sus sueños y seamos parte de sus proyectos. Ser su compañera de vida, compartir las aventuras del día a día, atenderle con esmero, son algunas de las acciones que le demuestran respeto y admiración al esposo. Pero, sobre todo, oremos por él, en lugar de criticarlo.

“Su esposo es respetado
en la comunidad;
ocupa un puesto entre las autoridades del lugar.” –
Proverbios 31:23

En medio del diario vivir, necesitamos recordarnos a nosotras mismas la Palabra de Dios, recurrir a ella cuantas veces sea necesario y tener un corazón dispuesto a aprender. Somos imperfectas y fallaremos. Pero Dios nos ayuda en nuestros momentos de debilidad. Su fortaleza y su gracia siempre están disponibles para nosotras. La Biblia nos enseña muchas verdades más relacionadas al amor y el respeto en el matrimonio. ¡Que estemos sedientas de aprender cada día y aplicar su Palabra a nuestros matrimonios!

La esposa – Frente al temor

Busqué al Señor, y Él me respondió,
y me libró de todos mis temores.” – Salmo 34:4

Todas estamos expuestas a experimentar temor. El temor se asoma a nuestras vidas de diferentes maneras. Puede que sea debido a situaciones familiares, a un futuro que nos parece incierto, a una enfermedad en nuestro cuerpo o de un ser amado, a la pérdida de la residencia, el empleo, negocio o proyecto, entre muchas otras razones.  La manera que enfrentamos nuestros temores es lo que verdaderamente nos librará de ser esclavas de esos miedos que nos acechan.

Vivir atemorizadas es una forma de esclavitud pues nos priva de la libertad de una vida plena. Dios nos ha llamado a conocer la verdad, porque la verdad nos hace libres. Como dice el verso que compartimos al principio, es en la búsqueda de Dios que somos libradas de todos nuestros temores. Necesitamos acudir continuamente a Dios, a su Palabra y mediante la oración. Su Palabra es una fuente constante de esperanza y fe que nos lleva a la verdad que nos libera del temor. Mediante la oración, podemos hablar con Dios como nuestro Amado Padre, que nos escucha y atiende nuestro clamor. En Él encontramos quietud para nuestros corazones.

“Pero cuando tenga miedo,
en ti pondré mi confianza.” – Salmo 56:3

Al enfrentar una nueva etapa en medio de esta pandemia mundial debido al Covid-19, puede que te agobie el temor. Pero puedes depositar tu confianza en Dios. El que te ha guardado hasta ahora, lo seguirá haciendo. Él siempre ha estado en control. Podemos enfrentar las próximas semanas con esperanza, agradecidas del tiempo especial que hemos podido compartir en el hogar con nuestra familia. Algo que he observado en este tiempo de “cuarentena” es que muchas más personas han acudido a la Palabra de Dios en busca de consuelo para sus corazones angustiados. Si has establecido una rutina personal o familiar de lectura de la Biblia procura no descuidarla. Que se haga parte de la vida diaria, tal como los alimentos que ingerimos para nutrir nuestro cuerpo físico, que busquemos el alimento espiritual en la Palabra.  

Al seguir tomando las precauciones indicadas, debemos mantener la confianza en Dios, no en lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer. Puede que nos ataque el temor al pensar que nos descuidamos o nos equivocamos en algo. Esos son los momentos para recordar que no dependemos de nuestras propias fuerzas (de nuestras habilidades o competencia), sino que tenemos que depender de Dios. Experimentaremos paz en medio de un ataque de temor cuando recordemos que no tenemos la capacidad de controlar todo, pero nuestro Padre Celestial nos cuida y todos sus planes para nosotros son mejores que los nuestros.

Se reviste de fuerza y dignidad,
y afronta segura el porvenir.” – Proverbios 31:25

La única manera de hacerle frente al temor es confiando en Dios, poniendo nuestra esperanza en Él. Cuando seguimos Su consejo, estaremos caminando en Su voluntad, que es buena, agradable y perfecta. La paz que sobrepasa todo entendimiento guardara nuestros corazones en medio de toda circunstancia que pretenda atemorizarnos. La mujer virtuosa enfrenta el porvenir con seguridad porque su confianza esta en Dios.

