La Esposa – Llamada a la unidad

“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre,
y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.” – Génesis 2:24

Desde hace varios años, la Iglesia de la cual somos miembros, ofrece una clase para matrimonios durante el mes de julio. Mi esposo y yo hacemos lo posible por participar de la misma pues entendemos que sin importar cuanto tiempo llevemos de casados, siempre necesitamos seguir aprendiendo.

Estas últimas semanas, hemos estado estudiando juntos el libro “El Matrimonio que Agrada a Dios” como parte de la clase. Es edificante para nosotros refrescar información valiosa y práctica para nuestra relación, como también aprender cosas nuevas sobre cómo aplicar la Palabra y el Evangelio al matrimonio.

Uno de los temas que estudiamos recientemente, fue el de la unidad entre el esposo y la esposa. Definitivamente, el Evangelio hace una gran obra en el matrimonio ya que hemos experimentado la gracia de Dios en nuestra relación y, como resultado, disfrutamos de una hermosa unidad .

El matrimonio fue diseñado por Dios desde el principio para reflejar el amor de Cristo por su Iglesia. No fue hecho para satisfacer los deseos egoísta de cada cónyuge. Pero, la realidad, es que necesitamos estar alertas y reconocer cuando estamos siendo tentadas a buscar nuestro bienestar personal por encima del bienestar de la relación.

El amor es paciente, es bondadoso.
El amor no es envidioso
ni jactancioso ni orgulloso.
 No se comporta con rudeza,
no es egoísta, no se enoja fácilmente,
no guarda rencor.” – 1 Corintios 13:4-5

Necesitamos recordar los votos que declaramos ante Dios en el pacto matrimonial, cuando prometimos fidelidad al esposo, no a nuestros propios intereses egoístas. La Biblia nos enseña que el amor “no busca lo suyo”, que el que ama no se cree más que nadie. El amor del que nos habla la Palabra de Dios, valora a su prójimo, se expresa con paciencia y amabilidad. El prójimo más cercano es el esposo. La relación matrimonial provee la oportunidad de poner en acción el amor que se describe el 1 Corintios 13. Pero la cercanía también nos puede hacer vulnerables a tratar al esposo con “exceso de familiaridad”, que se refleja cuando no le mostramos el respeto y la consideración que nos enseña la Biblia, cuando le “cantaleteamos”, cuando ignoramos sus gustos porque estamos más enfocadas en nuestras preferencias.

El llamado a la unidad está plasmado desde el Génesis, desde el mismo momento en el que Dios estableció el matrimonio. Al hombre y a la mujer, unidos en el pacto matrimonial, Dios los llama “una sola carne” y a ambos les da un mandato para que trabajen juntos en la misión que Él les ha encomendado (Génesis 1:27-28). Por esta razón, cuando nos unimos en matrimonio, necesitamos echar a un lado nuestras expectativas egoístas de que esa relación es la que nos va a hacer felices. El llamado a la unidad en el matrimonio, requiere que sacrifiquemos el “yo”. Para eso, necesitamos a Cristo, porque solo en Él encontramos la gracia que perdona nuestro pecado de egoísmo y nos impulsa a caminar conforme al diseño de Dios.

“Las parejas en las que
ambos cónyuges traen gloria a Dios
son aquellas en las que ambos
mueren a sí mismos
para servir al otro.” – J. Mercado
(El Matrimonio que agrada a Dios)

El mayor gozo se manifiesta cuando vivimos para dar gloria a Dios. Cuando nuestro matrimonio refleja el amor entre Cristo y su Iglesia, estamos honrando a Dios. Eso será razón de regocijo para nuestras vidas pues estaremos viviendo conforme al diseño divino, caminando en la unidad a la que Dios ha llamado a la esposa en el matrimonio.

La Esposa – Creciendo

“¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros,
y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú?
Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita, y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama.” – Mateo 7:3

Hace varios años, participamos en un Retiro Matrimonial, cuyo tema fue: “Si tú cambias, cambia tu matrimonio”. El enfoque bíblico que utilizamos fue el de Mateo 7:3 y procuramos enfatizar que la forma en que los matrimonios pueden ser transformados no es cuando tratamos de cambiar al cónyuge, sino cuando nos ponemos en las manos de Dios para crecer conforme a Su imagen.

Cuando trabajamos en consejería con parejas, a menudo nos encontramos con que uno o ambos cónyuges desean que el otro cambie, y señalan al otro como causante de los problemas o infelicidad matrimonial. Uno de los más graves problemas con esta perspectiva, es que muchas veces, está basada en la ilusión de que podemos controlar a la otra persona. Esto puede provocar fuertes frustraciones en el matrimonio.

En muchas ocasiones, las mujeres entramos al matrimonio con la idea de que el esposo es nuestro proyecto, que lo vamos a cambiar y a convertirlo en nuestra visión de lo que debe ser. Puede que sintamos presión de nuestra familia, de lo que lo que el grupo de amistades entiende que es un buen esposo, de la cultura, de los medios sociales y nos enfoquemos en tratar de hacer que el esposo se amolde a ese patrón.

