La Esposa y sus Expectativas

“Pon tu delicia en el Señor,
y Él te dará las peticiones de tu corazón.”
– Salmo 37:4

El día de la boda es inolvidable. La mayoría de las mujeres sueñan desde pequeñas con el traje de novia, las flores, la decoración de la Iglesia y de la fiesta, y con quien será el que ansiosamente las esperará frente al altar el día de la ceremonia. Las expectativas de la boda, de nuestro futuro esposo y del matrimonio están presentes en nuestros corazones y pueden hacer una influencia positiva o negativa sobre nuestros pensamientos y actitudes.

“Cuando me case, seré completamente feliz…” o “Mi esposo hará todos mis sueños realidad…” son ejemplos de expectativas irreales. Cuando no se ajustan, este tipo de expectativas pueden ser causantes de problemas en el matrimonio. Una gran cantidad de los cuentos que leíamos cuando niñas, terminaban con la boda de los protagonistas y la frase: “…y fueron felices para siempre.” La historia después de la boda se dejaba a nuestra imaginación, en la cual, el esposo era romántico siempre, considerado, amable, cortés y todo lo que soñábamos que debía ser el esposo perfecto.

Al crecer y enfrentarnos con la vida, nos damos cuenta de que existen retos y dificultades, que tenemos responsabilidades que atender a diario y que las cosas no siempre serán fáciles. Sin embargo, muchas veces seguimos soñando que las cosas cambiarán cuando terminemos la carrera universitaria o cuando consigamos el trabajo que anhelamos, cuando nos independicemos de nuestros padres o cuando nos casemos con el hombre de nuestros sueños.

“Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser:
dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo,
infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso,
infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad

y haciendo más que provisión adecuada.
Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible.
Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.” – Ruth Bell Graham

La vida de casadas nos va enseñando ciertas realidades que no anticipábamos y si no nos ajustamos a las mismas, pasaremos nuestros días frustradas, enojadas o amargadas. Ruth Bell Graham dijo una vez: “Compadezco a la pareja casada que espera demasiado el uno del otro. Es una mujer insensata la que espera que su marido sea para ella lo que sólo Jesucristo mismo puede ser: dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo, infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso, infalible en todos los ámbitos, anticipándose a cada necesidad y haciendo más que provisión adecuada. Tales expectativas ponen a un hombre bajo una tensión imposible. Lo mismo ocurre con el hombre que espera demasiado de su esposa.”

Solamente Cristo puede suplir todas nuestras necesidades y hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos. Cristo supera toda expectativa que podamos tener. Es el único que tiene el poder de hacerlo porque conoce lo que está en nuestros corazones y puede anticiparse a nuestras necesidades. Él nos muestra Su maravillosa gracia que nos brinda amor incondicional, perdón, comprensión y ternura aún en los momentos en que no somos tan “agradables”. Poner sobre el esposo la carga de suplir todas nuestras necesidades (emocionales, físicas, espirituales, etc.), es colocar una tensión muy grande sobre el matrimonio. Para el esposo, será una tarea imposible y para la esposa una experiencia sumamente frustrante.

Necesitamos llevar nuestras expectativas a Dios en oración y pedirle que nos ayude a adaptarlas a la realidad, a moldearlas a nuestro propio matrimonio, tomando en cuenta nuestra personalidad y la del esposo. Así comenzaremos a crecer en una mayor comprensión con el esposo, lograremos establecer prioridades y acuerdos que nos ayudan a sentar las bases de un matrimonio sólido.

Y a aquel que es poderoso para hacer todo
mucho más abundantemente 
de lo que pedimos o entendemos,
según el poder que obra en nosotros, 
a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús
por todas las generaciones,
por los siglos de los siglos. Amén. –
Efesios 3:20-21

Ajustar las expectativas no siempre es tarea fácil, podemos vernos tentadas a exigir que se cumplan cuando se presentan situaciones que no deseamos enfrentar. Solamente a través de una fe firme y una constante relación con Dios, podemos experimentar la plenitud de Su paz y la satisfacción de todas nuestras necesidades. Cuando confiamos en Dios como la fuente de todo lo que necesitamos, el que sustenta y fortalece nuestra unión con nuestro esposo, podemos experimentar gozo en el matrimonio.

La Esposa y la Gracia

“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente;
no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido;
no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad;
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” – 1 Corintios 13:4-7

Hace poco más de una semana tuve la oportunidad de hablar en la Iglesia en la cual me congrego sobre el tema de gracia en las relaciones y me gustaría compartirlo también con ustedes. Cuando se habla de la gracia, lo primero que necesitamos tener claro es que la mayor muestra de gracia fue dada por Cristo, al despojarse de toda su gloria para venir a este mundo a habitar entre nosotros para luego entregar su vida como sacrificio por nuestros pecados (Juan 1:14). Con este acto, Dios nos mostró su AMOR INMENSURABLE y su disposición para satisfacer la necesidad genuina de salvación que teníamos.