La Esposa – Lidiando con el Cansacio

“Vengan a mí los que estén cansados y agobiados,
que yo los haré descansar.”
– Mateo 11:28

Experimentar cansancio es algo que a todas nos ha tocado vivir. Ya sea cansancio físico por las tareas diarias en el hogar y/o en el empleo, o sea cansancio emocional al tener que lidiar con los desafíos que se presentan con cada temporada de la vida. Después de 9 semanas en cuarentena por la pandemia que enfrentamos, muchas podemos estar sintiéndonos agobiadas.

Puede que, en algunos aspectos, el ajetreo se haya aliviado. Pero en otros aspectos, puede que estemos lidiando con nuevas rutinas que se vuelven extenuantes con el paso de las semanas. Las esposas, cuyo empleo es considerado entre los servicios esenciales, probablemente regresan a sus hogares con gran agotamiento tanto físico, como mental y emocional. Las esposas que laboran desde sus hogares también están lidiando con diferentes responsabilidades adicionales, además de adaptarse a nuevas rutinas con la familia. Quizás hay momentos en los cuales percibimos que las tareas se multiplican. Amamos a nuestras familias y anhelamos servir y cuidar, pero el cansancio es inevitable en ocasiones.

El sentirnos agobiadas, puede provocar que nos frustremos y que nuestra actitud se vuelva desagradable, lo cual afectará nuestras relaciones familiares. El no poder reunirnos como congregación para adorar juntos y disfrutar la compañía de la familia de la fe, es otro de los factores que nos puede llevar al desánimo. Es por esta razón que necesitamos mantenernos conectadas a Cristo y descansar en Él. Es indispensable para la esposa, mantener un corazón enseñable en este tiempo. Aprender y aplicar lo que nos enseña la Palabra es lo que nos ayuda a lidiar con el cansancio físico y el agotamiento mental. A Jesús es a quien debemos recurrir en todo tiempo. Cuando seguimos el ejemplo de Jesús en cuanto a la paciencia y a la humildad, encontramos descanso para nuestras almas. Podemos deleitarnos en su enseñanza. (Mateo 11:28-30)

“Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde.
Conmigo encontrarán descanso.” – Mateo 11:29

En ocasiones, no nos damos permiso para reposar, porque deseamos completar nuestra propia agenda, olvidando que no tenemos super poderes. Es en esos momentos, en los que necesitamos aplicar la humildad y reconocer que dependemos del Señor, que solo en Él nos podemos fortalecer y que Su agenda y Sus planes siempre son mejores que los nuestros.

Las situaciones que hemos estado enfrentando durante los últimos meses son una prueba a nuestra paciencia. Sin embargo, la Palabra nos lleva a aprender de Cristo, ejercitando la paciencia y la mansedumbre en nuestras relaciones con los demás, especialmente en el hogar.

¿Queremos descanso? ¡Claro que sí! Para obtenerlo, necesitamos ir a Jesús y seguir su ejemplo. En Él, hallaremos descanso y paz. Vayamos a Cristo, en oración, en la lectura y meditación de la Palabra, en los cánticos de adoración. Así tendremos reposo, aun en medio de las tareas y rutinas diarias. Ante Él, podemos llevar nuestras preocupaciones, nuestra ansiedad, todo nuestro cansancio, porque Él cuida de nosotras. El desánimo se desvanece cuando nuestra mente es transformada y comenzamos a mirar las situaciones de la vida con la confianza de que Dios está en control y que toda obra para el bien de quienes aman a Dios. Somos llamadas a ser como la mujer virtuosa que se reviste de fortaleza porque confía en el Señor.

“Está vestida de fortaleza…” –
Proverbios 31:25

Aprovechemos esta temporada que enfrentamos, estando atentas a las lecciones que podemos aprender. Aprovechemos las oportunidades para aplicar lo que estamos aprendiendo. Aprovechemos para nutrir nuestros matrimonios y la relación con nuestros hijos. Descansemos en el Señor, escudriñemos Su Palabra y seremos renovadas.