Hermanos, es posible
que alguno de ustedes
caiga en la trampa del pecado.
Ustedes, que son guiados por el Espíritu, acérquense a él y ayúdenle
a corregir su error.
Pero ¡ojo!, háganlo con humildad,
pues ustedes también

pueden caer en tentación. – Gálatas 6:1

La realidad es que el llamado bíblico es a evaluar primeramente en qué debo cambiar yo. Necesito meditar e identificar aquellas actitudes pecaminosas que hay en mí (la “rama” que está en mi ojo), llevarlas a Dios en arrepentimiento y pedirle que me ayude a crecer y ser transformada. Cuando hacemos esto, nos daremos cuenta que, en algunos casos lo que queríamos señalarle al cónyuge ya no parece ser tan importante. En las ocasiones en que entendemos que hay que confrontar un asunto, podremos hacerlo con gracia, humildad y respeto, ya que hemos reconocido que no somos perfectas y que no tenemos el poder para cambiar al esposo.

Cuando mi esposo y yo nos casamos hace casi 26 años, había algunas cualidades que yo entendía que él debía cambiar para que se amoldara más a mi idea de lo que era más apropiado. Evidentemente, eso nos provocaba conflictos y frustraciones, pero gracias a Dios que, por los buenos ejemplos y los buenos consejos que recibimos, pudimos superarlos. Tuve que entender que mi esposo había sido diseñado por Dios y que en su sabiduría, Él le había dado cualidades muy diferentes a las mías. Tuve que aprender a dejar de ver las diferencias como debilidades y apreciarlas como el complemento que son para mí. Al soltar mi deseo de cambiar a mi esposo, comencé a disfrutar plenamente de nuestro matrimonio y descubrí fortalezas que Dios le dio para que juntos pudiéramos formar nuestro hogar, criar a nuestros hijos y servir conforme a los propósitos divinos.

Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos,
de modo que, si algunos de ellos
no creen en la palabra,
puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras,
al observar su conducta íntegra y respetuosa. –
1 Pedro 3:1-2

Necesitaba trabajar con la “rama” que estaba en mi ojo. Eso me ha llevado a crecer. Tengo que evaluarme y arrepentirme cada día, pero en Cristo encuentro la gracia necesaria para levantarme de nuevo y seguir adelante. Con esto no quiero decir que vivas pensando que eres la responsable de los problemas en tu matrimonio, sino que antes de confrontar al esposo, ores y le pidas al Señor que te ayude a identificar “las ramas” que puedan estar en tu ojo. Al arrepentirte y permitir que Dios trabaje en tu corazón, ya estarás dando un paso importante hacia el crecimiento. El esposo se dará cuenta de tus cambios (tarde o temprano), lo cual les ayudará a comenzar un diálogo que puede ser sanador y restaurador (Santiago 5:16).

Es necesario que recordemos siempre que no somos el Espíritu Santo y no tenemos el poder para tranformar la vida del esposo. Pero cuando glorificamos a Dios con lo que somos y con nuestro comportamiento, podemos llegar a ser una gran influencia para el esposo. ¡Qué Dios nos ayude a recurrir a Él continuamente para crecer, para ser fortalecidas y formadas conforme a su buena voluntad!

La Esposa Sabia

La mujer sabia edifica su hogar,
pero la necia con sus propias manos lo destruye. -Proverbios 14:1

Leer el libro de Proverbios es siempre una experiencia enriquecedora. Cada vez que se tiene la oportunidad de releer y meditar en el mismo, se aprende algo nuevo, algún versículo salta del texto para confrontarnos, alentarnos, enseñarnos o advertirnos. En estos días, he estado leyendo los Proverbios e inevitablemente, he notado que en repetidas ocasiones se habla de la mujer sabia en contraste con la mujer necia. Hoy leí el capítulo 31 de Proverbios, mi preferido en dicho libro bíblico y decidí escribir sobre el tema de la Esposa Sabia.

Proverbios 31:10 al 31, fue escrito por la madre del rey Lemuel para aconsejar a su hijo sobre la importancia de elegir una mujer virtuosa como esposa. Es una porción bíblica rica en verdades que nos llevan a reconocer a Dios en todas las cosas para poder vivir de una manera fructífera y eficaz. Proverbios capítulo 7 también fue escrito como consejo a los jóvenes varones para que pudieran distinguir entre una mujer necia y una mujer sabia o virtuosa. Desglosaremos varios de los contrastes entre la mujer sabia y la necia en los próximos párrafos.