La realidad es que sin gracia no hay esperanza para tener relaciones saludables. El excelente camino del amor que nos muestra 1 Corintios 13 solo se puede lograr cuando la gracia opera en medio de las relaciones. Cuando recibimos la gracia de Dios en nuestras vidas, somos capaces de compartirla con nuestro prójimo. En el hogar tenemos múltiples oportunidades para poner la gracia en acción.

“Amados, si Dios así nos amó,
también nosotros debemos
amarnos unos a otros.” –
1 Juan 4:11

Cuando aplicamos la gracia a nuestras relaciones, tenemos muy presente nuestra propia imperfección y cuan propensas somos a pecar. Eso nos ayuda a apreciar de una manera práctica y activa la gracia y el perdón que hemos recibido de Cristo. Nos pone en la posición de mirar al esposo y a los hijos a través del lente de la gracia. Es así como podemos poner en acción el amor que todo lo cree, espera y soporta que nos enseña la Biblia. Dejamos de fijarnos en lo que consideramos los “defectos” de los demás, los perdonamos, pasamos por alto las pequeñeces sin hacer un escándalo por ellas, creemos y esperamos que Dios se manifieste en la vida de nuestros seres amados. Nos damos cuenta de que nosotras no podemos controlar ni cambiar al esposo o a los hijos, pero sí podemos expresarles el amor con el que hemos sido amadas por Dios (1 Juan 4:11).

A veces la persona a la cual más difícil se nos hace mostrar gracia es quien más la necesita. En los hogares, muchas veces se nos hace más fácil extender gracia a los hijos, pero cuando se trata del esposo, es otra historia. En muchas ocasiones, caminar en gracia, se tratará de examinarme a mí misma primero (Mateo 7:3), sacar la viga de mi ojo antes de señalar la paja que está en el ojo de mi esposo. Practicar la gracia en las relaciones no significa que se justifican los errores y “se le pasa la mano al pecado”, sino que acudimos continuamente a Dios, le reconocemos en medio de nuestras circunstancias para aplicar la verdad en amor (Efesios 4:15).

“¿Y por qué miras la paja
que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga
que está en tu propio ojo?” –
Mateo 7:3

Esto nos impulsa a crecer, a madurar. Te vas dando cuenta realmente de que no todo el mundo (el esposo, los hijos…) debería ser como tú, sino como Cristo. Esto provoca humildad, lo cual siempre es beneficioso para las relaciones (Filipenses 2:3). Reconocer y entender que solo Cristo es el modelo de la perfección es lo que nos llevará a vivir profundamente agradecidas y dependiendo de su amor inagotable para establecer matrimonios y hogares sólidos.

Ninguna relación tiene éxito sin la gracia de Dios operando en la misma. Solo a través de Su gracia, podemos ser pacientes, perdonar, pasar por alto las ofensas, humillarnos, arrepentirnos y pedir perdón. Toda persona que ha estado en una relación a largo plazo (como lo son el matrimonio y la crianza de los hijos), sabe que todas estas cosas son necesarias para vivir armoniosa y amorosamente.

La Esposa y la Enseñanza Bíblica

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente
a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10

Hoy día, las mujeres recibimos una cantidad enorme de mensajes de todas las formas disponibles (revistas, TV, medios sociales, periódicos, blogs, etc.). Una gran cantidad de estos mensajes están dirigidos a enfocarnos en nosotras mismas, a desarrollar nuestra carrera profesional u oficio, a estudiar y mejorar nuestra apariencia física, entre otros. A simple vista, la mayoría de estos mensajes suenan positivos. Pero, necesitamos preguntarnos qué nos dice la Biblia.

Nuestra vida como esposas, madres y mujeres cristianas está dirigida por la Palabra de Dios, cuya enseñanza es superior a cualquier filosofía o pensamiento humano. Así que cada mensaje que llega a nosotras desde otra fuente que no sea la Biblia, debe ser examinado a la luz de las Escrituras. Mientras muchas publicaciones nos motivan a enfocarnos en nosotras mismas, la Biblia nos enseña a considerar a los demás en alta estima, a no hacer nada por egoísmo (Filipenses 2: 3-4). Muchos mensajes que recibimos de afuera menosprecian el trabajo doméstico, mientras que exaltan el que se persiga una carrera o negocio. Sin embargo, la Biblia nos enseña en Proverbios 31 que las prioridades de la mujer virtuosa son su matrimonio y su familia, aunque también está atenta a que sus negocios prosperen (Proverbios 31:18). El perseguir la belleza exterior es uno de los temas que más presente está en todas las publicaciones para mujeres. Sin embargo, la Biblia nos enseña que la apariencia física es vana; que la mujer que honra a Dios es la que es digna de reconocimiento.

“Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria,
sino que con actitud humilde
cada uno de vosotros considere al otro
como más importante que a sí mismo,
no buscando cada uno sus propios intereses,
sino más bien los intereses de los demás.” – Filipenses 2:3-4

¿Qué dice la Biblia a la esposa? ¿A las madres? ¿A las mujeres? Con esas preguntas podemos ir a la Palabra y escudriñar, orando que nuestro corazón sea receptivo a recibir su enseñanza y aplicarla a nuestras vidas. Hay mucho que aprender en las Escrituras. Son una fuente inagotable de riqueza espiritual para nuestras vidas.

Nunca nos avergoncemos de seguir la enseñanza bíblica. El mundo podrá burlarse de que honramos el matrimonio, cuidamos nuestro hogar, amamos a nuestros hijos y les educamos con principios bíblicos, pero nosotras podemos descansar en la seguridad de que estamos haciendo lo correcto. Busquemos los ejemplos bíblicos de las mujeres que obedecieron a Dios, veamos el ejemplo de su vida, los resultados de su conducta y el legado que dejaron.

Seguir la enseñanza bíblica no significa que tenemos la vida resuelta o que somos perfectas, sino que no seremos influenciadas por cualquier “nueva” ideología o palabrería que el mundo nos presente. Tendremos la certeza de que estamos ancladas en la verdad eterna de Dios, la cual nos llevará a crecer espiritualmente, cuidar nuestros matrimonios y hogares, establecer relaciones saludables con el prójimo y vivir una vida fructífera. Puede que fallemos, puede que enfrentemos problemas en nuestro matrimonio o con nuestros hijos, pero podemos confiar en que la verdad de la semilla que hemos sembrado producirá fruto a su debido tiempo. En medio de las aflicciones, la enseñanza bíblica es que Jesús ha vencido al mundo. 

Así que no nos cansemos
de hacer el bien.
A su debido tiempo, cosecharemos
numerosas bendiciones
si no nos damos por vencidos. – Gálatas 6:9

Atesoremos la Biblia y demos gracias a Dios por la enseñanza que nos brinda a través de ella. Evaluemos cada mensaje a la luz de las Escrituras y esforcémonos por aplicar lo que enseñan. No nos cansemos de hacer lo correcto pues al hacerlo honramos a Dios y somos bendición a nuestra familia. La esposa virtuosa es la que aplica la enseñanza bíblica a todas las áreas de su vida.

La Esposa y la Verdad

“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio;
¿quién lo comprenderá?” – Jeremías 17:9

¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase: “Sigue tu corazón”? Puede parecer una frase bonita y hasta noble, sin embargo, nos lleva lejos de la verdad. La Biblia nos advierte que el corazón es engañoso porque puede ser influenciado por emociones y sentimientos que son pasajeros. Si “seguimos nuestro corazón” estaremos obedeciendo nuestros propios deseos y no la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios.

Estamos bombardeadas por mensajes, imágenes y conceptos que intentan continuamente alejarnos de la verdad. Nuestras propias emociones también pueden desviarnos de la verdad. Por ejemplo, puede que en determinado momento nos sintamos solas, pero la verdad más poderosa es que Dios está con nosotras y nunca nos desampara. Además, en ocasiones ocurre que nos aislamos en un sentimiento y nos privamos de ver todas las personas que Dios ha colocado a nuestro alrededor para mostrarnos su amor (esposo, hijos, padre, madre, hermanos y hermanas, amigas). Cuando nos dejamos llevar por nuestro engañoso corazón, podemos caer prisioneras de la depresión, la amargura y el resentimiento.

“No imiten las conductas ni las costumbres
de este mundo, más bien dejen que Dios
los transforme en personas nuevas
al cambiarles la manera de pensar.
Entonces aprenderán a conocer
la voluntad de Dios para ustedes,
la cual es buena, agradable y perfecta.” – Romanos 12:2

Para mi cumpleaños, mi hija me regaló la biografía de Elisabeth Elliot, una de las mujeres virtuosas que admiro. Apenas estoy comenzando a leer el libro, pero en el primer capítulo, hubo algo que me impactó profundamente. La autora de la biografía relata que en los diarios de Elisabeth Elliot se pueden percibir muchas de las emociones que la embargaron durante su vida. Sin embargo, la pregunta central de Elisabeth no era “¿Cómo me hace sentir esto?”, sino, “¿Es esto verdad?” Si fuese verdad, la siguiente pregunta sería: “¿Qué necesito hacer sobre esto para obedecer a Dios?”

La realidad es que muchas veces damos rienda suelta a las emociones y se nos olvida confrontarlas con la verdad. Cuando decidamos hacerlo, reconociendo la Palabra de Dios como la verdad, podremos experimentar libertad. Nuestra relación matrimonial crecerá pues no le permitiremos a las emociones pasajeras regir nuestras interacciones con el esposo. Necesitamos la verdad de la Palabra guiando nuestras vidas y nuestros matrimonios. Solo Dios conoce y escudriña el corazón, solamente Él puede dirigirlo.