La Esposa-Día de las Madres

“La mujer que teme al Senor es digna de alabanza.” – Proverbios 31: 30

En mi país, Puerto Rico, se celebra el Día de las Madres este fin de semana. En medio de la situación que estamos viviendo con la crisis debido a la pandemia del COVID-19, esta celebración será un poco diferente. En mi caso, extrañaré varias cosas que han significado mucho para mí al celebrar el Día de las Madres a largo de los años. Reunirnos como Iglesia y disfrutar del programa preparado por los niños, del mensaje del Pastor y la compañía de la familia de la fe no será posible. Celebrar con los familiares tendrá que hacerse tomando las medidas de seguridad necesarias y siguiendo las directrices de las autoridades.

Al meditar en esto durante esta semana, decidí que, en lugar de ponerme nostálgica, podía escribir sobre las mujeres virtuosas que han influido en mi vida. Tanto mi abuela paterna (QEPD), como la materna han sido un poderoso ejemplo para mí.

Los nietos hacen felices
a los abuelos,
y los niños se sienten orgullosos de sus padres. –
Proverbios 17:6

Mi abuela paterna, gran ejemplo de fidelidad y dulzura. Su amor y sus consejos marcaron la vida de mi padre y de sus hermanos de forma positiva. Siempre recordaré la ternura en sus ojos y sus detalles de cariño que tocaron no solo las vidas de sus familiares más cercanos, sino de su familia extendida. Mi abuela materna, que tiene 104 años, me sigue enseñando con su manera de enfrentar la vida. Con una sonrisa, con cánticos de alabanza, con mucho amor para su familia. En una ocasión, ella me dijo algo que nunca olvidaré. Dijo: “Yo estuve junto a mi esposo en la tala (huerto) todo lo más que pude.” Se refería a que ayudaba a mi abuelo en su trabajo diario hasta que las tareas requeridas por la crianza de los hijos le ocuparon demasiado tiempo. El matrimonio de mis abuelos duró más de 70 años (hasta que mi abuelo pasó a morar con el Señor). El apoyo mutuo que se dieron el uno al otro, la lealtad, la entrega a su familia y el amor a Dios fueron las características que distinguieron su matrimonio ejemplar. Nunca olvido lo que ella me dijo porque lo he visto también en mi madre, siempre dedicada a apoyar a mi papá en las tareas pastorales y al amoroso cuidado de nuestra familia. Me enseñó a amar la lectura y la Palabra de Dios. Su admiración por la naturaleza, que la lleva a maravillarse ante su Creador es algo que también me ha enseñado. Mujer de oración y de fe firme. Mi mamá es una eterna estudiante, lo cual me inspira a nunca dejar de aprender. Un gran ejemplo por el que agradezco a Dios.

Otra mujer virtuosa, que, aunque no es madre biológica, ha sido madre para muchos, es mi tía Ilia. Su vida es un ejemplo impresionante de servicio, abnegación y amor. Siempre dispuesta a ayudar al necesitado sin esperar nada a cambio. Su devoción por Dios y por la Biblia, la pasión por las misiones y por la enseñanza, son solo parte de las virtudes que admiro en ella.

Estoy segura de que cada una de ellas da gloria a Dios por lo que son ya que Él es el Señor de sus vidas. Vivo agradecida del legado de tantas mujeres virtuosas en mi familia. Tías, primas, mi hermana, mis cuñadas: mujeres trabajadoras que aman a su familia y lo demuestran mientras siguen aprendiendo, creciendo y siguiendo el ejemplo de esas mujeres virtuosas que han marcado sus vidas.

De igual manera, enseña a las ancianas
a vivir de una manera que muestre
reverencia y respeto a Dios.
Diles que no hablen mal de los demás
y que no sean esclavas del vino.
Deben enseñar el bien para que aconsejen
a las más jóvenes a amar cada una
a su esposo y a sus hijos. – Tito 2:3-4

Oremos para que podamos identificar los buenos ejemplos que tenemos en esas mujeres cercanas a nosotras. Busquemos crecer como mujeres, esposas y madres virtuosas porque esto trae honra a Dios. Vistámonos de fuerza y honor, mirando el provenir con esperanza. Celebremos este Día de las Madres, aunque diferente, pero lleno de oportunidades para afirmar a otras y expresarles nuestro amor.