La Esposa Sabia busca sobre todas las cosas agradar a Dios, mientras que la mujer necia busca complacerse a sí misma. La reverencia a Dios es lo que distingue a la Esposa Sabia, y eso es mucho más importante que cualquier otra cosa que ella haga (Proverbios 31:30). El amor es otra de las virtudes que se expresan continuamente en la vida de la Esposa Sabia (Proverbios 31:11-12). Por su parte, la mujer necia no entiende la naturaleza del verdadero amor pues está más interesada en recibir que en dar (Proverbios 7:19-20). Su meta es la gratificación inmediata, mientras que la Esposa Sabia dedica su vida a servir a su familia y trabaja con esfuerzo para que sus negocios rindan beneficio para todos en su hogar (Proverbios 31:16-18).

Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea
que en una casa preciosa
con una esposa que busca pleitos. –
Proverbios 21:9

Las palabras de la Esposa Sabia están saturadas de bondad, enseña a sus hijos con amor, inspira confianza a su esposo (Proverbios 31:26). Pero la mujer necia utiliza sus palabras para manipular, tratar de ejercer control y terminan lastimando sus relaciones (Proverbios 7:21). Una Esposa Sabia utiliza su influencia como instrumento de edificación, mientras que la mujer necia es rencillosa y su influencia es destructiva (Proverbios 7:26).

La Esposa Sabia es una mujer totalmente desinteresada. En ningún versículo del pasaje la vemos buscando su propio bienestar. Ella no es perfecta, pero depende de Dios para toda su vida y eso la hace victoriosa. Aunque ella no hace las cosas por buscar reconocimiento, Dios la bendice con un esposo e hijos que le expresan admiración (Proverbios 31:28-29).

Si necesitan sabiduría,
pídansela a nuestro generoso Dios,
y él se la dará;

no los reprenderá por pedirla. –
Santiago 1:5

Puede parecernos sobrecogedor pensar en llegar a ser como la Mujer Virtuosa (Esposa Sabia) que describe Proverbios 31:10-31, pero debe parecernos aterrador seguir los pasos de la mujer necia. Nuestra meta: buscar en nuestro Dios la sabiduría necesaria para emular el ejemplo de la Esposa Sabia, dependiendo de Su gracia cada día para lograrlo.

La Esposa en la Vida Cotidiana

 “Todo lo que hagan, háganlo de buena gana,
como si estuvieran sirviendo al Señor Jesucristo
y no a la gente.” – Colosenses 3:23

En algún punto durante nuestra vida, puede que hayamos pensado que necesitamos hacer algo extraordinario para poder dejar un legado o ser recordadas por el esposo y los hijos. Esa temporada nos puede haber llevado a vivir enfocadas en lograr diversas metas para alcanzar la autosatisfacción y la admiración de nuestros familiares. En esa búsqueda, a veces experimentamos ansiedad, estrés y frustración. Sin embargo, el llamado bíblico es que hagamos todo para servir al Señor.

Hacer todo (y ese “todo” es absoluto, no se enumeran excepciones) como para el Señor, es algo que ocurre en la vida cotidiana, mientras formamos nuestro hogar junto al esposo, mientras criamos a los hijos, mientras compartimos con los familiares, mientras servimos en la Iglesia o en la comunidad, mientras nos desempeñamos en nuestro empleo o negocio. Cuando lo meditamos bien, la Biblia no nos hace un llamado a ser extraordinarias, sino a servir a un Dios extraordinario. Pero muchas veces esas tareas cotidianas, esas rutinas que nos parecen ordinarias, serán lecciones extraordinarias en las manos de Dios para nuestra familia.

Cuando hacemos lo cotidiano por amor a Dios, estamos impactando los corazones de aquellos a quienes servimos. El esposo y los hijos, que son los más cercanos a nosotras, verán a Cristo a través de lo que hacemos y no hay nada mejor que eso. Cuando vamos aprendiendo esto, comenzamos a despojarnos de nuestra vanagloria y a revestirnos de humildad. Comprender que somos creadas para dar gloria a Dios es algo que debe humillar nuestros corazones y llevarnos a caminar en el precioso llamado que se nos ha hecho como esposas. Solo cuando hacemos todo para servir a Dios, podemos ser fuente de bien para el esposo todos los días de la vida.

Ella le es fuente de bien, no de mal,
todos los días de su vida.” –
Proverbios 31:12

Es en una relación profunda con Dios que podremos crecer, madurar y aprender a actuar de la manera que Dios nos llama. Su llamado es sencillo y claro: hacer todo para Su gloria.

Al meditar en esto, pienso en tantas mujeres sencillas, humildes, sinceramente imperfectas, pero anhelantes de servir a Dios y honrarle sobre todas las cosas. Mujeres que sembraron en silencio, sin títulos, sin llamar la atención hacia sí mismas, pero cuyas vidas han sido testimonio de servicio amoroso a Dios. Creo que, si lo meditas, también te darás cuenta de que las mujeres que mayor impacto han tenido en tu vida han sido las que simplemente te acompañaron en el camino durante la vida cotidiana. Esto es porque cada una de ellas sembró semillas en tu corazón, se relacionó contigo, te escuchó, te abrazó, te aconsejó, lloró y rio contigo. Todas estas cosas ocurren en la vida cotidiana y son las que verdaderamente dejan huellas en la vida. Y eso es lo que nosotras también debemos procurar hacer con nuestras familias para la gloria de Dios.