“Si vosotros permanecéis
en mi palabra,
verdaderamente
sois mis discípulos; 
y conoceréis la verdad,
y la verdad os hará libres.” – Juan 8:31-31

El corazón no te llevará por buen camino, porque solo Cristo es el camino, la verdad y la vida. Lidiar con nuestros sentimientos puede ser frustrante y dificultoso, pero la Biblia está repleta de herramientas eficaces para vencer todo lo que nos quiere alejar de la verdad. Podemos recurrir a la Palabra continuamente. También podemos aprender a recordarnos la verdad nosotras mismas y dejar que otros nos la recuerden. Apreciemos y agradezcamos cuando el esposo nos recuerda la verdad, cuando mamá o una hermana en la fe nos dirige a mirar a Cristo en medio de las situaciones de la vida. Hay gran gozo y libertad en vivir y compartir la Verdad que se nos ha dado a conocer.

La Esposa – Crianza Bíblica II

“Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti,
la cual habitó primero en tu abuela Loida
y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” –
2 Timoteo 1:5

El tema de la educación sobre valores y principios es uno que genera mucha controversia en el presente. Sin embargo, cuando vamos a la Palabra, encontramos que Dios ha determinado que sea en el hogar donde se transmita la fe a los hijos y se les inculquen valores y principios.

La madre es parte fundamental del desarrollo de cada hijo o hija. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo menciona por sus nombres a una abuela y a una madre que se encargaron de transmitir la fe a Timoteo. Éste fue uno de los fieles colaboradores de Pablo que se convirtió en pastor. Loida, la abuela y Eunice, la madre de Timoteo fueron intencionales, responsables y activas en modelar y enseñar la fe sincera que ambas tenían. Timoteo fue bendecido por un legado mucho mayor que una herencia material.

Puede que pensemos que estamos muy lejos de la perfección como para ser un ejemplo para nuestros hijos e hijas, pero en Cristo hallamos la gracia que nos restaura y nos capacita para poder guiarles y testificarles.

“Estos son los dichos sabios con los que la mamá al rey Lemuel le enseñaba…” – Proverbios 31:1

La madre del “Rey Lemuel” en Proverbios 31, dedica la escritura de este capítulo a instruir a su hijo, a aconsejarle, equipándolo para la vida. Ella le enseña sobre valores tan importantes como la fidelidad, el amor al prójimo, el temor a Dios y cómo estos influyen sobre las relaciones. Indudablemente, ella no fue perfecta, pero anhelaba que la siguiente generación no cometiera los mismos errores que quizás ella y su esposo habían cometido, sino que tuvieran un fundamento sólido sobre el cual edificar sus propias familias. Esto no significa que nuestros hijos nunca cometerán errores si los criamos sobre las bases de los principios y valores bíblicos, pero sí que conocerán que en Cristo encontrarán la gracia suficiente para ser perdonados, restaurados y fortalecidos para volver a comenzar.

En la carta del apóstol Pablo a Tito, en la cual le instruye sobre el cuidado a la Iglesia, encontramos también que las mujeres tienen un papel esencial en la enseñanza. En el capítulo 2, habla sobre cómo “las ancianas” están llamadas a enseñar y a ser un ejemplo para las mujeres más jóvenes (Tito 2:3-5). Hemos aprendido que “anciana” no tiene solamente que ser una mujer de edad avanzada, sino toda mujer que es mayor que otra, y eso nos aplica a todas. Así que estamos llamadas a ser una influencia para otras. Pero ¿qué tipo de influencia? Dios nos llama a modelar los valores bíblicos que distinguen a una mujer cristiana. En primer lugar, debemos hacerlo con nuestras hijas, sobrinas, nueras y orar por ellas continuamente, siendo misericordiosas y compasivas, sin dejar de mostrarles la enseñanza bíblica.

“No nos cansemos
de hacer el bien, porque
a su debido tiempo cosecharemos
si no nos damos por vencidos.” – Gálatas 6:9

Sin duda, la crianza bíblica presenta retos e inclusive oposición en nuestros días, pero cuando la seguimos rinde buen fruto. Es tiempo de permanecer firmes y no desmayar. Nuestro rol de madres no se acaba cuando los hijos se van de la casa, simplemente cambia. Nunca dejamos de orar por los hijos, nunca dejamos de amarlos, nunca dejamos de anhelar que puedan cumplir el propósito de Dios para sus vidas y caminar en Su verdad. Así que, nunca dejemos de darles ejemplo, de hablarles la Palabra con sabiduría. Dios es fiel. A su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.

La Esposa y la Crianza Bíblica

Entonces Manoa oró al Señor diciendo: «Señor, te pido que el hombre de Dios vuelva a nosotros y nos dé más instrucciones acerca del hijo que nacerá». – Jueces 13:8

Hace un tiempo, leyendo la Biblia en el libro de Jueces 13, me impactó el versículo 8 en el cual Manoa (padre de Sansón) hace una oración a Dios para implorar que se les diesen instrucciones sobre cómo criar al niño que Dios les había prometido a él y a su esposa. En aquellos tiempos, ellos no tenían disponible los escritos de Moisés y mucho menos un ejemplar de la Biblia, pero reconocieron que necesitaban la instrucción de Dios para la crianza de su hijo. Fueron humildes y clamaron a Dios, quien contestó su oración y le envió a su ángel para que les diera instrucciones. Sin duda, tiene que haber sido una experiencia maravillosa que marcó sus vidas.