La Esposa y su Familia – Parte II

“Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo y no a la gente.” – Colosenses 3:23

Uno de los roles más importantes de la esposa, es el rol de madre. La esposa virtuosa es una mujer que cuida y sirve con amor a su familia. Para lograrlo, trabaja de diferentes maneras, en su hogar y fuera del hogar (Proverbios 31: 13-20).

Como madres, servimos continuamente a nuestra familia. En el hogar, realizamos diferentes tareas y cumplimos diversas responsabilidades en colaboración con el esposo. Muchas mujeres se desempeñan también fuera del hogar, en su empleo o negocio. Según lo que nos enseña la Palabra, el enfoque relacional de la mujer virtuosa descansa en Dios primeramente y, luego en su esposo e hijos. Todo lo que ella hace es para honrar a Dios y para servir a su familia.

Una de las cosas que vamos aprendiendo al madurar en la fe, es que cuando la Biblia dice que hagamos todo como para Dios, eso significa TODO, e incluye servir a nuestra familia. Cuando hacemos las cosas como para Dios, sabemos que la gloria será de Él, no nuestra. Así que, en el servicio a nuestra familia, no nos sorprendamos si las tareas que hacemos pasan desapercibidas. Es necesario que aprendamos a lidiar con esto con un corazón humilde. Eso nos lleva a reconocer que la gloria no es nuestra, es de Dios.

El amor es paciente y bondadoso.
El amor no es envidioso.
No es presumido ni orgulloso.
El amor no es descortés ni egoísta. –

1 Corintios 13: 4-5

Puede ser que esto se nos haga difícil, pues vivimos en una cultura que se enfoca en resaltar al ser humano y no a Dios. A nuestra humanidad le gusta el reconocimiento. Si no estamos apercibidas, podemos caer en esa trampa y estaremos viviendo frustradas en nuestra búsqueda de que los demás resalten continuamente las cosas que hacemos por ellos. El verdadero amor sirve sin esperar recompensa. Simplemente hace lo que tiene que hacer porque ama a su prójimo.

Lo que hacemos por nuestra familia es una labor de amor y nuestro enfoque debe ser dar gloria a Dios con ello. Vivir afanadas por el agradecimiento de nuestras familias, solo lleva a la amargura y el resentimiento. Sin embargo, cuando nos enfocamos correctamente en honrar a Dios con toda nuestra vida, eso producirá gratitud en el esposo y los hijos, como lo vemos en Proverbios 31:28-30. Y aún si no recibimos el halago del esposo y los hijos, sigamos fieles a nuestro llamado para dar gloria a Dios, que es el que verdaderamente la merece.

Por lo tanto, motivemos a nuestro corazón a servir sin esperar nada a cambio. Y exhortemos a nuestra familia a dar gracias a Dios por todo. Así estaremos brindando gloria a Dios. Demos gracias por lo que Él hace a través de nosotras. Cuando esa es nuestra motivación, nuestra vida hogareña será transformada.

Conscientes de que el Señor
los recompensará con la herencia.
Ustedes sirven a Cristo el Señor.
Colosenses 3:24

La Esposa y su Familia

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;
Y su marido también la alaba:
Muchas mujeres hicieron el bien;
Mas tú sobrepasas a todas.
– Proverbios 31:28-29

Para lidiar con la situación que se vive a nivel mundial a causa de la pandemia del COVID-19 se ha puesto en practica el distanciamiento social, lo cual nos ha llevado a permanecer en nuestros hogares. Podemos mirar todo esto con una actitud de preocupación y lamento, o podemos buscar las bendiciones que se producen a causa del “encierro”.