Dios está obrando entre ustedes. Él despierta en ustedes el deseo
de hacer lo que a él le agrada
y les da el poder para hacerlo. – Filipenses 2:13

Mi oración hoy para tu vida y para la mía es que podamos cumplir con amor y humildad el mandato de hacer todo como para el Señor. Que Dios transforme nuestros corazones y nos lleve a vivir para Su gloria y no la nuestra. Que el Espíritu Santo nos redarguya cuando intentemos caminar por nuestra propia cuenta, haciendo nuestra voluntad, enredándonos en lo efímero. Que aprendamos cada día a descansar en Dios y en su preciosa Palabra para que obedezcamos sus preceptos. Que seamos mujeres virtuosas en Sus manos. Y que aprovechemos cada oportunidad en la vida cotidiana para sembrar semillas en el corazón del esposo y de los hijos, para mostrarles el amor de Cristo porque Él es lo más extraordinario que podrán conocer.

La Esposa y los hijos(as)

He aquí, herencia de Jehová son los hijos;

Cosa de estima el fruto del vientre.” –

Salmo 127:3

Una de las bendiciones más maravillosas que puede experimentar una mujer en su vida es la de ser madre. Los hijos(as) son un regalo de Dios y llenan nuestra vida de grandes alegrías y momentos inolvidables.

Durante la infancia y la niñez de nuestros hijos(as) enfrentamos los retos naturales y comunes de dichas etapas. Junto al esposo, tenemos la responsabilidad de criarlos y educarlos en los principios bíblicos que sentarán las bases de su desarrollo espiritual y moral. Esto es un privilegio que debe tomarse con reverencia y seriedad.

Nunca dejamos de ser madres. Siempre estaremos pendientes del bienestar de nuestros hijos(as), sin importar la edad que tengan. Aunque llega un punto en sus vidas en el que levantarán sus alas y volarán de nuestro nido, nunca saldrán de nuestro corazón. En ese punto, tenemos que aprender a confiar en Dios y en que lo que les hemos enseñado a lo largo de los años rendirá fruto. Una madre necesita entender que no puede controlar todo, que los hijos(as) emprenderán camino hacia los propósitos que Dios ha preparado para ellos. En medio de las diversas circunstancias que enfrenten nuestros hijos(as), podemos confiar en que el Dios soberano los cuida y que la Palabra sembrada en sus corazones no retorna atrás vacía.

Así también pasa con mi mensaje,
    no volverá a mí vacío,
sino que hará lo que yo quiero
    y cumplirá bien el propósito

para el que lo envío. – Isaías 55:11

Ahora que mi hijo y mi hija son jóvenes adultos, es que puedo percibir con mayor claridad cuán indispensable es confiar en la soberanía de Dios respecto a ellos. Ya ellos no dependen de mí y de mi esposo como cuando eran pequeños, cada uno está comenzando a emprender su camino. Y necesito fortalecerme en Dios a diario, confiar en su cuidado, orar continuamente, reconociendo que están en mejores manos que las mías, pues están en las manos de Dios.

Mi padre relata que cuando yo iba para la universidad y tendría que hospedarme lejos de mi casa, él oraba continuamente por el cuidado de Dios sobre mi vida. En una ocasión, mientras él oraba, Dios le hizo entender que Él me cuidaría mejor de lo que mi papá me podía cuidar. ¡Y Dios lo hizo! Me protegió hasta de un intento de asalto a mano armada y solo Él sabe de cuántos peligros más durante los cuatro años que me hospedé lejos de mi hogar mientras estudiaba.

Al pensar en eso, en esta etapa de mi vida como madre, me doy cuenta de que, con el paso de los años, llega también un mayor reconocimiento de la soberanía de Dios. Y no pretendo decir que he alcanzado plena madurez, pues la vida es un continuo proceso de crecimiento y aprendizaje, tal como lo es la maternidad. Con cada etapa de la vida de nuestros hijos(as) seguimos aprendiendo a ser madres, crecemos y nos desarrollamos con ellos. Esta es una de las oportunidades más emocionantes que tenemos como madres y que no debemos desaprovechar pues maduramos, lo cual es beneficioso para nuestras relaciones (como esposa, hija, hermana, amiga, no solamente como madre).