Mucha gente dice que los niños no vienen con un manual de instrucciones, pero la realidad es que tenemos la Biblia, en la cual se nos instruye cómo criar a nuestros hijos. Hoy día contamos con la bendición de tener la Biblia disponible en una gran cantidad de formatos que facilitan su accesibilidad. Los valores y principios esenciales para que un niño se desarrolle en un una persona sana, exitosa y productiva, se encuentran en la Palabra de Dios. Por eso es sumamente importante que acudamos a ella continuamente mientras nuestros hijos crecen.

“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.
Incúlcaselas continuamente
a tus hijos.
Háblales de ellas
cuando estés en tu casa
y cuando vayas por el camino,
cuando te acuestes
y cuando te levantes.” –
Deuteronomio 6:6-7

Existe una gran cantidad de libros y material cristiano sobre la crianza de los hijos. Son recursos que también podemos utilizar como complemento, sin olvidar la superioridad de la Biblia.

Puede que, como ocurrió con Sansón, nuestros hijos se desvíen del camino cuando crezcan, lo cual puede ocasionar que nos llenemos de dudas y de ansiedad. Pero necesitamos confiar en el poder de la Palabra que hemos sembrado en la mente y el corazón nuestros hijos, porque en el momento de Dios, rendirá frutos. Al final, Sansón terminó cumpliendo el propósito de Dios.

Todas las que somos madres, hemos enfrentado períodos de gran preocupación por nuestros hijos por diferentes razones. Algunos se apartan del camino, otros atraviesan situaciones difíciles, otros enfrentan enfermedades y problemas que les hacen dudar de su fe. Pero necesitamos recordar al Padre Expectante y al Hijo Pródigo. Si estuviéramos en el lugar del padre expectante, seguramente hubiésemos tenido cientos de preguntas. Sin embargo, algo maravilloso que nos muestra esta parábola de Jesús es que cuando el hijo pródigo estaba perdido, Dios permitió que volviera en sí y recordara la casa de su padre, el lugar donde fue criado, donde recibió enseñanza y ejemplo. ¡Eso le hizo regresar a los brazos de su padre!

Entonces, volviendo en sí, dijo:
«¡Cuántos de los trabajadores de mi padre
tienen pan de sobra,
pero yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:
“Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;
ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;
hazme como uno de tus trabajadores”».
Y levantándose, fue a su padre. – Lucas 15:17-20

Necesitamos entender que, junto al esposo, solo podemos “sembrar” la buena enseñanza en los corazones de nuestros hijos, pero no tenemos el poder de dar el crecimiento. Solamente Dios puede hacer germinar y crecer la semilla de la Palabra. Confiar en Dios requiere que nos demos cuenta de que no depende de nosotros, sino que Dios es el que se encarga de obrar a su tiempo en la vida de cada hijo. Eso no significa que dejamos de orar por ellos, de pedir a Dios sabiduría y dirección para aconsejarles y relacionarnos con ellos saludablemente.

La responsabilidad de educar a los hijos en el temor de Dios es de los padres y madres, y es una responsabilidad indelegable. El padre y la madre son las personas a las cuales Dios ha otorgado el poder de ejercer una influencia sobre los hijos como ninguna otra en el mundo. Nuestro anhelo debe ser utilizar esa influencia para encaminar a los hijos en el camino que Dios ha trazado para ellos. A lo largo de toda la vida, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser ejemplo y llevar a nuestros hijos e hijas a la Palabra de Dios. Oremos que Dios nos ayude a hacerlo así, sin importar la edad que tengan.

La Esposa y el Reposo

“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los haré descansar.” – Mateo 11:28

Si bien es cierto que nuestros cuerpos se agotan por la rutina de trabajo diaria y las tareas que se van añadiendo a lo largo del día, nuestra mente también puede estar agobiada por un sin número de situaciones. El agotamiento, tanto físico, mental como emocional es una realidad que muchas esposas enfrentan.

La esposa puede tener la tendencia a ocuparse de lo que le corresponde, pero además, tomar a su cargo responsabilidades de otras personas. Es entonces cuando comienza a sobrecargarse emocional y mentalmente. La falta de descanso y de límites en cuanto a lo que puede alcanzar en su rutina diaria, produce agotamiento. A eso se le añaden las preocupaciones por las diferentes situaciones personales y familiares.

La necesidad de reposo es esencial. Diariamente, hay que dedicar un tiempo a descansar. Nuestro cuerpo lo necesita, pero nuestra mente también. El salmista exhorta a su alma a reposar en Dios porque en Él hay esperanza.