Una de las bendiciones más significativas de este tiempo de permanecer en nuestros hogares, es que nos ha llevado de vuelta a la familia. En medio del ajetreo diario que llevamos usualmente por el trabajo, los estudios, los quehaceres, etc., se puede perder de vista el valor de estar en familia, de cenar juntos, de conversar y reír, de jugar. Dios nos está permitiendo un tiempo para que disfrutemos la vida en familia, como quizás nunca lo habíamos experimentado.

Cuando leemos Proverbios 31:10-31, las relaciones que se resaltan en el pasaje son: la relación con Dios (“la mujer que teme a Jehová”) y la relación con el esposo y los hijos (Proverbios 31: 28-29). Me parece que, en este tiempo, Dios nos está llamando a enfocarnos en estas relaciones tan importantes para nuestras vidas.

Engañosa es la gracia,
y vana la hermosura;
La mujer que teme a Jehová,

ésa será alabada.” –
Proverbios 31:30

¡Este pasaje de las Escrituras tiene tanto para enseñarnos! Cada vez que lo leo me doy cuenta de algo que no había percibido antes. Meditando sobre él esta tarde, pude ver como la mujer virtuosa, debido a su relación con Dios, cuida de su relación matrimonial y de su relación con sus hijos.

Cuantas veces en nuestro diario vivir, nos distraemos tratando de agradar a otras personas, puede ser en el trabajo, en el vecindario, en la escuela o universidad, o inclusive en la Iglesia. Está bien que tratemos de ser agradables con nuestro prójimo, pero podemos caer en la trampa de querer complacer a todo el mundo, lo cual es imposible y agotador (lo he experimentado en mi propia vida). En ese afán, podemos terminar lastimando a nuestra familia debido a que la familiaridad nos lleva a esforzarnos menos por los de la casa que por los de afuera. Lo que nos enseña la esposa virtuosa es que ella vive para agradar a Dios y para amar y cuidar a su esposo e hijos.

Aprovechemos este tiempo en el hogar para acercarnos más, primeramente, a Dios y luego al esposo y a los hijos. Cumplamos el mandato de Dios de hablar de Él a nuestros hijos en todo tiempo. Es nuestra responsabilidad junto a nuestro esposo educar a los hijos en los principios de la Palabra y esa es una tarea para toda la vida. Siempre seremos un ejemplo para nuestros hijos, sea bueno o malo. Procuremos imitar los buenos ejemplos que tenemos en la Palabra (como la esposa virtuosa) y de las mujeres piadosas que conocemos, para que nuestras hijas e hijos puedan observar los principios de los que hablamos modelados en nuestras vidas. Es por esa razón, que el esposo y los hijos de la mujer virtuosa la halagan diciendo que ella sobrepasa a todas las mujeres buenas.

Oremos para que este tiempo en nuestros hogares marque nuestras familias para bien, que salgamos de esta prueba más unidas con nuestros hijos, con matrimonios más sólidos y con nuestra fe más firme.  

Grábate en el corazón
estas palabras que hoy te mando. 
Incúlcaselas continuamente a tus hijos.
Háblales de ellas cuando estés en tu casa
y cuando vayas por el camino,
cuando te acuestes y cuando te levantes.” – Deuteronomio 6:6-7

La Esposa Diligente

Está atenta a todo lo que ocurre en su hogar,
y no sufre las consecuencias de la pereza. –
Proverbios 31:27

La esposa virtuosa se esmera por cuidar y servir a su familia. Ella es hacendosa y servicial. Está muy atenta a lo que ocurre en su hogar, de tal modo que evita las consecuencias de la pereza. Se esfuerza para que su familia experimente la bendición de saberse y sentirse amados.

El hecho de pasar mucho tiempo en el hogar puede llevarnos a la frustración por la gran cantidad de tareas que hay que hacer. También puede llevarnos a ser tentadas por la pereza. Dejarnos arrastrar por cualquiera de estos dos extremos puede ser perjudicial. La frustración te lleva a la queja y la queja afecta el ambiente del hogar, además de que aleja tu corazón de la gratitud. Por su parte, la pereza te empuja hacia el desánimo, lo cual evita que seas productiva y termina trayendo consecuencias negativas, tanto en tus relaciones familiares como en el manejo del hogar.