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada… – Proverbios 31:28

Ser madre es un precioso regalo que nos impulsa y nos inspira a ser más como Cristo. Escribiendo sobre la maternidad, Elisabeth Elliot dice lo siguiente: “Requiere sacrificio propio y humildad, pero es la ruta, como fue la humillación de Jesús, a la gloria.” Al ir creciendo en este proceso de ser madres, necesitamos entender que hay que humillarnos ante la voluntad de Dios para nuestros hijos y confiar en que es buena, agradable y perfecta, sea que la entendamos o no. Algunas inclusive clamarán por un hijo pródigo, rogando que vuelva en sí y regrese a casa. Otras orarán por sus hijos(as) en el campo misionero, por una enfermedad de un hijo(a) o tantas otras situaciones. Sea cual sea la circunstancia, necesitamos confiar en la soberanía de Dios, rendir nuestros propios planes para las vidas de nuestros hijos(as) y descansar en el cuidado de Dios. Nuestros hijos(as) nos apreciarán más cuando vean a Cristo en nosotras. Y nosotras tendremos la seguridad de que aún cuando ya nosotras no estemos más, Dios nunca les faltará porque crecieron en la fe que les salva y les conduce a una relación con Dios.

La Esposa – Celebrando a los Padres

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos,
y el corazón de los hijos hacia los padres… –
Malaquías 4:6

En Puerto Rico se celebra el Día de los Padres el tercer domingo del mes de junio. Es una magnífica oportunidad para reflexionar sobre las cualidades que hacen un buen padre y ser agradecidas. En primer lugar, agradecer a Dios, nuestro maravilloso Padre celestial, y dar gracias a esos padres que son parte esencial de nuestras vidas. Celebrar el rol del padre en la familia y la sociedad es necesario e importante. Si anhelamos ver familias saludables, necesitamos resaltar las buenas cualidades de sus integrantes, entre los cuales uno de los más importantes es el padre.

A través del tiempo, se ha denigrado la figura del padre en la familia a causa del pecado que provoca abandono, descuido, negligencia, entre otras cosas lamentables. Pero Cristo vino a reconciliar el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. Así que, no debemos unirnos al coro del mundo que solamente señala y condena a los padres que han obrado mal, sino que podemos levantar nuestras voces y declarar que, por la gracia de Dios, hay muchos padres que aman, comparten, cuidan, protegen y proveen para sus hijos.

Al pensar en esto, tengo que expresar mi gratitud por darme la bendición de tener un papá que ama a Dios sobre todas las cosas y que nos enseñó a mi hermana, mis hermanos y a mí, el valor de la familia, que la salvación está en Cristo y que servirle a Él es la mejor forma de vivir. Lo que predica y lo que vive es consistente: es un ejemplo de fidelidad, rectitud, integridad y búsqueda continua de Dios.

De mis abuelos guardo buenos recuerdos. Ambos fueron hombres responsables, trabajadores y esforzados. Tuve el privilegio de ayudar a cuidar a mi abuelo materno durante sus últimos meses antes de que fuera a morar con el Señor. Su devoción a Dios y amor por su familia fueron evidentes hasta el último momento de su vida en la tierra. Siempre recordaré cuánto le agradaban los cánticos de alabanza y cuánto lo tranquilizaba que le leyera la Biblia. Es una lección que aprecio y aplico. Cuando mi corazón se inquieta, puedo recurrir a la Palabra y allí encuentro paz. Mi abuelo paterno nos mostraba su cariño jugando con nosotros cuando lo visitábamos o brindándonos un pedazo de deliciosa caña de azúcar de su finca para merendar. En una ocasión, cuando éramos pequeños, Dios tocó su corazón para suplir la necesidad de una lavadora de ropa, ya que la de nuestra casa se había dañado. ¡Con cinco niños pequeños, una lavadora era uno de los enseres esenciales en el hogar! Mis padres estaban muy agradecidos y nos testificaron de cómo Dios había suplido. Como adulta, puedo recordar este testimonio y ver una maravillosa lección en esa acción de mi abuelo. Cuando Dios pone una inquietud en el corazón y te la oportunidad y los medios para ayudar a alguien, no dudes en hacerlo pues será un testimonio que dará gloria a Dios.

Al observar a mi esposo como padre, puedo ver la gracia de Dios. A pesar de haber enfrentado situaciones difíciles en su niñez y adolescencia, Dios transformó todo eso en un fuerte anhelo de aprender los principios bíblicos sobre la paternidad. Veo su amor reflejado en acciones diarias, en sus pláticas con nuestros hijos, en su esfuerzo por cuidarlos y proveer, pero sobre todo en su empeño por sembrar los valores eternos en sus corazones.

Soy bendecida y vivo agradecida de Dios. Mis tres hermanos, cada uno en sus hogares, cumplen con su función de padres con responsabilidad y esto da honra a Dios. Mis tíos han sido padres que aman y cuidan a sus familias.

Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad,
Pero hombre de verdad,

¿quién lo hallará? – Proverbios 20:6

Solo hay un Padre perfecto. Todos los hombres pueden equivocarse y fallar. Pero pueden recurrir a Cristo y hallar perdón y gracia para comenzar de nuevo. Celebremos a los padres que son parte de nuestras vidas. Resaltemos lo bueno que Dios hace en ellos y a través de ellos, en lugar de denigrar su rol y menospreciar su imagen. Todos los días tienes la oportunidad de celebrar a tu esposo y animarle en su desempeño como papá. Recuerda que Dios te diseñó para ser una fuente de bien para tu esposo cada día. ¡Que parte de tu misión diaria sea inspirarle a ser un mejor padre para los hijos que Dios les ha dado!