“Alma mía, en Dios solamente reposa,
porque de Él es mi esperanza.” –
Salmo 62:5

Dedicar un tiempo diario a la oración y meditar en la Palabra es esencial para renovar nuestro espíritu. Esto nos ayuda a llevar nuestras cargas emocionales al Señor. Podemos descansar y experimentar la paz de Dios durante nuestro tiempo devocional. Eso nos brinda esperanza en medio de las dificultades que enfrentamos en la vida.

Además, necesitamos sacar períodos de tiempo para retirarnos con nuestra familia para disfrutar, compartir y reposar alejados del ajetreo de la rutina diaria.

Algo con lo que he tenido que lidiar es el sentirme tan atareada por los trabajos diarios y agobiada por diferentes preocupaciones, que a veces me siento culpable por tomar un descanso. La realidad es que en medio de todo, agradezco a Dios porque me ministra a través de la lectura diaria de la Palabra y me ayuda a reposar en Él mediante la oración. Es de esa manera que puedo vencer cualquier sentido de culpa que intente acusarme por la necesidad de reposar.

Es tan gratificante tomar un tiempo de reposo junto a la familia después de un largo período de mucho trabajo. Sea que los hijos sean pequeños, adolescentes o jóvenes adultos, poder compartir con ellos junto al esposo es una bendición.

Aprovechemos los tiempos de reposo que Dios nos regala junto a nuestra familia. A veces puede significar un rato conversando con los hijos; otras veces puede ser una caminata tranquila con el esposo, orar juntos o leer una reflexión familiar. Esos tiempos nos proveen descanso y son de beneficio para el alma y el espíritu.

“Así quedaron terminados los cielos y la tierra,
y todo lo que hay en ellos.
Al llegar el séptimo día,
Dios descansó porque había terminado

la obra que había emprendido.” –
Génesis 2:1-2

Dios nos enseñó la importancia del descanso desde el Génesis. Él trabajó en la creación y luego, dice la Biblia, que descansó. En el Nuevo Testamento, Jesús también nos invita a descansar en Él y nos ofrece su paz para que podamos entrar en su reposo, reconociendo que Él tiene cuidado de nosotras. Te invito a meditar sobre esto, y evaluar si estás dedicando tiempo a descansar para renovar tus fuerzas, tanto físicas, como emocionales y espirituales.

La Esposa – Comunicando Sin Palabras

“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos,
de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra,
puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres
al observar vuestra conducta casta y respetuosa.” – 1 Pedro 3:1-2

Se escribe mucho sobre el impacto de las palabras en nuestras relaciones, pero hay otro tipo de comunicación que está presente y que muchas veces pasa desapercibido. La comunicación no verbal comprende un gran porciento de lo que comunicamos. No es solo lo que decimos, sino cómo lo decimos. ¿Qué comunicamos con nuestros gestos, actitudes y acciones?

La Biblia nos enseña sobre cómo debe conducirse una persona cristiana de modo que muestre a Cristo con sus obras. El pasaje de 1 Pedro mencionado anteriormente es uno que habla directamente a las mujeres y señala que el comportamiento puede ser un mensaje mucho más impactante que las palabras. Cuando el esposo no ha conocido a Cristo o está desobedeciendo la Palabra, es la esposa la que está llamada a ser una influencia que lleve al esposo hacia Cristo con su conducta respetuosa y casta (que denota pureza, virtud, decencia y honestidad). Me llama la atención que el pasaje bíblico especifica que el esposo puede ser ganado “sin palabra alguna”. Nuestra forma de conducirnos puede comunicar un mensaje con igual o mayor fuerza que lo que decimos. Cuando nos rendimos a Dios y le entregamos toda nuestra vida, podemos pedirle que nos ayude a ser transformadas conforme a la imagen de Cristo, de manera que nuestra conducta refleje su amor y que nuestras palabras estén alineadas a su mensaje.

Muchas mujeres han obrado con nobleza,
pero tú las superas a todas. – Proverbios 31:29

En la porción bíblica de Proverbios 31:10-31, está claro que la conducta de la mujer virtuosa ha hecho un impacto significativo en la vida del esposo ya que la halaga diciendo que ella sobrepasa a todas las mujeres que han hecho el bien. Con su conducta, la esposa virtuosa se ha ganado la confianza del esposo y ha tocado el corazón de él y el de sus hijos.

A veces ocurre que decimos una cosa, pero nuestra conducta comunica otra. Esto lleva un mensaje confuso, ya sea al esposo o a los hijos. Toda persona falla en esto. Por eso necesitamos a Cristo, porque Él se perfecciona en nuestras debilidades. Cuando fallamos, podemos acudir a Dios y Él nos dará la sabiduría para obrar conforme a su Palabra.

Tengamos en mente que mientras nosotras estamos ocupadas en nuestra rutina diaria, nuestra familia nos observa y percibe un mensaje a través de nuestras acciones y actitudes. Por ejemplo, desde pequeña pude percibir la admiración de mi mamá por la creación de Dios. Ella no me lo tuvo que decir directamente, pero lo pude percibir. De mi papá, aprendí la importancia de sonreír y cómo una sonrisa puede ser el puente para acercarte a otras personas. Del matrimonio de mis padres aprendí y sigo aprendiendo el valor del servicio mutuo. Todas estas lecciones me fueron comunicadas sin mediar palabras.