El servir a nuestra familia es una expresión de amor, es seguir el ejemplo de Jesús que cuando estuvo con sus discípulos antes de la última cena, lavó sus pies para enseñarles que había venido a servir. Cuando somos diligentes en servir al esposo y a los hijos, estamos cultivando semillas valiosas que producirán gratitud, compasión, responsabilidad y también un anhelo de servir en los corazones de ellos.

La Biblia es consistente en su llamado a servir y nos enseña que hay muchas formas de hacerlo. Puede ser algo tan discreto como la oración, como algo tan extraordinario como preparar una cena especial para tu familia o pintar la habitación de tu hija. La rutina de la vida incluye múltiples actos que realizamos a diario. Los podemos ver como una carga (a todas nos ha ocurrido) o los podemos ver como oportunidades para servir a los prójimos que más cerca tenemos (el esposo y los hijos) .

Pues ustedes, mis hermanos,
han sido llamados a vivir en libertad; pero no usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa. Al contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor. –
Gálatas 5:13

Conocer nuestro valor, libertad, dignidad e identidad como esposas es sumamente importante para poder tener la perspectiva correcta cuando hablamos de servir. Recordemos que la Biblia llama a la esposa un tesoro (“El hombre que halla esposa encuentra un tesoro, y recibe el favor del Señor.” – Proverbios 18:22). También nos dice que la esposa virtuosa es fuente de bien para su esposo todos los días (Proverbios 31: 12).

Estas verdades expresadas en la Palabra de Dios nos dan la libertad de servir con amor y ser diligentes en el manejo del hogar. Entender esto nos lleva a esforzarnos para que nuestras relaciones hogareñas no sufran las consecuencias de la pereza. Quizás estamos dedicando mucho tiempo a cosas o actividades que nos desconectan del esposo y de los hijos. Eso provoca que las relaciones se vayan deteriorando.  Somos llamadas a ser diligentes, a estar atentas a lo que ocurre en la casa. Eso incluye observar cómo se sienten los demás miembros de la familia, escuchar con interés y ver de qué formas les podemos ayudar.

Procuremos servir a nuestra familia de tal manera que experimenten el amor de Dios y sean inspirados a acercarse a Él. Es maravilloso poder seguir el ejemplo de servicio que nos dio Jesús y confiar que producirá buen fruto en nuestros hogares.

Y todo lo que hacéis,
sea de palabra o de hecho, 
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios Padre por medio de él.Colosenses 3:17

La Esposa y la Ansiedad

“Fuerza y dignidad son su vestidura,
y sonríe al futuro” – Pro
verbios 31:25

Una de las enseñanzas integradas en el pasaje de la Mujer Virtuosa de Proverbios 31:10-31 es la de enfrentar con serenidad el futuro. Ésta se encuentra específicamente en el verso 25 y nos señala que la esposa virtuosa está vestida de fuerza y dignidad (honor). Su vida está fundamentada sobre la confianza en Dios y se fortalece en Él. Por eso enfrenta con seguridad el porvenir.

Días de ansiedad y preocupación se asoman a menudo a nuestras vidas. Posiblemente, la situación de la pandemia mundial por el COVID-19 provoque preocupación o ansiedad a tu vida por diferentes razones. La incertidumbre, las rutinas interrumpidas por el toque de queda, la salud de tu familia (y la propia), la situación económica, puede llenarnos de angustia.

Les confieso, que al pasar por este proceso que estamos viviendo, los pensamientos de ansiedad han tratado de asaltar mi mente en varias ocasiones. Pero la Palabra de Dios me ha sustentado. He podido experimentar cómo lo que he aprendido al meditar en la Biblia es poderosamente útil para contrarrestar cualquier pensamiento angustioso que intenta visitar mi mente. Otra cosa que podemos practicar es limitar la cantidad de información negativa a la que nos exponemos. No toda la información que se publica es cierta, muchas veces está manipulada para provocar reacciones específicas en el público. Solamente, la Palabra de Dios es cierta. Mantener la rutina de leer la Biblia con mi esposo todas las mañanas, orar juntos en la noche, tomar un tiempo de lectura y reflexión personal cada día, conectarnos con la Iglesia local cuando se transmite el tiempo de adoración y predicación semanal, son algunas de las actividades que me han ayudado a mantenerme lejos de la ansiedad.  