La Esposa y las obras

“Nosotros somos obra de Dios,
creados en Jesucristo para realizar las buenas obras
que Dios ya planeó de antemano para que nos ocupáramos de ellas.” – Efesios 2:10

Uno de mis versículos bíblicos favoritos es Efesios 2:10. Cuando medito en este verso, puedo percibir lo glorioso de Dios. Primero, nos creó (somos hechura suya, su obra maestra); segundo, nos salvó (creados en Cristo Jesús); y, tercero, planificó las buenas obras que nos tocará hacer. Este verso expresa que la gloria es totalmente de Dios. No podemos atribuirnos ni las buenas obras que hacemos, porque ni siquiera se nos ocurrieron a nosotras, Él las planificó de antemano. ¡Qué grande es Dios!

Cuando pensamos en buenas obras, quizás nos enfocamos en ayudar a los necesitados, servir en la Iglesia y/o en la comunidad, y todas esas son obras buenas que Dios pone en nuestro corazón hacer. Pero como dice Martha Peace en su libro La Esposa Excelente, parte de las buenas obras que Dios ha preparado para la esposa incluyen “lo que hace en su relación con el esposo, sus motivos y las actitudes de su corazón”. Así que, nuestro hogar es el centro de acción en el cual Dios nos ha colocado para que ejecutemos una gran parte de esas buenas obras que Él preparó para nosotras.

Su esposo confía totalmente en ella,
¡y cómo no le habrá de beneficiar!
– Proverbios 10:11

Es como resultado del buen trato de una esposa virtuosa que el corazón del esposo puede confiar en ella y es beneficiado. Caminar en las buenas obras preparadas por Dios de antemano es la única manera en la que una esposa puede ser fuente de bien cada día de su vida. Conocer esta verdad nos hace descansar al saber que no depende de nuestras propias capacidades sino de que Dios ha provisto de su bondad para que podamos hacer el bien.

Recordemos que la actitud, la intención y la acción deben estar alineadas. Al volver a leer y meditar sobre la porción bíblica de la mujer virtuosa en Proverbios 31:10-31, se puede ver una actitud de servicio, de aprecio por la familia, de respeto al esposo, de consideración a los demás, de generosidad, entre otras. En todas las ocasiones que he leído esta porción bíblica, no he podido encontrar una muestra de mala actitud de parte de la esposa virtuosa. Ella se encarga de sus responsabilidades, sin estar señalando lo que hacen, o no hacen, los demás. ¡Qué mucho se puede aprender de esta mujer!

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente a la de

las piedras preciosas. –
Proverbios 31:10

Pero sobre todas las cosas, la esposa virtuosa es una mujer que honra a Dios. Estamos llamadas a ser como Dios quiere que seamos, que amemos Su Palabra y que caminemos en el camino que Él preparó para nosotras. Cuando lo hacemos, estamos dando gloria a su nombre. En la Biblia, Dios nos muestra Su gracia salvadora y también nos capacita para que nuestros corazones sean sensibles a Su voz. Respondamos a Su bondad viviendo de acuerdo con el maravilloso diseño que Él estableció para nuestras vidas.

La Esposa y la Oración

“La oración es un medio de gracia sustentadora.
Así que, mientras más oramos por otros,
aún más Dios nos sostendrá durante nuestro propio dolor.” Joni Eareckson Tada

La oración es el medio por el cual nos comunicamos con Dios con la completa confianza de que Él nos escucha, atiende y nos brinda la maravillosa oportunidad de profundizar en nuestra relación con Él. Dios está disponible en todo tiempo y en todo lugar, no requiere formalidades o intercambios. Podemos acudir a Él como nuestro Padre (Gálatas 4:6). A través de la oración, tenemos la oportunidad de orar por nuestras peticiones personales, por otras personas y necesidades de la Iglesia, de la comunidad y la sociedad.

Orar por otros es una manera de mostrar amor. En el caso de las esposas y madres, orar por los esposos y los hijos es parte integral de cada oración. Es necesario que oremos por nuestro matrimonio, que Dios nos ayude a caminar como mujeres sabias que edifican su casa, que guíe al esposo y le fortalezca para ejercer su llamado. Recuerda lo que mencionamos en la publicación pasada: una de las maneras de mostrar respeto a tu esposo y que se sienta amado, es orar por él, en lugar de criticarlo. Si tienes preocupaciones referentes a tu matrimonio, ora por ellas antes de dialogar con tu esposo. Por medio de la oración, Dios nos ayuda a poner las cosas en perspectiva y a examinar nuestro propio corazón, de manera que cuando dialoguemos con el esposo, sea una conversación amable, comprensiva y productiva.