Durante esta pasada semana, leí un breve poema de un autor desconocido el cual quisiera compartir para concluir ya que nos recuerda la importancia de lo que comunican nuestras acciones en el hogar.

Cuando pensabas que no estaba mirando

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi colgar
mi primer “cuadro” en el refrigerador y quise pintar otro.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi alimentar
a un gato callejero y pensé que era bueno ser amable
con los animales.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te vi hacer
mi pastel favorito y supe que las pequeñas cosas son
cosas especiales.

Cuando pensaste que no estaba mirando, te escuché
decir una oración y creí que hay un Dios con el que
siempre podría hablar.

Cuando pensaste que no estaba mirando, sentí que me dabas un beso de buenas noches y me sentí amada.

Cuando pensaste que no estaba mirando, vi que te importaba y quise llegar a ser todo lo que podía ser.

Cuando pensabas que no estaba mirando, MIRÉ …
y quería darte las gracias por todas las cosas que vi
cuando pensabas que no estaba mirando.

– Autor desconocido



 

La Esposa – Hablando Palabras de Afirmación

“Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes.” – Lucas 6:31

Recibir afirmación de parte de las personas importantes en nuestra vida es algo agradable, que nos motiva e inspira. Las palabras de afirmación son una forma poderosa de demostrar amor. El autor Gary Chapman enumera las palabras de afirmación como uno de los lenguajes del amor. Un halago, una palabra de ánimo, una nota de agradecimiento, expresar admiración, pueden significar mucho especialmente durante un día difícil.

La Biblia da instrucciones en muchas ocasiones sobre cómo debe ser nuestra forma de hablar porque ésta debe ser un reflejo de nuestra vida de adoración a Dios. Otra instrucción bíblica que se nos hace es que todo lo que hagamos debe ser como para el Señor. Creo que este mandato es sumamente importante (ya hemos escrito sobre el tema en publicaciones anteriores del blog – “La Esposa en la Vida Cotidiana”) porque es el que determina la actitud y la intención con la que obraremos. Cuando tenemos la actitud de honrar a Dios con todo lo que hacemos, seremos cuidadosas con la forma en la que hablamos.

La palabra amable
es árbol de vida;
la palabra perversa

destruye el espíritu. – Proverbios 15:4

Las palabras de afirmación son muy necesarias, especialmente en el contexto del hogar. El esposo y los hijos necesitan nuestro ánimo, nuestro agradecimiento y reconocimiento, así como nosotras lo necesitamos. Por eso necesitamos aplicar la Regla de Oro en el hogar con las palabras de afirmación: “Hablar a los demás como nos gustaría que nos hablen a nosotras.” En su libro “Adornadas”, Nancy DeMoss Wolgemuth invita a las esposas a tomar lo que ella llama el “Desafío de los 30 Días para animar a tu Esposo”. Durante el desafío, las esposas deben evitar hablar negativo sobre su esposo durante 30 días. Aunque él haga cosas que la esposa pudiera señalarle, ella debe tomar la decisión de no enfocarse en esas cosas. La segunda parte del desafío es animar al esposo, expresándole algo que aprecias o admiras de él. Es un reto para que seamos intencionales hablando palabras de afirmación al esposo, que es algo que a veces se descuida. Inclusive, pudiéramos pensar que es difícil encontrar 30 cosas que se aprecian o admiran del esposo. Pero el ejercicio de meditar en esto intencionalmente puede llevarnos a encontrar muchas cualidades significativas del esposo que hemos olvidado con el paso de los años o a las que simplemente les prestamos poca importancia. Muchas esposas que han aceptado el desafío testifican que ha marcado una diferencia muy positiva en su relación matrimonial.

La Biblia nos enseña que el esposo responde al respeto como la esposa responde al amor en Efesios 5:33 (este tema también fue tratado en una publicación anterior del blog – “La Esposa y el Respeto”). La admiración, el aprecio y las palabras de afirmación son parte de ese respeto que el esposo ansía y que como esposas virtuosas estamos llamadas a expresarle. Nuestra carne está más inclinada a señalar lo negativo que a resaltar lo positivo y por eso en muchas ocasiones descuidamos el brindar ánimo, agradecimiento y halagar al esposo. Necesitamos la ayuda continua del Señor para enfocarnos deliberadamente en lo positivo y resaltarlo como una forma de mostrar amor en nuestros hogares.

Ninguna palabra corrompida
salga de vuestra boca,
sino la que sea buena
para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes. – Efesios 4:29

Esto es algo que también debemos practicar entre nuestras hermanas en la fe, familiares y amigas. Podemos animarnos unas a otras con palabras de afirmación. Brindar ánimo a otras mujeres es algo que Dios puede usar para cambiar el día o la semana de una dama. Puede ser un impacto significativo en su vida. A veces nos cohibimos de brindar una palabra de afirmación o de ánimo porque asumimos que tal o cual mujer es fuerte y probablemente no necesita de nuestro apoyo. La realidad es que cuando Dios toca nuestro corazón para hablar a alguien, sencillamente nos toca obedecer. No sabemos cuántas veces esas “mujeres fuertes” están anhelando que alguien sostenga sus brazos. Todas necesitamos a Cristo y fortalecernos en el poder de su fuerza para continuar.