“Se deshace mi alma
de ansiedad;
Susténtame según tu palabra.” – Salmo 119:28

El temor y la ansiedad pueden haber tratado de atacar tu vida también. La buena noticia es que no tenemos que mantenernos ansiosas o temerosas. Podemos aspirar a ser como la mujer virtuosa que se reviste de fuerza, dignidad y enfrenta segura el porvenir. No solo podemos aspirar a serlo, sino que también tenemos las herramientas para lograrlo. La Palabra de Dios está repleta de sabias instrucciones que nos encaminarán a la meta que tenemos por delante.

Cuando contrarrestamos la ansiedad de la manera que la Biblia nos enseña, también protegemos nuestras relaciones. Muchos matrimonios se ven seriamente afectados cuando los cónyuges no conocen cómo manejar la ansiedad efectivamente y terminan lastimando su relación. Las relaciones con los hijos también pudieran verse laceradas cuando permitimos que la ansiedad nos domine. Pero cuando sometemos nuestros pensamientos a Cristo, experimentaremos la libertad de todo afán y seremos un buen ejemplo para nuestros hijos de cómo manejar situaciones estresantes.

La paz que Dios nos da sobrepasa todo entendimiento. Somos invitadas a deleitarnos en Él y llevar en oración todas nuestras inquietudes y preocupaciones. Puede que haya situaciones en nuestra vida que no cambien, pero confiar en Dios transforma nuestra perspectiva y podremos enfrentar esas situaciones con la seguridad de Dios está en control.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas
vuestras peticiones delante de Dios
en toda oración y ruego,
con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa
todo entendimiento,
guardará vuestros corazones
y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús.” –
Filipenses 4:6-7

La Actitud de la Esposa Virtuosa en Proverbios 31

“Anda en busca de lana y de lino y gustosa trabaja con sus manos.” – Proverbios 31:13

Un detalle que se puede identificar cuando estudiamos Proverbios 31:10 al 31 es que en ningún momento, encontramos a la esposa quejándose. Es algo que me asombra ya que seguramente, si yo realizara tantas cosas como ella, en algún momento me quejaría aunque fuera de cansancio. Probablemente, la esposa virtuosa se cansaba tal como nosotras nos cansamos, pero es su actitud la que me impresiona. Lejos de quejarse, ella trabaja gustosa con sus manos (Proverbios 31:13).

La realidad que estamos viviendo actualmente, en la cual muchos países enfrentan incertidumbre por la inestabilidad política, social, económica, el desenfreno moral, el temor por nuestras familias, nos inquieta, nos causa malestar y puede llevarnos a manifestar una actitud de lamento.

En estos días, cuando escucho o leo a la gente quejándose, me pregunto: “¿Así me escucho yo cuando me quejo?” Y eso me ha llevado a meditar en lo que puedo hacer en lugar de quejarme. Primero, contar mis bendiciones y agradecer a Dios por ellas. Segundo, seguir leyendo la Palabra de Dios a diario, reflexionar y orar. Tercero, ocupar mi tiempo en cosas agradables y productivas.

Háganlo todo sin quejas
ni contiendas” –
Filipenses 2:14

Al pensar en la esposa virtuosa, puedo observar una mujer que sabe quién es, que conoce su valor, su dignidad y asume su responsabilidad. Por esa razón es que ella trabaja gustosamente. Su actitud ante la vida, la aleja de las quejas y lamentaciones. Ella ríe del provenir porque sabe que está segura en las manos de Dios (Proverbios 31:25).