Siempre es importante orar por la protección de Dios sobre nuestros hijos, pero no solamente física, sino también espiritual, mental y emocional. Que Dios nos dirija para criarlos en Su camino de tal manera que cuando sean mayores, no se aparten de Él. Esto implica que permitamos que el Señor nos haga sensibles hacia cuáles son los dones y el llamado de nuestros hijos y que podamos ayudarlos a desarrollarse en los mismos. Así como la abuela y la madre de Timoteo guiaron a este joven a crecer en la fe y que luego se convirtiera en pastor de una de las iglesias que plantó el Apóstol Pablo. También es necesario que oremos por su futuro, por su pareja idónea, que sea alguien que ame a Dios sobre todas las cosas.


Porque tengo presente
la fe sincera que hay en ti,
la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice,
y estoy seguro que en ti también.
2 Timoteo 1:5

Puede que, como me ha ocurrido a mí, hayas tenido temporadas en las que tu vida de oración ha sido más ferviente y otras en las que ha decaído. Entonces ocurre algún evento de imprevisto que conmociona tu vida y te das cuenta de la necesidad de orar siempre y no desmayar. Ese tiempo de oración marca una diferencia en nuestro diario vivir. Y sí, podemos orar para que Dios nos ayude a ser diligentes en la oración. En una ocasión, copié la siguiente cita durante una predicación: “La oración debe ser la constante compañía de aquel que atraviesa el quebranto.” No estoy segura de quien la dijo, pero estoy segura de que es completamente cierta. En medio de las situaciones más difíciles que nos ha tocado enfrentar, podemos testificar una y otra vez, que el clamar al Señor ha sido nuestro sustento.

Tengamos en nuestra mente y en nuestro corazón la certeza de que la oración es un medio de gracia sustentadora. ¡Cuán bendecidas somos cuando alguien nos dice que estuvo orando por nosotras! Demos de gracia lo que por gracia recibimos, sostengamos a otras personas en oración también. Quizá nunca conocerás todos los testimonios, pero cuando Dios te inquiete a orar por alguien, detente y hazlo. Aprendí de Nancy Demoss que cuando una persona te pida oración, ores en ese mismo instante. Recuerda que puedes orar en cualquier lugar, en silencio si es necesario, tienes ese acceso libre al Padre. Si no logras enterarte de lo que ocurrió con esa oración, puedes estar tranquila. Los planes de Dios son buenos y todo es para Su gloria.


Nunca dejen de orar. –
1 Tesalonicenses 5:17

Te invito a profundizar en tu vida de oración. Puedes hacer un diario de oración si lo deseas y así podrás leer en unos meses cómo Dios va transformando tu corazón y contestando tus peticiones. La Biblia nos exhorta a orar sin cesar. Que la oración sea parte de nuestra vida. Recuerda que la esposa virtuosa es una mujer que honra a Dios.

La Esposa y el Respeto

“En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.” – Efesios 5:33

La Biblia es la mejor fuente de información sobre cómo debe funcionar el matrimonio ya que es en ella que encontramos el origen de éste (Génesis 2:24). A través de la Biblia podemos aprender sobre principios relacionales que son esenciales para que el matrimonio funcione efectivamente. Uno de ellos es el mandato que leemos en Efesios 5:33 sobre el amor y el respeto.

Dios conoce que las personas perciben el amor de diferentes maneras. Tanto el hombre como la mujer reciben afecto, cada uno, de manera única y particular. Las mujeres tendemos a percibir el afecto a través del trato amoroso y los hombres a través del trato respetuoso. Para ponerlo en perspectiva, imagínate que te trataran con mucho respeto, pero no recibieras expresiones de cariño y ternura. Muchas esposas dirían que no se sienten amadas de esa manera. De la misma forma, un esposo que no recibe respeto, no se siente amado. Por eso la Biblia contiene ese mandato en Efesios para los esposos y para las esposas.

En ocasiones, a las esposas se nos hace difícil comprender el lenguaje del respeto porque estamos acostumbradas al lenguaje del amor y pensamos que, si a nosotras nos satisface, a nuestro esposo también le debe satisfacer. Sin darnos cuenta, podemos estar lastimando la relación con el esposo, incurriendo en faltas de respeto. Cuando nos mantenemos aprendiendo y creciendo como esposas, podremos edificar nuestros matrimonios con sabiduría.  

“Así que en todo
traten ustedes a los demás
tal y como quieren que ellos
los traten a ustedes.” –
Mateo 7:12

Una de las situaciones que puede provocar que un esposo sienta que se le ha faltado el respeto es cuando ocupas tu tiempo tratando de cambiarlo y corregirlo. En primer lugar, le estás llevando el mensaje de que no lo aceptas como es. En segundo lugar, lo estás tratando como si él fuera un niño que necesita la supervisión y corrección de alguien mayor que él. Si bien es cierto que, al casarte y vivir con tu esposo, comienzas a observar costumbres que te pueden incomodar, también es cierto que algunas de tus costumbres también le pueden incomodar a él. ¿Como te sentirías si tu esposo se pasara mencionando continuamente las cosas que le molestan de ti? Jesús nos enseñó la Regla de Oro que establece que tratemos a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotras. Recordemos este principio y también tengamos presente que somos la esposa, que no tenemos el poder para cambiar a nadie. Lo que sí podemos hacer es orar por el esposo, ser una fuente de bien para él, ser una influencia positiva con nuestra conducta respetuosa y digna.