Practiquemos a diario el hablar conforme a la Palabra, para edificar a los que nos oyen, ya sea en el hogar, en el lugar de trabajo, en el vecindario, en la universidad, en la Iglesia. Siempre lo primordial es obedecer a Dios y servir al prójimo mientras le glorificamos a Él.

La Esposa y la Paciencia

Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen a los demás, sean buenos, humildes, amables y pacientes. –
Colosenses 3:12

Hoy, durante una breve conversación, mi hijo mayor, quien se comprometió con su novia hace poco más de un mes, me preguntó: “Si solo pudieras darme un consejo que pueda ser útil para cuando esté en la etapa de recién casado, ¿cuál sería?” Le respondí que lo mejor que le puedo aconsejar es que se tengan paciencia el uno al otro, entendiendo que son diferentes y que cuando comiencen su vida juntos, se van a percatar de esas diferencias, de los distintos hábitos de cada uno. Solo teniéndose paciencia y esforzándose por comprenderse mutuamente, lograrán establecer sus propios hábitos de pareja y lograr la armonía en el hogar.

Amo estas “pequeñas grandes” conversaciones con mis hijos porque me hacen pensar y analizar cuánta paciencia me han visto ellos ejercer a mí a través de los años. Al meditar en esto, con honestidad puedo decir que es un proceso en el que todavía estoy trabajando. Puedo ser paciente con algunas cosas y con otras no. Puede que haya hábitos o costumbres de mi esposo o de mis hijos que puedo dejar pasar, pero hay otros que todavía me impacientan.

Es a lo largo de las relaciones, mientras interactuamos unos con otros que podemos vivir como se espera de nosotras como hijas de Dios: amando, mostrando bondad, humildad y paciencia. Las relaciones son instrumentos de Dios para pulirnos. Esta semana pasada, mi esposo y yo cumplimos 26 años de casados. Mi trasfondo familiar y el de mi esposo son completamente diferentes. Las personalidades de ambos son distintas (aunque tenemos cosas en común), y tanto el factor de la crianza como la personalidad, pudieron habernos causado muchos problemas a lo largo de nuestro matrimonio. Pero vivimos agradecidos de Dios por Su maravillosa gracia. Haber conocido el Evangelio desde antes de casarnos ha hecho toda la diferencia en nuestra relación. El buen consejo de la Palabra, libros cristianos sobre el matrimonio y las personas que Dios puso en nuestro camino como mentores, nos han ayudado a llegar a donde estamos hoy. Sin duda, ambos hemos aprendido a ejercer paciencia durante estos 26 años y todavía nos falta mucho por aprender en las próximas etapas que nos esperan.

En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. – Gálatas 5: 22-23

La Biblia nos dice que el fruto del Espíritu se manifiesta de varias formas, y una de ellas es la paciencia. Sin duda, es un fruto totalmente necesario en el matrimonio. Es la paciencia la que nos ayuda a soportar esas pequeñas costumbres del esposo que nos parecen molestosas. Es la paciencia la que nos enseña que está bien que el esposo sea diferente a nosotras; Dios lo diseñó con una personalidad única y lo hizo bien. La paciencia nos capacita para que podamos incluso apreciar esas idiosincrasias que hacen al esposo tan especial.

Cuando aprendemos a ejercitar la paciencia, entendemos que hay conversaciones que pueden esperar hasta el lugar y el momento indicados. Esto me hace recordar la historia de Ester, que buscó primero la dirección de Dios, para luego encontrar la valentía y la prudencia para hablar con su esposo sobre un tema muy delicado en el momento propicio. ¡Cuántas veces tenemos que “mordernos la lengua” porque queremos resolver todo a nuestra manera y en el momento! ¡Qué mucho podemos aprender de Ester sobre la paciencia! Su historia se encuentra en el Antiguo Testamento, el libro de Ester, cuyos 10 capítulos se pueden leer en una tarde y meditar en ellos durante toda una vida.

Sean pacientes con todos. –
1 Tesalonicenses 5:14

Recordemos que el mandato bíblico es que seamos pacientes con todos. Creo firmemente que las esposas estamos llamadas a ejercitar las virtudes bíblicas primeramente en el hogar, con el esposo y los hijos, que son los prójimos más cercanos que tenemos. La esposa virtuosa descrita en Proverbios 31 refleja una actitud paciente mientras cuida a su familia y su hogar. Lo puede hacer porque ella honra a Dios, y de su relación con Él surge el fruto que produce paciencia. Podemos confiar que con la ayuda de Dios lograremos alcanzar la meta de ejercitar la paciencia en nuestros hogares.