La actitud que asumimos afecta nuestras relaciones. Al estar juntos en la casa, necesitamos pensar qué tipo de actitud estamos modelando a nuestros hijos. ¿Les estamos enseñando a ser agradecidos o a quejarse? ¿Les estamos transmitiendo ansiedad o confianza en Dios? ¿Les estamos equipando para enfrentar las situaciones difíciles con la Palabra? ¿Les estamos enseñando que servir a los demás refleja amor y que debemos servir sin protestar (Filipenses 2:14)?

Nuestra actitud es relevante para nuestra familia y marcará de manera positiva o negativa el ambiente de nuestro hogar. La actitud de la esposa virtuosa no proviene de sí misma; ella ama a Dios y lo honra con todo lo que ella es y todo lo que ella hace (Proverbios 31:30). De Él proviene su fortaleza.

Sea cual fuere la situación que estemos enfrentando, procuremos honrar al Señor y edificar a nuestra familia con una actitud correcta.

Engañoso es el encanto
y pasajera la belleza;
la mujer que teme al Señor

es digna de alabanza.” –
Proverbios 31:30

La Esposa en Su Hogar

“Se levanta aun de noche
Y da comida a su familia…” – Proverbios 31:15

El hogar de la esposa virtuosa está bien atendido. Ella se ocupa de cuidar a su familia de la manera que sea necesaria para asegurar su bienestar. En ella vemos una buena disposición para todo lo que hace. La motivación para actuar así, es el amor. El amor que se expresa libre de egoísmo, sin motivaciones escondidas, por el bien de los demás.

Nos ha tocado vivir un tiempo muy singular, en el que cada familia se ha tenido que aislar en sus casas para evitar que continúe el contagio con el COVID-19. Esto provoca que probablemente, muchas familias estén experimentando algo que no es lo acostumbrado. Estar juntos todo el tiempo. La esposa, el esposo, los hijos, todos juntos a la misma vez en la casa.

Está atenta a todo lo que ocurre en su hogar,
y no sufre las consecuencias de la pereza.” –
Proverbios 31:27

Esto puede ser una gran oportunidad para conectar como matrimonio y como familia. Sin embargo, también puede estar lleno de retos. La incertidumbre, el temor de malas noticias, la falta de costumbre de estar juntos todo el tiempo, los hábitos particulares de cada miembro de la familia, entre otras cosas, tienen el potencial de presentar retos que pudieran producir tensión y malestar entre la pareja o con los niños.

¿Cómo lidiamos con esto? Es esencial que tengamos la perspectiva correcta. Miremos los retos como oportunidades para crecer en paciencia, tolerancia y comprensión hacia esos seres que amas tanto. Aprovecha las ocasiones que se te presentan para servir. Habla palabras de fe, ora con tu esposo y con tu familia. Escuchen juntos los mensajes que los Pastores de su Iglesia Local estén transmitiendo para enseñar la Palabra y dar aliento a la congregación.

Cuando enfrenten momentos de tensión, practica el dominio propio que Dios te ha dado, toma un tiempo para calmarte, orar y luego continuar. No permitas que el flujo constante de información negativa sea la norma en tu hogar. Puedes poner pausa a los medios sociales y a la televisión y disfrutar una tarde de lectura, juegos, risas y conversaciones con tu familia. Ocupa tu tiempo en lo que aprovecha para la vida eterna. Lo que siembras en el corazón de tu esposo y de tus hijos tiene trascendencia eternal.

“Sus hijos se levantan
y la llaman bienaventurada,
también su marido, y la alaba diciendo:
Muchas mujeres han obrado con nobleza,
pero tú las superas a todas.” –

Proverbios 31:28-29

En lugar de mirar a tu esposo y a tus hijos como los que interrumpen tu tranquilidad y tu agenda, decide mirarlos con el amor que la esposa virtuosa manifiesta por su familia. Proponte pasar este tiempo cimentada en la gracia de Dios, que es la que te da la fortaleza para lidiar con cada situación. Te darás cuenta de que las quejas disminuirán y que comenzarás a disfrutar mucho más el tiempo que pasas al lado de tu familia. Podrás experimentar lo que es gozar a plenitud de la herencia que el Señor le ha dado a tu esposo y a ti.