Hay muchas maneras de mostrar respeto al esposo. Tal como la mujer virtuosa, podemos cuidar nuestro hogar, dando buen nombre a nuestra familia donde quiera que vamos. Hablemos bien del esposo y hablemos con amabilidad al esposo. Dediquemos tiempo para compartir con él en actividades que él también disfrute. Escuchemos sus sueños y seamos parte de sus proyectos. Ser su compañera de vida, compartir las aventuras del día a día, atenderle con esmero, son algunas de las acciones que le demuestran respeto y admiración al esposo. Pero, sobre todo, oremos por él, en lugar de criticarlo.

“Su esposo es respetado
en la comunidad;
ocupa un puesto entre las autoridades del lugar.” –
Proverbios 31:23

En medio del diario vivir, necesitamos recordarnos a nosotras mismas la Palabra de Dios, recurrir a ella cuantas veces sea necesario y tener un corazón dispuesto a aprender. Somos imperfectas y fallaremos. Pero Dios nos ayuda en nuestros momentos de debilidad. Su fortaleza y su gracia siempre están disponibles para nosotras. La Biblia nos enseña muchas verdades más relacionadas al amor y el respeto en el matrimonio. ¡Que estemos sedientas de aprender cada día y aplicar su Palabra a nuestros matrimonios!

La esposa – Frente al temor

Busqué al Señor, y Él me respondió,
y me libró de todos mis temores.” – Salmo 34:4

Todas estamos expuestas a experimentar temor. El temor se asoma a nuestras vidas de diferentes maneras. Puede que sea debido a situaciones familiares, a un futuro que nos parece incierto, a una enfermedad en nuestro cuerpo o de un ser amado, a la pérdida de la residencia, el empleo, negocio o proyecto, entre muchas otras razones.  La manera que enfrentamos nuestros temores es lo que verdaderamente nos librará de ser esclavas de esos miedos que nos acechan.

Vivir atemorizadas es una forma de esclavitud pues nos priva de la libertad de una vida plena. Dios nos ha llamado a conocer la verdad, porque la verdad nos hace libres. Como dice el verso que compartimos al principio, es en la búsqueda de Dios que somos libradas de todos nuestros temores. Necesitamos acudir continuamente a Dios, a su Palabra y mediante la oración. Su Palabra es una fuente constante de esperanza y fe que nos lleva a la verdad que nos libera del temor. Mediante la oración, podemos hablar con Dios como nuestro Amado Padre, que nos escucha y atiende nuestro clamor. En Él encontramos quietud para nuestros corazones.

“Pero cuando tenga miedo,
en ti pondré mi confianza.” – Salmo 56:3

Al enfrentar una nueva etapa en medio de esta pandemia mundial debido al Covid-19, puede que te agobie el temor. Pero puedes depositar tu confianza en Dios. El que te ha guardado hasta ahora, lo seguirá haciendo. Él siempre ha estado en control. Podemos enfrentar las próximas semanas con esperanza, agradecidas del tiempo especial que hemos podido compartir en el hogar con nuestra familia. Algo que he observado en este tiempo de “cuarentena” es que muchas más personas han acudido a la Palabra de Dios en busca de consuelo para sus corazones angustiados. Si has establecido una rutina personal o familiar de lectura de la Biblia procura no descuidarla. Que se haga parte de la vida diaria, tal como los alimentos que ingerimos para nutrir nuestro cuerpo físico, que busquemos el alimento espiritual en la Palabra.  

Al seguir tomando las precauciones indicadas, debemos mantener la confianza en Dios, no en lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer. Puede que nos ataque el temor al pensar que nos descuidamos o nos equivocamos en algo. Esos son los momentos para recordar que no dependemos de nuestras propias fuerzas (de nuestras habilidades o competencia), sino que tenemos que depender de Dios. Experimentaremos paz en medio de un ataque de temor cuando recordemos que no tenemos la capacidad de controlar todo, pero nuestro Padre Celestial nos cuida y todos sus planes para nosotros son mejores que los nuestros.

Se reviste de fuerza y dignidad,
y afronta segura el porvenir.” – Proverbios 31:25

La única manera de hacerle frente al temor es confiando en Dios, poniendo nuestra esperanza en Él. Cuando seguimos Su consejo, estaremos caminando en Su voluntad, que es buena, agradable y perfecta. La paz que sobrepasa todo entendimiento guardara nuestros corazones en medio de toda circunstancia que pretenda atemorizarnos. La mujer virtuosa enfrenta el porvenir con seguridad porque su confianza esta en Dios.